Cuatro sanitarias que 'fueron al médico'
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DE LA ANSIEDAD AL INSOMNIO

Cuatro sanitarias que 'fueron al médico'

Lara, Susana, Laura y Jezabel han necesitado apoyo psicológico durante la pandemia y, en un intento de visibilizar los problemas de salud mental, acceden a contar sus experiencias

placeholder Foto: Laura, enfermera en el Hospital Príncipe de Asturias, acudió al psicólogo por estrés postraumático. (Carmen Castellón)
Laura, enfermera en el Hospital Príncipe de Asturias, acudió al psicólogo por estrés postraumático. (Carmen Castellón)

El grito: "¡Vete al médico!" resonó este miércoles en el Congreso después de que Íñigo Errejón pidiera dedicar más medios a la salud mental. El diputado del PP Carmelo Romero pidió perdón por su "desafortunada" frase, pero el daño estaba hecho: las mofas sobre los problemas psicológicos ya llegan hasta la sede del poder legislativo. Tras un año de pandemia, miles de personas sufren secuelas que van más allá de lo físico. Entre ellas, cuatro sanitarias que 'fueron al médico'.

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Lara, enfermera en Móstoles

Lara, enfermera de 26 años en la UCI del Hospital Universitario de Móstoles, se encuentra de baja desde el 18 de febrero: "Estoy tomando un antiarrítmico, antidepresivos...". El Confidencial habló con ella por primera vez en junio, cuando los expertos avisaban sobre los problemas de salud mental que estaban por llegar. Ella ya había acudido al psicólogo antes de la pandemia y empezaba a espaciar las sesiones, pero el covid-19 trastocó sus planes: el rechazo a su profesión se convirtió en parte de su rutina. "Si a día de hoy me dijeran 'no tienes que volver', sería feliz", explicaba entonces. "He ido muchos días a trabajar llorando porque no quería", añade ahora.

Lara todavía se ve incapaz de gestionarlo y necesita apoyo para hacer frente a su trabajo. Esta situación llegó a su culmen en enero: "Empecé a tener temblores en las manos". "Estaba en la consulta y mi frecuencia cardiaca era de 125 latidos por minuto". "Cuando voy por la carreta sola, por la noche, volviendo de trabajar, a lo mejor veo los carteles de estado de alarma y se me eriza la piel todavía. Muchas veces llego a llorar al ver eso". La conclusión del médico fue clara: "Decidió que era el momento de darme la baja". Ahora acude al psicólogo dos veces al mes: "Por motivos económicos, no me es factible hacerlo más habitualmente".

Susana, médica en Madrid

Susana, médica de familia de 47 años en el Centro de Salud Jazmín, en Madrid, también necesitó apoyo psicológico en primavera. "Mis pacientes son muy míos. Sabes quién es su mujer, su hijo...". "Todavía no sé cuántos de ellos han fallecido", explicaba en junio. Consiguió controlar esta presión hasta que ella y su hermano se contagiaron de covid: "Después de 13 días con fiebre, fui al hospital y me ingresaron por una neumonía bilateral". Ambos salieron adelante, pero las secuelas psicológicas no tardaron en llegar: "La primera noche en casa fue horrible. Estaba convencida de que el virus se reactivaba. Tenía taquicardias y no controlaba las emociones".

Ante la sospecha de que sufría estrés postraumático, recurrió a un psicólogo: "Ocho sesiones por Skype y 12 días tomando un ansiolítico, reduciendo la dosis". El 7 de mayo se reincorporó al trabajo, pero enfrentarse a la tercera ola no fue fácil. Una vez más, el covid volvió a extenderse por su familia: "He tenido enfermos a mis padres". Su madre logró recuperarse. Su padre falleció hace un mes. "Estoy bien, con la tristeza normal de haber perdido a mi padre, pero no sé si esto en el futuro me va a volver a pasar factura. Creo que estoy un poco bloqueada emocionalmente". "No sé si tendré que volver a contactar con la psicóloga". "Sigo funcionando un poco por inercia".

Laura, enfermera en Alcalá de Henares

Laura, de 26 años, comenzó a trabajar el 6 de marzo de 2020 como enfermera en la planta de positivos del Hospital Príncipe de Asturias, en Alcalá de Henares. Ella misma reconoce que no estaba preparada para enfrentarse a esta crisis sanitaria: "Ni nos lo enseñan en la carrera ni aparece en los libros". "Veía que compañeros se contagiaban y empecé a notar al lobo en la espalda". "Salía una noticia: lloraba. Me contaban algo: lloraba. No era capaz de controlar mis emociones". Aguantó una semana tras otra, pero la responsabilidad terminó por superarla: "Una noche, no pude dormir con la luz apagada porque tenía miedo y me daban ataques de pánico".

Primero llamó a una línea de apoyo a sanitarios que encontró en redes sociales y, a la vista de que no conseguía revertir la situación, decidió recurrir a un psicólogo a través de su seguro privado. "Prácticamente ya en verano empecé con problemas de insomnio, con mucho estrés, con bruxismo, que es apretar la mandíbula...". Aquellas sesiones le permitieron detectar el problema, pero no fue hasta octubre cuando le confirmaron que sufría estrés postraumático. A partir de ese momento y hasta el pasado diciembre, acudió una vez cada 15 días a un psicólogo a través de su seguro: "Sé de compañeras que no tienen esa posibilidad y que están un año o dos en una lista de espera".

Jezabel, enfermera en Madrid

Jezabel, enfermera de 34 años de la UCI del Hospital 12 de Octubre, en Madrid, estuvo de baja a partir del 10 de mayo. Tras dos meses en primera línea, la ansiedad y el estrés dieron paso a un dolor en el pecho: "Como si te clavan un cuchillo y te dejan en la pared con los pies colgando". La receta del médico llegó como un salvavidas: "Alprazolam, Lexatín y Orfidal". A punto de cumplirse un año de aquello, insiste en no tener miedo en hablar de la medicación: "Parece que es un poco tabú, que no queda bien si lo comentas y creo que hay que decirlo, no pasa nada". Ella estuvo cinco meses apartada del trabajo y, a día de hoy, aún continúa bajo seguimiento en cardiología.

Jezabel accede a contar su historia con una condición: remarcar a su "ángel de la guarda", su doctora de atención primaria Isabel Manrique, y el trato que ha recibido tanto del hospital como de su supervisora Elena de la Vera. Este mismo lunes volvieron a darle la baja tras detectarle una arritmia, así que mientras espera a que le pongan un monitor Holter y la medicación le haga efecto, aprovecha estas líneas para lanzar su particular mensaje a las que le han acompañado en todo este tiempo. Su mensaje para el resto es simple: "Hay que normalizar todo esto".

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