Los jubilados que no quieren mirar obras: "Debía poner mi energía al servicio de la sociedad"
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Los jubilados que no quieren mirar obras: "Debía poner mi energía al servicio de la sociedad"

Al finalizar una carrera laboral, queda mucha experiencia que aprovechar. Hablamos con varios jubilados que de forma altruista transmiten sus conocimientos a los más jóvenes

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Antes de que el madrileño Museo del Ferrocarril tuviese que cerrar sus puertas por la pandemia, una veintena de jubilados dedicaba parte de su tiempo a guiar a los más jóvenes entre las 160 locomotoras que componen la exposición. José Manuel Nogueiras, bilbaíno de 77 años, es uno de los miembros de este grupo que se desvive por transmitir sus conocimientos a las nuevas generaciones. Como él, hay muchos españoles que cuando se retiran buscan llenar una vida que otra gente espera vaciar. Mantienen el ímpetu por ofrecer sus años de experiencia sin pedir nada a cambio, solo por satisfacción personal.

Cuando dejó de trabajar, José Manuel tenía claro que no podía dedicarse "a mirar obras" y pensó que debía poner su energía "al servicio de la sociedad". Decidió apuntarse al voluntariado cultural creado por la Confederación Española de Aulas de la Tercera Edad (CEATE), donde le asignaron el Museo del Ferrocarril. "Todos los días teníamos visitas", recuerda José Manuel con un tono que mezcla la nostalgia y las ganas de volver a andar entre vagones en cuanto el covid lo permita.

Sus funciones son sencillas. "Cogemos a un grupo de chavalillos y, según su edad, les vamos contando un poco de la historia del ferrocarril", explica a El Confidencial este ingeniero industrial que lleva nueve años jubilado. Es el museo quien les comunica cuáles son las visitas concertadas y, posteriormente, se reparten los grupos entre los voluntarios en función del perfil de cada uno. Su intención, señala, es ofrecer "charlas distendidas", muy alejadas de las clases magistrales, o cualquier cosa que se le parezca. Y todo esto de forma altruista, cobrando su 'sueldo' en "gratitud personal".

Más de 1.500 voluntarios, de entre 55 y 90 años, enseñan a los jóvenes más de un centenar de museos y espacios culturales de toda España

CEATE creó este voluntariado cultural hace más de 25 años. Como José Manuel, alrededor de 1.500 mayores, de entre 55 y 90 años, enseñan a los jóvenes más de un centenar de museos y espacios culturales de toda España. Por ejemplo, en la Comunidad de Madrid se puede visitar desde el Museo Sorolla hasta el Banco de España de la mano de estos jubilados. Ahora mismo, debido al coronavirus, este programa se encuentra temporalmente suspendido, con la intención de reactivarlo en cuanto lo permitan las condiciones sanitarias.

Mientras tanto, José Manuel emplea su tiempo en seguir formándose. "El museo nos da documentación y nosotros mismos tenemos una inquietud importante", señala. Incluso se ha visto obligado a adaptarse a las nuevas tecnologías junto a sus compañeros de voluntariado. "Hemos descubierto la videoconferencia y una vez al mes nos conectamos para mantener el contacto, nos vemos las caras, nos reímos un poquito y estamos muy activos dentro de las limitaciones que ahora existen", relata. Aun así, reconoce que echa de menos el contacto personal.

Voluntariado de asesoramiento empresarial

Como José Manuel, hay muchos jubilados que todavía mantienen el afán por ofrecer su experiencia. Y lo hacen con la misma pasión que emplearon durante sus décadas de trabajo. Por ejemplo, desde Senior Españoles para la Cooperación Técnica (SECOT) organizan un voluntariado de asesoramiento empresarial con un objetivo claro: que los mayores transmitan su talento y conocimientos a los jóvenes emprendedores.

Es el caso de Jorge Pérez de Heredia, vitoriano de 63 años, que estuvo trabajando durante tres décadas en un concesionario y ahora lleva tres años tutorizando a jóvenes con la cabeza llena de sueños y pájaros a partes iguales. Su intención es conseguir que ese puzzle encaje. "Nos hemos empapado de las nuevas técnicas de emprendimiento", asegura a este medio antes de iluminar la entrevista con una breve clase sobre el 'Ikigai', un concepto japonés que, aunque no tiene traducción literal, viene a significar "tú razón de ser". Lo utiliza en los proyectos de sus tutelados para intentar encontrar el punto medio entre afición, capacidad, conocimientos, habilidad y necesidad de la sociedad. "Te mantienes vivo y, además, eres útil para la sociedad", apunta.

Jorge está cortado por el mismo patrón que José Manuel. En su opinión, "la mejor manera de terminar de trabajar es seguir teniendo actividad", una mentalidad que le llevó a apuntarse a SECOT y a la Cruz Roja. A través de estas organizaciones asegura que mantiene una vida ocupada, "mientras que mucha gente espera no hacer nada cuando se jubila". Eso sí, sin las tensiones y el estrés de la vida laboral, porque organiza sus tutorías respetando lo que ha bautizado como "la teoría del 25%". Es decir, desde la asociación se intenta que nadie dedique más del 25% de su tiempo libre, entendiéndose que los jubilados están ocupados en viajes, excursiones culturales e inquietudes de cada uno.

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De esta manera, trata de concentrar todas las tutorías de la semana en una mañana, algunas de forma presencial y otras vía 'online'. Al otro lado de la mesa o de la pantalla se encuentra con emprendedores que al principio están algo reticentes, pero rápidamente se dan cuenta del valor que los jubilados pueden aportar a su empresa. Así le ocurrió a Daniel Galán, que no tiene a Jorge como tutor, pero a través del programa Explorer impulsado por Banco Santander cuenta con la mentorización de otros dos jubilados de SECOT.

Daniel tiene entre manos una plataforma para la gestión de quejas con aerolíneas. Como su proyecto tiene una gran base tecnológica, reconoce que al principio le chocó un poco tener un tutor jubilado, pero pronto cambió de idea. "Al conocerlos te das cuenta de que llevan toda la vida trabajando y siempre aportan algo, te ayudan a pensar diferente o ver las cosas desde otra perspectiva. Es una gran ayuda que a nosotros nos ha venido muy bien para diversificar el negocio", remarca. De hecho, fueron ellos quienes les abrieron los ojos para no centrarse únicamente en particulares y ampliar su público objetivo a empresas y agencias internacionales.

Docentes jubilados

El covid todavía mantiene en toriles a muchos recién jubilados con ganas de seguir aportando a la sociedad. En esta situación se encuentra Carmen García Hernando, una vallisoletana de 62 años que, tras trabajar durante 40 años como profesora de Primaria a lo largo y ancho del territorio español, se retiró en enero de 2019. Como apenas dos meses después comenzó en confinamiento, aún no ha podido implicarse en ninguna actividad, aunque está apuntada como docente jubilada en el Sindicatos de Trabajadores de la Enseñanza de Castilla y León (STECyL).

Cuando se recupere una cierta normalidad, quizás ya el próximo curso lectivo, Carmen pretende colaborar con el refuerzo educativo que se imparten a los alumnos por las tardes en los colegios. "A mi me gustaría y estoy dispuesta si me necesitan", asegura. Los docentes jubilados pueden echar una mano en estas actividades, que se compaginan con visitas a museos y excursiones. "Se trata de una función social muy importante", porque suele tratarse de niños con familias de pocos recursos o cuyos padres y madres trabajan mañana y tarde". No obstante, con el covid se han restringido estas colaboraciones.

Dentro del mundo de la docencia hay una larga lista de profesores que siguen ayudando aún después de jubilarse. Uno de los casos más llamativos es el de Roberto Alonso, un mirandés de 62 años que para matar el gusanillo se ha dedicado a organizar cuentacuentos en los colegios rurales, pasión que también ha tenido que paralizar por la pandemia. Cuando estaba en activo llevaba temas de biblioteca, orientación a la lectura y cuentacuentos. Reconoce que aún no se ha quitado el mono.

Foto: Vacunación en Vallecas, Madrid. (EFE)

"Me decidí por la enseñanza porque era lo que me gustaba y cuando estudias magisterio te enamoras más de la profesión", cuenta con absoluta devoción por la docencia al recordar sus 42 años como profesor. Y con esta vocación ha continuado desde que se jubiló hace tres años, pero se le entristece el tono de la voz al lamentar que "en el último año no hemos podido hacer nada porque hay que tener todas las precauciones que nos mandan y alguna más".

Como miembro del STECyL, Roberto también organizaba formaciones para los nuevos docentes, sobre todo para informarles sobre cuáles son sus derechos laborales, enseñarles a leer una nómina, explicarles el concurso de traslados, cómo promocionar dentro de la profesión y qué deben hacer si quieren ir a enseñar al extranjero. "Está enfocado más al ámbito laboral que al pedagógico". Como también tiene que cuidar de sus nietos y participa con la parroquia y con alguna ONG, se ha desvinculado de estos cursillos que ahora imparten algunas de sus compañeras en el sindicato.

La CAM contratará a sanitarios jubilados

Sin duda, la experiencia es un grado. De esta premisa se valió la Comunidad de Madrid para autorizar la incorporación de médicos y enfermeros jubilados que no hayan alcanzado los 70 años para colaborar en la campaña de vacunación masiva contra el covid-19. En este caso, el trabajo sí será remunerado, compatible con el cobro de la pensión por jubilación y cotiza a la Seguridad Social.

Según el Ejecutivo liderado por Isabel Díaz Ayuso, esta resolución atiende a las peticiones de profesionales jubilados que desean incorporarse a prestar este servicio. Para ello, se procedió a realizar nombramientos de carácter estatutario por un mes de duración, prorrogable por periodos de igual duración o inferiores en su caso, con el límite máximo de la finalización del estado de alarma.

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