Empieza un nuevo ciclo político: el PSOE y el PP viajan al centro y cortejan al PNV
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Las estrategias a medio plazo

Empieza un nuevo ciclo político: el PSOE y el PP viajan al centro y cortejan al PNV

Socialistas y populares intentan mostrarse como partidos de Estado, con Sánchez condicionado por Europa y Casado lastrado por sus acuerdos con Vox en la comunidades

placeholder Foto: Felipe VI junto a Pedro Sánchez durante su visita a la fábrica de SEAT. (EFE)
Felipe VI junto a Pedro Sánchez durante su visita a la fábrica de SEAT. (EFE)

Salvo imprevisto, a la política española se le ha abierto un largo periodo sin elecciones en el que los partidos podrán ajustar sus estrategias y sus equipos. Por ejemplo, el PSOE empezará a preparar en breve su congreso federal del 17 de octubre y el PP una convención en la que recalculará su ruta; y ambos inician los procesos de congresos regionales y provinciales, con sus ajustes y tensiones internas.

Todo ello ocurrirá en un escenario político marcado por la combinación de la fuerza centrífuga que buscan los partidos que pretenden huir del centro y los que impulsarán la fuerza centrípeta para llevar el eje político hacia el centro. En el equilibro entre la fuerza centrífuga y la centrípeta está la estabilidad, en física y también en política. Cuando se desajusta una de ellas se producen el desequilibrio y la tensión.

Los extremos de Unidas Podemos y Vox, con sus obvias diferencias, juegan a centrifugar la política. Sin que, por supuesto, sea posible equiparar en ningún sentido a ambas fuerzas políticas.

Los de Pablo Iglesias para encontrar hueco en el escenario político y no ser aplastados como fuerza minoritaria en el Gobierno de coalición. Su empeño desde el inicio de la legislatura es llevar al PSOE a pactos con partidos como ERC y Bildu y alejar a Pedro Sánchez de la tentación de acordar con Ciudadanos y, por supuesto, con el PP.

Foto: Rufián e Iglesias, en el Congreso. (EFE) Opinión

Esa situación fue especialmente visible en la negociación de los Presupuestos Generales del Estado, cuando desde septiembre hasta enero Moncloa hablaba con Ciudadanos, mientras que Unidas Podemos intentaba volar ese puente para llevar el acuerdo hacia la izquierda. Y lo consiguió.

Una vez aprobadas las cuentas, Unidas Podemos admite que ha perdido poder y mantiene el recelo hacia un giro al centro del PSOE, con acuerdos de Estado con el PP que pretende evitar. Los acuerdos sobre la renovación de las instituciones son evidentes y el partido de Iglesias no ceja en su empeño de incluir su cuña.

También podría ser un ejemplo de confluencia entre los dos grandes partidos una hipotética decisión sobre la Corona, en forma de reformas legales, si es que, finalmente, Zarzuela admite la necesidad de acometerlas. En todo caso, PSOE y PP no van a parar de votar juntos decisiones sobre la Corona, frente al 20% de la Cámara que, por ejemplo, pide investigar al Emérito.

Una vez aprobadas las cuentas, Unidas Podemos admite que ha perdido poder​ y mantiene el recelo hacia un giro al centro del PSOE

En esa estrategia habitual de Unidas Podemos, que consiste en construir escenarios políticos nuevos, el partido de Iglesias se felicita de que ahora el referente soberanista o nacionalista en Cataluña ya no sean JxCAT ni PdCAT, que proceden de lo que fue CiU, sino que ahora sea ERC. Y juegan a que Bildu sustituya al PNV como partido hegemónico del País Vasco, desplazando el eje político de Euskadi hacia la izquierda.

El PNV es tan consciente de ese movimiento como que se mueve para impedirlo y se acerca a PSOE y PP para favorecer una fuerza centrípeta contraria.

Los nacionalistas vascos han aceptado entrar en el acuerdo de RTVE y en el del Consejo General del Poder Judicial, a pesar de que el magistrado que entrará no es en realidad alguien propuesto por los nacionalistas vascos. Lo llamativo, además, es que su presencia en ese acuerdo surge como consecuencia de su acuerdo con el PP, partido al que intenta llevar al centro, precisamente para alejar los extremos, evitar la presencia de Bildu en los pactos y asegurar el inicio de buenas relaciones con Pablo Casado, tras la ruptura por la moción de censura de 2018. Si hay acuerdo sobre el CGPJ será formalmente un pacto entre PSOE, PP y PNV.

placeholder Pablo Casado conversa con el portavoz parlamentario del PNV, Aitor Esteban. (EFE)
Pablo Casado conversa con el portavoz parlamentario del PNV, Aitor Esteban. (EFE)

El PNV actúa como una especie de partido bisagra, aunque sin duda alguna sobre su compromiso de apoyo al Gobierno de coalición, aunque le inquieten los “líos internos” casi diarios. Sus dirigentes tienen magnífica interlocución con Moncloa, con la vicepresidenta Carmen Calvo y con cada uno de los ministros, aunque la relación del lehendakari Iñigo Urkullu con Sánchez haya sufrido altibajos por la gestión de la pandemia. Por ejemplo, tiene pactadas normas como la de Memoria histórica. No son igual de buenas las relaciones con Unidas Podemos.

Por supuesto, el PNV también quiere evitar que Vox pueda tener un papel relevante en la política.

El partido de Santiago Abascal juega a la política centrífuga, intentando aprovechar acuerdos del PSOE y del PP para aparecer como único partido de la oposición desde el extremo, en este caso el derecho. Su sola presencia empuja a todos los demás al centro.

Para PSOE y PP, los partidos del viejo bipartidismo, sigue operando la tesis de que en España se ganan las elecciones desde el centro. Las encuestas del CIS siguen mostrando que los españoles se sitúan en el 5 en la escala del 1 al 10 de autodefinición ideológica, y además la caída de Ciudadanos deja en ese espacio un caladero al que acudir.

Foto: ¿Deben PSOE y PP seguir la senda de pactos? (Laura Martín)

Pedro Sánchez ha usado electoralmente la polarización y ha utilizado los acuerdos con Unidas Podemos y el resto de los socios parlamentarios como un instrumento político necesario. Así pactó el Gobierno y así ha debilitado al PP, aunque haya tenido el efecto de engordar a Vox.

Ahora, hay miembros del Gobierno que sostienen que puede permitirse una actitud más moderada y centrista. O, al menos, la opción de mostrarse como partido de Estado, fiable, sólido y con capacidad de gestión, en comparación con otros, incluidos sus socios. En coincidencia, en el PSOE, en la Moncloa y en partidos con los que pacta habitualmente en el Congreso se considera que la alarma por el ascenso de Vox en las elecciones catalanas y en las encuestas del CIS hace necesario reconsiderar esa política de polarización.

Explica también esa corrección estratégica la presión desde Bruselas en pleno proceso para preparar la llegada de los fondos europeos. La UE, según admiten en el Gobierno, exige centralidad y moderación; y aún no está cerrada la negociación sobre la condicionalidad, especialmente la referida a medidas sobre contratación, fiscalidad y pensiones. Moncloa envió en enero las llamadas “fichas”, los 28 componentes en los que se compromete a adoptar medidas concretas, pero aún es preciso cerrar ese proceso.

La UE, según admiten en el Gobierno, exige centralidad y moderación

Sánchez ha transmitido la necesidad de bajar el tono de las disputas con Unidas Podemos, pero eso no significa que renuncie a marcar territorio frente a sus socios de coalición. Eso se manifiesta en la suspensión de reuniones de coordinación del lunes en la Moncloa con Unidas Podemos para sustituirlas por maitines en la sede del PSOE y en decisiones sostenidas, aunque irriten a sus socios, como los referidos a las políticas de igualdad.

En el PSOE y el Gobierno interpretan que el aplazamiento de la esperada reunión de Sánchez con Iglesias para aclarar las discrepancias no es casual y tiene como fin, precisamente, mostrar quién marca los tiempos.

La estrategia de Sánchez queda también plasmada en sus actos públicos. Por ejemplo, los cada vez más habituales que celebra con el Rey (el del 23F o el de Cataluña de este viernes), con empresarios o el de la apisonadora sobre el fin de ETA, entre otros.

Foto: Felipe VI y Pedro Sánchez visitan la planta de Seat en Martorell. (EFE)

En el calendario aparece un debate sobre el estado de la nación antes de verano y el congreso federal del PSOE, que será un “paseo militar” para Sánchez, y para el que se esperan en el partido muchos cambios en la Ejecutiva, aunque no en el primer escalón que forman José Luis Ábalos y Adriana Lastra.

Llegarán luego las renovaciones territoriales, con objetivo en Andalucía, Galicia y Madrid. Y siguen sobre la mesa sin cerrarse las especulaciones sobre mociones de censura en comunidades en las que el PP y Ciudadanos gobiernan en coalición con apoyo exterior de Vox.

Para otoño, Sánchez se puede permitir no aprobar los presupuestos y confía en el fin de la pandemia y el efecto de la llegada de los fondos europeos. De hecho, algunos socios parlamentarios del Gobierno especulan con un 2021 electoral si hay datos económicos y demoscópicos favorables. Entrarían otras variables como las citadas exigencias de Bruselas sobre pensiones o reforma laboral que hagan imposible mantener la coalición; pero todo eso ya es el largo plazo, porque da por hecho que Unidas Podemos no tiene ninguna intención de romper y eso le da margen de maniobra.

Para otoño, Sánchez se puede permitir no aprobar los presupuestos y confía en el fin de la pandemia y el efecto de los fondos europeos

Tiene pendientes decisiones sobre Cataluña, condicionadas a la formación de Gobierno, como la formación de la mesa de diálogo y, sobre todo, la segura concesión de los indultos a los condenados por el 'proces'.

El PP es el que más claro tiene el objetivo centrípeto. Otra cosa es si es capaz de hacerlo o si acierta con la tecla para hacerlo. Su ruptura con Vox tiene el lastre de las presiones de los próximos (empezando por José María Aznar, que le pide integrar a todos) y, por supuesto, la dependencia de los votos de la extrema derecha en comunidades y ayuntamientos.

Esos acuerdos con Vox son la gran contradicción de Casado y estos días se concretarán en pactos sobre los presupuestos que le llevarán a aceptar imposiciones como el llamado pin parental; es decir, la posibilidad de que los padres puedan vetar contenidos de educación, entre otras.

Foto: El expresidente del Gobierno, José María Aznar (i), conversa con el presidente del PP, Pablo Casado. (EFE)

Otro ejemplo de esa contradicción es que el PP ha participado estas semanas en la salida del partido del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, del Grupo Popular del Parlamento Europeo, en una especie de cordón sanitario, y sin embargo en España pacta con la ultraderecha de Vox en Madrid, Andalucía o Murcia. Y Abascal ha alabado estos días a Orban como “un ejemplo” del “rumbo” que “merece Europa”, basado en la “defensa de soberanías y fronteras, políticas de familias y respeto a raíces culturales”.

Dirigentes del PP ven en la anunciada convención de otoño una oportunidad de redirigir el tiro del partido, redefiniendo estrategias y programas, y quizás con incorporaciones a su equipo.

En el caso del PP, las tensiones internas en el partido se trasladarán a los congresos provinciales y autonómicos, entre otras cosas porque el poder institucional real no está en manos de Casado sino de sus barones.

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