El 15-M cambia de ciclo: el declive territorial de Podemos aúpa a una nueva izquierda
  1. España
FUERZAS NACIONALISTAS Y PROGRESISTAS

El 15-M cambia de ciclo: el declive territorial de Podemos aúpa a una nueva izquierda

En varias comunidades autonómas, Galicia, País Vasco o Andalucía entre ellas, se consolidan e irrumpen fuerzas de izquierda identitarias a la par que se desarticula la formación morada

placeholder Foto: Ilustración: Irene de Pablo
Ilustración: Irene de Pablo

Del 15-M queda la nostalgia, y la nostalgia no cambia el sistema. La política española avanza tan deprisa que el movimiento ciudadano que sacó a la gente a la calle y metió a los políticos en sus despachos ha pasado a un nuevo ciclo. Ya es otra cosa. La generación que ha crecido desde aquella primavera de 2011 no se identifica con los referentes de entonces. Las personas de 30 y 40 años rastrean el mapa para encontrar a quién votar. Mientras la derecha ha experimentado su particular revolución gracias a Vox, la izquierda, en cambio, afronta un proceso de metamorfosis más lento debido al desmoronamiento de Unidas Podemos y a la irrupción, como reemplazo, de una izquierda novedosa, identitaria y enemiga de las tensiones institucionales.

Andalucía acogerá las siguientes elecciones del calendario, siempre y cuando el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, decida mantener la legislatura. Una serie de factores muy interesantes se están cocinando a fuego lento. Por un lado, la capacidad de resistencia frente a Vox de una derecha que se llama del "cambio" y que encarna Juanma Moreno, del PP. Por otro, la supervivencia del PSOE, al que apenas se le ve la mirada porque le aplasta aún la losa de 40 años marcados por la corrupción y el clientelismo. Y por último, el vigor de una nueva izquierda proveniente, como tantas veces, de una ruptura.

Teresa Rodríguez se ha salido de la órbita de Unidas Podemos y ha lanzado la refundación de 'Adelante Andalucía' con un nombre revelador: 'Andalucía no se rinde'. Cuenta a El Confidencial la dirigente gaditana que las asambleas de construcción, como las han llamado, se han propagado ya por un amplio número de comarcas andaluzas y la participación va en aumento a pesar de la pandemia. Quizá conscientes del aire fresco que entra por la ventana, Unidas Podemos e IU han reactivado este viernes la marca que antes compartían con Rodríguez. Se avecina una disputa ideológica e identitaria apasionante en todo el espectro de la izquierda andaluza.

La primavera valenciana y el decano de todo esto

En la memoria colectiva quizá es más borroso lo que supuso la primavera valenciana, la sucesión de protestas en las calles que esencialmente protagonizaron los movimientos estudiantiles. El malestar explotó en febrero de 2012 tras la polémica actuación policial para disolver una concentración de estudiantes del instituto Lluís Vives. Los días que siguieron fueron convulsos porque al malestar creciente en las calles se unió una imparable tensión política. Un partido logró penetrar y adherirse a esta corriente de furia y cambio: Compromìs.

Gobernaba entonces el PP posterior a Francisco Camps, quien a pesar de que le salpicaba la corrupción de la 'Gürtel' y el caso de 'los trajes' alcanzó la mayoría absoluta. Tuvo que dimitir al hacerse la presión insoportable (el dirigente popular Federico Trillo tuvo que viajar a Valencia para convencerle de que la mejor opción que tenía era la renuncia al cargo). Le sustituyó Alberto Fabra y se encontró un panorama desolador porque, a la crisis reputacional de su partido, de la que aún no se ha recuperado, debió sumar la impopularidad de unas decisiones contra la crisis dramáticas. Los recortes y la austeridad terminaron de prender la llama social.

Nombres como los de Mónica Oltra o Joan Baldoví comenzaron a sonar. Este último había conseguido un escaño en el Congreso de los Diputados tras las elecciones generales de noviembre de 2011. Su voz vehemente contra la gestión de la crisis empezó a notarse en el panorama mediático español. La repulsa por los excesos de una era basada en 'el ladrillazo' y la especulación aumentó exponencialmente, y personalidades poco antes emblemáticas, como por ejemplo la alcaldesa Rita Barberá, recibieron una condena social probablemente desmedida.

Foto: El coordinador general de IU Andalucía, Toni Valero (i), y la coordinadora de Podemos Andalucía, Martina Velarde (d), este viernes en rueda de prensa.

La catarsis que propició el ánimo en las calles se notó políticamente cuando llegaron las elecciones autonómicas de 2015, en las que Fabra ganó, pero con tan escaso margen que la unión de fuerzas de izquierda desembocó en un nuevo Gobierno en la Generalitat. Lo lideró Ximo Puig, del PSPV, y lo secundó Oltra, de Compromìs. Esta formación es la decana de esa izquierda nacionalista-regionalista capaz de voltear el orden de las cosas, pues no solo entró en la Administración autonómica, sino que se hizo con la alcaldía de Valencia gracias a Joan Ribó. Unos años más tarde, en las elecciones de junio de 2016, obtuvo cuatro diputados nacionales, un récord.

En conversación con El Confidencial, Baldoví cree que el movimiento se ha consolidado. Aunque es probable que próximamente tenga lugar un relevo generacional en la formación, el parlamentario destaca la conexión que la dirección ha tenido siempre con la juventud, hasta el punto de citarla como prioridad. En la primavera valenciana labró así el posterior éxito electoral: manejó un lenguaje que los jóvenes asimilaron a la perfección. Reconoce Baldoví que la gestión los ha podido debilitar, no en balde perdieron dos escaños en Les Corts Valencianes en los pasados comicios autonómicos, pero cree que su formación será capaz de revitalizarse si se reenganchan a lo que aspìra, pretende o busca la juventud.

Los avisos de Galicia y País Vasco

El Parlamento gallego comprobó en el verano de 2020 que la izquierda de la comunidad se mueve ahora por el impulso de una formación histórica: el BNG. El diputado en Madrid de esta organización, Néstor Rego, subraya las causas: la coherencia y haber creado un proyecto atractivo para los jóvenes. Los nacionalistas gallegos son, de hecho, la opción política preferida por los ciudadanos de entre 25 y 30 años.

Los números obtenidos en las elecciones de julio del año pasado ilustran la recuperación de un partido que atravesó recientemente una crisis de identidad. Sin embargo, de la mano de Ana Pontón, el BNG pasó de los casi 119.000 votos en los comicios de 2016 a los más de 311.000 sumados cuatro años después, por lo que el Bloque se convirtió en la segunda fuerza política de Galicia y en la primera de la izquierda. El socialismo gallego, a pesar de las buenas sensaciones que mostró en las elecciones nacionales de 2019, fue rebasado por el "soberanismo de izquierdas".

Así denomina el diputado Néstor Rego el movimiento que representa su partido, cuya resurrección atribuye a la 'coherencia', a la sintonía con la juventud y a la defensa de la nación gallega. "La mejor forma de conectar con la gente es mediante la defensa de Galicia como nación", asegura antes de explicar que en el enunciado no cabe interpretar un choque institucional con el Estado, o un conflicto, como ha sucedido en Cataluña. Lo que el diputado pretende abanderar en el Congreso es un diálogo reivindicativo y una interlocución constante con el Gobierno. Esta opción es común en el nuevo espectro de la izquierda "periférica".

El socialismo gallego, a pesar de las buenas sensaciones de las elecciones de 2019, fue rebasado por el "soberanismo de izquierdas"

El cometido principal de Rego en Madrid es llevar a Galicia dinero de los presupuestos generales y, al mismo tiempo, participar en las reformas estructurales, entre las que destaca un cambio integral de los modelos laboral y de pensiones. La orientación que el BNG busca dar a las medidas del Gobierno es claramente progresista, y lo afirma sin rubor, ya que está convencido de que solo por medio del diálogo puede arrancar inversiones a los socios de la coalición, PSOE y Unidas Podemos.

El mismo día que en Galicia, el 12 de julio de 2020, se celebraron los comicios vascos. Ocurrió algo muy similar. Ganó el partido dominante, el PNV, y EH Bildu repitió el segundo puesto. No obstante, las sensaciones fueron distintas. Los nacionalistas vascos se dejaron en el camino entre unas urnas y otras más de 40.000 papeletas, en tanto que la fuerza independetista atrajo unas 25.000 más.

Diversas personalidades de la izquierda instaladas en Madrid llevan tiempo aconsejando un seguimiento exhaustivo de la evolución de Bildu. Advierten de una deriva cada vez más palmaria hacia el pragmatismo. Aunque se trata de una formación con cuentas pendientes con la condena del terrorismo, su metodología, al menos en el Congreso, dista mucho de ser la que fue. Dejan claro que quieren estar en las negociaciones y comienzan a comportarse como el PNV, cuyos diputados tienen fama de ser unos profesionales de la política porque son excelentes negociadores. Han intervenido ya en los acuerdos para las prórrogas del estado de alarma, hasta el punto de poder vender una reforma laboral completa y para los últimos presupuestos.

El desmantelamiento de Podemos

Tanto la resiliencia de Compromìs en Valencia como la resurrección del BNG y la marcha cada vez más enérgica de Bildu en el País Vasco coinciden con la desintegración de Podemos o de sus marcas territoriales. En Marea, que entró en 2016 en el Parlamento gallego con una potencia desmesurada, se ha ido rompiendo en pedazos durante los últimos cuatro años hasta llegar a los comicios últimos totalmente desfigurada. Unidas Podemos aspiró de la mano de Antón Gómez Reino a repetir, o incluso mejorar, los resultados de hace cuatro ejercicios, cuando escalaron hasta la segunda posición. La jugada salió muy mal porque la herencia de la marca 'morada' se ha quedado completamente fuera del Parlamento.

En el País Vasco ha retenido seis escaños a pesar de la debacle, ya que ha descendido hasta la cuarta fuerza. Como en el caso gallego, se aprecia un trasvase de votos de esta formación a EH Bildu, que de un tiempo a esta parte ha optado por hacer hincapié en medidas sociales y en la apuesta por el Estado de Bienestar.

Con todo, los avisos se vienen produciendo antes. El bagaje que obtuvo la formación de Pablo Iglesias en las autonómicas y municipales de 2019 fue magro por cuanto perdió las principales alcaldías y se emborronó bastante su presencia en los parlamentos regionales. El propio líder reconoció el bofetón del electorado aquella noche en la que constató que el movimiento que él mismo había alentado a raíz del 15-M empezaba a dar muestras de extenuación, si no había caducado.

El desafío andaluz

El cisma en la izquierda es especialmente virulento en Andalucía, en cuyo Parlamento se han vivido episodios grotescos. El grupo que Adelante Andalucía forjó tras las últimas elecciones se ha desmembrado por la expulsión de ocho representantes afines a Teresa Rodríguez, incluida ella misma. Unidas Podemos e IU no quieren saber nada de ella e incluso han actuado con alevosía, pues llegaron a comunicar a la candidata su marcha mientras estaba de baja por maternidad.

Sin embargo, Rodríguez ha decidido embarcarse en un largo y complejo viaje hacia la próxima cita con las urnas. Su seña de identidad es el andalucismo, que por propia idiosincrasia es progresismo, indica en declaraciones a este medio. "Pasado el tiempo del referéndum del 1 de octubre en Cataluña, es necesario repensar movimientos y vinculación de los pueblos con sus tierras", asegura. Para entrar en este territorio político e ideológico esgrime una reflexión sobre el andalucismo, que es un concepto muy atractivo para los jóvenes, según sus palabras.

A su juicio, se avecina una tercera ola de ese andalucismo de pertenencia a una tierra y a una lucha social. Tras el de Blas Infante y el del referéndum del 28 de febrero, es el momento de un andalucismo cultural, que habla de identidad y que cala entre los jóvenes. "La juventud necesita autoestima y las identidades son fundamentales para ello", reflexiona.

También en Andalucía Podemos cotiza a la baja, una tendencia para la que Rodríguez encuentra una explicación: "Es una formación incluso más centralizada y centralizadora que el PSOE. Es una organización muy de la –Universidad– Complutense de Madrid y muy masculina. No facilita los consensos. Nosotros, en cambio, siempre defendimos autonomía territorial".

El factor Errejón

Si en la periferia del Estado se ha consumado la alternativa identitaria en la izquierda o parece que irrumpen fuerzas nuevas, en Madrid se zafa un duelo llamativo, pero de momento desigual. Es el que libran Unidas Podemos, socio del PSOE en el Gobierno, y Más País, la plataforma que Íñigo Errejón ha diseñado para regresar al Congreso. Más Madrid, otro ejemplo de nueva izquierda, fue el embrión.

Efectivamente es una batalla desequilibrada porque quien fuera número dos de la formación 'morada' llegó a los tres escaños en las elecciones de noviembre del 19 gracias a la alianza con Compromìs. Atento a la evolución de los patrones a los que se aferra la sociedad, Errejón ha aterrizado en el mundo del ecologismo y del feminismo, del que no se quiere mover. Tras la demolición del espíritu del 15-M y tras vivir a toda velocidad, el diputado madrileño ha decidido cruzar el ciclo político que se avecina a un ritmo más pausado. Sabe que en Galicia, País Vasco, Navarra (con Geroa Bai), Baleares (con Mès), Aragón (con Chunta), Comunitat Valenciana, Cataluña y Andalucía está cambiando el paradigma de la izquierda. Son los territorios en los que escalan posiciones nuevas fuerzas o fuerzas con margen de mejora por delante, desde el BNG a la CUP.

"El ciclo del 15-M se ha cerrado y ahora está empezando otro. En el que comienza ya no valen solo los aciertos comunicativos. La gente, hoy, tiene menos ganas de participar, lo que requiere una construcción lenta y meticulosa. El futuro apunta a una alianza o rumbo compartido de fuerzas con raíz territorial muy fuerte", desgrana en declaraciones a El Confidencial. Incluye en la renovación identitaria a Teruel Existe, a Soria Ya y a movimientos como el que hace poco pudo verse en Linares (Jaén), una provincia ajena a cualquier avance industrial o estatal.

Foto: El líder de Más País, Iñigo Errejón, en una comisión reciente del Congreso. (EFE)

Errejón aboga por introducir en la agenda un discurso remozado que hable de jornadas laborales que exprimen, de la esclavitud que genera un mal uso de las nuevas tecnologías o de la ola de (no) salud mental que ha llegado a la sociedad a través de la pandemia. Observa una distancia sideral entre las instituciones y la gente, de manera que si el 15-M nació para saltar esa barrera el 15-M no puede considerarse un éxito.

"La generación que estuvo en ese movimiento, y yo estuve, ve aquello muy lejos; los más jóvenes vieron que había entonces una crisis y ahora ven otra. Se fijan en las instituciones en busca de soluciones y no encuentra nada", apunta antes de ahondar en la relevancia de la identidad y de la "tierra". La pertencia a una tierra, "el orgullo de ser de aquí", dice, está canalizando una voluntad de participación social cuya potencia solo se atisba de momento.

Independientemente de la fecha de elecciones que decida Sánchez, se está fraguando en zonas de España una izquierda diferente. Como suele decir Gabriel Rufián, "en la izquierda hay buenas noticias". En el Senado, esta corriente distinta tiene su metáfora: el grupo parlamentario 'La izquierda confederal', integrado por Más Madrid, Geroa Bai, Adelante Andalucía, Mes, Compromìs y En Comù Podem. A tenor de la deriva preocupante de Podemos y de la energía de estas otras fuerzas, pudiera ser que en el Congreso, en unos años, se forme un grupo similar. La agenda política española, en ese caso, será diferente. Previsiblemente, el tono también.

Del 15-M queda la nostalgia, y la nostalgia no cambia el sistema. La política española avanza tan deprisa que el movimiento ciudadano que sacó a la gente a la calle y metió a los políticos en sus despachos ha pasado a un nuevo ciclo. Ya es otra cosa. La generación que ha crecido desde aquella primavera de 2011 no se identifica con los referentes de entonces. Las personas de 30 y 40 años rastrean el mapa para encontrar a quién votar. Mientras la derecha ha experimentado su particular revolución gracias a Vox, la izquierda, en cambio, afronta un proceso de metamorfosis más lento debido al desmoronamiento de Unidas Podemos y a la irrupción, como reemplazo, de una izquierda novedosa, identitaria y enemiga de las tensiones institucionales.

Adelante Andalucía Más País BNG Bildu
El redactor recomienda