Génova 13: "Fraga era el primero en llegar. Daba las luces y encendía la máquina de café”
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EL PP ABANDONA SU SEDE

Génova 13: "Fraga era el primero en llegar. Daba las luces y encendía la máquina de café”

La historia de la sede popular es una sucesión de anécdotas, triunfos y desgracias que se acerca a su punto final por culpa del lastre del PP durante los últimos años: la corrupción

placeholder Foto: Foto de archivo de la fachada de la sede del PP cubierta con los candidatos a las elecciones del 26M de 2019. (EFE)
Foto de archivo de la fachada de la sede del PP cubierta con los candidatos a las elecciones del 26M de 2019. (EFE)

Lejos estaban de pensar las monjitas de la Real Orden de las Salesas que su antigua finca, huerto incluido, procedente de una donación caritativa de alma cristiana, iba a ser víctima de la pugna política tres siglos después. El PP ha decidido enajenar su oficina central en la calle Génova de Madrid por un valor que el mercado sitúa entre los 52 y 55 millones de euros.

Debajo, delante y encima de los casi 8.000 metros cuadrados, se han cincelado un sinfín de historias de poder, lucha fraticida, éxitos clamorosos, derrotas épicas y corrupción. Jamás la sede central de un partido democrático en España había adquirido tanta notoriedad. Las antaño Hermanas Salesas deben estar hoy dirigiendo cánticos de compasión al Altísimo ante aquella venta que hizo en su día la aseguradora Mapfre al PP en 2006, después de años de inquilinato a un alto precio, esto es, tres millones y medios de euros anuales.

La saga-fuga de la dirección nacional del Partido Popular del viejo caserón modernista, situado entre Alonso Martínez y Colón, deja a sus espaldas 38 años de abigarrada, inquietante y también victoriosa historia del centro derecha español. Entre sus deudos más afectados, sin duda, están algunos medios patrocinados desde la militancia izquierdista, que tendrán que cambiar rápidamente sus algoritmos. Porque, en efecto, durante casi esos cuarenta años residenciaron sus iras y fobias en el famoso edificio que quizá sea pasto de apartamentos de lujo.

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Foto de archivo de una reunión del Comité Ejecutivo Nacional del PP con Fraga. (EFE)

Nada tiene de extraño, por tanto, que por vez primera desde la restauración democrática el cierre de un edificio que alberga un partido político se convierta en gran noticia. Los 38 años largos de pasiones –bien mirado, también la corrupción no deja de ser una baja pasión– arrojan historias escritas por humanos, como rescatamos ahora en este medio.

El epitafio en esos ladrillos con funcionales ventanas, de siete plantas y 140 plazas de aparcamiento, ha sido escrito esta misma semana por su último y actual presidente nacional, Pablo Casado. Desde su balcón se celebraron victorias electorales que cambiaron el rumbo de un país, el mismo país que durante 15 años se dirigió desde estos despachos (amén de Moncloa, obviamente), contabilizando a lo largo de cuatro décadas un notable poder municipal, autonómico y europeo de primer orden.

La historia de Génova 13 tiene, por tanto, sus hitos, su ascenso al Olimpo y su marcha hacia el Averno. Su cénit y su ocaso, como si fuera una persona de carne y hueso. Y empieza de esta guisa.

Cuando 'Zapatones' encendía las luces

Génova 13, el edificio madrileño con vistas a la Audiencia Nacional, ha tenido cinco vidas descriptibles: la de Manuel Fraga, presidente fundador; la efímera de Antonio Hernández Mancha; la poderosa de José María Aznar; la incandescente de Mariano Rajoy; y finalmente los tres años del palentino Pablo Casado.

En los primeros tiempos de la Transición, tras la debacle de la UCD de Adolfo Suárez y su partido milagro, el 28 de octubre de 1982, la primigenia Alianza Popular que funda y capitanea un hombre de Villalba (Lugo), de nombre Manuel y de apellido Fraga, el “patrón” por excelencia en la derecha española, pasa de 10 diputados a 107. Entonces ocupaban una modestísima sede en la calle Silva que de repente resulta una caja de cerillas para tantos parlamentarios, nuevos funcionarios y una red de asesores.

El “patrón”, a quien en la jerga interna se le denomina “Zapatones” por sus anchos y largos pies y sus zancadas que recorren varias veces España, encarga a su secretario general, Jorge Verstrynge, y al jefe de las finanzas, Angel Sanchís, que busquen un edificio céntrico, amplio y acorde con su nuevo rango de líder de la oposición a Felipe González. Con el apoyo logístico y financiero del Banco de Santander, que entonces preside el abuelo de la actual Ana Patricia Botín, se fijan en uno supercéntrico, cerca del Congreso de los Diputados, de grandes dimensiones. Se firma un acuerdo de alquiler, alrededor de 250 millones de pesetas anuales, y se hace una reforma interior acorde con los numerosos jefes. Don Manuel tomará posesión a toda prisa de su despacho en la planta noble, la séptima, y coloca en la misma y cerca al secretario general Verstrynge, al que despachará sin miramientos cuando le convencen de que trama una conspiración para derribarle.

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Foto de archivo de Manuel Fraga dimitiendo como Presidente de Alianza Popular. (EFE)

Fraga era generalmente la primera persona en llegar…”Daba las luces, encendía la calefacción y las máquinas de café y daba grandes voces para que la seguridad le llevara a su despacho los periódicos del día”, recuerda uno de los funcionarios de aquellos años. Con unas grandes tijeras iba cortando los artículos o informaciones que después su secretaria, María Antonia, hace llegar al resto de los dirigentes. Su tesorero, Rosendo Naseiro, le establece en la planta 5; había cooptado al paisano de Lugo para encargarse de los dineros del partido porque tenía fama de haberse hecho rico con empresas vinculadas a Correos y de buen gestor. Luego, en abril de 1990, fue detenido dentro del llamado 'Caso Palop', que tras pesquisas judiciales quedó archivado por el Tribunal Supremo por irregularidades en la instrucción de un juez valenciano. Fue el preludio del luego letal 'Caso Gürtel', cuando ya Aznar había testado a favor de Mariano Rajoy.

Su despacho escuchó como su ocupante mandó “al carajo” y a voz en grito al entonces vicepresidente Bush –padre (el presidente era Ronald Reagan)– cuando este, alertado por el entonces jefe del Gobierno, Felipe González, le presiona para que cambie la “abstención” por un voto afirmativo en el referéndum OTAN convocado por el líder socialista.

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Foto de archivo de María Dolores de Cospedal, Mariano Rajoy, Manuel Fraga, José María Aznar y Ana Mato. (EFE)

–Oiga usted, señor vicepresidente, a mí no me presiona nadie… Esta es mi casa, señor mío, lo que usted me pide no puede hacerlo y es de la exclusiva responsabilidad del señor González, que es quien se ha metido en ese berenjenal…–. Y colgó. Algo parecido ocurrió con la primera ministra británica Margaret Thatcher.

Fraga sería el primero en utilizar el posteriormente famoso balcón de Génova 13. ¿Para celebrar un triunfo? No. Para despedirse de sus fans después de sufrir severas derrotas en el País Vasco y de percatarse finalmente de que jamás podría batir en las urnas al 'dios' socialista.

La segunda vida es tan corta como lo fue la presidencia del abogado del Estado extremeño Antonio Hernández Mancha y su secretario general, Arturo García Tizón. No le dio tiempo ni a echarse laca en su indomable flequillo. Tras precipitarse en una moción de censura a González y hacer el ridículo en la misma, se le pasó a cuchillo. Cierto es que tanto él como su equipo apenas consumieron horas porque llegaban tarde al despacho y lo abandonaban pronto. Apenas hay una mera seña de identidad de aquella fugaz etapa.

La llegada del "general secretario"

El 1 de abril de 1990, toma oficialmente como posesión el gran comandante en jefe del PP cuya jefatura acabará en 2004. Empieza la cuarta vida de Génova 13. José María Aznar coloca a su lado a un “general secretario”, Francisco Álvarez Cascos, y ambos darán la vuelta al partido, liquidando los viejos restos de antaño e implantando 'manu militari' su nuevo orden con nombres y apellidos de su entera confianza. Tras el estallido del ya mencionado 'Caso Naseiro', Aznar comisiona al asturiano para hacerse cargo de las finanzas del PP, en lo que permanecerá mucho tiempo. Y empieza en esa época el reparto de sobresueldos que luego heredará Rajoy y que tanto juego dan hoy a Luis Bárcenas, hombre de confianza de Álvaro Lapuerta y también del secretario general.

De esta época es la entrada de Francisco Correa (Gürtel) en los pasillos de la planta 7 y en la 5, amén de la primera que es donde siempre estuvo ubicado el PP de Madrid.

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Rajoy, Aznar y Fraga en la sede del PP en el barrio Salamanca, en Madrid. (Foto: P.E.)

La tercera vida es cuando Génova 13 adquiere brillo y esplendor. Aznar, su mujer Ana Botella y su equipo (denominado por el propio presidente como “el macizo de la raza”) celebran la primera victoria electoral general en marzo de 1996, pues había batido, aunque por pocos votos, al líder histórico del socialismo español en los tiempos modernos. El paroxismo llegó en el año 2000 cuando el mismo Aznar arrasa a Joaquín Almunia, sustituto de González, y le manda al Averno. El balcón se convertirá en todo un símbolo de poder y celebridad para miles y miles de jóvenes de la derecha. Desde ahí se recordó, por ejemplo, a Jordi Pujol que era un “enano”.

Eso en lo relativo al 'confeti', el oropel exhibido por los PP pijos. Por allí le hacía salir también Aznar a Rodrigo Rato, convertido durante años en la imagen viva del gran triunfador. Pero también en esa etapa de vino y rosas se siembra la semilla de la corrupción (Manuel Fraga se financiaba con sablazos a unos y otros, algo que le desesperaba, pero nunca se le pudo demostrar corrupción intrínseca), donde los grandes empresarios hacen llegar sus óbolos a la caja de Génova 13. Pero no estalla hasta que en 2007 un modesto concejal popular de Majadahonda, José Luis Peñas, denuncia ante la Policía Judicial los tejemanejes de Correa con los dirigentes del PP y el cobro de comisiones ilegales en los que estaban implicados un buen número de nombres, básicamente en la Comunidad de Madrid.

La mochila de Mariano

Y se acaba la fiesta.

El estallido de la gran corrupción le pilla a Rajoy al mando, que toma en 2004 cuando Aznar decide hacer mutis por el foro. Había empezado y con mal pie la cuarta vida del conglomerado de acero y vidrio, carcomido todo él por una corrupción a la que Rajoy, ni siquiera Cospedal, aunque lo intenta, es capaz de pegar un tajo. La cuarta vida vendrá marcada a sangre y fuego por ese tal Bárcenas al que Mariano no solo no es capaz de mandar a paseo, sino que le asciende a tesorero, el máximo rango en lo relativo a las finanzas y economía de la casa.

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Fotografía de archivo del PP Mariano Rajoy besando a su mujer, Elvira Fernández. (EFE)

Será la gran mochila durante todo el mandato del registrador de la propiedad. Su miedo, su pánico ante los papeles que había manuscrito de su puño y letra durante lustros el ejemplar cántabro, le conducirá finalmente al cadalso, cuando dos jueces contra uno le sentencian como presidente corrupto al mando de un partido corrupto. De nada servirá que posteriormente la Audiencia Nacional y el Supremo pongan en su sitio al juez José Ricardo de Prada. España es un país de hechos consumados.

Todo ello concluirá en la cuarta vida de un cuartel general/ Génova 13 enmudecido, pálido y sin posibilidad de futuro. Porque la propia sede nacional del que fue primer partido de España está investigada y bajo sospecha. El pavor más que descriptible del protagonismo de esa cuarta vida permitirá a la izquierda retomar el poder de una manera voraz y que España cambie de rumbo de manera abrupta, inquietante y a lo desconocido.

Fin del baile

El 21 de julio del 2020 se inicia formalmente el quinto y último periplo de Génova 13. Pablo Casado, 37 años, ha ganado el Congreso Extraordinario a la exvicepresidenta Saénz de Santamaría, candidata favorita del anterior presidente. Casado es recibido por los funcionarios de la casa el lunes 22 puestos a su disposición, junto con el resto del “círculo interior” que ha conformado a bote pronto, encabezado por el murciano Teodoro García Egea. Se niega a tomar posesión de su despacho antes que Rajoy no le dé posesión del mismo, cosa que se produce ese mismo día a primeras horas de la mañana.

Una auditoría de urgencia (política, social y económica), que le hace ver la caída del PP tras la moción de censura victoriosa de la izquierda, el populismo, los independentistas y los republicanos, le hace llevarse las manos a la cabeza. ¡Esto está mucho peor de lo que pensaba! Y lo estaba. Unas semanas después, recibe en ese mismo despacho que durante catorce años ha ocupado Rajoy a un conocido y respetado consultor, especialista en situaciones de crisis que ha solventado con gran éxito en grandes corporaciones españolas e internacionales.

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Foto de archivo de José María Aznar y Manuel Fraga. (ECG)

–¡Mi consejo, Pablo, es que te deshagas cuanto antes de este edificio…! Si es que quieres hacer borrón y cuenta nueva, porque el PP al día de hoy está muy desacreditado…

–¿Tú crees? –pregunta el joven presidente nacional. ¿Tan importante es lo de la sede?

–Creo que sí. Incluso yo me plantearía hasta cambiar de siglas…

Dos años y medio después, tras el colosal fiasco en las elecciones autonómicas catalanas, el superviviente Casado decreta el funeral y entierro sin pompas de una casa sin la cual, para lo bueno y para lo malo, es imposible explicar casi medio siglo de la historia política de un viejo y cuarteado país al que todavía seguimos llamando España.

Lo escribió don Claudio Sánchez Albornoz en su famoso compendio 'España, un enigma histórico': "El tiempo todo lo puede. Y las desgracias también".

Génova 13 espera, piqueta en mano, el inicio de un nuevo amanecer.

Partido Popular (PP) José María Aznar Mariano Rajoy Manuel Fraga