Iglesias se hace un hueco en la campaña con el espíritu antisistema de sus inicios
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Iglesias se hace un hueco en la campaña con el espíritu antisistema de sus inicios

El vicepresidente exprime el argumento de la "anormalidad democrática", con voluntad de hacer que los escaños de la marca de Podemos en Cataluña no sean irrelevantes tras el 14-F

placeholder Foto: Iglesias en el acto final de la campaña de En Comú Podem. (EFE Quique García)
Iglesias en el acto final de la campaña de En Comú Podem. (EFE Quique García)

Es reconocida la capacidad de Pablo Iglesias para crear marcos conceptuales que terminan por ser sencillas ideas recurrentes que logran monopolizar la agenda y el debate político. Son muy recordadas por su eficacia las de "la casta", "la trama" y "las puertas giratorias", entre otras.

La habilidad del vicepresidente es lograr que estos conceptos queden fijados en la vida política, que sean combatidos por sus adversarios y que sean compartidos con entusiasmo por sus partidarios. Calan porque apelan a las emociones.

Ahora ha lanzado la idea de la "anormalidad democrática" y probablemente sea el concepto más eficaz para sus intereses de los que ha manejado desde que forma parte del Gobierno. Tiene la ventaja de que enlaza con el sentimiento de sus bases y, sobre todo, con la referencia de lo que fue el Pablo Iglesias previo a su éxito electoral; casi el que desde La Sexta Noche ponía en cuestión, como tertuliano y con soltura y sin ataduras, fundamentos del sistema democrático e institucional español, aquello del candado constitucional, empujado por las protestas del 15-M con lemas como "no nos representan". Busca enlazar con el momento en el que generó unas expectativas que parte de sus votantes puedan ver ahora frustradas.

El concepto es tan eficaz que ha conseguido que, de nuevo, desde diferentes ámbitos de la política y de los medios, se haya producido una avalancha de reacciones críticas contra él. De hecho, ha logrado un papel protagonista en estas elecciones catalanas, en las que él tenía inicialmente un papel muy secundario. Objetivo conseguido gracias a esa habilidad para hacerse hueco a codazos en la agenda y gracias a la desaforada reacción de sus adversarios que casi siempre terminan entrando al trapo de sus marcos conceptuales, elevándole a los altares de sus partidarios.

El de la "anormalidad democrática" es un terreno de juego óptimo para Iglesias y Unidas Podemos.

Aspira a mantener una posición activa en las conversaciones que se abran el lunes para formar Govern

Para estas elecciones catalanas, En Comú Podem, la candidatura patrocinada por Iglesias, tenía el inconveniente de inicio de quedar encajonada entre el independentismo y el llamado constitucionalismo que encabeza el PSC y su "efecto Illa". Esa polarización hacía que, 'a priori', esta candidatura ni siquiera tuviera posibilidad de formar parte de la agenda de la campaña.

Su idea era promover un discurso que rompiera esos dos bloques, con una transversalidad de izquierdas y con el inconveniente de compartir Gobierno con la candidatura que partía como favorita y de la que debía distanciarse.

La lista que encabeza Jessica Albiach partía con la idea de que su resultado no sería bueno y con los precedentes de Galicia y País Vasco donde compareció desde el Gobierno y obtuvo un fracaso rotundo, tras una campaña en la que resultó irrelevante. En Cataluña, no obstante, mantiene un suelo sólido, según los expertos, como consecuencia de su presencia en el ayuntamiento de Barcelona con Ada Colau. Y en el Congreso la posición más alejada del Gobierno de coalición la suele mantener a través de los diputados catalanes del grupo de Unidas Podemos, como Jaume Asens o Gerardo Pissarello.

Foto: El vicepresidente segundo del Gobierno y líder de Podemos, Pablo Iglesias (i), junto a la candidata a la Generalitat por En Comú Podem, Jéssica Albiach. (EFE) Opinión

El objetivo de Iglesias trasciende las elecciones del domingo, pero aspira a ser determinante en el Parlament con opciones de pactar con unos o con otros y en eso ha trabajado intensamente Iglesias en las últimas semanas. Aspira también a mantener una posición activa en las conversaciones que se abran el lunes para formar Govern; en las gestiones para mantener la estabilidad del bloque que apoya a Sánchez en el Congreso desde los Presupuestos, que puede quedar tocado ahora; y en participar en una eventual mesa de diálogo en busca de una solución política para Cataluña. Para eso necesita interlocución abierta con todas las partes; por ejemplo, nunca dejó de tenerla con Carles Puigdemont, incluso en aquellos días claves de 2017.

No se puede permitir tampoco el tercer fracaso electoral desde que está en el Gobierno, anticipando un desastre para cuando concluya la legislatura que cumpliría el principio de que el menor de una coalición siempre sufre más desgaste que el grande.

Por todo ello, necesitaba un discurso propio, combatido por los adversarios y que apelara al sentimiento, entre otras cosas porque el eje de debate del soberanismo y el españolista está cargado de sentimiento y es sabido que lo emocional es casi siempre el primer condicionante del voto.

Foto: El vicepresidente segundo del Gobierno y líder de Podemos, Pablo Iglesias (i), junto a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. (EFE)

Para eso nació el concepto de "anormalidad democrática", que le abre hueco y le permite apelar a electores de izquierdas no independentistas pero incómodos con la política institucional. Mirando los informativos y las portadas, el concepto le ha funcionado y ahí estamos todos discutiendo sobre si España es una democracia plena o no.

En 2019, Iglesias optó por la institucionalidad en perjuicio del activismo y eso provocó una cierta ruptura emocional con sus bases y el riesgo de frustrar expectativas que él mismo creó. Sus propios estudios internos muestran esa quiebra. Por ello, ha trabajado en la creación de marcos o relatos sobre su presencia en el Gobierno; y de todos, es muy probable que el más eficaz sea este. Suelen contar diferentes miembros del Gobierno que la mayoría de las intervenciones de Iglesias en el Consejo de Ministros son para mostrar preocupación por la forma en que se comunican las medidas, sus consecuencias o las consecuencias estratégicas de las decisiones.

Foto: El vicepresidente del Gobierno, este viernes en un acto de los comunes en Barcelona. (EFE)


El marco de las medidas sociales aprobadas por el Gobierno pero impulsadas por Unidas Podemos tiene el inconveniente de que, según muestran los estudios de opinión, los ciudadanos tienden a atribuir el mérito de las mismas a todo el Ejecutivo; y, de hecho, la valoración de Pedro Sánchez entre las bases moradas es muy buena. No obstante, Unidas Podemos no renuncia a este mensaje y este viernes, en el límite del final de la campaña electoral, anunció que ha remitido una carta a la vicepresidenta Nadia Calviño para pedirle ayudas directas a la hostelería y el pequeño comercio. Lo curioso es que, en realidad, es una parte del Gobierno la que comunica que ha enviado una carta a la otra parte del Gobierno para pedirle algo que debe aprobar el Gobierno.

El de la 'lawfare' o persecución judicial sirve más como argumento defensivo, porque a la vez debe combinarse con la idea de que todos los procesos penales contra Unidas Podemos han sido archivados.

El de "no es lo mismo tener el Gobierno que el poder" le permite justificar lo que no se puede conseguir desde la vicepresidencia.

El de la monarquía ha servido para diferenciarse del PSOE, pero funciona menos por las prioridades de los ciudadanos en plena pandemia. Aun así, logró que sus adversarios entraran al trapo de su vaticinio sobre el debate en todas las casas en Nochebuena sobre la Corona, lo que en la práctica supone también de hecho abrir la puerta a esa polémica y normalizar por primera vez la discusión sobre la monarquía.

Foto: El vicepresidente segundo del Gobierno y líder de Podemos, Pablo Iglesias. (EFE) Opinión
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Ahora, el de la "anormalidad democrática" apela también al malestar de los ciudadanos con las instituciones de las que no reciben amparo en plena pandemia. Esas insatisfacción y frustración quedan reflejadas claramente en las encuestas del CIS y son recogidas y asumidas por el argumento de Iglesias.

En todos los sondeos del Centro de Investigaciones Sociológicas aparecen siempre entre los principales problemas de los ciudadanos los vinculados a los políticos y las instituciones. En 2018 una encuesta oficial mostraba que el 54,8% estaba poco o nada satisfecho con el sistema democrático; el 70% quería cambiar la Constitución; el 27,7% no estaba satisfecho con el sistema constitucional; y el 75,9% que en el Parlamento "prestan demasiada atención a problemas de poca importancia". Esa tendencia es probable que se haya agravado en tiempos de pandemia cuando se han visto las costuras al Estado constitucional y es recogida por Iglesias. Según esos datos, el líder de Unidas Podemos no dice nada que no piense un porcentaje significativo de españoles.

Además, la realidad "anormal" del día a día de España le ayuda a mantener ese discurso.

Es un terreno cómodo para él porque le sirve, además, como coartada de su presencia en el Gobierno, intentando no perder las esencias, por más discutible que sea promover esa idea desde la mesa del Consejo de Ministros. También crea malestar acumulado en la parte socialista del Gobierno, pero no le va nada mal que exministros y exdirigentes históricos del PSOE como Corcuera o Leguina se confronten con él en un manifiesto. A sus votantes les encanta escuchar las críticas de Felipe González.

Es verdad que deja en nada los esfuerzos que hizo el anterior Gobierno de Sánchez, el que surgió de la moción de censura, para mejorar la imagen internacional de España en lo que se refiere al cumplimiento de la ley y el Estado de Derecho en Cataluña y contra el 'procés' independentista. Irene Lozano fue nombrada secretaria de Estado de la España Global solo con esa misión, que decayó en enero de 2020 cuando se constituyó el Gobierno de coalición y Sánchez la olvidó. Pero eso ya es ajeno a Iglesias y a su visión estratégica de la política.

Como dicen en 'Baron Noir': "La política es como el jazz; si cometes un error en una nota insiste, sigue tocando esa nota y se convertirá en una improvisación de culto y todo el mundo tratará de imitarla". En este caso, Iglesias considera que esa nota le funciona, que no es un error, y seguirá tocándola. Aunque toque una pieza distinta a la que interpreta el resto de la orquesta de la que forma parte.

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