"Lo único bueno del covid es que ha acabado con las toses en el teatro"
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Entrevista al tenor José Manuel Zapata

"Lo único bueno del covid es que ha acabado con las toses en el teatro"

Alterna la música con las conferencias y promociona su libro, 'Música para la vida' (Planeta), donde confiesa su querencia por Perales y Gardel, también por Pavarotti y Mozart

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El tenor español José Manuel Zapata. (Jorge Álvaro Manzano)

La abuela de José Manuel Zapata (Granada, 1973) lo sacaba cuando era niño al patio para que le cantara a las vecinas. Ya de adulto empezó a estudiar Ingeniería de Caminos por aquello de las salidas profesionales, pero la música pudo más. Estudió canto y actuó en el Metropolitan de Nueva York, el Liceo de Barcelona y el Real de Madrid, entre otros escenarios internacionales. Grabó varias óperas y dos discos, 'Tango mano a mano' y 'Operazza'.

Ahora alterna la música con las conferencias y promociona su libro, 'Música para la vida' (Planeta), donde confiesa su querencia por Perales y Gardel, también por Pavarotti y Mozart. Es un festival de risas, aunque él prefiera definirse como un niño que siempre fue viejo.

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Foto: Jorge Álvaro Manzano.

PREGUNTA. Estimado tenor, ¿es posible que a un mismo ser humano le gusten Bach y Camela sin que le tomen por loco?

RESPUESTA. Madre mía, qué manera de empezar directamente por las puñaladas traperas. ¡Bach y Camela! Digo que sí, aunque no es mi caso. Porque hay una música para cada momento. En el libro cuento que la música de la feria la recuerdo a partir de Camela.

P. Bueno, es que en los coches de choque otra música no se concibe…

R. Claro, imagina ahí a Beethoven o a Bach.

P. ¿Qué mezcla es la suya?

R. Pues, por ejemplo, José Luis Perales y Shostakóvich (compositor ruso).

"Hay una música para cada momento. En el libro cuento que la música de la feria la recuerdo a partir de Camela"

P. Cuando venía en el taxi el conductor tenía puesta Radio 3, que es una emisora que no trabajo porque soy más de Cadena Dial. Me ha dado por pensar en las etiquetas, lo moderno, lo estupendo y lo 'kitsch'. ¿Cuánto hay de esnobismo en el oyente y el practicante de música clásica?

R. Hay mucho, y no nos lo conseguimos quitar de encima. Pero es que es verdad. Si vas a un concierto de la Orquesta Nacional de España en plena temporada aquello es pura liturgia, como una misa en latín en el Vaticano y con el cura de espaldas. Me acuerdo de que fui a ver 'La verbena de La Paloma' en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada y me entró la risa, porque es una comedia. Dos señoras de pelo cardado se dieron la vuelta y me regañaron: "¡Esto es música clásica!". Lo que creo es que no se estaban enterando de la historia. Por no hablar del protocolo de las toses. Lo único bueno del covid es que ha acabado con ellas.

P. Hablemos de la asignatura de música en los colegios. ¿Por qué en 2021 sigue siendo concebida como algo menor? Como la gimnasia, la plástica, o como se llame ahora…

R. En mi época se llamaba 'Hogar'.

P. Eso es precioso. Ahora preferimos que los niños estudien chino o robótica.

R. No lo entiendo. En mi época la música se la consideraba una 'maría', pero ahora ni eso, es algo marginal que depende de la decisión de cada colegio. Se prefieren otro tipo de asignaturas porque se supone que van a ser más importantes para el futuro de los niños. Pero si le preguntas a una persona por tres afluentes del Tajo seguro que no se acuerda, tampoco de cuándo invadió Hitler Polonia. Pero sí responderá rápidamente con qué canción se enamoró. Yo me he educado con la música, he vivido con ella, y le he dado la importancia que creo que tiene y que todos compartimos. No se puede concebir la vida sin música. En 2021 mi hija sigue aprendiendo música con una flauta. ¡La flauta! No sé, enseñad a cantar, que escuchen música.

"En mi época la música se la consideraba una 'maría', pero ahora ni eso, es algo marginal que depende de la decisión de cada colegio"

P. Imagino que también faltan vocaciones entre los docentes. Cuántos habrán escuchado esa frase de "tiene pocas salidas".

R. Yo empecé Ingeniería de Caminos, duré una semana y se me hizo eterno. Recuerdo cuando empecé a estudiar canto que mis padres me dijeron: "Pero, ¿y con qué te vas a ganar la vida? Me pedían que siguiera echando una mano en su restaurante, a pesar de que la música me apasionaba y no tenía mala voz. Les dije: "Cuidado, que este niño igual debuta en el Metropolitan".

P. Y pasó.

R. Pasó. Cuando veo que a mi hija le brillan los ojos con algo, intento ayudarla. Conozco tantas carreras que 'a priori' tenían muchas salidas y lo único que han tenido son entradas… Podemos hacer una lista interminable de estudios por obligación que han acabado en frustración.

P. Hablando de paternidad, la banda sonora de su infancia tiene poco de música clásica y mucho de Perales, de Carlos Gardel. Hábleme de ese niño al que sacaban al patio a cantar para que le escucharan las vecinas…

R. Todavía lo recuerdo, y cómo me tiraban dulces también. Me acuerdo de la mirada de mi abuela Concha, probablemente la mujer a la que más he querido, y cómo me animaba a cantar. Yo desde crío siempre he sido un viejo y me han encantado los dramas, por eso la primera canción que canté es 'El jinete', de José Alfredo Jiménez. Una cosa tremenda. Y luego Perales, otro que tal.

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Foto: Jorge Álvaro Manzano.

P. En las canciones de Perales siempre estaba nublado y no paraban de caer las hojas…

R. Sí, y las gotas de lluvia tras el cristal. Pero luego, más adelante, empecé a sufrir con Serrat. Porque cuando quiere hundirte, como con el 'Romance de Curro el Palmo', directamente te quieres morir. Pero soy muy de regodearme. Descubrí una infidelidad y no paraba de escuchar a Gardel yendo cuesta abajo todo el tiempo. La música triste mola un montón.

P. Con esa infancia de conciertos a las vecinas, ¿qué le parecen los concursos de niños cantores?

R. El otro día me ponía Carlos Alsina el corte de una niña que ha ganado el 'Got talent' de Holanda y parecía que la había poseído un espíritu. Los padres de esos niños creen que tienen a Pavarotti y Mozart en casa.

P. Mi padre nos deleitaba en los viajes en coche con Isabel Pantoja y Luis Cobos, pero recuerdo cómo se entregó sin medida a la música clásica cuando aparecieron los tres tenores (José Carreras, Plácido Domingo y Luciano Pavarotti). A algunos, este fenómeno les pareció una herejía con el género. ¿Cree que vale todo para darlo a conocer?

R. Todo no, pero quién soy yo para decirlo. Por ejemplo, André Rieu (violinista) es una megaestrella en todo Centroeuropa y llena estadios y pabellones. Ves la estética, que es la cosa más hortera que hay, y yo no compro eso, aunque hace su función. Pero yo soy tenor porque vi a los tres tenores y vi a Pavarotti cantar 'Nessum dorma'. Ese día quise ser él, porque consiguió meter la ópera en las casas de todo el mundo. No necesitas saber nada para que te guste, emociona a las piedras. Si le dices a Puccini que le van a escuchar 500 millones de personas te habría respondido que dónde hay que firmar.

Pero siempre digo que son importantes los contextos. Hay gente que detesta a James Rhodes, pero le he visto maltocar una pieza de Bach en el programa de Buenafuente y la gente se emociona y lo convierte en 'trending topic'. Así que bendito sea.

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Foto: Jorge Álvaro Manzano.

P. Yo fui con una amiga de la universidad a ver un montaje de 'Aida' en la plaza de toros de Vistalegre que producía José Luis Moreno.

R. Todos tenemos un pasado, sí. Pero José Luis hizo mucho por la música clásica. ¿Tienes un buen recuerdo de aquello?

P. Sin duda.

R. Pues qué problema hay. Eso te lo llevas pa' dentro.

P. Subamos un nivel en la provocación. ¿Qué hacemos con Il Divo?

R. Ay, Dios mío, el lanzallamas. Yo conozco al barítono, el español, Javier.

P. Uno que se casó en Disneylandia vestido de blanco.

R. Ese mismo. Yo canté con su mujer en el coro de la Zarzuela. Él daba clases de canto en la escuela justo detrás de mí, lo escuchaba siempre. Tiene la cara de Gastón, el malo de 'La bella y la bestia'.

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Foto: Jorge Álvaro Manzano.

P. De ahí el lugar de su boda.

R. Mira, me has dado donde más me duele, porque no me mola nada Il Divo. Porque la gente piensa que son tenores y no. No me gusta el estilo de música, ni los arreglos… El mejor es el español, un barítono como Dios manda. Tampoco te olvides de las versiones de Bach en 'chill out', o con la flauta andina… Con todo eso hay que hacer una pira y que arda. Los discos, no ellos (sonríe).

P. Dígame lo primero que piensa cuando escucha el nombre de Plácido Domingo.

R. Me da pena. Lo conozco personalmente, he compartido escenario con él, me cae genial, me parece un gran señor, pero no he estado alumbrando en sus cenas privadas. Sigue siendo uno de los mejores cantantes que ha parido el mundo y necesito desligar su vida privada de la profesional. Si no lo hiciera, entonces no escucharía a Wagner ni vería los cuadros de Picasso. En el 'Cosi fan tutte', por ejemplo, Mozart os deja fatal a las mujeres.

P. ¿Qué palabra le define mejor, tenor o cómico?

R. Tenor cómico, digamos. Mi vida es el humor. Por ejemplo, cuando tenía que hacer de galán y pesaba 150 kilos, me sentía cómico. Tenía más ganas de hacer un 'sketch' que de cantar.

"Cuando tenía que hacer de galán y pesaba 150 kilos, me sentía cómico"

P. En una entrevista reciente hablaba de la pérdida de peso y la gordofobia. ¿Tan importante es para su oficio?

R. Ha cambiado en los últimos 20 años, pero era muy complicado que con ese peso me vieran como galán, que me dieran un 'Rigoletto'. Y debo hacer de abogado del diablo, porque en cierta forma, estoy de acuerdo. Si quieres ver una 'Traviata' de Verdi, quieres ver una señora encima del escenario con la edad del personaje, como dice el libreto, a la que contratarías si eres de ese tipo de hombres que consumen de prostitución. Hay una anécdota buenísima, porque cuando Verdi estrenó 'La Traviata' en Venecia, el papel se lo dieron a una soprano muy buena pero muy gorda. Cuando en el tercer acto ella se estaba muriendo de tisis, al público le entró la risa. Verdi escribió en sus cartas que el tiempo diría si el fracaso era por su obra o por el 'casting'. Hablamos del siglo XIX, pero el público sigue queriendo cierta verosimilitud. Lo que pasa es que en nuestro mundo se ha llevado al extremo y muchos directores de escena son muy severos, sobre todo con las mujeres. Tiene que ser buena, guapa y joven. Conozco a sopranos que lo han pasado muy mal y que se han operado como me operé yo para seguir haciendo carrera.

P. ¿Qué se siente cuando uno canta en el Metropolitan? ¿Y qué se siente después?

R. Pasa lo que decía Sabina, que uno se vuelve vulgar. Pero cuando estás arriba, la voz está potente, te sientes dentro del personaje y oyes el silencio del público, sientes poder. Es una sensación de que puedes dominar el mundo.

P. ¿Gana más como cantante o como conferenciante?

R. Antes más como cantante y ahora más como conferenciante. Después de la crisis, los cachés en la música bajaron. Como conferenciante me lo paso bomba.

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Foto: Jorge Álvaro Manzano.

P. ¿Qué opina de los directivos que le contratan? Yo asistí a algunas charlas organizadas por Recursos Humanos y siempre pensaba que por qué no nos subían el sueldo en vez de pagar al de la charla. Menos magos y más salario. Me ha salido la vena sindical, discúlpeme.

R. Procuro contar mi verdad, y mezclo la ópera y el mundo de la empresa porque hay muchos vasos comunicantes. Pero creo que tienes razón. Dentro de mi gremio conferencial hay muchos charlatanes. Mi conferencia la termino diciendo: "Si quieres, puedes. Y una mierda". La gente se parte de la risa. Siempre hay un idiota de proximidad que te dice la frasecita.

P. Dígame una canción idónea para el Gobierno y otra para la oposición.

R. La misma para los dos. Tendría que ser una pieza coral para que canten todos juntos, por ejemplo la novena sinfonía de Bethoveen. A ver si empastan de una puñetera vez. No puedo con ellos.

P. Pues entonces les mandamos Il Divo al Congreso…

R. Eso es muy macabro, pero me gusta.

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