Sánchez deja pasar las discrepancias y disfunciones del Gobierno
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Sánchez deja pasar las discrepancias y disfunciones del Gobierno

El presidente renuncia a abordar cambios más profundos, aprovechando la sustitución de Illa, mientras crecen los encontronazos entre ministros

placeholder Foto: Reunión del Consejo de Ministros, el último de Salvador Illa como titular de Sanidad. (EFE)
Reunión del Consejo de Ministros, el último de Salvador Illa como titular de Sanidad. (EFE)

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, explicó el pasado 29 de diciembre en rueda de prensa en La Moncloa que estaba satisfecho con sus ministros y que, por eso, no tenía previsto hacer ningún cambio. Es verdad que al día siguiente se supo que Salvador Illa dejaría el Ministerio de Sanidad para ser candidato en Cataluña, pero Sánchez ha sido coherente con ese compromiso de respaldo a todos los ministros del Gobierno de coalición.

Ese respaldo de Sánchez a sus ministros no oculta, no obstante, las disfunciones y discrepancias entre ellos que no se ocultan, que en muchas ocasiones son públicas y admitidas. El presidente del Gobierno ha optado en su primer cambio del Gobierno de coalición por una minicrisis, quirúrgica y reducida a lo indispensable: la sustitución de Salvador Illa y la entrada de Miquel Iceta.

Foto: El secretario general del PSC, Miquel Iceta. (EFE)

Ha rechazado la opción de cambios más profundos y ahora no parece probable que pueda acometerlos a corto plazo. Un año después, el Gobierno de coalición queda reafirmado en casi todos sus miembros y se aleja la opción de cambios profundos. En Sánchez ha debido pesar más la valoración en las encuestas que apenas muestra desgaste, un año después y con pandemia.

Se suele decir que las crisis de Gobierno se sabe cómo empiezan, porque a menudo las origina una salida estratégica, pero no cómo acaban porque son aprovechadas por los presidentes para hacer ajustes, retocar disfunciones, satisfacer o frenar ambiciones o dar impulso político al Ejecutivo con gestos visibles y llamativos.

Pedro Sánchez informa de las novedades en la composición del Gobierno

Además, la conformación de gobiernos son los actos más personales de los presidentes y la forma de gestionar las crisis suelen caracterizar a los jefes de los Ejecutivos. A José María Aznar le gustaban las sorpresas y juguetear con ellas como demostración de poder, a veces con saña casi de psicópata. A Mariano Rajoy no le gustaban porque desestabilizaban su proceder conservador y rutinario. Para José Luis Rodríguez Zapatero eran oportunidades de hacer gestos políticos y reforzar mensajes. Pedro Sánchez sólo ha hecho cambios imprescindibles con Maxim Huerta, Carmen Montón e Illa, además de las dos conformaciones completas del Gobierno en las que operan otras razones y circunstancias.

En esta ocasión, Sánchez ha optado por lo mínimo, lo cual disipa los rumores, expectativas o posibilidades de cambios más profundos a corto plazo y también aleja la opción de reducir ministerios como gesto a la ciudadanía en momentos difíciles. Es cierto que el actual presidente está muy condicionado por la pandemia y por tener un Gobierno de coalición.

La conformación de gobiernos son los actos más personales de los presidentes

Por la pandemia porque ya es suficientemente arriesgado cambiar al ministro de Sanidad en plena tercera ola, como para poner a alguien que no conozca el asunto. Sanidad siempre ha sido ministerio comodín, como lo fue cuando Illa fue reclutado por Sánchez para intervenir en el diálogo con Cataluña desde un puesto cómodo en el Gobierno, pero esta vez necesitaba poner a alguien que se conociera el estado de la pandemia para evitar vacíos.

Carolina Darias era la opción lógica porque había intervenido codo con codo con Illa en las Conferencias Interterritoriales y con el propio Sánchez en las conferencias de presidentes con los líderes autonómicos. Sólo hay otro ministro al tanto de los datos del coronavirus: José Luis Escrivá que, como experto en econometría, interviene largamente en Consejos de Ministros para interpretar datos de la pandemia y elabora gráficos que envía a otros miembros del Gobierno, empezando por el presidente. Uno de los últimos gráficos se refiere a la marcha de la vacunación en relación a otros países europeos.

Foto: Carolina Darias, durante una rueda de prensa tras la reunión del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud. (EFE)

Escrivá es uno de los ministros afectados por las disfunciones y discrepancias internas. La crisis mínima le favorece y le mantiene en el Gobierno en un largo plazo.

En las últimas semanas no sólo han sido visibles sus discrepancias y enfrentamientos con otros ministros por su fallida propuesta de reforma de las pensiones, sino que ha quedado claramente desautorizado y debilitado por el presidente del Gobierno al haber congelado esa reducción de prestaciones. Su comparecencia este martes en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros es una especie de gesto de consuelo, porque, en realidad, las medidas sobre los ertes podría haberlos presentado también la ministra de Trabajo.

Las relaciones de Escrivá con los ministerios de Unidas Podemos se han deteriorado al máximo y así lo cuenta él abiertamente en sus entrevistas. También han empeorado las del ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones con el equipo económico que encabeza la vicepresidenta tercera, Nadia Calviño.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, saluda a la ministra de Política Territorial, Carolina Darias, durante una vista a Lanzarote el pasado verano. (EFE)

A él le afecta también una disfunción estructural del Gobierno, la referida a la política de inmigración. Él tiene la competencia y una secretaría de Estado pero, en la práctica, es el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, el que gestiona la política migratoria o, en todo caso, la condiciona con sus decisiones.

Con la crisis migratoria en Canarias quedó clara la dispersión de competencias en hasta cinco ministerios, sin órgano de coordinación. Todo eso seguirá igual por decisión de Sánchez.

A Marlaska le afecta también el enfrentamiento casi público con la ministra de Defensa, Margarita Robles. Este pulso procede de la etapa en la que ambos ejercían como jueces y en el Consejo General del Poder Judicial y ha sido visible en varias ocasiones en el seno del Gobierno.

En el equipo económico, la posición más débil, según miembros del Gobierno, es la de Maroto, titular de Industria, Comercio y Turismo

En el equipo económico, la posición más débil, según otros miembros del Gobierno, es la de Reyes Maroto, titular de Industria, Comercio y Turismo. Tanto, como que algunos miembros del Gobierno señalaban a su departamento como candidato a ser integrado en otro para reducir departamentos.

Quedan aparte las discrepancias (inevitables) que provoca el hecho de ser un Gobierno de coalición formado por una mayoría socialista y una minoría de Unidas Podemos, con posiciones y culturas políticas muy diferentes.

Como tal, su composición está pactada y, aunque el presidente del Gobierno mantiene su competencia absoluta para nombrar o destituir ministros, el margen de maniobra es muy limitado.

Foto: Los vicepresidentes del Gobierno Pablo Iglesias, Nadia Calviño y Teresa Ribera. (EFE)

No se solucionan las discrepancias de Calviño con Pablo Iglesias, Yolanda Díaz y Alberto Garzón sobre medidas económicas y sociales, porque son ya casi estructurales y todo parece indicar que se mantendrán hasta el final. Tampoco el malestar de ministros de procedencia socialista con algunas tensiones forzadas desde Unidas Podemos. Ni las dudas sobre la gestión y los silencios del ministro de Universidades, Manuel Castells. Ni las tensiones que provoca la gestión de las políticas de igualdad en sectores socialistas, tras haber pactado la cesión de esta competencia de Carmen Calvo a Irene Montero.

No hay indicios del fin del Gobierno de coalición. Por el contrario sus miembros dan por hecho que seguirá camino del fin de la legislatura, porque a ambas partes les interesa. Otra cosa es lo que pueda ocurrir entonces cuando estén interesados en ir a las urnas bien diferenciados.

La operación para situar a Illa como candidato en Cataluña fue anunciada a finales de diciembre de 2020, se dice que fue diseñada a medios de noviembre de ese año, pero tiene antecedentes mucho antes que indican que estaba pensada desde mucho antes. A finales de abril de 2019, Pedro Sánchez quiso que Iceta fuera presidente del Senado y solo lo impidió ERC al cerrar el paso con sus votos a que fuera nombrado senador por designación autonómica. Y después el presidente del Gobierno nombró ministro a Illa para darle foco y le metió en la mesa de diálogo con Cataluña que se creaba hace un año. Luego la pandemia cambió casi todo, pero ese plan de Sánchez se mantuvo.

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