Iñaki el Lechero reaparece: "Bájame el hacha que le voy a apañar"
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Tras una bronca en el interior de un bar

Iñaki el Lechero reaparece: "Bájame el hacha que le voy a apañar"

A Iñaki el Lechero le conocen bien en el barrio de San Adrián de Bilbao. Es pronunciar su nombre y que al interlocutor se le mude el gesto y le recorra un escalofrío por la espalda

placeholder Foto: Agentes de la Ertzaintza en una imagen de archivo. (EFE)
Agentes de la Ertzaintza en una imagen de archivo. (EFE)

A Iñaki el Lechero le conocen bien en el barrio de San Adrián de Bilbao. Es pronunciar su nombre y que al interlocutor se le mude el gesto y le recorra un escalofrío por la espina dorsal. Todos rechazan hablar de él, huyen de su nombre e incluso algunos se dan la vuelta dejando la pregunta en el aire. El pasado viernes 15 de enero, el tal Iñaki estaba en un bar de copas cerca de la plaza Indautxu. El local no tiene buena fama. Un antro oscuro que frecuenta el Lechero. De repente, se montó una bronca importante en el interior en la que estaba implicado el tal Iñaki. Del origen de la disputa poco se sabe; algunas fuentes apuntan a que pudo ser alguna deuda de droga, pero de momento nada hay en firme. La cuestión es que uno de los clientes del bar acabó saliendo a la calle con el Lechero y "para relajar el ambiente" accedió a montarse en el coche con él y con un tercero que conducía.

Arrancaron y los tres emprendieron la marcha hacia la casa de campo de Iñaki, que está a las afueras de Bilbao. En el trayecto, el Lechero llamó a su domicilio y ordenó a uno que vive con él: "Bájame el hacha que tengo que apañar a uno". Al llegar a la campa que hay frente a la casa de Iñaki, descendieron todos del vehículo, El lechero agarró el hacha y, presuntamente, la emprendió a golpes con el cliente del bar. En una de esas le rebanó un dedo de la mano y no contento siguió con un cuchillo asestándole cortes por medio cuerpo. El conductor del vehículo le gritó: "Para, Iñaki, que le vas a matar. Para ya, que acabas en la cárcel". Al Lechero, la advertencia le caló y puso fin a su frenesí de sudor y sangre. "Lleváoslo de aquí y dejadlo tirado en el barrio de San Adrián, en cualquier esquina". Los otros dos obedecieron.

La víctima ha denunciado, ha identificado a Iñaki el Lechero; pero quizá porque fue un viernes por la noche, por la pandemia o por desidia, lo cierto es que apenas nada se ha hecho. Ha pasado más de una semana y nadie le ha detenido. Se le busca, sí, pero la burocracia de la justicia y las pelea de los juzgados porque sea otro el que se encargue del asunto han ralentizado las pesquisas. Vamos, para el Lechero es como si no hubiera ocurrido nada, salvo que hay un ser humano al que le falta un dedo de la mano y está cosido por medio cuerpo.

Foto: Foto: Policía de Casabermeja

Quizá sea que a Iñaki le acompaña la suerte. El 26 de enero de 1996, Néstor Gándara fue asesinado en la misma campa frente a la casa de campo de Iñaki. Alguien le atacó por la espalda. Le dio tres golpes en la cabeza; el último, estando ya en el suelo, le reventó el cráneo. En el 2010, dos exparejas del Lechero acudieron a denunciar que él era el asesino. La que era su novia por entonces relató que aquella noche llegó a casa cubierto de sangre y le confesó que había matado a un hombre por una supuesta deuda de droga. Ella quiso llamar al 112 pero él la amenazó y la tuvo atada y secuestrada durante tres días. Otra expareja relató que el crimen se debió a una deuda de drogas.

Las dos, protegidas por un biombo, prestaron declaración en un juicio que se celebró contra él en 2013. No había más pruebas que sus testimonios, porque tardaron 14 años, desde 1996, cuando ocurrió el crimen, a 2010, en denunciar. No había arma del crimen, ni ADN, ni huellas ni testigos. El jurado popular las escuchó, pero decidió absolver por unanimidad a Iñaki el Lechero. Hay quien dice que el veredicto fue fruto del miedo. La familia de Néstor recurrió la sentencia absolutoria y el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco les dio la razón. Aquello no tenía ni pies ni cabeza: había que repetir el juicio. Pero llegó el Tribunal Supremo y les quitó la razón. Iñaki el Lechero había sido absuelto y no había más que hablar. Al que ha perdido el dedo y le han cortado medio cuerpo habría que preguntarle qué piensa de la justicia.

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