Del papel al móvil, así quiere acelerar el INE la obtención de los datos de muertes
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estadísticas que han llegado para quedarse

Del papel al móvil, así quiere acelerar el INE la obtención de los datos de muertes

El instituto estadístico publicó en diciembre un adelanto de la estadística de causas de fallecimiento, cuando lo normal es que lo hiciera un año más tarde. Así ha trabajado en 2020

Foto: El exceso de mortalidad en 2020 superó las 70.000 muertes. (EFE)
El exceso de mortalidad en 2020 superó las 70.000 muertes. (EFE)

Puede que usted no se haya parado a pensar nunca en la calidad de las estadísticas públicas. Es normal, pero le afecta bastante. Esos datos son indispensables para la elaboración de las políticas y para su posterior evaluación. Un Estado no podría funcionar sin ellos, pero además de producirse deben ser creíbles. Tienen que cumplir unas normas y estándares, algo que en Europa se encarga de vigilar Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea. La EPA, el PIB, el IPC, la población... todo sale del Instituto Nacional de Estadística (INE), que se encarga de recopilar o elaborar esa información. También durante la pandemia de SARS-CoV-2.

Desde marzo de 2020, la demanda ha sido enorme. Contagios, hospitalizados, fallecimientos, pruebas realizadas, movilidad, ahora las vacunas... Los medios de comunicación y la ciudadanía han reclamado mucha información y las instituciones públicas, infradotadas de personal, han ido casi siempre a remolque. La mayor parte de los datos han salido del Ministerio de Sanidad y las consejerías autonómicas, pero el INE también ha contribuido. Aunque le costó arrancar, como publicó El Confidencial en mayo, sus estadísticas sobre exceso de mortalidad y causas de muerte han permitido observar la verdadera dimensión de lo que ha sucedido en España.

Desde primavera sabemos que la cifra oficial de fallecimientos que Sanidad actualiza casi a diario no es real. En marzo, abril y mayo murió mucha gente por covid-19 sin diagnosticar. También desde entonces hemos prestado mucha atención a los datos de exceso de mortalidad que publica el Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo). En junio se sumó un tercer dato: el INE empezó a publicar una estimación del número de defunciones semanales durante el brote de covid-19. Bebiendo de la misma fuente del MoMo, los registros civiles, pero con una metodología diferente. Ahora mismo hay tres cifras de muertes: la oficial roza las 52.000, el exceso del MoMo ronda los 70.000 y el del INE supera los 77.000.

"Eurostat marcó una serie de estadísticas prioritarias con respecto a conocer qué estaba pasando en la pandemia, y una de ellas es un conocimiento más estrecho de las defunciones", explica Alfredo Cristóbal, director general de productos estadísticos del INE. "Esto se puso en marcha en junio y la idea es mantenerlo mientras dure la pandemia", añade.

El circuito de los certificados de defunción

Ni la cifra que da Sanidad ni los dos datos de exceso de mortalidad son una imagen exacta de los fallecimientos por covid-19. La primera se queda corta y la segunda es excesiva. El Gobierno siempre ha dicho que la mejor estimación la publicaría el INE. En condiciones normales, esa estadística (defunciones según la causa de muerte) con datos de 2020 no se habría publicado hasta diciembre de 2021, con un margen que podía llegar incluso hasta finales de 2022. Pero la urgencia de la pandemia ha acelerado los plazos y el INE publicó en diciembre un adelanto de los datos de enero a mayo. A los 32.652 fallecimientos confirmados por covid-19 sumó otros 13.032 con sospecha de tener la enfermedad. "La situación obligó a que adelantáramos el trabajo. Y continuamos con él para ofrecer los datos de todo el 2020 lo antes posible, posiblemente para final del verano tengamos la fotografía completa del año", dice Cristóbal.

"El circuito es largo. El médico certifica cada defunción. Eso tiene que ir a la funeraria y al registro civil, y finalmente llega al INE"

Elaborar esa estadística lleva su tiempo, explica el director general del INE. "El circuito es largo, aunque no es complejo. El médico certifica cada defunción. Eso tiene que ir a la funeraria y al registro civil, y finalmente llega al INE. Es el análisis de esos certificados el que determina la causa de la muerte". Esos certificados, en papel, llegan en sacas al INE, que los escanea y los digitaliza. Luego un programa informático lee cada documento. "En un 75%-80% de los casos las causas de muerte las determina el propio programa". En 2020, la saturación de los hospitales y algunos registros (el de Barcelona llegó a tener en cola 4.300 fallecimientos) ha ralentizado ese proceso.

"Estamos trabajando con el Consejo General de Colegios de Médicos y las comunidades en un certificado electrónico digital de defunción, de forma que el médico pueda certificar la muerte incluso desde su móvil y esa información vaya directamente al INE y el resto de agentes involucrados. Eso nos va a permitir avanzar en los datos de causas de muertes. Es un proyecto que está desarrollado, pero no implementado".

Estadísticas que han llegado para quedarse

La estadística de defunciones por causa de muerte es una de las que recoge el Plan Estadístico Nacional, que establece qué publica el INE. En él no están incluidas otras que se han elaborado en 2020, como la de muertes semanales, que "tiene todos los visos de convertirse en una estadística de producción corriente", dice Alfredo Cristóbal. Otra novedad fueron los datos de movilidad con base en la información de las operadoras de telefonía, un proyecto que empezó a gestarse en 2018 y que se adelantó cuando comenzó la pandemia

"Hemos estado ofreciendo datos diarios durante todo el estado de alarma de cómo se movía la población. Y posteriormente estamos ofreciendo datos dos veces por semana. Por lo menos, también durante el tiempo que dure la pandemia", señala el director general.

Foto: Foto: Reuters.

Todo eso es trabajo que se suma a un calendario ya bastante apretado y que en 2020 ha sido más difícil de cumplir que cualquier otro año, con la mayoría de la plantilla teletrabajando y sin poder hacer trabajo de campo. Algunas de las estadísticas más importantes del INE se elaboran con encuestas. "Tuvimos muchísimos problemas para la obtención de información. Las encuestas a hogares no podíamos hacerlas, y en el caso de las empresas, muchas nos las encontrábamos cerradas porque no eran servicios esenciales", explica Cristóbal, que a pesar de eso defiende que no hubo un descenso en la calidad de los datos.

"Tuvimos que desarrollar de forma más rápida la modificación de la forma de muestreo en los hogares, para poder realizar toda la encuesta por teléfono. Antes, en una encuesta tan importante como la EPA, cinco sextas partes de la información ya se tomaba por teléfono. Hubo que adaptarlo al 100%. No detectamos ninguna pérdida de calidad".

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