La duda no es si soportaríamos un segundo confinamiento, sino si sirve para algo
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CRECE LA DEMANDA DE MEDIDAS DRÁSTICAS

La duda no es si soportaríamos un segundo confinamiento, sino si sirve para algo

Castilla y León quiere un encierro domiciliario, Valencia se lo está pensando y el Gobierno no quiere ni discutirlo. Los expertos advierten: sería muy traumático y quizá poco efectivo

placeholder Foto: La Comunidad Valenciana aplica desde este jueves las nuevas medidas contra la pandemia de coronavirus. (EFE)
La Comunidad Valenciana aplica desde este jueves las nuevas medidas contra la pandemia de coronavirus. (EFE)

Castilla y León lo ha dicho muy claro: si el Gobierno central no hubiera tumbado su petición, sus 2,4 millones de habitantes estarían ahora mismo encerrados en sus domicilios. En la Comunidad Valenciana suenan vientos de confinamiento también, mientras que otras comunidades como Cataluña y Extremadura ya aplican severas restricciones a la movilidad y la actividad económica. Revivir el trauma del encierro domiciliario parecía una locura innecesaria hace solo dos semanas. Hoy, es una posibilidad muy real que sin embargo el Gobierno, por ahora, se niega a respaldar.

Foto: María José Sierra, jefa de área del CCAES. (EFE)

"No hace falta un confinamiento duro, pero sí tomar medidas serias sobre algunas de las actividades que sabemos claramente que son un riesgo", dijo este jueves María José Sierra, jefa de área del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES). Salvador Illa, ministro de Sanidad, también fue tajante el lunes: “Nadie contempla un confinamiento severo. No está en la mente de nadie”. Pero la presión de los gobiernos autonómicos crece y la curva de contagios no ayuda a calmar los ánimos. Según la última encuesta del CIS, un 60% de los españoles cree que hacen falta más restricciones para contener el virus. Parece pues que millones de españoles están dispuestos a pasar por ese aro, pero la cuestión de fondo es si volver a flagelarse serviría realmente para algo.

“Confinarse tiene un efecto severo sobre la salud mental de la población, tanto en el momento como más adelante. Ya hay varios estudios que muestran cómo el confinamiento de la primavera afectó a la salud mental de muchos españoles, lo que ha multiplicado el uso de pastillas para dormir y contra el estrés. Un Gobierno no puede encerrar a la gente en sus casas y creer que eso no pasa factura”, advierte María Miyar, profesora de Sociología de la UNED. “El problema aquí es que los políticos tienen unos incentivos muy fuertes para evitar que se les tache de laxos. No quieren ser culpables ante sus electores de lo que pase y prefieren pecar por exceso, aun en contra del criterio de los epidemiólogos”.

Comienzan las restricciones en varias comunidades

Se trata de la ya acostumbrada guerra por el discurso entre el Gobierno y los distintos ejecutivos autonómicos. Unos necesitan mostrar a sus ciudadanos que no les tiembla el pulso para contener la pandemia, y otro, el Gobierno central, trata de contenerlos porque sabe que un segundo confinamiento sería una bomba para su imagen pública, ya que sería señalado como el principal responsable de regresar a la casilla de salida 10 meses más tarde.

Algunos referentes médicos como Jaume Padrós, presidente del Colegio de Médicos de Barcelona, han advertido de que si no se aplica "una restricción grande, absoluta e intensa", habrá que volver a confinar, "pero no serán dos semanas, será más tiempo".

Foto: Un hombre protegido con mascarilla y una pantalla viaja en un autobús. (EFE)

Repetir el mayor cerrojazo de Europa

Mucho ha llovido desde el primer estado de alarma, que decretó un confinamiento domiciliario por 15 días con un consenso casi total. Ya no es posible volver a utilizar esa herramienta sin exponerse a un ensordecedor ruido político y ciudadano. Puede incluso que el Congreso de los Diputados se negase a aprobar de nuevo esa medida. Por fortuna para el Gobierno, el criterio mayoritario de los expertos está de su lado: si algo hemos aprendido, dicen los científicos, es que privar a la gente de salir a la calle, hacer deporte o llevar a los niños al parque no tiene ningún sentido epidemiológico.

Pedro Gullón, miembro de la Sociedad Española de Epidemiología, ha recordado en redes sociales que no debe mezclarse un parón económico para reducir el contacto social, una medida severa pero razonable, con la decisión más dura de todas: encerrar a la gente en sus casas. En este sentido, Miyar recuerda que el confinamiento español de marzo a mayo fue único en su dureza en toda Europa y, en perspectiva, se ha demostrado excesivo: “No tendría sentido repetir políticas públicas que sabemos que han tenido un enorme coste para la población y poca efectividad frente al virus”, advierte.

Por contra, organismos como el Sindicato Médico de Balears (Simebal) y la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene (SEMPSPH) sí creen que un confinamiento “corto, pero intenso” sería una solución al descontrol de esta tercera ola. En realidad, ya solicitaron un encierro exprés en diciembre.

La sociedad española, sin embargo, se ha hecho más resabiada con el paso de los meses. Ahora tenemos menos reparo a saltarnos las restricciones, como se ha demostrado durante estas fiestas navideñas, motivo principal por el que hemos llegado a las puertas de un segundo confinamiento. Así lo explica Fernando Rodríguez Artalejo, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM): "Durante el confinamiento de la primavera ya hubo muchas relaciones de ámbito privado entre amigos y familiares no convivientes, se hicieron reuniones en casas, botellones… Un confinamiento domiciliario ahora puede ser eficaz, pero no lo es tanto si se siguen manteniendo estas relaciones de ámbito privado. Todos estamos ya muy cansados y vemos el final del túnel con la llegada de las vacunas, y eso hace que un confinamiento estricto sea muy difícil de mantener a raya".

Artalejo critica el gatillo fácil de los gobiernos regionales para solicitar confinamientos y su incapacidad para encontrar el origen de los brotes. Mucha brocha gorda y poca finura para atajar el problema. “Es llamativo que casi ninguna comunidad informe sobre dónde se producen los brotes. Eso es importante saberlo para ver si se pueden tomar medidas más selectivas antes de llegar a un confinamiento domiciliario. El nivel de restricciones en Cataluña, Castilla y León, Extremadura y Valencia ya es hoy altísimo, y sin embargo seguimos sin entender cómo se producen los brotes, pues comunidades con enormes restricciones tienen tasas de infectados similares a otras con menos restricciones, como Madrid. Las comunidades no tienen ni idea. Falta muchísimo trabajo de campo”.

placeholder La tasa de hospitalizados por covid-19 se ha disparado en los últimos días. (EFE)
La tasa de hospitalizados por covid-19 se ha disparado en los últimos días. (EFE)

Esperar al menos una semana

Rafael Serrano, sociólogo y director del Instituto de Estudios Avanzados IESA-CSIC de Córdoba, afirma que el Gobierno deberá explicar muy bien a la población por qué autoriza los confinamientos si la tasa de incidencia se dispara y tiene que desdecirse de sus palabras, un hecho bastante frecuente en esta pandemia. “Un nuevo encierro no supondría un colapso social, sería factible pese a la gran fatiga acumulada. Pero todo depende de cómo se plantee. Si es con consenso político y se explica claramente que es una buena medida para evitar un colapso en la tercera ola y dar tiempo a que el proceso de vacunación avance, la sociedad lo va a tolerar. Pero si se aplica sin un mensaje claro y con las críticas de las distintas oposiciones, tanto en el Congreso como en los Parlamentos regionales, crecerá la polarización y generará un enorme desconcierto social”.

España supera los dos millones de casos desde el inicio de la pandemia

También habría que explicar muy bien a las familias por qué los niños vuelven a quedarse en casa. Según el neuropediatra Manuel Fernández, “el problema no es si la gente está preparada psicológicamente, sino que otra vez no existe ningún plan organizativo, principalmente en las escuelas. Por experiencia, sabemos que los niños, cuando están en sus casas sin supervisión de sus padres, pasan hasta ocho horas conectados a dispositivos electrónicos. No se ha diseñado ninguna estructura por parte de la Administración para apoyar a las familias ante un nuevo confinamiento. Académicamente, este curso está siendo muy precario. Con un nuevo encierro, podríamos darlo también por perdido”.

Rodríguez Artalejo pide a las comunidades autónomas rebajar la presión sobre el Gobierno y “esperar hasta finales de la semana que viene” para proponer un encierro domiciliario. “Las fiestas y las vacaciones ya habrán terminado, lo que reducirá notablemente los contactos sociales y todos volveremos a la actividad normal. A finales de la próxima semana habrá una estabilización y veremos la realidad de esta tercera ola. Los gobiernos están asustados con lo que se les viene encima, pero por ahora las cifras no son tan dramáticas y lo sensato es esperar”.

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