El presidente de los vacunólogos: "No puedes decir que recibes pocas dosis y no ponerlas"
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"ES NORMAL QUE HAYA DUDAS"

El presidente de los vacunólogos: "No puedes decir que recibes pocas dosis y no ponerlas"

Amós García, jefe de Epidemiología de Canarias y presidente de la Asociación cuenta a El Confidencial sus impresiones después de la primera semana de campaña

placeholder Foto: Amós García en su despacho. (Cedida)
Amós García en su despacho. (Cedida)

El doctor Amós García es, además de viejo rockero, el presidente de la Asociación de Vacunología de España. Estos días, en pleno arranque de la ansiada campaña de vacunación, le faltan horas para atender a todos los medios de comunicación que intentan analizar la desigual puesta en marcha entre las distintas comunidades, así como las dudas y novedades en torno a las variantes del covid y la eficacia de las dosis.

Su lema es "calma, paciencia y prudencia", y cree que ha faltado mucho de esto último antes de que algunas regiones empezasen a poner inyecciones. Habla desde dentro de la vorágine, ya que también ejerce como jefe de sección de Epidemiología y Prevención de la Consejería de Sanidad de Canarias, una de las pocas comunidades que ha conseguido poner más de la mitad de las dosis recibidas del Gobierno central en la primera semana.

PREGUNTA. Hace una semana arrancó la campaña de vacunación y el lunes conocimos los primeros datos. No son muy optimistas… ¿qué está fallando?

RESPUESTA. Está fallando algo que no está fallando en todos lados por igual… Hay comunidades autónomas en las que la capacidad organizativa y la planificación ha permitido que los resultados sean bastante satisfactorios, vacunando a un porcentaje amplio de la ciudadanía. Las comunidades que tienen niveles muy bajos de cobertura tendrán que analizar el esquema organizativo que han estado desarrollando para ver qué ha fallado.

Estamos ante una campaña muy compleja, muy difícil, y queremos vacunar al mayor número de personas en el plazo más corto. Estamos usando vacunas que requieren conservación con temperaturas extremas, en una época del año complicada... Pero es cierto que estas dificultades son homogéneas para todas las comunidades, y hay algunas que están vacunando ya por encima del 50% y otras no llegan al 10%.

P. ¿Pero por qué cree que hay tanta diferencia?

R. No sé qué se está haciendo mal en esas comunidades, serán ellos los que tengan que analizarlo. Conozco el trabajo desarrollado en mi comunidad, Canarias, que lo ha hecho por encima del 50%. Y en este caso teníamos planificado ya todo desde antes de que llegase la vacuna el 27 de diciembre. Antes de ese día ya teníamos el plan de residencias a las que íbamos a acudir, el número de residentes en cada una, los permisos de consentimiento firmados, los equipos volantes que iban a formar parte de la vacunación formados, los circuitos de vacunación definidos… Cuando llegó aquí ya estaba todo listo.

Puede que haya comunidades con más dificultades que otras, pero no creo que sea tanto problema de recursos humanos, que puede haberlos, sino de falta de capacidad organizativa por parte de las comunidades. Nosotros hemos formado a 150 profesionales en un territorio insular, que es mucho más complejo que un territorio continental. Y se ha podido hacer.

Hay que entender que en estos momentos lo prioritario es que por fin ha llegado la vacuna, lo que estábamos esperando. Y el objetivo ahora es llegar a la mayor cobertura de la forma más rápida.

P. ¿Qué consecuencias puede tener una vacunación desigual por territorios?

R. Epidemiológicamente no va a tener impacto, al menos inmediato. Hasta que no lleguemos a la segunda dosis en las residencias y haya cobertura plena no conseguiremos que esta población esté lo suficientemente protegida. ¿Y ahí qué significará? Que igual el impacto de la cara más amarga de la pandemia sea inferior en las comunidades que han vacunado antes.

Si estamos vacunando a este colectivo, los más mayores, es porque es el más vulnerable y el que peor lo ha pasado: con más hospitalizaciones, más ingresos en UCI y más fallecimientos. Así que cuanto antes los protejamos, antes vamos a acabar con un porcentaje importante la incidencia.

Foto: Vacunación de residentes y sanitarios en la residencia de mayores de El Zapillo, en Almería. (EFE)

P. Aunque no se han puesto todavía todas las dosis de la primera tanda, ya se ha distribuido la segunda, ¿puede generar esto problemas de almacenamiento para las comunidades?

R. Evidentemente. Pueden darse situaciones paradójicas de que comunidades que vacunen muy lento digan que ya no les manden más vacunas porque no tienen dónde meterlas. Para evitarlo, por favor, que analicen sus cuellos de botella para vacunar cuanto antes a todos a los que queremos llegar.

P. Precisamente alguna comunidad, como Madrid, que se ha quejado de que no llegaban suficientes vacunas es de las que menos dosis ha puesto…

R. No deja de ser paradójico que las que más se han quejado sean las que menos estén vacunando. Es una de las múltiples paradojas de esta pandemia: hacer de todo un discurso político, de enfrentamiento, cuando lo que más se necesita es unidad. No puedes decir que has recibido pocas dosis y luego no ponerlas, hay que hacérselo mirar y dejar el discurso político para otros sectores, ¡por favor! Bastante bronca hemos tenido que soportar durante la pandemia, cuando en otros países el mensaje ha sido único por parte de casi todas las fuerzas políticas.

No puede pasar lo mismo con la vacuna. Las vacunas han llegado y lo que hay que hacer ahora es ponerlas. No hay debate, hay acción y actuación inmediata. Sobre todo por nuestros viejitos que se lo merecen, y cuanto antes.

No puedes decir que has recibido pocas dosis y luego no ponerlas

P. Algunos países, como Alemania o Reino Unido, se están planteando ampliar los plazos entre dosis o disminuirlas ante la escasez de vacunas. España de momento lo descarta, ¿tiene sentido?

R. Toman esas decisiones porque lo están pasando muy mal, están buscando alternativas a su situación. Yo lo que me pregunto es por qué no han tomado otras medidas antes de tomar estas decisiones, como ser más restrictivos con las medidas de contención y confinamiento.

A mí no me parece bien que se retrase la segunda dosis o disminuir la cantidad. En primer lugar porque los ensayos clínicos lo que han constatado es que la cobertura plena se consigue con dos dosis: una hoy y otra a los 21 días. Y también porque no hay ninguna evidencia científica que indique que eso es viable.

Además, creo que hay que verlo en el contexto global de una pandemia: si lo estás pasando mal en tu territorio, haz la vacunación bien y toma medidas de intervención potentes.

P. Hay un porcentaje amplio de personas que no quieren vacunarse, ¿qué cree que ha generado ese escepticismo?

R. Sobre todo los mensajes contradictorios que a veces se lanzan en el contexto de una situación tan dramática, que no contribuyen a clarificar la percepción de la sociedad. Hay un matiz que creo que hay que subrayar: este sector de la ciudadanía lo que manifiesta en las encuestas, y cada vez menos, es que son reticentes a vacunarse “inicialmente”. No son negacioncitas, son personas con dudas, ¿cómo no van a tener dudas en el contexto en el que nos hemos desenvuelto a lo largo y ancho de la pandemia?

¿Qué podemos decirles? En mi opinión tres factores. Primero, que si la vacuna llega es porque está autorizada, y si es así es porque los órganos reguladores, constituidos por profesionales de muy alta y relevante solvencia, los han autorizado porque reúnen los perfiles de seguridad y eficacia aceptables. Son claramente seguros.

En segundo lugar, que reflexionen. Si no vacunamos, ¿qué? ¿Qué alternativa hay? ¿Seguimos así, con el dolor, el sufrimiento…?

Y la tercera, estamos hablando de una enfermedad que ha ocasionado ya más de 1.700.000 muertos… ¿Y tú te preocupas por los efectos secundarios, que se ha demostrado que son similares a cualquier otra vacuna? Calcula el riesgo y beneficio.

El problema es que se ha repetido machaconamente que las vacunas se han hecho en menos tiempo que lo habitual, cuando eso lo que supone es un logro científico e histórico de la ciencia. Esto es fruto, además, de una situación que conviene recordar: cuando apareció el SARS y el MERS, ya había una base de investigación en vacunas de ARN mensajero, que se dejó cuando estas enfermedades no tuvieron tanta incidencia. Pero ahora se ha aprovechado ese conocimiento para el desarrollo de la vacuna y eso ha facilitado que la fase clínica sea mucho más rápida y se ha invertido mucho dinero y talento para esta vacuna. Se obvia también que normalmente el proceso de evaluación de una vacuna se hace por fases, pero aquí ha sido continua, incluso a veces se han superpuesto fases, pero se han respetado todas. No hay nada diferente salvo la rapidez con la que se ha hecho y el talento que se ha invertido, gracias al conocimiento y a la ciencia, porque era lo que requería la emergencia clínica.

P. ¿Cuándo podemos considerar que hemos dejado atrás la pandemia?

R. Podemos conseguir una barrera defensiva importante con al menos el 70% de la población vacunada, ahí le estaremos creando dificultades al virus para hacer daño y en condiciones de decir que estamos en el principio del adiós. Pero adiós a un virus que ha venido para quedarse, igual que el resto con los que convivimos.

Podemos conseguir una barrera defensiva con el 70% de la población vacunada

P. Otra de las dudas que ha surgido en los últimos días es si la vacuna será también efectiva con nuevas variantes, como la de Reino Unido

R. No tendría por qué haber ningún problema porque son vacunas no replicantes y no debería afectar a su eficacia. El covid ha tenido muchas variantes, no solo esta, y por su características en principio no debería tener ningún problema. Es más, esta nueva variante con lo que está relacionada es con una mayor tasa de contagiosidad, no de virulencia. Conviene por tanto recordar que la contagiosidad, sea de la variante británica o de la que sea, se evita igual que el resto: con mascarillas, lavado de manos, distancia física, huyendo de la muchedumbre... Reforcemos el discurso preventivo, que últimamente se está olvidando.

Foto: La ministra de Política Territorial y Función Pública, Carolina Darias (i), y el ministro de Sanidad, Salvador Illa, este lunes en la Moncloa. (EFE)

P. ¿Cree que es eso lo que ha pasado en Navidad? ¿Qué nos hemos ‘olvidado’ un poco del virus?

R. Siempre decíamos los que trabajamos en este campo que nos preocupaban mucho las Navidades. Es una época en la que se incrementan las relaciones sociales y personales, podemos bajar la guardia y olvidarnos de que el virus no entiende de lazos. Por eso nos preocupaban, y ya estamos viendo el impacto de Nochebuena y Navidad, y en una semana veremos la de fin de año. La situación sigue siendo complicada.

P. Da rabia, ¿no?, ahora que ya está la vacuna aquí.

R. Da mucho desasosiego, hemos querido trasladar a la ciudadanía que las Navidades no iban a poder ser como otros años. Pero no es toda la ciudadanía, son sectores concretos de irresponsables, que toman comportamientos inadecuados, y los que hacen que el problema siga avanzando. La ciudadanía en líneas generales ha respondido de manera sensata.

P. ¿Cómo se podría acelerar la campaña de vacunación?

R. Arreglando los problemas organizativos que están dificultando que algunas comunidades no las desarrollen en plenitud. Habrá que analizar los problemas organizativos de este cuello de botella que no han tenido otras. Y solucionarlo inmediatamente.

P. ¿Se podría haber planteado el plan de vacunación de una manera distinta?

R. El plan establecía unos criterios de personas a vacunar, los aspectos logísticos de la vacuna… estaba bien diseñado. Solo quedaba que llegasen las vacunas, llegaron y se han distribuido a las comunidades en tiempo y forma. El problema es que algunas comunidades se han encontrado con un cuello de botella que tienen que solucionar. Nos hemos vuelto locos pidiendo las vacunas y cuando llegan el problema es que no las administramos, habrá que analizar por qué.

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