La mejor Navidad para los antinavidad: ¿y si estas son las fiestas que estaban deseando?
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EL AÑO IDEAL PARA LOS ‘GRINCH’

La mejor Navidad para los antinavidad: ¿y si estas son las fiestas que estaban deseando?

Para muchas personas, las restricciones han provocado una sensación de alivio, al eliminar los aspectos más desagradables, como las reuniones indeseadas o el consumismo

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Foto: Reuters.

“Llevo años queriendo cenar pizza en Nochevieja. Pedirla por la tarde y calentarla en el horno por la noche. ‘Pero cómo vas a cenar eso… ¡en Nochevieja!’. No sé, tú cenas cordero un 17 de febrero y nadie te llama talibán. Parece que este año lo voy a conseguir, y encima va a parecer normal. ¡Felicidad!”.

Nos encontramos en la Navidad más triste para miles de familias españolas. Incluso para aquellas que no hayan sido afectadas directamente por el coronavirus, se trata de unas festividades extrañas, marcadas por la amenaza de los contagios, las restricciones y la incertidumbre sobre posibles cambios de criterio que puedan acabar con las expectativas. Pero como muestran las palabras de Javier, administrador de fincas treintañero, hay un selecto grupo de gente, quizá no tan pequeño, para quienes esta no-Navidad es un alivio, cuando no directamente una alegría.

"La pandemia ha conseguido que volvamos a la celebración tradicional, al más puro estilo nuclear, de mediados del siglo XX"

"La Navidad tiene en nuestra cultura una carga social y emocional muy importante, sujeta a unas expectativas en nuestro imaginario individual y colectivo que versan precisamente en el aspecto familiar primordialmente, pero también ligada a patrones de consumo importantes y posibles derroches que muchas veces se consideran innecesarios", explica la psicóloga Noelia Vargas. “No todo el mundo entra dentro de estas expectativas y, evidentemente, vive las mismas circunstancias, incluso dentro de una misma familia. Está claro que para muchas personas seguir esas dinámicas puede suponer un momento muy desagradable o les puede generar mucho malestar y presión. Presiones y exigencias que surgen de esas expectativas: el 'tener que estar' se transforma en ‘tengo que quedarme en casa”.

Se utiliza comúnmente el término 'grinch', en referencia al personaje creado durante los años cincuenta por el Dr. Seuss para denominar a los detractores de la Navidad. No es casualidad que el personaje que incluso en España se utiliza para nombrar este perfil nazca en la época del ‘boom’ económico y de consumo americano, pues es una advertencia contra la mercantilización del sentimiento navideño y el egoísmo. En realidad, la epifanía final del personaje le recuerda que la Navidad no son los regalos sino las relaciones de afecto y cariño.

Foto: Ilustración: Raquel Cano

No se trata únicamente de una cuestión de malhumor. La Navidad es tradicionalmente un periodo muy triste para un gran número de personas, especialmente relacionada con la soledad no deseada o con obligaciones familiares no deseadas. “Es cierto que para algunas personas pasar la Navidad solas o prácticamente solas les puede suponer cierto sentimiento de tristeza, pero también hay gente a la que ya de por sí no le gustaba la Navidad, y puede ser incluso positivo disfrutar de estas fiestas en soledad”, explica Natalia Martín, directora del Experto Universitario en Psicología Positiva de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).

¿Qué nos molesta de la Navidad?

“Estoy aliviada, porque siempre me han dado envidia las familias grandes, como la mía es pequeña, es un día igual con un menú diferente. No me gusta tener que salir porque sí y tener que pasármelo bien obligatoriamente, así que mejor que no haya Nochevieja. Cuando las cosas se repiten muchas veces y son siempre iguales, me cansan. Me aburre y me da tristeza que no haya novedades”.

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Foto: Reuters.

Una Navidad que es un poco tabla rasa. Como explica Myriam Fernández Nevado, socióloga, politóloga, profesora de Derecho y consultora internacional, “este año está marcado por la pandemia, lo que ha conseguido que volvamos a la celebración tradicional, al más puro estilo nuclear, que estaba un poco olvidada frente a las grandes cenas y grandes comidas con toda la familia extensa”. La profesora de la UCM recuerda que “hemos vuelto a la situación de mediados de siglo XX en un tiempo no solo de pandemia, sino también de crisis económica grave y estructural”.

Quizás el problema de la Navidad no sea la Navidad en sí, sino todo lo que la rodea. Al fin y al cabo, es el momento del año en que más cambian nuestras costumbres cotidianas para abrirse a toda clase de excesos sentimentales y materiales, con la paradoja de que cambian siempre igual. Una interrupción en el día a día en que se erigen nuevas convenciones y reencuentros no siempre deseados. “Normalmente, nos rodeamos de muchas personas y eso es una fuente de ansiedad”, prosigue Martín. “Porque alguien que se siente a la mesa no nos caiga bien, porque a más número de personas es más posible que encontremos a alguien que no comparta nuestros pensamientos y eso aumenta la posibilidad de polémica...”.

"Una circunstancia clave e invisible es justo la de aquellas mujeres que se encargan todo el día de planificar la comida, ir a comprar y cocinar"

De ahí que no sea tan extraño que en los próximos días algunas personas comiencen a sentir eso que, para su sorpresa, muchos comenzaron a sentir durante las primeras semanas del confinamiento: un cierto alivio por la reducción de estímulos. Lo explica Vargas: “Si bien es cierto que el confinamiento supuso un evento aversivo para mucha gente por todas las consecuencias psicológicas y sociales (como la soledad en personas más mayores), para mucha gente sí fue un punto de inflexión y de tranquilidad al no estar expuestas a los eventos que en su día a día le causaban estrés y ansiedad”, matiza. “El no tener el ajetreo del transporte con su mínimo de dos horas de ida y vuelta cual sardina en lata, el cambio de rutinas y de hábitos saludables (alimentación o sueño), el disponer de tiempo libre o tiempo para compartir”.

Aparte de las convenciones sociales, y desapercibido para gran parte de la población masculina, se encuentra el gran esfuerzo de preparación, planificación, coordinación y recogida que supone preparar comidas y cenas. “Hay que dar a comer a los invitados, y eso genera ansiedad para los que plantean, preparan o tienen que limpiar”, recuerda Martín. “Una circunstancia absolutamente clave y totalmente invisible es justo la de aquellas mujeres que se encargan todo el día de planificar la comida, ir a comprar y cocinar para luego limpiarlo. Estas fiestas, también tienen que repensarse en clave feminista”, añade Vargas, recordando el siguiente tuit de la cómica Henar Álvarez:

Hay un importante componente de alivio económico en este cambio de costumbres que reduce el estrés de las compras. Este año, alrededor de un 38% de españoles está destinando menos dinero al consumo, tanto por la menor renta disponible como por las restricciones. Como señala Martín, “vamos a ir a menos cenas de empresas y amigos, hay menos responsabilidades sociales, menos compras de comida y seguramente menos regalos a lo largo de todo el periodo”. Javier hace cuentas: “Yo me gasto 100 euros en ti, tú en mí (y esto con X personas). Al final, te gastas 500 euros en regalos a gente, que sí, que bien… y tú recibes cositas, que sí, que también… Pero lo mismo hubiera invertido esos 500 euros en la PS5, tú en una TV, tú en una bici y nos dejamos de tonterías”.

¿Las Navidades más Navidades?

“La gente es falsa, son oposiciones a ver quién aparenta más y mejor; ponte tus mejores ropajes, hazte el simpático con tu cuñado que le pones fino todo el año… o con tu compañero de curro, en la cena de empresa, que tan vago es. A los que pensamos así, nos llaman 'grinch', cuando son ellos los que van con el traje verde y se lo plantan a todo el mundo durante 11 meses y luego, sonrisas (a lo 'grinch') forzadas”.

"Es como una vuelta a una época en la que se celebraba la Navidad como algo cultural e íntimo"

Cabe otra posibilidad, que es que, paradójicamente, las Navidades más extrañas sean más fieles al espíritu navideño que las de los años inmediatamente anteriores. O, al menos, a esa visión de las festividades que existía hasta hace no tanto. Tan solo ha sido en las últimas décadas, especialmente a partir de los años ochenta, con el desarrollo económico y la introducción de costumbres de otros países como Papá Noel, cuando se han comenzado a adoptar costumbres relacionadas con el consumo (de productos o servicios) que se extienden a lo largo de todo el mes. Justo todo aquello que este año debe ser evitado por razones de seguridad sanitaria.

“Nos vamos a la esencialidad de la fiesta, se aproxima más a ese ámbito de una celebración más íntima y más reducida”, explica Fernández Nevado. “Las relaciones se basaban no en la emoción y los sentimientos, sino en algo más material, más consumista, en lugar de un enfoque más relacional. Había que hacer algo diferente, y hacer algo diferente generaba mucho estrés y malestar en gente que puede llegar a tener cinco comidas entre amigos, compañeros, vecinos, fútbol… Nos sobrecargamos. Los seres humanos no aprendemos a poner un límite en nuestro exterior. Es fundamental saber qué es lo esencial de la tradición para mantenerlo, y qué se puede mover alrededor de esa esencia. Cada sociedad aportará su nota característica”.

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Foto: EFE.

“Es como una vuelta a una época en la que se celebraba la Navidad como algo cultural y con sentimiento”, añade Martín. “Cambiar los regalos por humanidad, valorar otros aspectos como el amor a los seres queridos, reunirse con las personas por las que verdaderamente tenemos esos sentimientos, que son los más íntimos”. La mayoría de campañas de comunicación sanitarias se han centrado precisamente en ese aspecto, con eslóganes como 'El mejor regalo es estar juntos'.

Lo que parece claro es que este año habrá una pequeña inversión de roles entre aquellos que más disfrutaban las fiestas, y tendrán que aguantarse con unas vacaciones diferentes, y los que mostraban indiferencia e incluso odio hasta ellas, como recuerda la profesora de la UNIR: “La gente a la que no le gustaba la Navidad tenía que tragar y ahora va a poder tener una Navidad más a su gusto, sin esas convenciones y ataduras a las que nos vemos ligados sin querer”. De nuevo, el ‘grinch’ responde: “Llevo toda la vida adaptándome a sus rituales, por un año que nos toca a los 'grinch', no me pongáis caritas y más alegría”.

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