¿Todo el mundo tiene perro? La pandemia, una tormenta perfecta
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SOLEDAD Y MENOS VIAJES

¿Todo el mundo tiene perro? La pandemia, una tormenta perfecta

Desde que comenzó la pandemia son cada vez más las personas que han adoptado o comprado por motivos como sentirse menos solos o haber encontrado el momento idóneo

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Foto: Reuters/Nacho Doce.

“Tenía en mente adoptar desde hacía muchísimo tiempo, pero como mi vida era supercaótica, no tenía tiempo para dedicarlo al perro. Con el tema del confinamiento-teletrabajo, vi que era la mía, porque cuando adoptas no sabes si va a estar educado o no. Si le pasaba cualquier cosa podía estar ahí, pero si me iba a trabajar no podía dejarle cinco horas solo recién adoptado. Por eso me decidí, para poder dedicarle el 100% por lo menos los primeros meses, que son los más duros”. (Isabel, 32 años)

Es posible que en los últimos meses se haya percatado de que los perros se multiplican a su alrededor, especialmente si vive en una gran ciudad. La situación parece más o menos funcional a ello: más tiempo en casa, menos posibilidad de viajar, popularización del teletrabajo y una epidemia de soledad son factores que favorecen la compra o adopción de animales. Los datos de organizaciones como la Real Sociedad Canina parecen apuntar a ello. Según sus cálculos, en este último mes han detectado un aumento de la compra y adopción de cachorros de alrededor de un 50%.

"Durante el estado de alarma no dimos animales en adopción porque las motivaciones no eran meditadas, sino un remedio para la soledad"

“La situación ha cambiado a lo largo del año, el resultado final es que tenemos la evidencia de un aumento considerable en la demanda de perros y cachorros”, explica su presidente, Julián Hernández, a El Confidencial. A la espera de los datos de la Fundación Affinity, eso sí, Hernández tiene una intuición positiva: este año se va a reducir la tasa de abandonos. Entre otras razones, porque la mayor parte de ellos se producen en verano, justo antes de las vacaciones, y este año no ha habido demasiadas, y porque probablemente no se hayan dado tantas camadas indeseadas como otros años.

Ya en la primera parte de la pandemia, durante el confinamiento, comenzaron a aumentar las adopciones. Aunque, como matiza Hernández, los que lo hacían para poder a salir a pasear eran una mera anécdota. “Al principio fue una especie de 'shock' que paralizó todo, pero, cuando se vio que se podía empezar a pasear y a hacer actividad con animales de compañía, se notó un aumento en la demanda de perros, no tanto de cachorros”, explica. “Lo que nos llegó es que había mucha demanda de adopciones de adultos y más tarde comenzó a subir la de cachorros. En parte creo que por los cierres de fronteras no han llegado cachorros que hasta ahora llegaban de explotaciones de países del este, que crían casi en plan industrial y surten a comercios ‘online’ que venden todo tipo de razas”.

placeholder Un perro confinado. (Reuters/Jon Nazca)
Un perro confinado. (Reuters/Jon Nazca)

La apreciación es compartida por Francis Ciudad, presidenta de la Asociación de Iniciativas para el Bienestar de los Animales (Aiba). “Durante el estado de alarma sí que nos llegaban peticiones”, explica. “Nosotros, durante ese tiempo, decidimos no dar animales en adopción. Primero, porque no había movilidad y era complicado, y segundo, porque buscaban tener un animal pero no eran lo suficientemente objetivos ya que estaban motivados por cuestiones repentinas como la soledad”. La asociación tiene su origen en Valdemoro y Ciudad recuerda que la situación en otras regiones como Andalucía, con mucho más abandono, es muy distinta, por lo que no podían permitirse esos lujos.

Fue con la desescalada cuando comenzó a aparecer un cambio de mentalidad que se encuentra detrás de este aparente ‘boom’, al mismo tiempo que aumentaban los abandonos. “Conforme que se vio que esto no tenía una solución tan rápida como algunos pensaban, desde finales de verano se está viendo un aumento importante en la demanda de cachorros”, añade Hernández. “Hay un cambio de mentalidad entre la gente que está viendo que no va a poder tener la vida que llevaba hasta ahora, que no se puede viajar, que va a pasar más tiempo en familia y en España, además, es importante que es un país en el que vive mucha gente sola”. La moraleja parece clara: “Tener una mascota, en este caso un perro, ayuda a llevar una vida mucho mejor”.

De la solidaridad a la responsabilidad

“La idea de adoptar un perro la tuvimos desde 2017, cuando vivíamos en Madrid. Estábamos solos y trabajábamos muchas horas. En Barcelona estamos rodeados de familia y eso es una ventaja. El trabajo de mi marido es más amable con las horas y lo bueno del 'home office' (que creímos que iba a durar un par de meses más) era acompañar en las primeras semanas para que se acostumbre a nosotros y, una vez saliéramos del 'home office', el perrito estaría tranquilo. También comenzamos a leer más y más noticias de cómo por la pandemia, los cazadores y los que están involucrados en las carreras de perros comenzaron a abandonar más galgos. La crisis que ya existe con estos perritos, empeoró”. (Paloma, 37 años)

"La Navidad es una época en la que se compran, adoptan y venden perros, y este año va a ser aún mayor que otros"

Los galgos son una de esas razas que parecen haberse popularizado en los últimos años, aunque por razones opuestas a otras modas más relacionadas con la estética o el pedigrí. El primer perro de Francis fue también una galga y, como recuerda, sin ella no estaría al frente de la asociación: “Los animales de caza, galgos, podencos o bretones, son perros que muchas veces la gente se siente más cerca a la hora de adoptar, porque llevan una vida más triste y en algunos sitios sufren un maltrato importante”, explica. “Mi primera perra fue una galguita que siempre estuvo muy traumatizada, pero te aportan mucho. Traen una mochila, pero trabajar con ellos te hace crecer”.

Esto muestra por qué muchos se han lanzado a adoptar un perro: un estallido de solidaridad que ha cristalizado en ayudar a los perros más castigados. “Es verdad que en las primeras semanas vimos una catarsis, la de la España de los balcones, en la que queríamos compartir nuestro afecto, y salieron noticias de que protectoras y asociaciones no podían recibir la ayuda tradicional y eso pudo llevar a que se demandasen más cachorros”, añade Hernández, que, no obstante, matiza que probablemente las adopciones las realizaron gente que ya tenía o sabía lo que era tener perro.

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Julia, una galga rondeña. (Reuters/Jon Nazca)

Todo entusiasmo tiene su lado oscuro, y es que la decisión de introducir a un animal en tu vida debe ser meditada. Verónica recuerda que, cuando adoptó a su galga, muchos de los animales que había en la protectora tenían apenas unos meses, ni siquiera llegaban al año. Y Navidad puede ser la tormenta perfecta para eso. “La Navidad es una época en la que se compran, adoptan y venden perros, y este año va a ser aún mayor”, explica Hernández, cuya organización ha montado la campaña Para Toda La Vida para concienciar que hacerse con un animal debe ser una decisión muy meditada. “La mayoría de los cachorros, más del 50%, terminan siendo abandonados. No el mes que viene, sino cuando se acerca el verano, cuando son más mayores. A lo mejor este año no se va a producir tanto, pero nos preocupa mucho ese aumento tan grande de la petición de cachorros”.

Otro de los problemas que se encuentra en el horizonte es qué ocurrirá cuando todos esos animales adoptados durante el teletrabajo dejen de tener a su humano en casa. Como recuerda Ciudad, “está habiendo muchos problemas de ansiedad por separación, sobre todo en el caso de perros. Cuando estás todo el día con un animal y de repente le dejas solo porque vas a trabajar, va a sufrir. Aunque no sea ansiedad por separación, puede ocasionar problemas de destrozos, por eso les aconsejamos que, aunque teletrabajen, tengan las mismas rutinas”. Además del factor económico en el que no se suele reparar: según los cálculos realizados por la Real Sociedad Canina en este mismo año, el coste anual puede rondar los 1.250 euros, haciendo una valoración optimista.

"Cuando nos dicen que un perro es para regalo, siempre decimos que no"

El problema se encuentra precisamente en que la soledad, la facilidad repentina para tener perro y el efecto imitación provoquen compras compulsivas en este periodo: ¿qué mejor regalo para ese padre o madre viudo que un animal para que le haga compañía? “Lo peor es que se haga sin pensar; en las ferias, los animales nunca se dan en adopción en el momento, porque te entra por los ojos y no lo piensas lo suficiente. Para eso hacemos las entrevistas, en ellas muchas veces la gente se da cuenta de que no quieren un animal de verdad, porque no es necesario, no todo el mundo tiene por qué tener perro”, explica Ciudad. “Cuando nos dicen que es para un regalo, siempre decimos que no”.

Antropología del confinamiento

“La idea de adoptar la tuve en enero. De hecho estuve mirando y preguntando. Pero estaba convencida solo al 90%. Llegó la pandemia y lo hablé con mi pareja y mi pensamiento fue al contrario: no voy a adoptar ahora porque estar todo el día encerrados con un cachorro en una casa tan pequeña a lo mejor era demasiado. El motivo, llega esta edad a la que se supone que tienes que tener hijos, tenía ganas de dar mi amor incondicional a alguien y la espinita clavada del perro”. (Verónica, 34 años)

Foto: Una persona pasea a su perro en Barcelona. (EFE)

Pedro Tomé es científico titular en el CSIC y responsable del Departamento de Antropología. Hace unos meses, publicó un artículo en ‘Anthropology Today’ en el que reflejaba sus observaciones sobre las costumbres de los dueños de los perros durante las primeras semanas de la pandemia. Un interesante trabajo antropológico que muestra no tanto cómo las personas se relacionan con los animales, sino cómo las personas se relacionan entre sí gracias a los animales, a partir de sus paseos por el madrileño distrito de Estrella.

Un par de detalles le llamaron la atención. “El primero, que tiene que ver con que derechos, opiniones e ideas que tenemos muy consolidados vemos que no lo están tanto”, explica a El Confidencial. “Traducido, que hay una igualdad no suficiente entre hombres y mujeres”. Efectivamente, los perros también muestran las brechas de género, como apunta a que los tres testimonios de este reportaje sean femeninos. “Muchos varones que no paseaban a los perros por las mañanas porque se van al trabajo, de repente se apropiaron de los perros como excusa para salir. Las mujeres que estaban acostumbradas a salir para pasear al perro se las confina al ámbito doméstico y aparecen hombres que relegan a las mujeres a ese espacio, las confinan dentro del confinamiento”.

"Los perros en las personas mayores tienen mucha utilidad, no les queda más remedio que levantarse, peinarse, vestirse bien y salir de casa"

La siguiente observación está relacionada con los derechos de los animales y las personas. “De repente muchas personas se plantean por qué se puede sacar al perro y no al hijo”, explica el antropólogo. “Empieza una cierta controversia sobre el lugar de los animales y si estos tienen que estar por delante de los niños. Una cierta idea que hace que muchas personas encuentren motivo para canalizar un cierto disgusto, pero también para que otras personas busquen excusas como buscarse un perro para poder salir. Una visión instrumental de los animales”.

Los perros, añade, cumplen fuciones que no son tan aparentes a simple vista. No se trata únicamente de atajar la soledad, sino también de otros detalles en apariencia insignificantes como facilitar las relaciones sociales o favorecer un autocuidado que no se produciría de otras formas. “Los perros en las personas mayores tienen mucha utilidad, porque por ejemplo hay más gente a la que no le queda más remedio que levantarse, peinarse, vestirse bien y salir de casa para pasearlos”, concluye. “En todos los barrios hay grupos de personas mayores que se juntan por los perros y ese caminar la ciudad es muy importante, porque es lo que ayuda a construir la propia ciudad”.

Un país con demasiados abandonos

Como recuerda Hernández, España es uno de los países de su entorno con más abandonos, entre 135.000 y 138.000 al año. Una de las principales razones son las camadas indiscriminadas, aunque también hay factores culturales o la climatología, por lo que la RSCE lleva años pidiendo medidas que lo atajen. Por ejemplo, la identificación. “Todos los perros que se inscriben en nuestro libro de registros están identificados con un microchip, la mejor manera de luchar contra el abandono, porque lo primero que se hace es buscar al dueño”, explica. “Lo triste es que, de estos perros, unos 110.000 no tienen microchip. Abogamos por que haya un registro único”.

Foto: Modelo del Documento Nacional de Identidad Animal.

Una de las buenas noticias de la legislatura ha sido la creación de la Dirección General de Derechos Animales dentro de la vicepresidencia segunda de Pablo Iglesias, algo valorado de forma positiva por Hernández. En el horizonte se encuentra la Ley de Bienestar Animal, que ha siado sacada a consulta pública este mismo mes y que favorecerá desarrollos que hasta ahora no se habían producido debido a que había sido un asunto competencia del Ministerio de Agricultura y Ganadería.

Mientras tanto, asociaciones como la que dirige Ciudad seguirán trabajando duro para que los perros encuentren sus familias adecuadas. Este año, con la colaboración de unos cuantos cantantes famosos que, liderados por Conchita, que se puso en contacto con la asociación cuando quería adoptar un perro, han compuesto la canción ‘Qué tal si me adoptas’. “Y voy a cuidarte en la calle, en el parque, en la playa / Con ruido, en silencio, con gente, sin gente”, dice la letra. Pero no se lo dice el humano al perro, sino el perro al hombre. Ese ha sido otro giro de 2020, el año que los humanos han necesitado más cariño animal que nunca. Que sea correspondido.

Animales Abandono de perros Mascotas Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
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