La ruptura de Rivera y Arrimadas: "Es un antes y un después"
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EL NUEVO CIUDADANOS: RUMBO Y FUTURO

La ruptura de Rivera y Arrimadas: "Es un antes y un después"

Las relaciones entre las dos eras políticas están rotas. Y las decepciones, aunque aún silenciosas, empiezan a aflorar. El partido aguanta la embestida de las críticas

Foto: La ruptura de Rivera y Arrimadas: "Es un antes y un después"
La ruptura de Rivera y Arrimadas: "Es un antes y un después"

Cuando se cumple apenas un año de la dimisión de Albert Rivera, Ciudadanos aún intenta cerrar heridas demasiado profundas. Su marcha fue traumática porque con él se cerraba una etapa de objetivos ambiciosos después de acumular éxitos sin precedentes. Primero en Cataluña (victoria de 2017), después situándose como tercera fuerza política pisándole los talones al PP (en abril de 2019) y un mes más tarde, en aquel mayo, entrando por primera vez en gobiernos autonómicos y municipales.

Con Rivera se fue también la guardia pretoriana que le acompañó siempre y en la que se encontraban los grandes referentes del partido. Junto a Arrimadas —desde que apareció en escena estuvo llamada a ser la sucesora (quizá no tan rápido)— solo se mantuvieron dos personas del ex núcleo duro: Carlos Cuadrado y José María Espejo, sobre los que ahora recae la estrategia del partido.

Las críticas que el 'padre del partido' vertió hace unos días sobre el camino emprendido por la nueva presidenta han sacudido los cimientos de la formación. Las relaciones entre las dos eras están rotas en lo político. En lo personal, en ciertos casos llegan a la amistad, algunas prevalecen. Pero en otras ya ni siquiera eso. Alguna llamada, algún mensaje de WhatsApp. Y las decepciones, aunque aún silenciosas, empiezan a aflorar.

La distancia entre los dos líderes se ha ahondado en los últimos meses y en sus entornos reconocen que la interlocución es casi nula. "Siempre que hay sucesión, hay una ruptura. En este caso es más doloroso porque Albert es el progenitor. No ha habido nadie antes de él", resume un dirigente cercano a Rivera que se mantiene en la formación.

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"Es un antes y un después", resume otro dirigente de peso sobre la situación actual. En realidad, la ruptura se produjo con las primeras decisiones relevantes sobre la pandemia. Las prórrogas del estado de alarma fueron criticadas públicamente y de manera constante por exdirigentes. Juan Carlos Girauta, Carina Mejías o Marcos de Quinto, todos leales a Rivera, son algunos ejemplos. Los dos primeros incluso se dieron de baja como afiliados cuando se confirmó un nuevo apoyo a la alarma en mayo y De Quinto dejó el escaño.

El exlíder del partido, que siempre ha presumido de no hablar sobre Ciudadanos desde su marcha —"No me voy a convertir en un jarrón chino"— decidió asomar la cabeza este jueves, en un día especialmente difícil para su partido: cuando Arrimadas no apoyó las enmiendas a la totalidad de los presupuestos para que su tramitación continúe. Aunque evitó una cita específica a las siglas, dejó muy clara su postura frente al posible apoyo a estas cuentas públicas: "Uno puede ser flexible, laxo, tener cintura. Pero no se puede perder la dignidad. Cuando veo todo lo que pasa pienso que menos mal que dimití, porque si tengo que aguantar todo esto...".

A esa crítica, en línea con la del PP en asuntos como la política fiscal, se suman otros acercamientos del exlíder de Ciudadanos al partido conservador en las últimas semanas. Como publicó 'El Mundo', el partido de Pablo Casado ha contratado al despacho de Rivera para preparar un recurso de inconstitucionalidad contra la ley catalana de alquileres. Su mano derecha, José Manuel Villegas, se integrará en una fundación afín al PP con exministros de Aznar en defensa de los valores liberales.

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Pero la intervención del jueves sí ha levantado ampollas en algunos dirigentes. Hay malestar aunque nadie de peso se atreva a levantar la voz. Nadie habla mal del expresidente. "Es como una especie de religión. Y nos pasa a todos. Albert siempre va a ser Albert", asegura un dirigente que ya estaba en la ejecutiva nacional y que ahora sigue formando parte de ella.

El rumbo de Ciudadanos

La pandemia aceleró un giro en la estrategia de 180 grados que, en realidad, ya estaba planificado. Arrimadas llegó al Congreso con un grupo de 10 diputados y una soledad absoluta. Nunca antes el partido había estado en una situación similar. Irrumpió en las Cortes con 40 diputados en 2015 y luego tuvo 32 durante la legislatura en la que gobernó Rajoy. Además, jugó un papel clave en la investidura y en los Presupuestos.

La nueva realidad condenaba a Ciudadanos a la insignificancia política con un PP crecido, tras recuperarse electoralmente, y Vox arrebatando el puesto de tercera fuerza. La nueva ejecutiva permanente y los dirigentes en los que confía Arrimadas (un grupo reducidísimo) pusieron en marcha una hoja de ruta pactista con voluntad de influir en el Gobierno y alejar todo lo posible los postulados de Podemos y los independentistas.

La presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas. (EFE)
La presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas. (EFE)

El objetivo era buscar un espacio político propio, en el centro, capaz de entenderse con el PP (autonomías, ayuntamientos y en el propio Congreso) y con el PSOE (en el Gobierno, a pesar de Podemos). Ser necesarios en las prórrogas de la alarma le dio a Ciudadanos un papel protagonista impensable semanas antes. Los nuevos pesos pesados de la ejecutiva entendían que recuperar la interlocución y una cierta confianza con Moncloa era básico para seguir en la picota. Y así lo hicieron hasta llegar a la negociación presupuestaria con una misma meta: ahuyentar la radicalidad de Iglesias y sus socios.

Una decisión que no gusta en todos los cuadros del partido, especialmente a los dirigentes territoriales que gobiernan con el PP y que tienen que aprobar próximamente Presupuestos con el apoyo de Vox. Reclamaban más coherencia en el mensaje y la capacidad de explicar en sus comunidades la postura nacional. De ahí, que algunos miembros señalaran en la ejecutiva de este martes los peligros de una hoja de ruta de política útil que puede ahuyentar al votante esencial de Ciudadanos. "No todo vale. No podemos olvidar quiénes somos", señalaban.

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Arrimadas fue la encargada de anunciar en una rueda de prensa el endurecimiento de las condiciones para pactar los Presupuestos. En su núcleo aseguraban que no había novedad. Pero el giro fue más que evidente: la líder del partido dejó claro que no aceptaría la contrapartida lingüística de marginar el castellano en la nueva ley educativa y pedía también al Gobierno un compromiso de que no habrá referéndum. Dos días después, desde la tribuna del Congreso, colocó su mensaje a la perfección: dos vías incompatibles para unos Presupuestos. Ciudadanos o ERC y Bildu. Preparar el terreno, como adelantó este diario, para trasladar toda la presión a Pedro Sánchez cuando elija al independentismo republicano y la izquierda abertzale como compañeros de viaje. "Jamás podrán decir que no tenían otra opción", advirtió Arrimadas.

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