Vox aviva su trumpismo en el final de campaña en Estados Unidos
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Vox aviva su trumpismo en el final de campaña en Estados Unidos

El partido de Abascal ha incrementado en las últimas fechas las referencias contra el globalismo coincidiendo con la moción de censura y con el esprint final de la campaña estadounidense

Foto: El presidente de Vox, en una imagen de archivo. (EFE)
El presidente de Vox, en una imagen de archivo. (EFE)

En noviembre de 2016, la victoria de Donald Trump sacudió los cimientos de la política internacional. Aquel año, Santiago Abascal presidía pequeños actos y recorría un extenso páramo marcado por la irrelevancia electoral. Pese a todo, Vox saludó entonces la llegada del magnate a la Casa Blanca tras copiar su eslogan. Cuatro años más tarde, el partido es la tercera fuerza en España y lleva meses reforzando la influencia del magnate estadounidense en sus mensajes y en sus estrategias. La formación ha doblado su apuesta en los últimos días de la campaña presidencial.

Eslóganes compartidos, campañas similares, encuentros entre ambos y defensa a ultranza de Trump. Estos son los ingredientes con los que la formación nacionalista española ha logrado ir asimilando e inoculando tácticas y mensajes casi calcados a los empleados por el neoyorquino desde su irrupción en la política estadounidense. Quizás el ejemplo más claro y reciente se vio en la moción de censura. El líder de Vox llevó a sede parlamentaria las críticas a la Unión Europea, al multilateralismo, a la Organización Mundial de la Salud y a la República Popular China en un tono poco común en el Congreso. "China debe pagar", llegó a exclamar Abascal. "Hacer España grande otra vez", dijo horas después el portavoz, Iván Espinosa de los Monteros.

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Aquel día, Abascal aplaudió explícitamente algunos movimientos llevados a cabo por el mandatario. Aseguró que hizo "lo correcto al cancelar su participación en la OMS" y recordó un paso similar con la Unesco, a la que calificó de "organización entregada al servicio del adoctrinamiento izquierdista". Más allá de estas citas de las últimas fechas, Vox ha incrementado su crítica a los organismos supranacionales y ha incluido con mayor intensidad las técnicas vinculadas a Trump y a la llamada 'alt-right'.

En la recta final de cara a este 3 de noviembre, Vox también ha impulsado una campaña de apoyo explícito a Trump en sus redes sociales junto con el grupo europeo al que pertenece, los Conservadores y Reformistas (ECR). "Patriotas españoles con Trump", podía leerse en sendas versiones en inglés y español compartidas por distintos dirigentes.

Cuenta atrás en el último día de campaña antes de las elecciones de Estados Unidos

Abascal ha tratado de estrechar lazos con todo lo que tenga sabor a Trump desde que el atípico presidente llegara al puesto. El multimillonario y 'showman' estadounidense consiguió hacerse primero con el Partido Republicano y más tarde con la Casa Blanca, con estrategias poco convencionales que rompieron todos los moldes y que, al menos en el contexto del momento, parecieron ser efectivas.

Marcos Reguera, investigador de la política estadounidense en la Universidad del País Vasco, explica que el triunfo de Trump sirvió para aglutinar una cultura política soterrada que llevaba años fraguándose y que se cimentaba en factores identitarios. "La derecha alternativa preexistía, se fue formando en internet desde la crisis económica, pero no tenía nada para solidificarse. Trump se estableció como un punto de referencia para todos estos grupúsculos que tenían aspectos comunes, como la idea de que se estaba reemplazando la raza blanca por las minorías crecientes o un profundo rechazo al feminismo. Trump, con su 'Make America Great Again', vino a consolidar todo ese malestar y a propulsarlo con su campaña. Lo hizo a nivel estadounidense y a nivel internacional. Y Vox participa de esa misma historia", reflexiona.

Esta ola a la que se subieron decenas de partidos de distintos puntos del mundo es la que también describe Jorge Tamames, doctorando en la Facultad de Políticas de la University College Dublin. Él entiende que Vox ha bebido de la derecha alternativa estadounidense en la cuestión de dar la batalla cultural a la izquierda y polarizar con base en este elemento. "Es la idea inspirada en Antonio Gramsci de que para alcanzar el poder político, primero tienes que moverte en claves culturales que gusten a la gente".

Pese a todos estos acercamientos, no está claro que una derrota de Trump vaya a suponer ni mucho menos un descalabro para Vox ni para el resto de formaciones que han crecido a nivel global durante su mandato. Reguera, de la Universidad del País Vasco, cree que pese a que se quedarían sin ese 'faro', este tipo de estrategias están ya asentadas. "Sería un gran golpe. Pierden un referente. (...) El hecho de que se perdiera ese referente va a, digamos, retrasar esas tendencias, pero no las va a hacer desaparecer". Más que lo que pueda suponer una derrota del republicano, Tamames considera que supondría "una gran baza" que Trump fuera reelegido: "Vox podría decir que es un refuerzo de su cosmovisión". El investigador incide en que, de cualquiera de las maneras, los partidos logran apoyos por cuestiones internas de cada país y que Vox "ni mucho menos se va a hundir porque pierda Trump".

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Madrid-Washington

En la primavera de 2018, Abascal logró atraer al proyecto a Steve Bannon, el otrora gurú de la derecha alternativa. Entonces, el exasesor de Trump había iniciado una ruta que buscaba internacionalizar y exportar a territorio europeo las fórmulas con las que había llevado al neoyorquino a la vivienda más cotizada de Washington DC. Unos meses más tarde Vox, dio el campanazo en las elecciones andaluzas e irrumpió en el Parlamento regional para iniciar su andadura en la política nacional. Lo que vino después es por todos conocido.

En febrero de este curso, en el contexto occidental de prepandemia, el propio Abascal formó parte de una delegación con destino a la capital estadounidense. Lo hizo con motivo del gran seminario de la política conservadora del país, la CPAC, donde también se dan cita destacadas figuras de la esfera derechista global. El evento se ha convertido desde hace años en un caladero de ideas, intercambio de perspectivas y refuerzo de estrategias para este tipo de formaciones en todo el mundo. Por las alfombras rojas del National Harbor han paseado apellidos como Bolsonaro, Le Pen y Farage en las últimas ediciones. Dirigentes de la formación mantuvieron entonces reuniones con múltiples actores del espectro y, en definitiva, con círculos cercanos al presidente de EEUU, lo que les ha permitido ahondar en su arsenal estratégico.

Lo cierto es que Donald Trump, pese a todo, no ha sido una figura especialmente querida en España. En un estudio de 2018, el centro de investigaciones Pew señalaba que los españoles eran los que menos confiaban en el presidente de EEUU en todo el mundo, a niveles similares de los mexicanos. Más recientemente, la misma organización elaboró una encuesta sobre cómo se ve al magnate entre los votantes de la "derecha populista" de 13 países. Los de Vox eran con un amplio margen los que más confianza tenían en la política exterior del mandatario, con un 45% de los entrevistados. También eran los seguidores de Abascal los que más respaldo daban a su gestión de la pandemia, con un 36%.

La incidencia de las fuerzas estadounidenses en el partido también se ha visto reflejada en los últimos tiempos en el énfasis puesto por los de Abascal en Latinoamérica y en la lucha contra las corrientes izquierdistas en esta región. Vox impulsó recientemente su propio instituto de pensamiento, con el que pretende alimentar sus bases ideológicas y también ser un punto de encuentro para otros actores similares a ellos al otro lado del Atlántico. El partido busca tener un papel influyente en esta batalla contra el socialismo en lo que han llamado Iberosfera.

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