El Gobierno retrasa una semana el debate sobre los confinamientos domiciliarios
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para valorar el efecto de las restricciones

El Gobierno retrasa una semana el debate sobre los confinamientos domiciliarios

El actual decreto no permite este tipo de confinamientos, y el Gobierno se da de plazo al menos una semana más para valorar el efecto de las medidas ahora en vigor

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El Gobierno retrasa una semana el debate sobre los confinamientos domiciliarios

El Gobierno no descarta tener que recurrir a los confinamientos domiciliarios ante el "agravamiento de la segunda ola de la pandemia". Se está analizando, en diálogo con las diferentes comunidades autónomas, la evolución de los indicadores epidemiológicos. Sería el siguiente paso si no se demuestran suficientes las restricciones incluidas en el decreto del estado de alarma, cuya medida de aplicación obligatoria en todo el territorio —únicamente el toque de queda— expira el próximo lunes para que sean a partir de entonces las comunidades quienes modulen su aplicación como autoridades delegadas. Asturias, Ceuta y Melilla ya han avanzado que requerirán que se apliquen confinamientos domiciliarios en el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud que se celebrará mañana. Castilla-La Mancha avanza, en respuesta a la petición del Principado de Asturias, que no debe descartarse este endurecimiento de las restricciones.

El actual decreto no permite este tipo de confinamientos, y el Gobierno se da de plazo al menos una semana más para valorar el efecto de las medidas ahora en vigor. Se requeriría una modificación en el Consejo de Ministros o incluso uno nuevo. Desde el Gobierno, se ha instado a todas las comunidades a que adopten "medidas contundentes que eviten confinamientos superiores".

La ministra portavoz, María Jesús Montero, ha reconocido en rueda de prensa tras el Consejo de Ministros que "habrá que ir adoptando medidas con contundencia, pero también con la prudencia" que correspondería al análisis de los efectos de las restricciones actualmente en vigor. Preocupa especialmente la posibilidad de colapso de los sistemas sanitarios, y basándose en ello el ministro de Sanidad, Salvador Illa, mantiene un diálogo permanente con los responsables autonómicos. Esta misma mañana, con el presidente asturiano, Adrián Barbón, que ha alertado sobre la negativa situación hospitalaria.

La decisión ahora mismo es esperar unos días para analizar el efecto de las medidas adoptadas, cuyos resultados se demoran unos días, como ya se demostró en marzo tras el primer estado de alarma. Se confía en que sean suficientes para doblegar la curva, aunque, como ha reconocido Montero, no hay garantías de que así sea, por lo que trabajarán "en cogobernanza" con las distintas comunidades autónomas ante la eventualidad de tener que estudiar nuevos escenarios. Concretamente, el Ejecutivo se da de margen hasta el próximo lunes, para ir "viendo durante esta semana cómo evolucionan los indicadores".

La vicepresidenta primera, Carmen Calvo, también recalcó este martes —en la misma línea— que el Ejecutivo quiere analizar los "resultados" de las medidas decretadas durante los últimos días, pero ha evitado descartar la posibilidad de los confinamientos domiciliarios. "Vamos a ir viendo día a día las circunstancias, porque las pandemias son así, hay que ir vigilándolas, casi de minuto a minuto. Demos un poco de tiempo, a ver qué ocurre en estos próximos días", explicaba Calvo con la vista puesta en el límite temporal del 9 de noviembre, fecha hasta la que está en vigor el estado de alarma y a partir de la cual se sustituiría por la prórroga que precisamente aprobó el Consejo de Ministros este martes.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ya avanzó —coincidiendo con la aprobación del estado de alarma por parte del Consejo de Ministros— que las próximas semanas serán duras, "muy duras", al tiempo que vinculó la adopción de restricciones a "evitar recurrir de nuevo a un confinamiento domiciliario". Todo ello rescatando el mismo lenguaje empleado durante los momentos más duros de la pandemia, como "moral de victoria", "disciplina ciudadana", "espíritu de equipo", "actuar con determinación" o "máxima unidad", y allanando el terreno para la toma de decisiones drásticas. "Y lo que queremos evitar justamente es llegar a ese punto [confinamiento domiciliario], por las consecuencias que tiene esa medida sobre la vida social y el impacto económico", añadía.

Como adelantó este diario, el modelo que estudia el Gobierno es el anunciado el pasado jueves por el presidente francés, Emmanuel Macron, que incluye confinamientos en todo el país, cierre de comercios y establecimientos públicos durante un mes. Francia ya anticipó la aplicación del toque de queda que ahora se aplica en España, pero no logró reducir las cifras y ahora opta por este modelo. Y el Gobierno de Pedro Sánchez está muy atento a los detalles de su aplicación, siempre con la salvedad de que Francia es un Estado muy centralizado.

En ese modelo francés, se mantienen abiertos los colegios y no se frena la producción, a diferencia de lo que ocurrió en abril en España. El Gobierno entiende que la paralización económica total solo sería un último recurso que hoy por hoy no se contempla, por los efectos demoledores que tendría y porque prefiere un sistema escalonado. Se trataría casi de aplicar de forma inversa la desescalada que tuvo lugar entre mayo y junio, preservando siempre la actividad económica y la educación.

En caso de tener que recurrir a medidas más drásticas como el confinamiento domiciliario, se seguiría planteando de forma territorializada, al modo de países como Portugal, en función de los datos epidemiológicos de cada comunidad autónoma. Se entiende que, según la filosofía que ya guio el actual estado de alarma, "la situación epidemiológica es muy diferente en cada territorio", por lo que se busca actuar en función de la situación en cada comunidad. "Estamos escuchando y dialogando con la totalidad de las comunidades autónomas", ha concluido la ministra portavoz.

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