"Me he encontrado más prejuicios al ir al banco que en el mundo de la moda"
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entrevista a vanesa lorenzo

"Me he encontrado más prejuicios al ir al banco que en el mundo de la moda"

La modelo y empresaria acaba de publicar su segundo libro, 'Crecer juntos', que habla de yoga, de maternidad y cómo sobrevivir a ella

placeholder Foto: Vanesa Lorenzo posa con su segundo libro, 'Crecer juntos'. (Carmen Castellón)
Vanesa Lorenzo posa con su segundo libro, 'Crecer juntos'. (Carmen Castellón)

Vanesa Lorenzo es mujer, rubia y modelo, así que los amantes de los estereotipos pueden dejar de leer a partir de aquí.

Esta barcelonesa de 43 años empezó a trabajar en publicidad a los once años, al cumplir la mayoría de edad se fue a trabajar a París y con 20 se trasladó a Nueva York. Trabajó con los mejores de la moda, hizo sus pinitos como actriz y de repente un día se cansó y se puso a estudiar. Se graduó en diseño de moda y montó una empresa. Le propusieron escribir un libro y acaba de publicar el segundo. Y en medio de todo esto, tuvo dos hijas con un señor que seguro que conocen: Carles Puyol.

Lorenzo baja las escaleras del hotel Urso de Madrid. La fotógrafa está encantada con ella. "Qué fácil resulta, sale bien en todas", bromea con su inconfundible acento malagueño. La modelo sonríe mientras sujeta 'Crecer juntos', un libro que habla de yoga, de maternidad y cómo sobrevivir a ella. En otra mano lleva un pastillero tamaño XXL. "Hace mucho que tomo suplementos, y me van muy bien", dice. Pide un té chai, y se pone en marcha la grabadora.

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Foto: Carmen Castellón.

PREGUNTA. A los 18 años en París y a los 20 en Nueva York, las dos ciudades fundamentales para la carrera de cualquier modelo. Para los que no conocemos nada de su oficio, derríbeme algún tópico, por favor.

RESPUESTA. Imagino que la gente puede pensar que es un mundo muy frívolo, muy superficial, pero la profesión es muy seria. Te puedes quedar con la imagen final, de una mujer estupenda, ideal y monísima, pero detrás hay un trabajo de creatividad, de técnica, fotografía, de todo un equipo… Frivolizar una industria por un trabajo como el de modelo, que al final es el último eslabón de la cadena, no me parece justo. Es cierto que la moda es estética y algo externo, pero he trabajado con equipos en los que se ha creado auténtico arte. Hoy las cosas han cambiado. Pasar de lo analógico a lo digital cambió la forma de trabajar y de crear esas imágenes. Antes se necesitaba más tiempo. Y cuando hay tiempo, también se piensan y se cuidan cosas que a lo mejor se han perdido con los años.

P. ¿Con lo analógico vivíamos mejor?

R. Bueno, lo digital es rapidez, y va un poco en contra de los detalles. En París recuerdo unas jornadas de trabajo maratonianas para hacer tres imágenes de un reportaje de belleza para 'Elle'. La persona que te maquillaba, el peluquero… eran auténticas eminencias, de esas profesiones que se están perdiendo. Ahora pim, pam pum, te pones el pelo así y ya retocamos luego. Antes se tenía que crear todo en un momento, no había margen.

"Frivolizar una industria por un trabajo como el de modelo, que al final es el último eslabón de la cadena, no me parece justo"

P. Se lo habrán dicho en otras ocasiones, pero es de las pocas profesiones en las que las mujeres ganan bastante más que los hombres.

R. (Risas). ¡Es la única en el planeta!

P. Sin embargo, los hombres son los dueños de las principales agencias. Estos días se habla de presuntos abusos sexuales por parte del dueño de Elite y no es la primera vez que se habla de casos en el sector. ¿Ha tenido que enfrentarse a alguna situación incómoda?

R. No, la verdad. En el mundo de la moda no me he sentido incómoda, fuera de él mucho más. Me he encontrado con prejuicios al ir al banco, por ejemplo. Empiezas a ganar dinero pronto y te toca gestionar un patrimonio, llegas allí, eres joven y mujer…

Pero ahora que lo dices, recuerdo una sesión de fotos con Helmut Newton (fotógrafo alemán, creador del ‘porno chic’), con el que tuve el orgullo de trabajar pocos años antes de que muriera, y fue el único día en que sentí, digamos, otra forma de trabajar. Era de otra generación y fue una experiencia muy distinta. No sé si machista, pero me sentí desubicada. Como un objeto más en la fotografía de este señor. Así que me dije: “Pues nada, aquí estamos para servirle al señor Newton”.

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Foto: Carmen Castellón.

P. Sin embargo, lo dejó, se puso a estudiar, y acabó montando una empresa.

R. Esa época me pilló en Madrid, estaba ya un poco cansada de la moda, tenía una relación aquí… y dije: nunca es tarde, voy a estudiar. Aunque en un principio me planteé estudiar Derecho, hice diseño de moda en el IED. Tenía que formarme para expresar mi propio lenguaje, que consistía en que la moda volviera a lo que era antes. Piezas bien hechas, que duren… estoy orgullosa de las cuatro colecciones que lancé.

P. ¿Por qué acabó esa etapa?

R. Me quedé embarazada y todo fue muy rápido. Y me pilló con una empresa que contaba con cuatro puntos de venta internacionales, aparte de los nacionales, y la marca tenía que dar un salto, sobre todo a nivel económico. Hasta ese momento yo había invertido todo mi dinero ganado como modelo. Tenía que llevarlo a otra escala y pedir financiación externa. Pensé… esto no encaja. Lo dejé en 'stand by'.

Es una pena, porque por muy buenas que sean las ideas, si no tienes un respaldo económico y de estructura empresarial, no funcionan. Las dos partes, creativa y negocio, tienen que estar asentadas. Esto es una industria.

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Foto: Carmen Castellón.

P. Tengo una amiga que se jacta de comprarse un abrigo barato, le dura un invierno, y se compra otro al año siguiente. Ese abrigo que ve ahí tiene doce años y está nuevo. Creo que mi amiga lleva más dinero gastado que yo…

R. (Se ríe). Claro, pero es que es muy goloso, y la sociedad que estamos creando nos anima a eso, nos empuja a unas necesidades que no son reales. No necesitamos cosas nuevas cada mes, pero a todos nos gusta. Hacia eso va el planeta, y es insostenible.

P. Hablando de sostenibilidad. Tiene delante su segundo libro. En el primero hablaba de yoga, de esa disciplina y orden que todos, supongo, necesitamos. En este segundo aboga por pararse a pensar, por llevar una vida algo analógica. ¿Es posible o es postureo?

R. Ojo, que yo soy víctima de esa sociedad y me dejo llevar por hábitos de consumo. No es fácil ser coherente con mis gustos. Yo compro en Inditex y en otras marcas como Masscobb y Beatriz Furest (se señala el vestido y las botas) que crean y fabrican aquí. Y creo que los gigantes están intentando hacerlo mejor. No es fácil cambiar dinámicas que llevan años funcionando. Hacemos lo que podemos para intentar mejorar nuestros actos y lo que significa cómo y qué consumimos. Hay gente que en cuanto me oye me encasilla y piensa: "Uff ya está aquí la vegana extremista...". Y ni soy vegana ni extremista. Es fácil malinterpretarlo. También hay formas de interpretar el yoga, y habrá quienes digan: “Esta está en Belén con los pastores, un poco pa’llá” (risas).

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Foto: Carmen Castellón.

P. Los prejuicios.

R. Ya te digo.

P. En este libro habla de yoga y de maternidad y la vincula con un término: disciplina positiva. ¿Cómo hacemos las que a veces resolvemos estas cosas pegando cuatro gritos? ¿Usted no se enfada nunca con sus hijas? ¿Es humana?

R. (Risas) Bueno, para todas es lo mismo.

P. Vale, pero dígame algo que funcione.

R. Funciona el amor. Incluso en las rabietas más rabietas. Mi hija pequeña está ahora en ese momento de frustración. Si le dejas el espacio y en cuanto hay calma te acercas y le abrazas, funciona. Sí, ya sé que suena muy esotérico, pero funciona. La disciplina positiva habla de respeto mutuo, de tratar al niño como si fuera adulto. Parece que por ser pequeños podemos tratarles de cualquier manera. Al principio no lo entendía mucho, luego vi que tiene todo el sentido.

Hablando de maternidad, hay un tema que me preocupa mucho, el uso de las pantallas. Leo que empieza a haber patologías en niños y en jóvenes, el futuro es bastante incierto y no sabemos cómo les va a afectar psicológicamente. Igual piensas que soy un poco talibana, pero durante la semana para mis hijas no hay pantallas.

[De repente le suena el móvil. Lorenzo se levanta y se explica: "Es el tono que me avisa de que tengo que ir a recoger a las niñas a ballet. Pero como no estoy, pues lo apago". Y vuelve a sentarse].

Pero volvamos a ese tema. En casa cuando comemos, comemos. Ni teléfonos ni tele. Y a ver cuánto tiempo intento mantener lo que viví en casa con mis padres. Pero si estoy en un sitio y mis hijas me piden el móvil, tampoco me voy a poner a gritar como una loca, en plan radical. A ver cuánto tiempo aguantamos con esto. Cuando me enfrente a la adolescencia o preadolescencia, veremos.

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Foto: Carmen Castellón.

P. España tiene unos índices altísimos de sobrepeso y obesidad infantil. Y al otro lado de la balanza tenemos a los de la quinoa, el kale y el trigo sarraceno. ¿Cree que comer sano es solo posible para los que no tienen problemas para llegar a fin de mes?

R. A la alimentación le tenemos que dar la importancia que tiene. Es básica para mantener una buena salud. Lo que tenemos que hacer es volver a lo que hacían los abuelos. Es mucho más caro comprar comida envasada que comprar unas verduras y unas legumbres para hacer un potaje que come toda la familia. Eso no es caro, es una elección. En el súper tienes un montón de productos envasados, procesados, que probablemente te facilitan la vida. Tardas menos que en guisar, pero a mí me merece la pena. Y es importante hablar de esto en los comedores escolares, los padres tenemos que implicarnos en esto. El gasto sanitario que tiene la obesidad y los problemas de diabetes en los países desarrollados es enorme. Si la sociedad aprende a comer bien, los problemas irán a menos.

P. A lo largo de su carrera ha hecho cosas muy diferentes. ¿Cuántas veces la han llamado intrusa?

R. Para escribir los libros siempre he querido tener personas a mi lado que me den la seguridad de que estoy dando un contenido bueno y legítimo. Por eso en el primero había una profesora de yoga y en este una psicóloga infantil y una profesora de yoga infantil. Pero no soy escritora. He creado libros con ayuda de profesionales, y comparto información que es valiosa.

Con lo del intrusismo me da cierto pudor, porque en algunas cosas me puedo sentir afectada. Sobre todo en los últimos diez años, con todas las 'influencers', que ya todo el mundo hace de modelo, también las actrices… Al final, mi profesión es de las que más se ha visto afectada. En mi época se usaba de vez en cuando a alguna actriz, pero abres una revista hoy y lo que ves son personajes conocidos de otros ámbitos. Yo solo intento hacer las cosas de forma respetuosa.

"Soy catalana, soy española, y mis padres son andaluces. Pero siento mucho orgullo por la cultura catalana, y la del resto de España"

P. Le dejo lo complicado para el final. La pandemia ha puesto en el segundo plano el 'procés'.

R. Ah…

P. Es catalana, su pareja también, viven allí. ¿Cree que el 'procés' es un gigante medio dormido que volverá a respirar? ¿Esa herida se cerrará alguna vez?

R. Creo que todo lo que está sucediendo nos debe servir para hacer una introspección individual. Y volver a unos valores básicos, como el respeto a todos. Y para respetar hace falta entender. Un comportamiento es la punta del iceberg. Detrás hay una necesidad que hay que cubrir. Intentemos crear lazos en vez de buscar culpables. Cuando ha habido un error, el error ya está.

P. Esto de hablar en clave…

R. ¿Sabes que pasa? Que soy catalana, soy española, y mis padres son andaluces. Pero siento mucho orgullo por la cultura catalana, y la del resto de España. Y puedo sentirme orgullosa de la cultura francesa y la italiana. Estamos en un momento de abrir más que de cerrar.

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