"El cáncer de España está ahí, en la escuela, en un sistema anárquico e ideologizado"
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ENTREVISTA A JOSÉ CARLOS GRACIA

"El cáncer de España está ahí, en la escuela, en un sistema anárquico e ideologizado"

El creador, director y conductor del 'podcast' de historia más escuchado de España ('Memorias de un Tambor') aborda la importancia de reivindicar la verdadera historia del país

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José Carlos Gracia. (J.C.)

La historia en España constituye un fenómeno sociológico singular. Pocos países como el nuestro, acaso ninguno, mantiene viva su historia para azotarse o para deprimirse, para menospreciarse o para agredirse. ¿Por qué sucede? En fechas como esta de conmemoración del Descubrimiento de América y, más allá de la efemérides, cuando se contempla la expansión de un idioma como el nuestro que hoy hablan casi seiscientos millones de personas en todo el mundo (el segundo más hablado, después del chino), es oportuno hacernos la pregunta sobre esta rareza nuestra.

¿Cómo es posible que nosotros mismos propaguemos la enorme patraña de la Leyenda Negra? Lo único bueno de todo esto es que hay españoles que se indignan con lo que sucede y ponen en marcha iniciativa como ‘Memorias de un Tambor’, el 'podcast' de historia más oído de España. Es el caso de José Carlos Gracia (Madrid, mayo de 1962), creador, director y conductor del programa, desbordado él mismo por la repercusión que ha alcanzado su iniciativa y por el grupo de historiadores, investigadores e intelectuales que va creciendo a su alrededor con el mismo objetivo: reivindicar la verdadera historia de España. Y disfrutar o lamentarse con ella. Y aprender con ella. Para progresar, para avanzar, sin tropezar.

PREGUNTA. ¿Esta festividad del 12 de octubre es motivo de orgullo? Se lo digo porque a veces da la impresión de que, en vez de la Hispanidad, cada vez estamos más cerca de que esta fecha se declare el Día Internacional de la Hispanofobia…

RESPUESTA. Es que no sé si la palabra es orgullo. Lo que para mí es evidente es que este es un día para celebrar. Porque sentirse orgullosos o culpables por lo que hicieron nuestros antepasados siempre me ha parecido un error o, al menos, una limitación. Lo esencial es reconocer y celebrar el bagaje cultural que ha generado en el mundo el descubrimiento de América, un 12 de octubre de 1492. La Hispanidad no es un acontecimiento privativo de nadie; es un hecho: la unión, casi fortuita, de dos continentes y el impresionante legado que nos ha dejado de raíces comunes y de un idioma común para cientos de millones de personas. Los españoles podemos sentirnos orgullosos, claro, de que fuésemos nosotros los protagonistas de ese hecho histórico, pero la Hispanidad va mucho más allá, es lo que se ha creado quinientos años después. Esa es la celebración.

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José Carlos Gracia. (J.C.)

P. Uno de sus colaboradores, el escritor Iván Vélez, autor del libro 'Sobre la Leyenda Negra', sostiene que en la historia de las conquistas hay que diferenciar entre imperios generadores frente a imperios explotadores.

R. Sí y, aunque yo no veo que se puedan establecer una división tan nítida, lo que sí está claro es que, en comparación con las expansiones territoriales de otros países, como los holandeses, los franceses o el imperio británico, por supuesto que no tenemos nada que reprocharnos. Todo lo contrario, con la mentalidad de aquella época, con la visión y los valores de aquella época, el imperio español redactó las primeras leyes protectoras de los derechos de los indígenas, y ahí están las Leyes de Burgos de 1512. Isabel la Católica siempre concibe a los indígenas como unos súbditos más a los que hay que cristianizar. Con independencia de los excesos evidentes que se cometen al margen de esas leyes, esa mentalidad, en esa época, es absolutamente novedosa. En América, tras el descubrimiento, no hay colonias, sino provincias y virreinatos integrados en el Imperio español. El mestizaje es la prueba más fehaciente de la intención última de integración de la expansión española en el nuevo continente. El objetivo de las conquistas, de todas las conquistas, era evidentemente el enriquecimiento y el engrandecimiento, al mismo tiempo que la expansión de la religión; eso es lo que buscan todos, pero la forma española es, cuando menos, peculiar.

P. A ver, es que lo extraordinario de todo esto es que sólo se someta a España a esa crítica feroz por su historia mientras que a todos los demás, ya sean romanos, vikingos o norteamericanos, se les analiza en el contexto de su época. La diferencia es que sobre nosotros pesa una Leyenda Negra y la pregunta es cómo es posible que sean los españoles los primeros en asumirla y propagarla. ¿Usted sabe por qué sucede?

R. Tras la conquista de América, España era el imperio hegemónico, el enemigo a batir. La Leyenda Negra la inician nuestros enemigos ancestrales, Inglaterra y Holanda, y lo hacen en un momento clave, como es la expansión de la imprenta a partir del siglo XVII, en pleno declive español. La puntilla nos la dará Estados Unidos a finales del XIX con la Guerra de Cuba y de Filipinas; los primeros escándalos de la prensa amarilla surgen entonces con la difusión de bulos que sólo tenían como objetivo justificar la apropiación de aquellos territorios españoles. A partir de ahí, que son los hechos objetivos, me pregunta usted: ¿y por qué aquí se asume como verdadera la Leyenda Negra o, por lo menos, no se combate? La respuesta a esa pregunta es muy compleja… Ni siquiera se lo explicaba Quevedo, que fue el primero que advirtió contra las mentiras que se lanzaban sobre la historia de España ante la indolencia de los españoles. No sé, yo creo que en una buena parte influye nuestra ubicación geográfica y lo que eso haya podido determinar la forma de ser de los españoles. Hemos sido un gran imperio, sí, pero España está apartada de los flujos culturales europeos, como aislada, y eso ha podido generarnos este carácter peculiar, de cainismo, de enfrentamientos internos. Esa podría ser una explicación, pero ya le digo que es muy difícil de entender este afán autodestructivo y de rechazo de una historia que ni siquiera se conoce. Que esa es otra, la incultura.

"Ni siquiera se lo explicaba Quevedo, que fue el primero que advirtió contra las mentiras que se lanzaban sobre la historia de España"

P. A lo largo de siglos, la Leyenda Negra ha cabalgado a lomos de distintos intereses y lo novedoso es que ahora se ha convertido para algunos en referente de la izquierda. Lo acabamos de ver con las estatuas que se quieren quitar de los conquistadores a raíz de los incidentes racistas en Estados Unidos.

R. Una persona formada no entra en estas cuestiones. Puede ser progresista o conservadora, pero no utiliza la historia como un arma arrojadiza. Ese tipo de manifestaciones responden exactamente a eso, personajes indocumentados, que ni conocen la historia ni quieren conocerla, porque lo suyo es más elemental, son enfrentamientos tribales. Quizá, cuando vemos estas cosas, lo que tendríamos que preguntarnos es qué clase de educación se ofrece en España, porque ahí puede estar también el origen de todo esto que nos preguntamos y que nos sorprende. Yo sé, por el 'podcast', que hay mucha gente interesada en la historia, pero de la misma forma hay quien piensa que el mero interés por conocer la historia de España es algo es rancio y conservador. Es duro decirlo, pero el pueblo español es un pueblo ignorante de su historia. Y el cáncer está ahí, en la escuela, en un sistema educativo anárquico e ideologizado. Y lo peor de todo, el empobrecimiento que ha provocado la transmisión de la historia parcelada por comunidades autónomas. Ese afán provinciano por parcelar el conocimiento. Y no me refiero ya a lo que pueda pasar en las escuelas de las comunidades más nacionalistas, no. Lo que pasa, por ejemplo, en Madrid. Un chaval puede ubicar perfectamente el río Alberche, pero no sabe dónde está el Ebro, puede confundirlo perfectamente con el Guadalquivir. Pero el Alberche no lo confunde, ni el Guadarrama, que es un riachuelo. Y sé perfectamente de lo que hablo. Estamos construyendo una sociedad de ciudadanos muy simples.

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José Carlos Gracia. (J.C.)

P. Si lo esencial de la historia es conocerla para no caer en los mismos errores, ¿usted se explica, por ejemplo, por qué un acontecimiento como la Guerra Civil española apenas se enseña en las escuelas españolas?

R. Los profesores que incluyen en sus clases la Guerra Civil lo hacen 'motu proprio', eso es verdad, y en muchos casos su único interés es trasladar a sus alumnos su propia ideología. Y a eso es a lo que no hay derecho, que encima de que no se enseña la historia se contamine a los chavales con prejuicios y consignas ideológicas. Los hechos son los hechos y en cuestiones tan sensibles como la Guerra Civil es inadmisible esa manipulación. En serio, a mi todo esto me resulta muy triste… La parcialidad con la que se cuenta la historia de la Guerra Civil, que se fomenten los odios y que hasta la bandera de España se identifique con una ideología política. O que se pite el himno… Y cuando veo que hay intelectuales o políticos que se suman a eso, unos para ganar dinero y otros para ganar votos, sinceramente me da mucho asco. La historia de la Guerra Civil española no es una historia de buenos y malos. La República se diluyó entre dos corrientes fanatizadas, y la polarización de la sociedad, arrastrada por minorías. Todo eso, unido todo eso al auge del nazismo y comunismo en Europa, condujo a la guerra. Hubiera vencido un bando u otro, el final hubiera sido el mismo, intentar exterminar al adversario.

P. Lo sorprendente de todo esto es que sea ahora, con una clase política formada por líderes que han nacido en democracia, es decir nietos y bisnietos, de quienes sí vivieron la Guerra y la dictadura y decidieron reconciliarse en la Transición.

R. Mi consejo para todo el mundo es que ni mire a la cara a quien pretenda utilizar la Guerra Civil como un arma ideológica del presente. Mis dos abuelos estuvieron cada uno en un bando y fue tan grande el trauma que supuso aquella Guerra Civil que lo que yo he vivido siempre en el seno de mi familia ha sido ese espíritu de dejar atrás el pasado, mirar hacia adelante, y no caer nunca más en despertar lo ocurrido. Que ni los miren, en serio, que les vuelvan la cara. Y cuando vengan otra vez ‘los quitacalles’, como los llama usted, que nos rebelemos contra ellos, que no les admitamos que nos manipulen. Que pensemos en el futuro de nuestros hijos.

"Una persona formada no entra en estas cuestiones. Puede ser progresista o conservadora, pero no utiliza la historia como un arma arrojadiza"

P. Por cierto, ¿se ha dado cuenta de que cuando se habla de la República en España rara vez se menciona como ejemplo la I República?

R. Pues claro, porque aquello fue un despropósito vergonzoso, ese ridículo, a veces cómico y a veces trágico, del cantonalismo… No se menciona por puro rubor. Ciudades y provincias que se hacen independientes y les declaran la guerra a sus vecinos. Los movimientos nacionalistas vasco y catalán, fundamentalmente, surgen en el siglo XIX, con las mismas bases que aquella Primera República. Estas corrientes han sido las más interesadas en fomentar lo antiespañol. A eso se le añade la manipulación y la tergiversación, hasta niveles grotescos, de la historia y se llega a la situación en la que estamos. Por el hecho de que se comparta una lengua, como el catalán, no se puede pretender que la historia sea distinta de como fue porque la vinculación entre la Corona de Castilla y la de Aragón es intensa y constante a lo largo de los siglos. La manipulación de la historia por el nacionalismo es deprimente. ¿Y los vascos? La identificación histórica con Navarra la encajan a martillazos, y ni por esa lo consiguen. Los vascos siempre han sido un referente como españoles. El hecho irrefutable es que durante los siglos XVII y XVIII, la columna vertebral de la marina española estaba formada por marineros vascos, por poner un ejemplo.

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José Carlos Gracia. (J.C.)

P. Comenzamos hablando de los complejos de España con el Descubrimiento de América. ¿Imagina lo importante que sería, cinco siglos después, que la democracia española recuperase una institución de aquella época, los juicios de Residencia? Al final de su mandato, los dirigentes se someten a un juicio para analizar lo bueno y malo de su labor.

R. Me gusta la idea porque, además, da usted en la clave: justicia. Mucho más en los tiempos que vive España, lo fundamental es poder disponer de un Poder Judicial independiente. Claro, claro… No se trata de colgar a nadie de la plaza mayor, pero fíjese en el impacto que supondría eso que dice, que un cargo público finalice su mandato y, con la mayor objetividad, se analice cuál ha sido su gestión. Me temo que eso es muy difícil, pero no debemos renunciar a ello, en pro de una sociedad más moderna y más libre.

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