el debate político sobre la monarquía

El riesgo de un monarca de la derecha, de los mayores y de una parte de España

La polarización y la pérdida de transversalidad de las instituciones arrastra a la Corona y el "poder moderador", afectada también por los escándalos

Foto: El rey Felipe VI (d) y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), a su llegada a la XXI Conferencia de Presidentes, el pasado mes de julio. (EFE)
El rey Felipe VI (d) y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), a su llegada a la XXI Conferencia de Presidentes, el pasado mes de julio. (EFE)

"Le han hecho un flaco favor al Rey y a su neutralidad constitucional. Intuyo que no estarán muy contentos en Zarzuela, porque lo que han hecho con su torpe defensa y sus reproches fue identificar al jefe del Estado con su postura. En definitiva, lo que buscan es confrontar la Jefatura del Estado con la jefatura del Ejecutivo: el Rey, salvador de España y que estaría con ustedes y lo que representan, frente al presidente del Gobierno —un Gobierno ilegítimo— que conspira contra las bases del Estado", aseguró Aitor Esteban, portavoz del PNV, el pasado 7 de enero en el pleno del Congreso durante el debate de investidura, dirigiéndose a los escaños del PP y de Vox.

Las dotes de adivinación de Esteban han quedado confirmadas ahora, porque la monarquía se ha situado esta semana como uno de los asuntos principales de debate en el Congreso. Y tendrá continuidad en breve cuando, a instancias del PP, se debata una moción pidiendo la dimisión del ministro Alberto Garzón y la reprobación del vicepresidente Pablo Iglesias por criticar al Rey y acusarle de perder la neutralidad. También estará en el debate de la moción de censura presentada por el líder de Vox, Santiago Abascal, y que se sustanciará a partir del 15 de octubre, según las previsiones de los grupos parlamentarios y según la conveniencia del Gobierno que desea utilizarlo como un acelerador del acuerdo de Presupuestos entre los partidos de la investidura.

Es decir, los promotores del debate sobre la monarquía en el Congreso son los partidos de la derecha, defensores sin fisuras de la Corona, y que se oponen a que se abra el debate sobre la monarquía. Vivir es asumir contradicciones y en política aún más.

Entre el vaticinio del portavoz del PNV y los debates abiertos ahora se han producido acontecimientos entonces imprevistos, pero que han terminado por confirmar la previsión de Esteban. Primero fue el comunicado de la Casa del Rey, dando por cierto que el anterior jefe de Estado acumuló dinero opaco fuera de España y, por eso, el actual renunciaba a su herencia; llegó la apertura de una investigación en la Fiscalía del Tribunal Supremo; el viaje del anterior rey hacia el "lugar del crimen", Emiratos Árabes; un conflicto institucional por el veto del presidente del Gobierno a la presencia de Felipe VI en un acto en Barcelona y las críticas abiertas y públicas al Rey, por primera vez en la historia constitucional, por parte de varios miembros del Gobierno. Queda la decisión de la Fiscalía sobre la hipotética (e improbable) interposición de una querella contra el Rey emérito ante el Tribunal Supremo y todo lo que vendrá después.

"Señor Sánchez, si quieren cambiar el régimen, lo que tienen que hacer es presentar una reforma constitucional y no seguir subvirtiendo la legalidad cobardemente por la puerta de atrás. Lo que les pasa es que saben que necesitarían los votos del Partido Popular y que nunca lo toleraríamos, porque somos su dique de contención", dijo este miércoles Pablo Casado, líder de la oposición, presentando a su partido como el que defiende a la monarquía frente a la mayoría del arco parlamentario, incluyendo a los dos partidos del Gobierno de coalición, a nacionalistas e independentistas. Es decir, la mayoría absoluta de la Cámara. Su discurso sitúa de facto a Felipe VI como el rey apoyado por la derecha y rechazado por la izquierda y por los partidos que suman la mayoría de los votos en las comunidades del País Vasco, Navarra, Cataluña y Baleares.

Es un clásico desde hace justo dos siglos la teoría de Benjamin Constant sobre el "poder moderador", que sostiene la teoría de las monarquías constitucionales y parlamentarias. Consiste en la existencia de un cuarto poder que modera a los tres (legislativo, ejecutivo y judicial). En ese "poder moderador" se basó la Constitución de 1978 y ahora se pone en cuestión cuando se pone en duda la imparcialidad de quien encarna la Corona.

La pandemia ha funcionado como un acelerador de las crisis de diferentes instituciones, cada una con sus distintas causas previas. La Justicia por el uso político, el Parlamento por la falta de reformas, la monarquía por los escándalos y sus propios errores...

El discurso de Pablo Casado sitúa de facto a Felipe VI como el rey apoyado por la derecha y rechazado por la izquierda

Lluís Orriols, doctor por la Universidad de Oxford y profesor y vicedecano de estudios de ciencia política, en la Universidad Carlos III de Madrid, asegura que es incuestionable que la monarquía sufre una crisis y está peor valorada que hace diez años, pero lo inscribe en la "pérdida de crédito" que sufren otras instituciones y la caída de la "confianza política" en España.

"La crisis no es solo por pérdida de apoyos o de confianza, sino que además es víctima de fenómenos generales como la pérdida de la transversalidad y el aumento de la polarización", añade Orriols.

En el caso de la monarquía, según explica, el elemento más importante de la monarquía era la unidad de España, no desde el punto de vista territorial como sostiene la derecha, sino entendida como concordia, tradición y garante de la democracia. "Durante décadas lo consiguió y era transversal y aprobaba con valoraciones similares entre la derecha y la izquierda, entre jóvenes y mayores y sin apenas diferencias territoriales", explica.

Es decir, que la crisis de transversalidad tiene tres patas: la territorial, porque ahora, sobre todo tras su discurso del 3 de octubre de 2017 sobre Cataluña, hay lugares de España en los que una visita del Rey es controvertida, como muestra lo que ocurrió recientemente y antes cuando su visita a Cataluña se limitó a un encuentro en un monasterio; la ideológica, porque lo defienden expresamente los partidos del centroderecha (PP, Vox y Ciudadanos), y la generacional, porque las nuevas generaciones no valoran su papel en la Transición.

La crisis no es solo por pérdida de apoyos, es víctima de fenómenos generales como la pérdida de la transversalidad y la polarización

Parte de esa situación tiene reflejo en el Congreso, donde partidos que gobiernan en País Vasco y Cataluña critican abiertamente al Rey con distinto nivel de virulencia. Como ocurrió en el último pleno con las intervenciones de Aitor Esteban y Gabriel Rufián (ERC).

El resultado es que corre el riesgo de ser "monarquía de parte" y, según Orriols, tiene el inconveniente de que es una institución "con las manos atadas, porque todos sus movimientos dependen de otras, como se ha visto recientemente". "O la ayudan o no tiene nada que hacer", concluye.

Zarzuela comparte esa preocupación y de ahí parten iniciativas como su recorrido por todas las comunidades tras levantarse el estado de alarma. Pero siempre sujeto en sus iniciativas a la decisión final de la Moncloa y sin apenas opciones para salir de ese bloqueo.

Curiosamente, esa transversalidad fue la base durante más de dos décadas de la monarquía con Juan Carlos I. Se da la circunstancia de que en los inicios de la democracia el anterior rey era rechazado por la ultraderecha, por considerarle una especie de traidor al régimen, mientras era más alabado por la izquierda moderada. Ahora es justo al revés.

Por eso, en 1986 se publicó un libro hagiográfico (y autorizado por Zarzuela) bajo el significativo título de 'Juan Carlos, un rey para los republicanos'. El autor era el periodista y escritor francés Philippe Nourry y el libro tuvo un notable éxito.

El rey Felipe VI saluda a los lugareños durante la visita real al municipio de Sant Antoni de Portmany, Ibiza, este verano. (EFE)
El rey Felipe VI saluda a los lugareños durante la visita real al municipio de Sant Antoni de Portmany, Ibiza, este verano. (EFE)

Uno de los capítulos, con el epígrafe: 'El Rey de todos los españoles', incluye párrafos como este: "El hecho de que la izquierda intelectual y popular se apropiara la figura del rey molestaba seguramente a esta derecha como para creerse autorizada a denigrar de modo sistemático la persona del rey". Hoy, a tenor de los debates parlamentarios, la situación es justo la contraria y el "poder moderador" está en riesgo y se avivan las brasas.

En ese contexto, el PSOE parece molesto cuando por parte de Unidas Podemos se le tacha de "partido monárquico". El presidente del Gobierno dejó pasar el martes la ocasión de defender la monarquía en el Congreso de los Diputados. Porque el PSOE es el que más sufre en este debate, porque tiene un alma republicana, pero tiene que defender la Monarquía parlamentaria, hija de la Transición y de la Constitución, que como dice y se vanagloria Sánchez, solo el PSOE, de todos los partidos presentes ahora en el Parlamento, ayudó a desarrollar y votar.

Fuentes del PP explican que seguirán respondiendo a lo que consideran ataques a la monarquía y, por eso, llevarán el tema a ayuntamientos y otras instituciones. Consideran que comparten esta posición con el PSOE "antiguo", el de Felipe González, aunque ese partido socialista clásico carece ya de poder real. Y Unidas Podemos seguirá por necesidad de desmarcarse y buscar espacio político. El partido de Pablo Iglesias utiliza el discurso republicano como forma de distanciarse programáticamente del PSOE.

El hecho de que la izquierda intelectual y popular se apropiara la figura del Rey molestaba seguramente a esta derecha

Según sus propios estudios, Unidas Podemos tiene dificultades para que los ciudadanos le atribuyan las políticas más sociales aprobadas por el Gobierno e intenta marcar su propia agenda. Y los partidos nacionalistas y soberanistas no perdonan el discurso posterior al 1-O y consideran que el Rey rompió la neutralidad, el "poder moderador". Antes, CiU y PNV nunca fueron monárquicos, pero mostraban respeto a la Jefatura del Estado. Eso se ha quebrado en gran parte y, además, en el caso de Cataluña se ha asociado de manera irreversible la palabra "República" al imaginario catalanista.

Cabe la posibilidad, no obstante, que también en este asunto la desafección de la política que muestran todas las encuestas haga que este debate esté más en la agenda de los partidos que en la de los ciudadanos, en plena pandemia y bajo los efectos de una crisis económica y social. En este caso, no obstante, la agenda política termina teniendo efecto de desgaste de la institución, de la misma forma que ya lo hace con la justicia y con casi todas las demás.

En todo caso, el debate lleva a un cierto bucle melancólico, porque la Constitución establece para su reforma requisitos tan exigentes que sin el PP nunca será posible un cambio sobre la monarquía parlamentaria. Hacen falta dos tercios del Congreso y el Senado; disolución de las Cortes; ratificación de nuevo en Congreso y Senado por dos tercios y un referéndum.

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