LIBRO DEL EXPRESIDENTE DE CIUDADANOS

Almuerzos con Rajoy y los dos errores con Sánchez: la reaparición de Rivera

La pandemia obligó a retrasar la publicación de su libro tras dimitir y abandonar Ciudadanos. Rivera confiesa las relaciones con sus rivales políticos y repasa el año que acabó con su vida política

Foto: El expresidente de Ciudadanos Albert Rivera, durante la presentación de su libro este martes. (EFE)
El expresidente de Ciudadanos Albert Rivera, durante la presentación de su libro este martes. (EFE)

“Si de algo me arrepiento en estos años que he estado en política, es de no haber hablado más con mis adversarios. A pesar de la presión que todos hemos soportado, creo que deberíamos haber sido más valientes, dijeran lo que dijeran las redes sociales, los medios de comunicación o en nuestros propios partidos” (‘Un ciudadano libre’, Espasa). Albert Rivera se arrepiente de pocas cosas en su trayectoria política, la mayoría de grandes decisiones las volvería a repetir y fueron fruto de un análisis sosegado y compartido con un núcleo duro reducidísimo en el que siempre estuvo, sobre todo, José Manuel Villegas. Su dimisión tras el 10-N, el veto al PSOE meses antes e investir a Mariano Rajoy en 2016, tras la repetición electoral, fueron algunas de las más importantes.

Nunca dio la sensación de que la relación con el expresidente del Gobierno del PP fuera especialmente buena. Como cuenta él en su libro, la relación claramente fue “de menos a más”. Rivera recuerda la “encrucijada” en la que se encontró cuando, tras las elecciones de junio de 2016 (después del fracaso de su pacto con Pedro Sánchez y la vuelta a las urnas) o Ciudadanos apoyaba la investidura de Rajoy o España iría a unas terceras elecciones. “No paro de preguntarme qué decisión debe adoptar Ciudadanos”. En la campaña, Rivera no dejó de repetir en cada intervención que no apoyaría al PP de Rajoy, con tantos casos de corrupción a las espaldas, llegando a exigir un candidato alternativo dentro de las filas conservadoras.

La decisión de no entrar en el Ejecutivo del PP y firmar un pacto de investidura con condiciones la trasladó el propio Rivera a la prensa después de reunir a su comité ejecutivo. Lo que no se conocía es que aquel acuerdo —trabajado durante más de un mes por los equipos negociadores y encallado en los flecos de la reforma del Senado y la ley electoral— lo tuvieron que cerrar él y Rajoy en un hotel del centro de Madrid. “Decidimos cerrarlo mano a mano, los dos solos. No podíamos echar por tierra lo conseguido”.

La reunión duró más de dos horas, no trascendió a la opinión pública y sirvió para sellar un acuerdo que llevó al popular de nuevo a la Moncloa. “Fue clave el hecho de que Ciudadanos no pidiera ministerios y dejáramos los puntos más conflictivos para el final. Rajoy me ofreció la vicepresidencia, pero preferí rechazar la propuesta”. Sobre esa oportunidad, sí reflexiona Rivera. “Dicen que hay trenes que solo pasan una vez en la vida. Seguramente este fue uno de ellos, pero se trataba de un tren que olía a pólvora”. Explica que un “empresario importante” le recomendó que aceptara —“al Gobierno le conviene un tándem de dos políticos tan diferentes”, insistió—. “Visto lo visto, no me arrepiento”, asegura, recordando la moción de censura que descabalgó a Rajoy tras la condena al PP por el caso Gürtel.

Los dos dirigentes tuvieron sus más y sus menos, pero la faceta más cordial de la relación llegó cuando dejaron la vida pública. “El día de mi dimisión me envió un mensaje de apoyo en el que aseguraba que hay vida más allá de la política”. Después de aquello, tal y como cuenta Rivera, han almorzado juntos algún día, han conversado sobre asuntos familiares y han recuperado el contacto.

"Rajoy se ha convertido en una figura más respetada. Visto lo visto, muchos hubieran preferido lo malo conocido que lo bueno por conocer"

Con seguridad, Rivera acerca posturas con el expresidente en su libro más de lo que lo hizo nunca públicamente. “Tras abandonar la política, ha convertido sus debilidades en fortalezas. El mismo Rajoy que en 2015 era un obstáculo para la regeneración y las reformas, y que no tomaba las decisiones ágiles que el país necesitaba, con el paso del tiempo, la convulsión política, la fragmentación parlamentaria y un Gobierno podemizado, se ha convertido paradójicamente en una figura más respetada. Era un hombre previsible y poco amante del cambio; y visto lo visto, una parte de los españoles hubiera preferido lo malo conocido que lo bueno por conocer”.

Con respecto al actual líder del PP, al se enfrentaría en las urnas en abril y noviembre del año pasado, Rivera reconoce que la relación ha sido “lineal y coherente” con los papeles que ambos desarrollaron. Le agradece públicamente, como ya hizo en privado, la mención desde la tribuna del Congreso (“Ojalá usted fuera la mitad de patriota que Rivera”, le espetó Pablo Casado a Pedro Sánchez), pero no escatima en remarcar las diferencias entre ambos. “Nos conocimos en algunas tertulias. Él era portavoz de las Nuevas Generaciones del PP y, posteriormente, vicesecretario de Comunicación. Le vi defender con aparente convicción lo que a muchos nos parecía indefendible: los casos de corrupción de su partido. Siempre pensé que menudo papelón le había tocado. Era joven y amable”.

En su relato sobre las relaciones personales con el resto de líderes políticos, también aparece Pablo Iglesias, al que le unía además de una generación de nuevos políticos, la puesta en marcha de una plataforma civil que en poco tiempo se convirtió en partido político, y llegaron al Congreso al mismo tiempo, en 2015. “Habíamos coincidido en algunas tertulias. Nuestros equipos estaban formados por gente muy joven que dominaba la comunicación y lenguaje de internet. La cercanía generacional y las afinidades en la forma de comunicar deberían habernos permitido mantener una relación, si no estrecha, al menos periódica pese a nuestras diferencias. Pero la distancia ideológica dificultó la conversación y el diálogo”.

No es una sorpresa la descripción que hace de Santiago Abascal, con quien en estos momentos comparte pocos puntos de vista, casi ninguno a excepción de la defensa de la unidad de España, aunque no esconde que su relación es “contradictoria”. Ambos se conocieron en 2008, cuando el hoy presidente de Vox todavía era diputado autonómico del PP. “Como a otras muchas víctimas de ETA, siempre le mostré mi apoyo. También coincidimos en una concentración en Cataluña en defensa de la Constitución y la unidad de España”. Pero, continúa Rivera, “me cuesta reconocer al Abascal que yo conocí en los discursos que pronuncia ahora, especialmente en los que tratan de inmigración, asuntos LGTBI, aborto o uso de armas de fuego”.

Fotografía de archivo del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el exlíder de Cs Albert Rivera. (EFE)
Fotografía de archivo del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el exlíder de Cs Albert Rivera. (EFE)

Los dos errores y "el adversario Sánchez"

“Entre los adversarios políticos, destaco al actual presidente del Gobierno. Nuestra relación fue de más a menos y de menos a nada”. A pesar del acercamiento en 2016 con el 'pacto del abrazo' (condenado al fracaso desde el primer momento), la historia de ambos es una ruptura de puentes continua. El exlíder de Ciudadanos cita como el punto de inflexión final la sesión de control en la que instó a Sánchez a hacer pública su tesis doctoral en mitad de la polémica suscitada por aquello. “Le cambió el gesto. Apretó la mandíbula y dijo te vas a enterar”. Pocas semanas después, relata Rivera, recibió la llamada del director de un medio de comunicación “y me aconsejó que tuviera cuidado, que Sánchez estaba muy molesto”.

El que fuera presidente de Ciudadanos insiste en que el veto al PSOE en la campaña de las generales de 2019 no fue un error. Más aún, “hablar claro y decir lo que íbamos a hacer”, defiende, les llevó al mejor resultado de su historia (57 diputados, a solo nueve del PP). Para Rivera, la estrategia del PSOE empezó en mayo de aquel año. “Negociaban con Podemos y a la vez pedían nuestro apoyo. Negociaban con su socio preferente y recababan el apoyo de los independentistas, mientras en privado, con los agentes económicos y los principales grupos de comunicación, afirmaban que querían pactar con Ciudadanos”.

Cometimos dos errores evidentes. El primero, no darnos cuenta de que Sánchez y su entorno habían trazado una estrategia desde principios de verano para ir a segundas elecciones. Deberíamos haber dejado en evidencia que el presidente no quería ningún acuerdo con nosotros”, asume Rivera, en lo que llamó durante la presentación del libro este martes en Casa América —a escasos metros del Congreso— “no haber desenmascarado a Sánchez”. El segundo error, continúa en el capítulo nueve, “fue abrir la mano públicamente a negociar no solo con el PP sino con el PSOE, para desbloquear la situación tras las elecciones de noviembre”. Es decir: el error, dice Rivera, fue precisamente levantar el veto y proponer un gran pacto a tres.

España

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
27 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios