EL EX NÚMERO 2 DE INTERIOR, CLAVE EN KITCHEN

Paco Martínez, la mina a la deriva que amenaza al PP

Letrado de las Cortes y exsecretario de Estado. Es el personaje de la semana. Excompañeros y rivales coinciden en su "seriedad" y "solvencia". Le justifican: "Intenta salvarse"

Foto: El exsecretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, en el Congreso. (EFE)
El exsecretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, en el Congreso. (EFE)

Se ha convertido en el protagonista de la semana y ha encendido todas las alarmas en el viejo PP. Francisco Martínez Vázquez (Madrid, 45 años) —todos le llaman Paco— es una mina a la deriva. Amenaza con tirar de la manta en la operación Kitchen, la pieza separada del caso Villarejo que investiga el espionaje a Luis Bárcenas y en la que, por ahora, él es el único político imputado. El terremoto ya ha llegado y todas las miradas se dirigen a él. Los mensajes de su móvil, guardados como oro en paño, han servido a la Fiscalía para pedir investigar al exministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y a la que fuera secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal. El cerco se estrecha también sobre Mariano Rajoy.

Es difícil encontrar a alguien que hable mal de Paco dentro del PP, en el Congreso o incluso entre dirigentes de otros partidos rivales que trataron con él como secretario de Estado de Seguridad y después como diputado. Todos los contactados por este diario coinciden en destacar su seriedad y solvencia. Y ese afán suyo por echar una mano si estaba en la suya. "Probablemente ese fue su problema", dicen.

Al exministro del Interior lo conoció por casualidad en la Cámara Baja. Charlaron, se cayeron bien. Fernández Díaz era entonces vicepresidente tercero de la Mesa (IX legislatura) y Paco Martínez, letrado en las Cortes. De esos asistentes jurídicos que destacan desde el primer minuto. Al exministro le ocurriría lo mismo que al presidente del tribunal de su oposición. Se quedó boquiabierto. "Paco era un cerebrito absoluto", insisten algunos testigos de aquel momento.

"La lealtad está en su ADN. Y ese afán suyo por echar una mano si estaba en la suya. Probablemente, ese fue su problema"

De fuertes convicciones católicas, otra coincidencia con su jefe, estudió en el colegio Nuestra Señora del Recuerdo —también conocido como los jesuitas— donde han estudiado sus tres hijos. Una vez al año, habitualmente en las vacaciones de Navidad, todos se desplazaban a México, de donde es su mujer, para reunirse con la familia.

Ingresó en el Cuerpo de Letrados de las Cortes Generales en 2004 y fue el número uno de su promoción. Un año después acabó siendo nombrado director de relaciones internacionales de la secretaría general del Congreso. Y hasta que Fernández Díaz le nombró director de su gabinete, en 2012, daba clases de Derecho Administrativo en ICADE, universidad por la que se licenció en Derecho, primero, y Ciencias Económicas y Empresariales, después. Ahora imparte clases de Derecho Constitucional. Sus alumnos le reconocen "exigente", aunque goza de gran aprecio dentro y fuera del aula. "Es un tío muy normal y muy de ayudar a todo el mundo que puede", aseguran distintas personas que trataron con él estrechamente. Donde ya no acude a trabajar es al despacho con el que colaboraba, 'Next Abogados'. "Ya no trabaja aquí", dicen al otro lado del teléfono. Otra puerta cerrada.

Desde que inició la andadura con Fernández Díaz su carrera fue en ascenso. Paco siempre estaba ahí, dispuesto a mirar lo que fuera, a trabajarse un tema, a echar un cable en lo que hiciera falta. La lealtad, según dicen los que trabajaron con él, forma parte de su ADN. Él mismo la destacó en un mensaje que envió a Teodoro García Egea en 2019, cuando todo había estallado, para buscar refugio en las listas de la Asamblea de Madrid. Quería seguir aforado y contar con algún tipo de protección. "Soy comprensivo, leal y comprometido. Precisamente por eso me he metido en este lío. Por eso y nada más". No obtuvo respuesta.

En 2013 fue nombrado secretario de Estado de Seguridad tras la salida de Ignacio Ulloa. Soraya Sáenz de Santamaría informó del nombramiento tras un Consejo de Ministros. Muchos en el partido señalan que la elección de Paco también fue suya.

Se le considera uno de los artífices de la ley de seguridad ciudadana aprobada en 2015. Descubrió el yihadismo al acceder al puesto y le apasionó. También se volcó especialmente con el asunto de los refugiados y el asilo. Devoraba libros, hablaba, compartía impresiones, debatía. "Era listo y no improvisaba. Sabía lo que decía, lo que proponía y lo que defendía en todo momento", asegura un excompañero.

El exministro del Interior, Jorge Fernández Díaz (d), junto al que fuera su número dos, Francisco Martínez (i). (EFE)
El exministro del Interior, Jorge Fernández Díaz (d), junto al que fuera su número dos, Francisco Martínez (i). (EFE)

También dirigentes socialistas ponen el foco en la "profesionalidad" y en el "peso" que tenía en el Ministerio por sus conocimientos, "a diferencia del ministro", que era amigo íntimo de Rajoy. "Era capaz de mantener una conversación en inglés o francés con un experto en ciberseguridad o dar una conferencia con reputados profesionales sobre los delitos de odio. Daba igual. Siempre sobresalía". "La verdad es que se curraba cada papel", cuenta un diputado del PSOE. Todos coinciden, eso sí, en la "excesiva seriedad": "A veces parecía más un sepulturero que un secretario de Estado".

Sus más estrechos colaboradores no vacilan al recordar su dedicación. "Daba igual que fuera viernes y acabara a altas horas de la noche. No dejaba de leer ninguno de los informes que sus asesores le elaboraban sobre cualquier asunto del Ministerio. Iba siempre un paso por delante. Cuando alguien le planteaba algo, él ya lo había meditado. Controlaba los pros y contras. Hacía jornadas maratonianas. Sacrificó mucho", recuerdan. "Era un gusto aprender a su lado. No solo por su inteligencia, también la capacidad dialéctica que tenía y su humor, mordaz y sencillo a la vez".

"Daba igual que fuera viernes y acabara a altas horas de la noche. No dejaba de leer ninguno de los informes que sus asesores le hacían"

Con el fin de la legislatura, las nuevas elecciones y la salida de Fernández Díaz del Gobierno (Juan Ignacio Zoido ocupó a partir de 2016 la cartera de Interior), Martínez concurrió por la lista de Madrid al Congreso y fue elegido diputado hasta mayo de 2019. Su relación con el ministro iba más allá del cargo. Viajó a Barcelona a visitarle cuando estaba convaleciente tras una difícil intervención. Pero también se le atribuye una buena relación con la otrora todopoderosa vicepresidenta, cuyo equipo más cercano dentro del Gobierno se componía de secretarios de Estado, especialmente en aquellos ministerios donde no compartía una buena relación con el titular.

Lo que todos recuerdan bien es cómo le cambió la cara en los últimos meses de la legislatura. Arrastraba preocupación en la mirada. Esa angustia imposible de disimular cuando algo te pesa demasiado. La investigación de la pieza Kitchen estaba en marcha y, por eso, dicen muchos ahora, "empezó a moverse". Pidió un hueco en las listas, primero a Rajoy y después a la dirección actual. "Se dio cuenta de que nadie iba a salvarle. Cada uno va a lo suyo y él intenta defenderse. Solo eso. Se está preocupando por él, por su familia. Es muy joven", dicen en el PP. Los problemas no dejaron de crecer, y mientras sus superiores intentan desvincularse de las decisiones, algunos señalan la relación de amistad que mantenían Paco y el mismo Villarejo. Incluso, dicen, las mujeres de ambos hicieron buenas migas.

El ex número dos de Interior, Francisco Martínez (i). (EFE)
El ex número dos de Interior, Francisco Martínez (i). (EFE)

Hasta el momento Martínez, imputado en enero de este año, se ha negado a declarar. Tras levantarse el secreto del caso volverá a ser citado y todas las miradas se centran ahí. En algunas conversaciones recogidas en el sumario, el exsecretario de Estado da por hecho que el caso crecerá y las imputaciones podrían llegar incluso a Rajoy. "Te garantizo que si yo tengo que declarar también irán JFD (y probablemente MR)", decía en una de ellas. En otra afirmaba: "La pieza seguirá creciendo porque llamarán a Jorge (como mínimo)", y remataba en una tercera llamando directamente "miserables" tanto a Rajoy como a Fernández y Cospedal. "Solo intenta salvarse. Nadie puede juzgarle", zanjan los que le conocen.

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