Para el PP

Interior dispuso de 70 agentes y tecnología de escuchas para espiar a Bárcenas

El sumario concluye que los hombres a cargo del comisario Enrique García Castaño, 'el Gordo', participaron, en mayor o menor medida, en la operación ilegal entre julio de 2013 y febrero de 2014

Foto: Luis Bárcenas. (Reuters)
Luis Bárcenas. (Reuters)
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El espionaje del Ministerio del Interior en la última etapa del PP al extesorero del partido Luis Bárcenas no reparó en medios, personal y gastos. El objetivo pasaba por localizar, al margen de la Justicia, la documentación en poder del antiguo gestor de los fondos del partido y salvar a la formación. El operativo irregular, considerado una trama parapolicial desplegada bajo la dirección de altos cargos del Estado, empleó a más de 70 agentes, realizó más de medio centenar de seguimientos y utilizó tecnología punta para rastrear móviles. Todo, al servicio del partido que en aquellos años dirigía el Gobierno de la nación.

Interior dispuso de 70 agentes y tecnología de escuchas para espiar a Bárcenas

El sumario sobre la presunta caja B del PP, la investigación abierta por el Juzgado Central de Instrucción 5 de la Audiencia Nacional a raíz de los conocidos como papeles de Bárcenas, dedica una pieza completa a analizar el dispositivo. En la documentación, a la que ha accedido El Confidencial, se incluye el listado de funcionarios que estuvieron a cargo de los seguimientos, desde comisarios de alto rango hasta inspectores, oficiales y agentes de a pie. El sumario concluye que los hombres bajo el mando del comisario Enrique García Castaño, 'el Gordo', participaron, en mayor o menor medida, en la operación ilegal entre julio de 2013 y febrero de 2014. Precisa, eso sí, que no es posible señalar "con carácter taxativo" las personas concretas que participaron en cada una de las vigilancias salvo aquellas "notas de servicio en las que aparecen expresamente". Emplearon el Sistema Integrado de Interceptación de Telecomunicaciones, utilizado por Policía y Guardia Civil y que requiere para su uso del visto bueno judicial.

Al dispositivo se sumaban hasta siete “colaboradores” y, en una nota interna, Villarejo reflejó el curso del control de la trama sobre LB (Luis Bárcenas). Los apuntes corresponden aparentemente a una dación de cuenta a un superior jerárquico. La finalidad queda clara: "Localización de documentos, así como el descubrimiento de actividades de interés policial-judicial, del objetivo (LB)", y averiguar "la posible ubicación de documentación que LB tendría oculta en un escondite solo conocido por él". En esa nota, se esboza una intención futura de dar cuenta de los posibles descubrimientos a la Justicia, pero la Audiencia Nacional nunca llegó a enterarse.

En el centro de la trama, un 'agente doble' para acercarse al corazón de los Bárcenas: el chófer de la familia, Sergio Ríos, que fue reclutado e informó de todos los movimientos, sustrayendo datos privados y documentos a cambio de 2.000 euros mensuales y la promesa de que le introducirían en la Policía, como finalmente sucedió. "Me pareces un tío que aprende con una rapidez que te cagas...", le alaba Villarejo en una de las reuniones que mantuvo con él. "Tú habrás visto que yo achucho poco y que... Pon 2.000, no 200, ¡mamón!", le incidía sobre el dinero que debía cobrar, que terminó por superar los 53.000 euros a cargo de los fondos reservados del Estado.

Sergio Ríos era K2 y se mostraba “inseguro” en ocasiones. En otra de esas charlas que incluye el sumario, se evidencia esa falta de práctica al explicar cómo trató de comprobar números de teléfono en el móvil de la mujer de Bárcenas, Rosalía Iglesias, llamándose desde su aparato a sí mismo. "Me llamé a mí mismo porque me dije a mí, ‘coño, búscate la vida". "Bueno, vale, pues me voy a tirar al barro y diciendo que no encuentro mi teléfono me voy a llamar a mí mismo", cuenta. Pero el móvil de Iglesias no funcionó. "Llamada no autorizada y luego para borrarlo no veas lo que me costó hasta que borré mi número…. Encima era el bolso de la señora, no lo tenía fuera, metí la mano y eso no se debe hacer, porque los bolsos de las mujeres en su desorden ellas lo entienden".

Él fue el hombre clave en los 55 seguimientos que recoge el informe policial, entre los que destaca el del 23 de septiembre de 2019, en el que se empleó el Sistema Integrado de Interceptación Telefónica (Sitel), una herramienta utilizada por la Policía Nacional para interceptar y grabar las comunicaciones telefónicas, así como para seguir los movimientos de un dispositivo. Ese día, los policías siguieron al chófer y la mujer de Bárcenas desde las nueve de la mañana hasta las siete y media de la tarde, pero pasado el mediodía, perdieron su rastro. "El Alfa Romeo con Sergio conduciendo arranca y se le pierde de vista. Sin embargo, minutos después se indica textualmente lo siguiente: 12:09 h. (Sitel). El teléfono del gitano registra posición en las inmediaciones del hospital psiquiátrico".

Esa es la única referencia a Sitel en el informe de seguimientos, que se produjeron entre el 25 de julio y el 11 de octubre de 2013, y el 12 de febrero de 2014. Para entonces, Bárcenas ya se encontraba en prisión provisional, así que los hombres de García Castaño se convirtieron en la sombra de su mujer. Desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la tarde, el control de sus movimientos era absoluto, vigilando todas las personas con las que se reunía y los lugares a los que acudía, ya fuese su domicilio o la cárcel de Soto del Real, donde se encontraba el extesorero. Restaurantes, peluquerías, establecimientos de telefonía, sucursales bancarias... Todos los lugares se anotaban, además de los vehículos en los que se desplazaban: "Ranchera negro", "Audi A8", "Alfa Romeo"...

La obsesión por localizar el lugar en el que Bárcenas guardaba documentación sensible llegó a tal punto que los agentes comenzaron a indagar en todas las personas con las que se relacionaba su familia. En el informe se menciona así a Javier Gómez de Liaño, abogado del extesorero del PP, pero también a personas secundarias con las que se reunía su mujer, como su socia en la galería de arte, la hija de esta o una amiga suya que vivía en el mismo edificio que el periodista Pedro J. Ramírez, al que también se menciona en las vigilancias. En la misma línea, los agentes estrecharon el cerco en torno a los hijos de Bárcenas, buscando cuentas que pudieran estar a su nombre para ocultar la fortuna del extesorero.

El sumario incluye referencias a Mariano Rajoy, pero se establece su posible conocimiento sobre la operación Kitchen con base en una conversación entre Villarejo y el Gordo en la que la es el primero quien da por hecho que lo sabía. La Policía analiza esta charla y concluye que la coordinación de la trama correspondía al entonces secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, imputado en la causa, y que de ella tenía conocimiento el 'Asturiano', mote del expresidente del Gobierno. Con estas alusiones como telón de fondo, los investigadores tratan de averiguar hasta qué nivel llegó el operativo, para lo que la Fiscalía Anticorrupción ya ha pedido la imputación de la que fuera secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal, y del entonces ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Tuvieran o no conocimiento de Kitchen, el objetivo del despliegue era claro: que los secretos de Bárcenas sobre el PP y sus dirigentes jamás salieran a la luz.

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