LAS DOS ETAPAS DEL PARTIDO

El PP teme un calvario judicial por los casos heredados de Rajoy y lucha por separarse

Casado insistirá en que ningún implicado permanece en política y separará las dos etapas del partido. Pero los casos del pasado vuelven a sacudir los cimientos de los populares en un mal momento

Foto: Reunión del comité de dirección del PP.
Reunión del comité de dirección del PP.

La lluvia de titulares no ha hecho más que comenzar. Desde que el juez levantara el secreto de sumario de Kitchen, la pieza del caso Villarejo que investiga el supuesto espionaje a Luis Bárcenas —impulsado por el propio partido y utilizando recursos del Estado—, la formación que ahora preside Pablo Casado ha vuelto a reencontrarse con la sombra de Gürtel, del comisario y de la corrupción. El mensaje que quiere trasladar la actual cúpula está claro y no va a cambiar: ni Casado ni ningún miembro de la dirección están implicados ni tienen relación con el asunto.

En Génova, saben que las informaciones continuarán y, por eso, se van a empeñar en ser didácticos y separar las dos etapas del partido. Este martes, el presidente de los populares insistió en la presunción de inocencia y en la confianza en la independencia del sistema judicial, a la espera de lo que el magistrado decida. El fiscal ha solicitado en su escrito la imputación de dos pesos pesados de la ‘era Rajoy’: el exministro del Interior Jorge Fernández Díaz y la entonces secretaria general de los populares, María Dolores de Cospedal.

Pero el líder del PP tampoco quiso dejar un atisbo de duda: “La investigación se refiere a los años 2012 y 2013, cuando yo era un diputado por Ávila y no tenía ninguna responsabilidad en el partido”. En realidad, su entrada en el comité de dirección llegaría dos años después, en 2015. El PP tenía que renovarse y afrontar una cita electoral a finales de ese año, compitiendo con nuevos partidos como Ciudadanos. Casado asumió la Vicesecretaría de Comunicación e introdujo al partido en las tertulias a las que, como se decía entonces, nadie más quería ir. Acudía a platós de todas las cadenas a defender al PP en los momentos más duros y para responder sobre cuestiones que él mismo desconocía.

El otro elemento al que se agarra el PP, y continuará haciéndolo para probar la desvinculación con esta investigación, es que todas las personas que aparecen señaladas no están ya en política. No solo no tienen un cargo electo ni dentro del partido, sino que directamente fueron apartadas de las listas electorales.

El PP teme un calvario judicial por los casos heredados de Rajoy y lucha por separarse

De hecho, el exsecretario de Estado de Fernández Díaz, Francisco Martínez, cuyos mensajes en WhatsApp aparecen reflejados en el escrito de Anticorrupción, se puso en contacto el 25 de marzo de 2019 con Teodoro García Egea, número dos del PP actual. El objetivo era encontrar un hueco en las listas electorales, al menos en la Asamblea de Madrid, después de ver publicado en el diario ‘El Mundo’ que no contaban con él ni con el ministro, precisamente por el caso Kitchen. “Quedarme tirado y marcado como un corrupto por los míos me hace un daño irreparable. Hay opciones. Podría ser igual de leal con el presidente y contigo”, añadía. Egea ni siquiera respondió al mensaje. Ninguno de los dos concurrió en ninguna lista electoral.

El PP actual no estaba, pero la mochila de las siglas vuelve a pesar. Casado ya aseguró ayer que la marca del partido no se verá dañada y se despachó señalando a los rivales políticos: “Que le pregunten a Sánchez si el PSOE tiene viabilidad política tras el caso de los ERE”. No solo eso. Fuentes del partido reconocen que las noticias vuelven a llegar en el peor momento, cuando toda la atención debe estar puesta en la gestión de Sánchez de la pandemia, la vuelta a las aulas y los problemas que siguen naciendo en el Gobierno de coalición. A eso se suma la confirmación de que la Fiscalía de Madrid cree que la investigación sobre la financiación de Podemos debe circunscribirse a su relación con Neurona, la consultora cercana a Juan Carlos Monedero.

El PP teme un calvario judicial por los casos heredados de Rajoy y lucha por separarse

No es la primera vez que Casado pasa por esto. En septiembre de 2019, justo hace un año, la nueva cúpula volvía a entonar la “presunción de inocencia” tras la imputación de Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes en Púnica. El juez Manuel García Castellón (el mismo que dirige el caso Tándem) consideró que Aguirre “supervisaba” la caja B del PP madrileño, mientras que a Cifuentes se la investigaba por una adjudicación irregular de la cafetería de la Asamblea. “Apelamos a la presunción de inocencia”, repetían entonces desde la cúpula del actual presidente del PP. Insistían en que se trataba de “otra época”, al tiempo que reconocían un cierto hartazgo por tener que cargar con asuntos de otro momento. La historia se repite.

Casado llegó además a la presidencia del PP con una campaña en la que defendía “un proyecto de renovación” —consciente de que sus dos principales competidoras pertenecían a la etapa anterior— y dejando claro que “en este partido que yo propongo no va a caber un solo corrupto”. Fue una de las principales líneas de su candidatura, siempre insistiendo en la “honestidad” de la formación, pero con la mente puesta en soltar lastre.

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