PUGNA POR LA GESTIÓN DE LA PANDEMIA

PSOE y PP convierten a Madrid en el tablero de su batalla política

Casado respalda y arropa a Ayuso y Sánchez refuerza el partido en la Comunidad para endurecer la oposición, a la espera del rumbo que tome Ciudadanos

Foto: Ilustración: El Herrero.
Ilustración: El Herrero.
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El jueves, Íñigo Errejón, portavoz de Más País, aprovechó su conversación telemática con Pedro Sánchez sobre los Presupuestos para pedirle que hiciera algo con la Comunidad de Madrid, porque la situación es insostenible.

Le explicó que, en su opinión, no pueden seguir aumentando los contagios, ni la sensación de caos en la vuelta al colegio. Errejón entiende que la táctica de corto plazo, de dejar todo en manos de las comunidades y desentenderse, puede dar una victoria política inmediata a Sánchez, pero a costa de tomar a los ciudadanos como rehenes. Especialmente, los de Madrid.

El presidente del Gobierno respondió a la referencia de Errejón a Madrid con una especie de guiño y con palabras genéricas como que, en su opinión, las comunidades no lo están haciendo mal y que solo ellas podrán pedir y gestionar los ya eventuales estados de alarma.

Madrid ha sido siempre para los principales partidos un asunto de política nacional y, al tiempo, ha sido siempre para ellos un foco de inestabilidad interna y de un cierto descontrol orgánico.

Mariano Rajoy dijo aquello de "joder, qué tropa" en referencia a sus dirigentes de Madrid; y Felipe González, todopoderoso líder del socialismo en tiempos de mayoría absoluta hegemónica, siempre lamentó no haber podido controlar nunca la entonces llamada FSM (Federación Socialista Madrileña).

Los presidentes autonómicos de la Comunidad de Madrid eran líderes nacionales con vida propia y tan influyentes y activos como Joaquín Leguina, Alberto Ruiz-Gallardón o Esperanza Aguirre, entre otros. Incluso, antes de todo lo "suyo", Cristina Cifuentes fue vista como una de las posibles sucesoras de Rajoy, por increíble que resulte ahora. El centralismo de los medios pone siempre el foco en Madrid, casi tanto, como en el Gobierno central y el Congreso y eso sobreexpone a sus dirigentes.

Ahora el PP de Madrid carece de cabeza orgánica, el presidente provisional sigue siendo el eterno Pío García Escudero y hasta enero no habrá un congreso que elija una dirección de la confianza de Casado y su secretario general, Teodoro García Egea.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso y el alcalde de la capital, José Luis Martínez Almeida. (EFE)
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso y el alcalde de la capital, José Luis Martínez Almeida. (EFE)

Las dos cabezas institucionales del PP de Madrid son la presidenta Isabel Díaz Ayuso y el alcalde José Luis Martínez Almeida y los dos son apuestas personales de Casado. Haber logrado acceder a sus cargos, sirvió a Casado para ocultar unos resultados electorales desastrosos en 2019. Le salvaron.

El líder del PP mantiene su apoyo a ambos. De Ayuso dijo que era el ejemplo de la gestión de los populares, pero a Almeida le ha elegido como imagen y voz de su partido en toda España.

Los presidentes autonómicos de la Comunidad de Madrid eran líderes nacionales con vida propia, influyentes y activos como Aguirre

En el PSOE, da la impresión de que Pedro Sánchez, presidente del Gobierno y líder del partido, no sabe qué hacer con Ángel Gabilondo, quien suele decir de sí mismo que está "enfermo de consenso". O, como dice la broma que circula estos días: "Dos no discuten si uno de ellos es Ángel Gabilondo".

El líder del partido en Madrid es José Manuel Franco, pero compatibiliza ese cargo con el institucional de delegado del Gobierno, en una extraña dualidad en su gestión. Y eso provoca cierta inquietud en la izquierda, por entender que no hay oposición a Ayuso, aunque los dirigentes socialistas atribuyen a 'trolls' una supuesta campaña contra Gabilondo.

Algo de esa inquietud debe compartir Sánchez porque quiere dar una salida a Gabilondo proponiéndole como Defensor del Pueblo. Pero es sabido que Casado ha tomado como rehenes a las instituciones y no las soltará y renovará hasta que no caiga el Gobierno de coalición. Y eso no parece que esté próximo, por lo que no hay salida próxima para Gabilondo.

En ese contexto político, Ayuso decidió lanzarse con entusiasmo, en el inicio de su mandato, a una estrategia basada en la idea del enemigo exterior o el mito del adversario, en el que identificó al Gobierno de Pedro Sánchez. Como en la teoría de los juegos, la ganancia de uno es simple: la pérdida de otro, es decir, si se identifica al otro como culpable de una mala gestión, él es el que pierde y asume la responsabilidad y la culpa. Se creyó "lideresa", como en su momento fueron Aguirre o Gallardón, y quiso confrontar con Moncloa. Ayuso es de ese tipo de políticos que ven un charco y se tiran de cabeza.

Empezó bien la gestión de la pandemia, porque el Gobierno de la Comunidad de Madrid fue el primero, junto al vasco, que cerró los colegios y empujó a Pedro Sánchez a hacer lo mismo en toda España, con la consiguiente declaración del estado de alarma.

Pero a partir de ahí empezó con la estrategia del adversario y con traspiés como el de la dimisión de la directora de salud pública, su apartamento nunca justificado y el desastre en las residencias de ancianos. Pero tenía siempre el colchón de la gestión del Gobierno central, como mando único frente a la pandemia, para poder echarle la culpa.

Ayuso se creyó "lideresa", como en su momento fueron Aguirre o Gallardón, y quiso confrontar con el Gobierno de Sánchez y culparlo de todo

Sánchez cargó con ello hasta que, en junio, se levantó el estado de alarma y los gobiernos autonómicos asumieron la gestión y, por tanto, el coste político.

Políticamente, la jugada táctica del presidente del Gobierno le permite poner en evidencia a ejecutivos autonómicos, especialmente, al de Madrid, sobre el que está situado el foco de los contagios, de los medios y de la confrontación política. Aunque, como sostiene Errejón, eso vaya en contra de los ciudadanos.

El propio Sánchez, que intenta mantener un tono institucional, que evite enfrentamiento entre administraciones, deslizó el martes en la Cadena Ser críticas a la gestión de Ayuso. No habló de ninguna otra comunidad, solo habló de Madrid. Unos días antes, en su rueda de prensa postvacacional habló de territorios y zonas concretas con mayores contagios, pero sin precisar a quién iban dirigidas sus críticas.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

Casado aseguró a finales de agosto que los cambios en el partido buscaban mostrar capacidad de gestión del PP, con Cuca Gamarra, Almeida, Ana Pastor y otros nombramientos. Pero mantendrá sobre él haber puesto de modelo de gestión a Ayuso, aunque intente poner el foco político en la cara más amable del alcalde.

Fuentes de la dirección nacional del PP y del partido en Madrid explican que ese apoyo se mantiene inalterable. Incluso, algunas fuentes aseguran que hay orden de Génova de arropar en lo posible a la presidenta de Madrid.

Ha tomado cierto protagonismo de manera intencionada como portavoz del Ejecutivo autonómico el consejero de justicia e Interior, miembro del equipo de Casado en el PP y exmagistrado, Enrique López. Y otros consejeros del PP han aumentado su presencia pública. Aunque Ayuso no elude la sobreexposición mediática, no va con ella ponerse a resguardo.

Por supuesto, el argumentario popular habla de "ensañamiento" con Ayuso para atacar a Casado. Lo cual, por cierto, es admitir que la presidenta de Madrid es su punto más vulnerable.

Y en el PSOE de Madrid se produjo en julio un movimiento para situar como portavoz adjunto del PSOE a José Cepeda, un veterano miembro del aparato de Madrid. Cepeda tiene la instrucción de dar más mordiente a la oposición. Cuando la cúpula del PSOE dio orden de recuperarle, sabía que fichaba a un defensa central, forjado en la trinchera de las tertulias de televisión, contundente y bregador. De los que meten el pie al adversario si es necesario.

Su mensaje como abanderado del PSOE de Madrid es el de "la incompetencia del Gobierno" y expresiones como la del "peor Gobierno de la Comunidad". Un camino que ya abrió el ahora número dos del PSOE en el Congreso, Rafael Simancas. Todo para darle mayor dureza a la oposición en la Comunidad, sorteando la "enfermedad de consenso" de Gabilondo.

Mientras, en el Gobierno de Ayuso es habitual que sus miembros hablen de decisiones de la "zona azul" y decisiones de la "zona naranja", lo que es simplemente, la forma en la que el Ejecutivo autonómico se divide entre consejerías del PP y consejerías de Ciudadanos, sin que nadie asuma los errores de los consejeros del otro partido de la coalición. Un equipo no parece.

En el Gobierno de Ayuso es habitual que sus miembros hablen de decisiones de la "zona azul" y decisiones de la "zona naranja"

Ayuso presenta las decisiones sobre el nuevo curso escolar y su vicepresidente y dirigente de Ciudadanos, Ignacio Aguado, presenta las de la universidad, como si fueran vías paralelas. "La zona naranja va perfecta. Se ha hecho un Plan de vuelta al trabajo con sindicatos y patronal que están encantados. Un Plan de Transporte y un Plan de Universidad con los rectores haciendo la ola. Pero el Plan de vuelta al colegio es de Ayuso, con Educación y Sanidad", explican en Ciudadanos de Madrid. Con seguridad lo que salve al Gobierno de coalición no será su cohesión interna.

Aguado y Cepeda coincidieron durante tres años en una tertulia de radio, pero no han hablado nunca expresamente de moción de censura. Solo han mantenido conversaciones genéricas en las últimas semanas.

Para lo que ocurra en los próximos meses en la emblemática Comunidad de Madrid hay acontecimientos de política nacional que podrían ser decisivos. Uno de ellos es saber hasta dónde llega la estrategia de Inés Arrimadas con relación a sus acuerdos con Pedro Sánchez. O si prefiere mantener los acuerdos en las comunidades con el PP para sostener la imagen de bisagra. También, cuál será el futuro y la salida de Gabilondo. Y, por supuesto, será determinante la gestión que haga Ayuso de la pandemia, hasta dónde llegue su desgaste y si tiene que tomar decisiones impopulares y duras.

Quizás, analizado con la visión táctica de Sánchez, para el presidente del Gobierno es mejor que siga ese deterioro de la imagen de la gestión de Ayuso y, por asimilación, que Casado siga cargando con sus frases en las que ponía a la Comunidad de Madrid como ejemplo de la gestión del PP. De una sola tacada se desgastan Ayuso y Casado y el PSOE no asume en Madrid el desgaste por la pandemia.

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