Zarzalejos: "La monarquía forma parte de la esencia constitucional. No la van a tumbar"
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Zarzalejos: "La monarquía forma parte de la esencia constitucional. No la van a tumbar"

El columnista de este diario analiza todas las claves del futuro de la monarquía y ve improbable un cambio en la Constitución. Confía en la figura de Felipe VI para superar la crisis de la Corona

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Encuentros El Confidencial

El futuro de la monarquía en el contexto de crisis actual, con los últimos acontecimientos en los que se ha visto envuelto el rey emérito y los retos —nada desdeñables— que tiene por delante Felipe VI se han convertido en uno de los debates más importantes del momento en España. La decisión de Juan Carlos I de abandonar el país y los días que pasaron sin confirmarse su paradero, en pleno mes de agosto, también centraron el interés de la opinión pública este verano.

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l jefe del Estado ha tomado decisiones inéditas en los últimos meses para preservar y dignificar la institución, desvinculándose por completo de su padre. Pero la incógnita sigue. ¿Qué ocurrirá con la monarquía? El columnista de este diario y gran conocedor de la Casa Real, José Antonio Zarzalejos, analizó ayer al detalle todas estas cuestiones en otra edición de ‘Encuentros de El Confidencial’, eventos organizados de manera exclusiva para suscriptores.

La monarquía seguirá en pie

La primera conclusión está ahí. “El contexto actual económico, social e institucional es muy complejo. Si me preguntan si esto afecta a la monarquía, la respuesta es sí. Pero si la pregunta es si va a tumbar a la monarquía, la respuesta es no”. Zarzalejos lo explicó en dos claves. La primera, que la monarquía forma parte de la esencia del pacto constitucional alcanzado en 1978 y la propia Constitución “plantea un auténtico blindaje” en el Título II relativo a la Corona. En segundo término está la figura de Felipe VI, alejada en muchos sentidos de todo lo que ahora representa Juan Carlos I. “Creo que tiene capacidades personales e institucionales para superar esta crisis”, afirmó.

“En seis años Felipe VI ha atravesado situaciones extraordinariamente difíciles. Diría que tan difíciles como las que pasó su padre en 38 años de reinado”. Entre los más relevantes, apuntó el columnista, ocho procesos electorales y un vuelco total en nuestro sistema de representación política. También la crisis de Cataluña, que concernía especialmente al Rey porque él es el símbolo de la integridad del Estado. Los dos factores paralizaron durante un largo tiempo la agenda institucional de don Felipe y en ningún momento, insistió, “se le ha podido imputar una conducta que se desvíe lo mínimo del espíritu constitucional”.

“Creo que Felipe VI tiene capacidades personales e institucionales para superar esta crisis”

Con estos mimbres y sumado a la desvinculación total que ha llevado a cabo (apartando a su padre de la representación de la Corona primero y quitándole la asignación con cargo a los Presupuestos Generales después), Zarzalejos puso el foco en que “la crisis de la Corona se produce por el comportamiento de un rey que ya no es rey”, y que además en 2014 “asumió sus responsabilidades políticas abdicando”. “Hablamos de una persona que no tiene ninguna función representativa, ni simbólica, ni constitucional. Lo que hay son unas conductas reprobables, aún no sabemos si reprochables desde el punto de vista penal, pero que no tiene incidencia en las decisiones del jefe del Estado actual ni en la vida pública”.

Las connotaciones que se asocian a la personalidad de Felipe VI —“preparación, seriedad y fiabilidad en un contexto complejo”— y una trayectoria “intachable” en algo más de seis años de reinado, explicó el analista, auguran también la continuidad de la monarquía.

Blindaje constitucional

Pero no solo. A pesar de que muchas personas puedan defender la llegada de una república, “algo normal en una sociedad plural”, reconoció el columnista de El Confidencial, la celebración de un referéndum para cambiar la forma política del Estado requeriría de unas mayorías y un procedimiento complejo que por ahora se antoja impensable. Como detalló Zarzalejos, abrir un proceso constituyente implicaría un procedimiento agravado de reforma constitucional. Es decir, una revisión completa de la Constitución que tendría que aprobarse por dos tercios de las Cámaras (con la composición actual del Congreso y Senado no sería posible), después se votaría en referéndum y se convocarían elecciones. Ya las nuevas Cortes Generales deberían ratificar esa reforma.

"Abrir un proceso constituyente implica un procedimiento agravado de reforma constitucional"

Más allá de la complejidad constitucional, tampoco piensa el analista que en estos momentos exista una mayoría en la opinión pública que demande ese referéndum. Citó una reciente encuesta del diario ‘El País’ en la que una mayoría de participantes respaldaba la continuidad de la monarquía durante “muchos o bastantes años”. Además, la buena valoración del Rey actual, en los términos comentados antes, alcanzaba el 75% de los encuestados.

“La gente olvida que la forma de Estado ya fue objeto de debate en el proceso constituyente y la monarquía parlamentaria fue respaldada mayoritariamente, también por los nacionalistas y la izquierda. Igual que olvidan que el derecho de autodeterminación también se votó y ni siquiera los nacionalistas vascos y catalanes lo respaldaron”, recordó Zarzalejos, sin dejar de responder a la relación entre el PNV y la monarquía, que a sus ojos no es en absoluto hostil. “La foralidad vasca es puramente monárquica. Puede haber postureo, pero recuerdo que el PNV se ha cuidado mucho de hacer que no prosperaran las mociones que pedían retirar el título de señor de Vizcaya al Rey”.

“El rey Juan Carlos no ha huido”

La crisis reputacional del rey Juan Carlos había llegado a su cota más alta en 2012 tras el viaje a Botsuana. Pero, en realidad, venía de años atrás a causa de las conductas delictivas de su yerno, Iñaki Udangarin, y de la propia imagen de la infanta Cristina sentada en el banquillo por un proceso penal (aunque luego resultara absuelta). En 2014 decide abdicar y a lo largo de este año, tras muchas informaciones publicadas, Felipe VI decide apartarle por completo de la institución. Y es don Juan Carlos quien decide abandonar España, “una decisión formalmente voluntaria, porque materialmente la sugerencia es del Rey”, apuntó Zarzalejos para zanjar una cuestión, convertida ya en un debate nacional: no se trata de una fuga.

"Don Juan Carlos decide abandonar España. Una decisión formalmente voluntaria, porque materialmente la sugerencia es de Felipe VI"

“El rey Juan Carlos no ha huido porque no tiene sobre sí ninguna medida cautelar. No existe ningún procedimiento penal ni administrativo contra él. En resumen, lo que hay es una investigación reabierta a raíz de una pieza separada (Carol) en la que el próximo día 28 testificarán Corinna Larsen y José Villarejo. De esas declaraciones sí podrían deducirse otras actuaciones judiciales. También hay una averiguación prejudicial por parte de la Fiscalía del Tribual Supremo y, en último término, un procedimiento de averiguación del fiscal Bertossa en Ginebra que es el que suministra datos y documentos a la Fiscalía de España.

La desconfianza se produce al pensar que si de esas averiguaciones se deriva un procedimiento penal, el rey emérito no respondería ante la justicia. El analista descartó este extremo por varios motivos: el compromiso de su abogado por escrito y el propio dispositivo de seguridad que acompaña al rey Juan Carlos a los Emiratos Árabes.

“Es muy difícil que regrese a España”

La marcha de don Juan Carlos es a ojos de Zarzalejos una “expatriación punitiva” porque no se produce de manera caprichosa, sino porque su presencia bajo el mismo techo que el jefe del Estado provocaban “un atentado a la estética y erosionaba la reputación del propio Rey”.

“No es fácil que regrese si no hay un cambio de circunstancias absoluto, que debería pasar por una regularización fiscal voluntaria"

Lo que parece claro en opinión del analista es que “no es nada fácil que regrese si no hay un cambio de circunstancias absoluto”. Y ese cambio, explicó, tendría que ver el hecho de que el rey emérito hiciera una regularización de sus bienes tanto en España como en el extranjero en la medida en que estén ocultos a la Hacienda Pública. Es decir, una regularización fiscal voluntaria. Sería igualmente necesario, continúa Zarzalejos, “que no hubiese responsabilidades penales a juzgarse por la sala II del Supremo y se produjese algún otro hecho nuevo, diferente, que permitiese que su estancia en España no fuese un elemento de fricción sobre la reputación de la monarquía”.

Como conclusión sobre la figura del rey emérito, Zarzalejos sí pone en valor que es “un hombre decisivo en el siglo XX y en esta primera parte del siglo XXI” y pidió ser “ecuánimes” en la valoración de sus méritos políticos, como también “rigurosos en la exigencia de responsabilidades” que él trató de hacer ya con la abdicación respecto de sus conductas personales.

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