CAMBIOS EN EL PARTIDO POPULAR

Casado busca ampliar su base electoral y esperar el desgaste del Gobierno

El líder del PP basará su estrategia en una oposición de formas más suaves, sin dar oxígeno a Sánchez y esperando a que caiga con sus errores

Foto: El líder del PP, Pablo Casado (2d), José Luis Martínez-Almeida, nuevo portavoz nacional, la nueva portavoz en el Congreso, Cuca Gamarra (2i), y Ana Pastor, vicepresidenta segunda de la Cámara Baja. (EFE)
El líder del PP, Pablo Casado (2d), José Luis Martínez-Almeida, nuevo portavoz nacional, la nueva portavoz en el Congreso, Cuca Gamarra (2i), y Ana Pastor, vicepresidenta segunda de la Cámara Baja. (EFE)
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Pablo Casado aprovechó este jueves la reunión de la Junta Directiva Nacional del PP para exponer la que será su estrategia política para lo que queda de legislatura: la ampliación de la base electoral de su partido, como única forma de poder ganar unas elecciones y gobernar. Y esperar, con formas más suaves desde la oposición, a que el Gobierno se queme solo, sin darle oxígeno y cuestionando su gestión.

Se trataba de explicar el relevo de Cayetana Álvarez de Toledo al frente del Grupo Parlamentario del Congreso y, más allá de las respuestas veladas a la exportavoz, Casado realizó una declaración de principios y una apuesta estratégica para intentar lograr esa reconquista del centro derecha.

La realidad de las matemáticas y del reparto de escaños deja claro que con tres partidos compitiendo por el mismo espectro ideológico, es imposible una mayoría suficiente para gobernar. El reparto de escaños castiga la división.

Casado busca ampliar su base electoral y esperar el desgaste del Gobierno

José María Aznar, salvando las distancias, lo vio claro en 1990 cuando llegó a la dirección del PP y sumó a todos los pequeños partidos regionalistas con lo que él llamó el proyecto de centro. También Mariano Rajoy siguió esa política para ampliar la base electoral y que sus críticos desde la derecha tacharon de indefinición, con expresiones como 'maricomplejines' y duras críticas a lo que consideraban posiciones blandas.

Aznar y Rajoy tuvieron en común la asesoría de Pedro Arriola, experto en lo que él mismo llamaba “hacerse el muerto”, es decir, ponerse de perfil para no incomodar. De Rajoy también le sirve de ejemplo la oposición que hizo entre 2008 y 2011 a José Luis Rodríguez Zapatero, de formas suaves, pero sin darle oxígeno y esperando a que se desgastase. Así lo hizo respecto a las primeras medidas para hacer frente a la incipiente crisis económica.

El presidente del PP, Pablo Casado (i), y el expresidente del Gobierno José María Aznar. (EFE)
El presidente del PP, Pablo Casado (i), y el expresidente del Gobierno José María Aznar. (EFE)

Se trata de 'no molestar' y no agrupar ni movilizar a la izquierda. Tan importante es esa división del centro derecha que Pedro Sánchez la utiliza para ganar elecciones. Dando protagonismo a Vox y ahora resucitando a Ciudadanos con acuerdos.

Casado lo tiene mucho más difícil que Aznar y Rajoy porque tiene a su derecha a Vox, con 52 escaños, y a Ciudadanos, con 10, y debe intentar sumar a ambos lados. "Cobijar de nuevo a 10 millones de españoles", ha asegurado el líder del PP en su intervención, como objetivo final.

Para ello, según se deduce de su intervención y explican fuentes de su equipo, se trata de limar las aristas que puedan impedir llegar a alguna esquina de su espectro ideológico. Que quepan conservadores, liberales, democristianos y hasta socialdemócratas, según ha concretado Casado en su intervención ante los dirigentes de su partido.

Un ejemplo y un modelo para el líder del PP es Alberto Núñez Feijóo en Galicia, que ha logrado frenar a Vox y a Ciudadanos

Hay multitud de frases en su discurso ante la Junta Directiva para subrayar esa estrategia. Como la que habla de evitar “palabras como puños y trincheras” o la que invoca la necesidad de “empatía”.

Unidas a otras expresiones como “casa común del centro derecha”, "la puerta ancha", “sin convicciones no se puede ganar, sin persuasión tampoco”, “no tenemos vocación de minoría indomable, sino de mayoría imbatible” y “un proyecto transversal y emocionante”.

Un ejemplo y un modelo para el líder del PP es Alberto Núñez Feijóo en Galicia, que ha logrado frenar a Vox y a Ciudadanos y mantiene un partido que cubre todo ese espectro, incluido el de un cierto galleguismo.

Esa estrategia se definió como “galleguizar el PP” tras las elecciones autonómicas de julio. Y fue criticada por Álvarez de Toledo cuando, por ejemplo, señaló en una entrevista a El Confidencial que estaba “encantada de galleguizar el PP si eso no supone no saber si se sube o se baja”.

Aunque la destitución de Álvarez de Toledo reúne otras causas como la de la lucha de poder con el secretario general, Teodoro García Egea, y la excesiva autonomía de la exportavoz, Casado ha marcado la idea clara de que el discurso de Álvarez de Toledo era un obstáculo en esa estrategia de oposición. No era empático, provocaba rechazo y reagrupaba a la izquierda.

El líder del PP esperó a las elecciones gallegas y vascas y ahora, sin más elecciones que las catalanas en el horizonte, intentará esa difícil estrategia. Tiene que intentarlo con Vox en trance de presentar una moción de censura sin salida y con Ciudadanos como socio preferente sobrevenido del Gobierno de PSOE y Unidas Podemos. Y con un sector de los posibles apoyos mediáticos y sociales molesto y crítico con la destitución de Álvarez de Toledo por aquello de la “derechita cobarde” de la que habló Santiago Abascal.

Casado busca ampliar su base electoral y esperar el desgaste del Gobierno

El líder del PP ha dejado claro que su estrategia mira a las urnas y, por tanto, se aleja aún más de la moción de censura anunciada por Abascal. La moción, según la visión de Casado, favorece al Gobierno de coalición porque une a sus miembros. Se trata de combinar la dureza que mantiene con opciones de pacto que, por el momento, rechaza expresamente, para contradecir la versión de su exportavoz.

Incluso ha dado a entender que tenía prevista esta estrategia antes de que la pandemia lo cambiara todo y rompiera “cualquier planificación de legislatura”. Aunque esa tesis no cuadre con el hecho de que mantuvo a Álvarez de Toledo, en contra de la opinión de todos en el partido desde antes de declararse la pandemia.

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