El parricida de Castellón, tras el crimen: "Era la única forma de solucionarlo"
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CABANES, UNA PEQUEÑA LOCALIDAD DE CASTELLÓN

El parricida de Castellón, tras el crimen: "Era la única forma de solucionarlo"

La pobre madre no se explica qué ha sucedido. Reconoce que su esposo llevaba algo raro los últimos días, pero siempre les había tratado a los niños y a ella con delicadeza y amor

placeholder Foto: Los agentes de la Guardia Civil, al llegar al lugar de los hechos. (EFE)
Los agentes de la Guardia Civil, al llegar al lugar de los hechos. (EFE)

El sábado fue un día normal. Miguel Ángel, de 40 años, su mujer, María Ángeles, y los dos niños, Miguel, de 12 años, y Ainhoa, de 10, disfrutaron de una jornada de sol, playa y piscina en Cabanes, una pequeña localidad de Castellón. Los padres de él poseen un pequeño apartamento en una urbanización a escasa distancia del mar. Hace unos días, la familia viajó desde Getafe, en Madrid, donde residen habitualmente, para disfrutar del agua templada y transparente, de las playas sin mucho bullicio, un paraíso, casi como en el Caribe. Solían hacerlo cada verano. Así lo cuentan los vecinos de urbanización: "Parecían la familia ideal. Hasta que ha sucedido esto".

Foto: Foto: EFE.

Por 'esto' se refieren a los luctuosos acontecimientos que arrancan en la madrugada del sábado al domingo. A eso de las tres de la mañana, los cuatro miembros de la familia duermen tranquilos. En una habitación, el matrimonio, y en otra, los niños, en camitas separadas. Miguel Ángel se despierta y sin hacer ruido camina hasta la cocina. Abre el cajón de los cubiertos, coge un cuchillo afilado y con sigilo se cuela en la habitación de los niños. Los pequeños duermen plácidamente. Miguel, el de 12 años, no se da cuenta de nada. No sufre. Su padre le asesta una puñalada en el corazón y fallece al instante. A continuación, con el mismo cuchillo apuñala en el centro del pecho a su hija Ainhoa. Ella tiene más suerte. La cuchillada le da en el pulmón, pero el corazón sigue intacto. El dolor la despierta. Da un profundo alarido. Miguel Ángel deja caer el cuchillo al suelo y escapa de la casa. En el pasillo del domicilio se cruza con su esposa, que ve los restos de sangre en su ropa. "¿Qué has hecho?", le pregunta. "Era la única forma de solucionarlo", le responde él, que sigue su camino como si nada. Sube a la azotea del edificio de seis plantas y sin pensárselo dos veces se arroja al vacío. Muere al chocar contra el suelo.

La centralita del 112 de Castellón comienza a recibir llamadas. Una de María Ángeles suplicando ayuda para la pequeña Ainhoa y para Miguel. Otra, de un vecino de la urbanización que se encuentra el cuerpo del asesino, según describe él, inconsciente y con abundante sangre.

Un padre mata a su hijo, hiere a su otra hija y después se suicida

Los servicios médicos y patrullas de Guardia Civil de Oropesa del Mar y del propio Cabanes llegan con celeridad. Los sanitarios confirman la muerte de padre e hijo, pero a la niña se la llevan con vida. Todavía permanece en la UCI, pero todo apunta a que podrá salvar la vida. Los agentes de la Benemérita se encuentran a María Ángeles en estado de 'shock'. La arropan y le dan consuelo.

Con el paso de las horas, un psicólogo del cuerpo habla con ella. La pobre madre no se explica qué ha sucedido. Reconoce que su esposo llevaba algo raro los últimos días, pero siempre había tratado a los niños y a ella con delicadeza y amor. Los vecinos y familiares de ambos confirman esta versión. Los investigadores revisan su historial médico y tampoco encuentran nada que explique el parricidio, sin embargo, la principal hipótesis ahora mismo es la de una desconexión de la realidad, un brote esquizofrénico, que provocó que Miguel Ángel no supiera exactamente qué estaba haciendo. Su última frase, "era la única forma de solucionarlo", deja sin respuesta el móvil del crimen ni qué estaba pasando por su cabeza cuando empuñó el cuchillo de cocina.

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