crisis del covid-19

Estas 70 ciudades estarían en confinamiento hoy si España aplicara las leyes de Alemania

Merkel pactó con los estados federales aplicar restricciones a nivel local si la incidencia superaba un umbral determinado. Hasta ahora han sido un ejemplo a la hora de controlar la pandemia

Foto: Un hombre cierra su restaurante en Aranda del Duero donde muchos restaurantes y bares han optado por cerrar. (EFE)
Un hombre cierra su restaurante en Aranda del Duero donde muchos restaurantes y bares han optado por cerrar. (EFE)
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Alemania ha sido desde el principio de la pandemia uno de los referentes indiscutibles en cuanto a cómo abordar una crisis sanitaria de este calibre. En abril nadie se explicaba cómo mientras en España o Italia todo estaba ardiendo, ellos seguían tan tranquilos, dejando pasear libremente a sus ciudadanos y sin padecer un número alarmante de víctimas. A día de hoy, sus 9.217 muertes y 221.571 casos están muy por detrás de los registros del resto de Europa Occidental pese a ser un país de más de 83 millones de habitantes.

Por supuesto, la infraestructura sanitaria o los recursos industriales con los que contaban explican parte del resultado, pero el principal pilar de la estrategia se basa en una batería de medidas diseñada por el Instituto Robert Koch y —muy importante— acordadas en consenso entre el gobierno de Angela Merkel y los estados federales.

Es quizá la principal diferencia con la situación en España, donde cada comunidad autónoma es independiente a la hora de evaluar su nivel de riesgo o las medidas a tomar. En Alemania todos los 'länder' se rigen por el mismo umbral: si se registran más de 50 nuevas infecciones por cada 100.000 habitantes en los últimos siete días, un territorio pasa a ser considerado de alto riesgo. Y ahí empiezan las restricciones.

Si España comenzara a seguir este mismo baremo, según los últimos datos epidemiológicos analizados por El Confidencial, estas 70 ciudades de más de 25.000 habitantes se verían obligadas a seguir los pasos de Aranda de Duero (Burgos) o Totana (Murcia) y empezar un confinamiento inmediato en su término municipal, al haber superado ese límite alemán de los 50 nuevos casos en la última semana o 100 en 14 días por cada 100.000 habitantes. A nivel nacional, España superó esos dos umbrales esta semana.

En realidad serían bastantes más de 70, ya que solo hemos podido analizar aquellas CCAA que proporcionan datos al respecto. Por tanto, no están incluidos los municipios de Aragón, Asturias, Baleares, Cantabria, Castilla-La Mancha, Galicia y Navarra. En varias de estas comunidades hay ciudades que están por encima de ese umbral, como Zaragoza, donde el Gobierno aplicó hace semanas medidas para frenar los brotes que convirtieron a Aragón en la región con la incidencia más alta de Europa. Se restringió la movilidad, pero no se confinó la ciudad porque, como explicó el presidente Javier Lambán, es "el motor económico y cultural" de la comunidad.

Ciudades de alto riesgo

Cataluña, Madrid y el País Vasco son las comunidades con más presencia en esta lista: hay 31 municipios catalanes (la mayoría en la zona metropolitana de Barcelona, junto a Lleida la que más ha sufrido los brotes este verano), 14 madrileños y 11 vascos, la mayoría en Vizcaya. Si estas ciudades estuvieran en Alemania, o si España siguiera las mismas normas, todas ellas estarían confinadas, por lo que no resulta una sorpresa que Berlín haya recomendado a sus ciudadanos no visitarlas, y si lo hacen, exigir a los turistas a su regreso una cuarentena de 14 días o un test PCR negativo que tenga menos de 48 horas.

Si estas ciudades estuvieran en Alemania, o si España siguiera las mismas normas, todas ellas estarían confinadas

El 31 de julio emitió la recomendación para Cataluña, Aragón y Navarra, que esta semana amplió a Madrid y País Vasco. Además de España, también han advertido este mes de otras zonas de riesgo como la ciudad de Amberes (Bélgica), varias regiones de Bulgaria y Rumanía o el estado australiano de Victoria.

Aranda de Duero trata de vivir con normalidad la situación creada por el brote de coronavirus. (EFE)
Aranda de Duero trata de vivir con normalidad la situación creada por el brote de coronavirus. (EFE)

Para cuando esas ciudades de "alto riesgo" están dentro de su propio territorio, el gobierno central alemán y los estados federales acordaron la implementación de restricciones, en un principio bastante laxas. Sin embargo, el pasado mes de julio estas normas se endurecieron tras el brote del matadero de Tönnies, que obligó a aplicar un ‘confinamiento suave’ a 640.000 personas en dos distritos de Renania del Norte-Westfalia —junto a Baviera, la región más afectada del país— después de registrar más de 2.000 nuevos contagios.

Kontaktverbot

Durante una semana, estos vecinos volvieron a la misma situación de ‘kontaktverbot’ o prohibición de contacto que Angela Merkel decretó para todo el país el 22 de marzo: todos los establecimientos cerrados salvo los imprescindibles y prohibición de reunirse más de dos personas en la calle, exceptuando al núcleo familiar. Sin embargo, hay que matizar que este ‘kontaktverbot’ no es un confinamiento en sí mismo, ya que los ciudadanos pueden seguir saliendo a pasear, como aclaran los expertos del Robert Koch Institute que han diseñado las medidas antipandemia en Alemania.

Tras el megabrote de la cárnica, Merkel y los 'länder' acordaron que los confinamientos del futuro debían ser mucho más "rápidos, precisos y a pequeña escala", según declaró Helge Braun, jefa de gabinete de la canciller alemana, a la cadena pública ZDF.

Tras el brote de la cárnica, en Alemania acordaron que los confinamientos del futuro debían ser mucho más "rápidos, precisos y a pequeña escala"

Cerrar por completo ciudades como Berlín o Frankfurt ha dejado de estar sobre la mesa, ahora se actúa a un nivel local (o incluso de distrito dentro de la ciudad) y se aprovechan los recursos del país, capaz de realizar actualmente hasta 985.000 test PCR a la semana.

Por ejemplo, el mes pasado se decretó la cuarentena de un edificio de 700 vecinos en Göttingen después de que 120 de ellos dieran positivo por covid-19. Esta semana, el país ha llegado a registrar 1.200 casos en 24 horas —su media de los siete últimos días es de 985 nuevos casos diarios— supuestamente atribuibles a turistas que llegan de vacaciones, y todos ellos han pasado a cuarentena.

¿Estamos confinando bien?

En España, varios municipios han sido obligados a aplicar medidas de distinto tipo. Aragón ideó para Huesca una fase 2 flexible que más tarde endureció, donde los locales de ocio cerraban a las 12 de la noche, el aforo se limitaba al 75% y se restringían las agrupaciones a 10 personas.

Los pueblos de A Mariña, en Lugo, optaron a principios de julio por medidas similares: prohibición de acceso a playas, cierre de parques o restricciones a la movilidad. Lo mismo hizo la Generalitat de Cataluña extendiendo el confinamiento 'light' a siete municipios del Bajo Llobregat, pero las medidas en nuestro país en ningún caso llegan al extremo de Alemania, donde se empieza por cerrar bares o restaurantes. Las localidades 'confinadas' que tiene actualmente Castilla y León (Aranda de Duero en Burgos, Íscar y Pedrajas en Valladolid) tienen medidas similares: se prohíbe entrar o salir, pero dentro de los pueblos la vida sigue siendo parecida. La circulación de personas está desaconsejada, pero no prohibida.

Ignacio Rosell, miembro del comité de expertos de la Junta contra el coronavirus y profesor en la Universidad de Valladolid, explica que "las medidas tenían que ser relativamente proporcionales" a las que se han hecho en otros sitios como Totana o los ya mencionados. "Confinar a todo el mundo en su casa puede ser más efectivo, pero hay unos derechos fundamentales a preservar: no hay que olvidar que Salud Pública propone, pero el juez decide".

Vecinos de Totana hacen cola en el centro de salud para hacerse las pruebas PCR a finales de julio (EFE)
Vecinos de Totana hacen cola en el centro de salud para hacerse las pruebas PCR a finales de julio (EFE)

En Aranda de Duero, que en estos momentos estaría celebrando una nueva edición del Sonorama, algunos vecinos apoyan que un encierro como el del estado de alarma habría sido más efectivo, pero, como señala Rosell, resulta todo un desafío legal. De hecho, el juez, a diferencia de los pueblos vallisoletanos que acataron un confinamiento de 14 días, decretó solo una semana en Burgos, aunque luego la ha ampliado.

Pero en el fondo, estos detalles son secundarios comparados con el principal problema al que se enfrenta España en estos momentos: la carencia de un mecanismo que haga sonar la alarma y obligue a aplicar medidas al traspasar el umbral de riesgo en un municipio, esté donde esté.

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