dos crímenes y una condena injusta

Sonia Carabantes: el crimen que reavivó el 'caso Wanninkhof' y destapó un error judicial

Los casos más mediáticos del país guardaban similitudes y tenían un culpable: Tony King. Pero la Justicia y la opinión pública acusaron injustamente a una inocente

Foto: Rocío Wanninkhof (en la foto) y Sonia Carabantes desaparecieron cerca de sus casas malagueñas en plenas ferias. Aún con años de diferencia, los casos guardaban similitudes y tenían un único culpable. Foto: RTVE
Rocío Wanninkhof (en la foto) y Sonia Carabantes desaparecieron cerca de sus casas malagueñas en plenas ferias. Aún con años de diferencia, los casos guardaban similitudes y tenían un único culpable. Foto: RTVE

Cuando el 14 de agosto de 2003 Sonia Carabantes no regresó a su casa en Coín (Málaga) tras una noche de ferias, nadie pensó que su desaparición cambiaría un caso aparentenemente resuelto tiempo atrás... y la vida de una mujer que había estado más de un año entre rejas pagando por otro delito que no cometió. Dolores Vázquez fue acusada, señalada y sentenciada a prisión como culpable por el asesinato de Rocío Wanninkhof (1999) al haber mantenido una relación sentimental con su madre.

Hicieron falta años y una colilla abandonada en un descampado para que, después de todo, se descubriera que el asesino de las jóvenes de Mijas y Coín aún andaba suelto. La investigación del caso Wanninkhof - Carabantes no solo logró dar caza al británico Tony King (el 'estrangulador de Holloway'), sino que también desveló el fracaso de un proceso judicial que, en medio de la presión pública y mediática, envió a la cárcel a una inocente.

Claves de la investigación

9 de octubre de 1999. Fiestas de Fuengirola. Rocío Wanninkhof, de 19 años, salió de su casa en La Cala de Mijas (Málaga) sobre las 21:00 horas de la noche para reunirse con sus amigos en la feria. Antes había estado en el domicilio de su novio, Antonio José Jurado, con quien también había acordado reunirse en las fiestas. El joven nunca acudió a la cita porque se quedó dormido y a ella se le perdió la pisa esa misma noche.

Su madre, Alicia Hornos, se preocupó al no tener noticias suyas a la mañana siguiente y le pidió a su otra hija, Rosa, que se acercara a la casa del novio de su hermana para descubrir si sabía algo. El joven declaró entonces que no sabía dónde estaba Rocío pero que no se preocuparan porque seguro que se había quedado a dormir en casa de alguna amiga. No fue así, nadie sabía nada de ella. Unas horas después, Hornos decide salir de casa para airearse y dar un paseo por las ruinas. Allí, en un descampado y a escasos metros de la acera, la madre encontró las zapatillas — que enseguida identificó como las que llevaba su hija— y un pañuelo ensangrentado; ambos objetos rodeados de pequeñas gotas de sangre. Los análisis y las muestras de ADN que realizó después la Guardia Civil confirmaron que se pertenecían a la joven.

La investigación dio comienzo entonces y los agentes, además del charco de sangre hallado en el descampado, identificaron unas huellas de neumáticos de lo que parecía ser un vehículo pequeño. Cuando el caso empezó a ser sonado en los medios, un taxista reconoció la zona en la que habían aparecido los restos biológicos de la joven desaparecida y se puso en contacto con los agentes. Al parecer, el testigo aseguró haber circulado por allí ese día y, sobre las 22:00 horas de la noche, se topó con un todoterreno que estaba mal aparcado sobre la acera. Según su testimonio, oyó un "grito" que procedía del coche, tal y como recogió el programa radiofónico 'La Noche' de Cadena COPE.

2 de noviembre. La Guardia Civil y la familia recibieron la peor de las noticias. Wanninkhof dejó de estar en calidad de desaparecida tras hallar su cuerpo en un paraje al lado de las pistas de tenis de los Altos del Rodeo, una zona propiedad del restaurante 'El Rodeíto', a unos 32 kilómetros de donde aparecieron las manchas de sangre (entre Marbella y San Pedro de Alcántara). El cadáver se encontraba en avanzado estado de descomposición, presentaba nueve puñaladas (ocho en la espalda, una en el pecho) y estaba sin ropa, aunque las prendas fueron halladas en unas bolsas de plástico — una camiseta de Nike, pero ni rastro de la ropa interior o de los pantalones —. Junto al cuerpo, uno de los carteles que repartieron los vecinos durante el dispositivo de búsqueda de la joven; un detalle que para los investigadores fue determinante: el culpable conocía a la familia y quería hacerlo notar.

Rocío Wanninkhof.
Rocío Wanninkhof.

7 de septiembre de 2000. La Benemérita detuvo a su principal sospechoso. Dolores Vázquez fue la pareja sentimental de Alicia Hornos, madre de la víctima, y no mantenían una buena relación. Por eso, desde que surgió la teoría de que el autor fuera un conocido de los Wanninkhof Hornos siempre apuntó a su exnovia como posible culpable. Previamente a su arresto, los agentes se habían volcado en la sospechosa — pincharon su línea telefónica y le pusieron una agente infiltrada para que se acercara a ella —. Tras varios días de interrogatorio, Vázquez seguía manteniendo su inocencia alegando que la noche del crimen estuvo cuidando de su madre y que podían cotejar las llamadas que había realizado desde su domicilio como prueba. Con todo, la acusada ingresó en prisión provisional.

Había muchas cosas que no parecían cuadrar hasta que la Fiscalía informó que un estudio de toxicología había revelado que unas fibras encontradas en el cuerpo de la víctima coincidían con las de unas prendas deportivas que, al parecer, la detenida portaba habitualmente. Tras este hallazgo, el juez de instrucción del caso denegó la libertad provisional de la acusada. Para entonces, los familiares de Wanninkhof, la opinión pública y hasta las autoridades ya habían decidido, de forma irrefutable, su culpabilidad. Sin embargo los exámenes realizados por toxicología fueron considerados de dudosa fiabilidad, por lo que se procedió a un segundo análisis de las fibras, dando como resultado la incompatibilidad con las prendas de la acusada. Pese a ello, el magistrado mantuvo a Vázquez en prisión preventiva.

20 de agosto de 2003. Encontraron el cuerpo de una joven desaparecida, Sonia Carabantes, en Coín. Este hallazgo cambió por completo el giro de la investigación del conocido como 'Caso Wanninkhof'.

16 de agosto de 2003. Tony King confesaba ante la Guardia Civil ser el único autor de los asesinatos de Wanninkhof y Carabantes.

Dolores Vázquez, víctima de un juicio irregular

Un año después de su detención, entre el 3 y el 17 de septiembre de 2001, Dolores Vázquez se sentó en el banquillo de los acusados y se enfrentaba a un jurado popular que la señaló como culpable y cuyo veredicto fue posteriormente ratificado por la Audiencia Provincial de Málaga. Dolores Vázquez fue condenada a 15 años y un día de prisión por el asesinato de Rocío Wanninkhof.

Durante las sesiones, el Ministerio Fiscal sostuvo que la noche del 9 de octubre de 1999 Vázquez salió de su domicilio para salir a correr por la zona de su vivienda hasta que se encontró con la joven. Fue entonces cuando la acusada, haciendo uso de algún objeto punzante (un estilete o punzón), la acuchilló varias veces. Después, arrastró su cuerpo hasta unos matorrales para esconderlo y fue al restaurante 'Oasis', situado justo enfrente de su vivienda, para comprar tabaco — una coartada que mantuvo desde el principio y que fue corroborada por el propietario del establecimiento —. A continuación, siempre según la acusación fiscal, la acusada volvió a los matorrales y desplazó el cuerpo de la joven en un coche que, presuntamente, robó a otra persona y, tras ocultarlo unos días en su propia casa, finalmente lo dejó en el paraje en el que hallaron a la desaparecida.

Dolores Vázquez fue la primera sospechosa del crimen por haber sido pareja de la madre de Wanninkhof. Foto: TVE
Dolores Vázquez fue la primera sospechosa del crimen por haber sido pareja de la madre de Wanninkhof. Foto: TVE

Sin embargo, esta versión no fue para nada compartida con la de Pedro Apalategui, abogado de la acusada, quien siempre reprochó ante la Fiscalía la falta de pruebas para culpar a su clienta, alegando, además, que fue ella misma quien se prestó para que comparasen sus huellas con las encontradas en las bolsas de basuras que aparecieron junto al cuerpo de lo adolescente; resultando este negativo. La acusación del fiscal parecía tumbarse también al corroborar que Vázquez había estado en su casa esa noche — rastrearon las llamadas realizadas entonces —, salvo, eso sí, el rato que salió a sacar la basura e ir al 'Oasis' a comprar tabaco.

Entonces, ¿en qué basó la Fiscalía su acusación? En primer lugar, en que Vázquez fue expareja de la madre de la víctima y que tras cortar, no mantuvieron una buena relación. Y, en segundo lugar, en los testigos que arremetieron contra la sospechosa, además de Hornos. Hubo una empleada de Vázquez que aseguró en el juicio que un día vio cómo la mujer clavaba un cuchillo en uno de los carteles que difundieron en el dispositivo de búsqueda de Wanninkhof y una trabajadora de 'Oasis', quien sostuvo que la acusada parecía "muy nerviosa" cuando entró al bar.

El jurado popular estuvo plenamente de acuerdo con la versión defendida por el Ministerio Público y la declararon culpable. Tras conocer la sentencia, el letrado presentó un recurso de apelación ante el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, desde donde ordenaron repetir el juicio al considerar que la decisión del jurado popular se había visto empañada por la repercusión mediática del caso. Finalmente, el 1 de febrero de 2002 el TSJA anuló la sentencia contra Dolores Vázquez al concluir falta de pruebas y la acusada salió al día siguiente de la prisión para mujeres de Alcalá de Guadaira (Sevilla), tras pasar 15 meses entre rejas.

Sonia Carabantes y la colilla destapó la verdad

Era un 14 de agosto de 2003 en Coín (a 19 kilómetros de Mijas), un municipio malagueño que también se encontraba en fiestas. Sonia Carabantes, de 17 años de edad, volvía su casa sobre las cinco de la mañana después de haber estado en la feria. El camino de vuelta lo había realizado junto a una amiga, pero a pocos metros de la casa de la joven, se despidió de ella. En ese estrecho trayecto fue donde Carabantes desapareció.

Al día siguiente, y sin tener noticias de la menor, se encontraron manchas de sangre muy cerca de su domicilio junto a tres objetos de la joven: su móvil, un bolso y un zapato. Poco después, el día 20 del mismo mes, hallaron el cuerpo de la joven oculto bajo unas rocas en un paraje en el municipio malagueño de Monda. Posteriormente, los forenses confirmaron que a joven había muerto estrangulada y había recibido varios golpes en la cabeza. En un principio, las autoridades centraron la búsqueda del culpable en el círculo de la joven.

Según el fallo elaborado tiempo después, y recogido por Efe, el asesino esperó a hurtadillas a Carabantes cerca de su casa para después abordarla y golpearla "en todo el cuerpo". Tras esto, la introdujo en el maletero de su coche y la trasladó hasta la zona descampada donde, desde el interior del vehículo, la desnudó para realizarle tocamientos mientras volvía a golpearla, provocándole tales lesiones que acabaron con su vida. A continuación, la estranguló con su propia camiseta y ocultó el cuerpo entre unas rocas. Además, unos testigos aseguraron haber visto un vehículo blanco que circulaba por esa misma zona aquella madrugada.

Pero aquella noche, mientras el asesino cometía el asesinato, dejó pistas del delito. Días después de encontrar el cuerpo de la menor, los investigadores hallaron restos de ADN en las uñas de Carabantes y una colilla que había sido arrojada en la misma escena del crimen. Aunque a primera vista este cigarrillo pudiera parecer una simple coincidencia, las autoridades advirtieron que también hallaron uno de la marca Royal Crown en el descampado en el que encontraron a Rocío Wanninkhof, cuatro años atrás.

El 1 de septiembre del mismo año se hizo oficial la hipótesis de los agentes acerca de que ambos casos estuvieran relacionados. Ante esta noticia, el abogado de Dolores Vázquez, se mostró esperanzado al conisderar que al fin se podría demostrar la inocencia de su defendida. Solo unos días más tarde los investigadores confirmaron que el ADN de ambas colillas era el mismo y pertenecía a una única persona: Tony Alexander King.

El 'estrangulador' obseso de los Royal Crawn

Los agentes de la Policía Nacional entraron el 16 de agosto de 2003 en un domicilio de Alhaurín el Grande (Málaga) a pena luz del día y salieron con un hombre esposado, escoltado y con el rostro oculto por una sudadera. El detenido era Anthony Bromwich (alias Tony King), un hombre de origen británico de 38 años cuyo ADN coincidía con el extraído de las uñas de Carabantes con una "fiabilidad del 100%", según recogió Cadena Ser. Además, los agentes comprobaron que poseís un coche de color blanco que coincidía con la descripción de algunos testigos del caso.

El ADN en dos colillas llevaron a los agentes a la detención de Tony Alexander King. Fotos: RTVE
El ADN en dos colillas llevaron a los agentes a la detención de Tony Alexander King. Fotos: RTVE

Asimismo, se reveló que King había trabajado años atrás con Dolores Vázquez en un hotel de Marbella y que en 2001 estuvo como empleado de un bar en la urbanización de El Chaparral, en Mijas. Así, las similitudes entre ambos crímenes se volvieron cada vez más evidentes, hasta que finalmente, durante los interrogatorios, el arrestado confesó ante la Guardia Civil que él mató a las dos jóvenes. Su confesión quedó firmada y sellada, pero aún era pronto para afirmaciones. La familia Carabantes, Vázquez y el propio ministro del Interior de entonces, Ángel Acebes, pedían calma y precaución mientras todo fueran especulaciones.

Interior recibió el historial de King ("potencialmente peligroso") en 1998; sabían que estaba en España pero no estuvo controlado

Tras este testimonio, no hubo marcha atrás y las autoridades españolas volvieron a trabajar a contrarreloj, esta vez con la ayuda de Interpol de Reino Unido y el foco mediático calentándoles la nuca, para dar con las pruebas definitivas que inculparan a Bromwich y cerrar por fin el 'caso Wanninkhof'.

Solo unos días después, se dio a conocer el comunicado emitido por las autoridades británicas al Ministerio de Interior destapando el historial delictivo del sospechoso. Tony King, conocido popularmente entre el vecindario londinense como 'el estrangulador de Holloway', había sido condenado en 1986 a una década en prisión por atacar a siete mujeres y estrangularlas para luego agredirlas sexualmente (nunca las violaba). Pero, al parecer, esta no era una información del todo desconocida para Interior, puesto que Acebes admitió que en 1998 llegó a su departamento el historial de King, a quien las autoridades británicas califacaban como "potencialmente peligroso" y lo ubicaban en algún lugar de la Costa del Sol.

Pero King no fue el único detenido por su relación en el caso de Carabantes y, en paralelo a la dentención de este, la Policía Nacional también capturó a un amigo íntimo a quien conoció en prisión: Robert Graham. Los agentes lo apresaron como acusadode encubrir los crímenes de Coín y Mijas, dado que los investigadores siempre sostuvieron que quien arrojó el cuerpo de Wanninkhof al descampado de Altos de Rodeo tuvo que hacerlo con ayuda para superar la valla que había. Graham, también de origen británico, fue puesto en libertad al poco tiempo, pero antes de salir, dejó algunas declaraciones, recogidas por ABC, que podían incriminar a su compañero. Según él, la noche en la que asesinaron a la joven de Mijas, King se presentó en su casa y le confesó "creo que la he matado", aunque las versiones que el expreso dio a las autoridades se contradecían al asegurar primero que fue con él hasta el coche y negar después que hubiera subido al vehículo.

King 'se sentía cazador, las mujeres eran sus presas'. Fotos: RTVE
King 'se sentía cazador, las mujeres eran sus presas'. Fotos: RTVE

Por su parte, Cecilia Pantoja, quien fuera mujer del acusado, declaró ante el tribunal que la noche de la desaparición de la joven de Mijas, él llegó a casa "con la cara destrozada" y heridas en brazos en piernas alegando que había tenido un accidente de coche. Fue ella quien, tras ver por televisión lo ocurrido con Carabantes ató cabos y denunció a su exmarido.

No fue el único, ya que el propio acusado principal también dio bandazos. Primero, alegando que él fue el único responsable de los hechos; después, echando la culpa a Dolores Vázquez — por "pagarlo todo" — y a Graham. Con todo, Anthony Bromwich acabó sentándose en el banquillo de los acusados de la Audiencia de Málaga (noviembre de 2005) y fue condenado a 36 años de prisión por matar a Sonia Carabantes (23 años por asesinato con alevosía, ocho por agresión sexual y otros cinco años por detención ilegal). Según el auto, King actuó "sin compasión", como un "obseso", que provocó un "extraordinario" dolor a la joven con tal de satisafacer sus deseos sexuales. En opinión del tribunal, "al proceder a su estrangulación buscó de manera directa el desenlace final".

En una de las jornadas del juicio, se dio a conocer que King reconoció ante la Guardia Civil durante los interrogatorios que había agredido sexualmente a varias mujeres en distintas localidades de Málaga porque "sentía placer con este tipo de agresiones", y "se sentía cazador, las mujeres eran sus presas". La defensa presentó un recurso de apelación ante el Supremo, que acabó ratificando la condena impuesta un año después.

519 días en prisión: el precio de un error judicial

Justo el día de antes de que se pusiera punto y final al caso Carabantes, el penado había recibido el veredicto del jurado por otro juicio celebrado de forma independiente en los mismos tribunales: 19 años de prisión por el asesinato de Rocío Wanninkhof. Aunque señalaba a King como el autor del crimen, la sentencia del magistrado recogía que actuó "en compañía de otras personas" — lo ayudaron a mover el cuerpo y una de ellas (posiblemente un conocido de la víctima) le ofreció un pañuelo para que se limpiara la sangre — que no se llegaron a determinar.

Se trataba del segundo juicio celebrado por el 'caso Wanninkhof' después de que el TSJA anulara la primera sentencia impuesta por la Audiencia de Málaga en 2001; lo que significaba que Vázquez, al fin, era libre y los cargos contra ella podrían ser sobreseídos. Un deseo que llegó a cumplirse con cierto titubeo de por medio, ya que la sospecha de que hubiera más personas implicadas en el asesinato acechaba y en el juicio King se había encargado de que las dudas apuntasen a su excompañera de trabajo. El acusado alegó haber visto cómo la mujer apuñalaba a la joven y que fue Graham quien posteriormente, concluyendo quél solo fue "un cabeza de turco" y que en realidad no tuvo nada que ver y que fue víctima de una sesión de "hipnosis".

En abril de 2007, y después de que la defensa del 'estrangulador' presentara otro recurso, el TSJA confirmaba la condena contra el acusado rechazando todos y cada uno de los argumentos presentados. Una sentencia que fue de nuevo ratificada, esta vez por el Alto Tribunal, el 14 de septiembre de 2019, agotando así la vía judicial del caso. Solo unos meses más tarde, y con King cumpliendo condena en la prisión de Albolote (Granada), las autoridades informaron del fallecimiento de su hija, de 10 años, tras caerse a la piscina de su vivienda en Calahonda.

Actualmente, Anthony Bromwich (alias, Tony Alexander King) sigue cumpliendo sus 55 años de condena en la cárcel de máxima seguridad de Herrera de la Mancha, en Ciudad Real.

Tras ser exonerada de toda culpa, la defensa de Dolores Vázquez solicitó una indemnización de cuatro millones de euros por haber sido injustamente condenada y haber pasado 519 días entre rejas por un crimen que no cometió, aunque años atrás denegó la oferta de 120.000 euros que le ofreció el Ministerio de Justicia. En 2015, el Supremo rechazó por completo esta demanda. Vázquez, la primera acusada por el 'caso Wanninkhof', se refugió unos años en Reino Unido para escapar del ruido mediático hasta finalmente asentarse de nuevo en A Coruña. Muchos de sus vecinos saben quién es y lo que ocurrió, pero para ellos es Loli.

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