LAS AMISTADES REALES DEL EMÉRITO

Juan Carlos I y sus 'hermanos' árabes: carácter parecido y una generosidad lucrativa

Tras su abdicación, el rey emérito ha viajado doce veces a los países del Golfo para asistir a eventos deportivos, dar pésames o descansar

Foto: Juan Carlos I, en su viaje en 2012 a la ciudad saudí de Taif para expresar su pésame al rey de Arabia Saudí Abdalá bin Abdelaziz (d), tras la muerte de su hijo. (EFE)
Juan Carlos I, en su viaje en 2012 a la ciudad saudí de Taif para expresar su pésame al rey de Arabia Saudí Abdalá bin Abdelaziz (d), tras la muerte de su hijo. (EFE)

Solo un ciudadano que no es saudí posee el número del móvil del rey Salman de Arabia Saudí: don Juan Carlos. Esta revelación fue hecha, en abril de 2018, por Mohamed bin Salman, de 34 años, el príncipe heredero saudí y hombre fuerte del reino, durante una conversación informal en el palacio de El Pardo donde se alojó a su paso por Madrid. El heredero, al que se le conoce por sus iniciales (MBS), quiso así demostrar la estrecha relación entre su padre, de 84 años, y el rey emérito, de 82 años.

Desde antes de ser entronizado don Juan Carlos ha mantenido relaciones muy cordiales, incluso de amistad, con todos los monarcas árabes y con Mohamed Reza Pahlaví, el sha de Irán (1919-1980). Fue al primero al que el rey de España le pidió por carta en 1977 dinero, 10 millones de dólares, para “el fortalecimiento de la monarquía española”, según desvelaron el periodista egipcio Mohamed Heikal, que accedió al archivo privado del sha, y Asadollah Alam, ministro de la Corte iraní y autor de un libro en el que relata estos hechos ('The Shah and I: The Confidencial Diary of Iran’s Royal Court 1969-1977', Editorial St. Martins PR). La cantidad solicitada le fue concedida.

Fue el general Franco (1892-1975) el que, consciente de los buenos contactos que el príncipe Juan Carlos tenía entre las familias reales del Golfo, recurrió al príncipe heredero para que garantizase el suministro de petróleo a España en 1973, cuando se desató la crisis energética y el abastecimiento de Europa estuvo en peligro.

“Juan Carlos envió un emisario [al príncipe heredero saudí Fahd bin Abdulaziz 1921-2005] y la respuesta fue inmediata: decid a mi hermano el príncipe don Juan Carlos que le enviaremos todo el petróleo que España necesite”, escribió la periodista Rebeca Quintans en su libro 'Juan Carlos I: la biografía sin silencios' (Editorial Akal, 2016). "A cambio de estos servicios de mediación el príncipe cobró una comisión y a todo el mundo le pareció muy normal", asegura Quintans, quizás porque había resuelto un problema. Con Adolfo Suárez al frente del Gobierno, a partir de 1976, el ya rey de España continuó cobrando un pequeño porcentaje por cada barril de petróleo importado, según la periodista de investigación.

La generosidad del príncipe heredero saudí fue más allá. Le concedió también un préstamo, en 1977, de 100 millones de dólares a tipo de interés cero

La generosidad del príncipe heredero saudí fue más allá. Le concedió también un préstamo, en 1977, de 100 millones de dólares a tipo de interés cero. Dos años después le regaló el yate Fortuna, el cuarto bautizado con ese nombre, con el que la familia real española navegó por el Mediterráneo hasta 1999, según reveló el periodista José García Abad en su libro 'La soledad del rey: ¿Está la monarquía consolidada 25 años después de la Constitución?' (Editorial La Esfera de los Libros, 2004).

Fahd bin Abdulaziz accedió al trono en 1982 y empezó a veranear en Marbella, lo que brindó a ambos monarcas la oportunidad de verse al menos una vez al año. Don Juan Carlos solía en verano dar un salto a la Costa del Sol para reunirse allí unas horas con su “hermano” saudí en el palacio real Mar Mar.

Siguió haciendo esas visitas de cortesía a Marbella con el rey Abdalá [1924-2015] y con su sucesor, el actual rey Salman (84 años), hasta que este prefirió la playa tangerina de Achakkar, donde se construyó un palacio, a las malagueñas. El rey de España tuvo incluso la deferencia de desplazarse hasta Marbella para almorzar con Salman cuando este era solo gobernador de Riad o ministro de Defensa. Desde un punto de vista protocolario sorprende que sea el jefe del Estado del país anfitrión el que acuda a saludar al huésped extranjero de menor rango.

Tantas atenciones han sido recompensadas. El rey Abdalá ordenó, en 2008, al Ministerio de Hacienda saudí que transfiriera 100 millones de dólares a la cuenta en Suiza de la fundación Lucum, con sede en Panamá, que había sido creada días por don Juan Carlos. Aquel monarca saudí también tuvo otro detalle con su amigo español: sufragó en 2012, a través de su hombre de confianza en España, el empresario sirio Mohamed Eyad Kayali, la expedición cinegética del rey emérito a Botsuana junto con su amiga íntima Corinna Larsen y el hijo de esta.

Cuando, en 2005, falleció el rey Fahd, el primer benefactor saudí de don Juan Carlos, éste viajó a Riad y pidió al Gobierno español que decretara un día de luto oficial. Cuando el siguiente rey saudí, Abdalá, murió en 2015 fue el rey Felipe VI el que se desplazó a la capital de Arabia Saudí para dar el pésame. Aun así el rey emérito también quiso rendir tributo al difunto y días después se plantó en Riad. Un testigo presencial recuerda como lloró al evocar la figura de Abdalá ante su sustituto en el trono, el rey Salman. En alguna de las fotos tomadas entonces aparece con un pañuelo en la mano.

Don Juan Carlos, con un pañuelo en la mano, al dar el pésame por la muerte del rey Abdalá, en enero de 2015. (EFE)
Don Juan Carlos, con un pañuelo en la mano, al dar el pésame por la muerte del rey Abdalá, en enero de 2015. (EFE)

Estas estrechas amistades árabes han reportado a don Juan Carlos pingues ingresos, las investigaciones abiertas por las fiscalías de Ginebra y del Tribunal Supremo español determinarán si además hubo delito, pero también han sido provechosas para la economía española. Fueron sus gestiones con el rey Abdalá y el entonces príncipe heredero Salman las que otorgaron, en octubre de 2011, a un consorcio de empresas españolas la construcción del tren de alta velocidad de La Meca a Medina (450 kilómetros) por importe de 6.700 millones de euros. Nicolas Sarkozy, el presidente francés, peleó duro por ese contrato, con una oferta muy similar a la española, pero el jefe de Estado español se lo arrebató.

El árabe más rico del mundo

Las relaciones de don Juan Carlos no fueron solo estrechas con los reyes o príncipes herederos saudíes. Trabó también amistad con el príncipe Al Waleed bin Talal, de 65 años, el hombre más rico del mundo árabe, según la revista Forbes. En junio de 2007 le envió a Riad a su amiga Corinna Larsen, de 56 años, como "representante de Su Majestad el Rey de España".

El príncipe Al Waleed acostumbraba a colgar su agenda pública de actividades en la web de la Kingdom Holding Company, su conglomerado empresarial. Con la amiga del rey de España no hizo una excepción. Comunicó incluso la noticia a la prensa local y el diario Al Riyad publicó una foto suya departiendo con Corinna Larsen a la que acompañó en sus gestiones Manuel Alabart, entonces embajador de España en Arabia Saudí.

Corinna y el príncipe saudí Al-Waleed bin Talal en Riad, en la reunión de junio de 2007 a la que ella acudió como 'representante' del rey. (Al Riyadh)
Corinna y el príncipe saudí Al-Waleed bin Talal en Riad, en la reunión de junio de 2007 a la que ella acudió como 'representante' del rey. (Al Riyadh)

Cuando, en abril de 2012, trascendió que el rey de España había viajado a Botsuana para cazar elefantes en compañía de su amiga íntima, la prensa española empezó a investigar los viajes de Corinna. Don Juan Carlos pidió entonces a Al Waleed que retirara de su web su cita con ella, pero el multimillonario saudí se negó. Había solicitado al monarca español que le hiciera un favor con relación a una denuncia que le habían puesto en un juzgado de Ibiza, pero don Juan Carlos le contestó que nada podía hacer porque la Justicia española era independiente. El príncipe saudí se enfadó y no borró entonces de su agenda la comprometida reunión aunque meses después sí accedió a suprimirla.

Esta anotación en la agenda del príncipe Al Waleed estuvo durante años a la vista en la web de la Kingdom Holding Company sin que ningún medio de comunicación español se hiciese eco de ella ni ningún político preguntase por el papel de Corinna como represente real. Hubo, sin embargo, dos excepciones, El Confidencial, que sí la recogió en abril de 2012, y Gaspar Llamazares, entonces diputado de Izquierda Unida, que formuló preguntas al Gobierno de Mariano Rajoy que fueron rechazadas como todas las relacionadas con la Casa Real.

Junto con la saudí, don Juan Carlos ha cultivado las demás casas reales del Golfo. A juzgar por las seis visitas privadas efectuadas a Manama desde su abdicación en 2014 –el doble de las que hizo a Arabia Saudí o a Emiratos– es con la de Bahréin con la que mantiene ahora la más estrecha relación. El rey Hamad bin Isa Al Khalifa de Bahréin, de 70 años, efectuó incluso, el 7 de septiembre de 2019, un breve desplazamiento privado a Madrid con un solo propósito: interesarse por la salud del rey emérito, que, por decimoséptima vez, había sido sometido a una operación quirúrgica, según informó BNA, la agencia de prensa bahreiní.

El rey de Bahréin, de 70 años, efectuó un breve desplazamiento privado a Madrid en 2019 con un solo propósito: interesarse por la salud del emérito

El monarca bahreiní también supo mostrarse generoso con su huésped español aunque, como reina sobre el más pequeño de los países del Golfo, la cantidad que le entregó fue más modesta. Arturo Fasana, uno de los gestores de la fortuna del rey emérito, confesó en 2018 al fiscal suizo Yves Bertossa que don Juan Carlos regresó en 2010 de un viaje a Manama, donde asistió a una carrera automovilística, con un maletín que contenía 1,9 millones de dólares, según reveló el diario 'El País'.

Hamad bin Isa Al Khalifa comparte la misma pasión que el rey emérito por los circuitos de carreras. Juntos, desde lo alto de la Sun Tower de Abu Dhabi, siguieron en noviembre de 2010 el Gran Premio F1 Etihad Airways invitados por el príncipe Mohamed bin Zayed, de 59 años, el 'hombre fuerte' de los Emiratos Árabes Unidos. Ocho años después, don Juan Carlos se sentó de nuevo en la grada para vips del circuito y, al levantarse, Mohamed bin Salman, el príncipe heredero saudí, se precipitó para saludarle.

Mohammad Bin Salman saluda al rey emérito Juan Carlos en noviembre de 2018. (EFE)
Mohammad Bin Salman saluda al rey emérito Juan Carlos en noviembre de 2018. (EFE)

La foto de ese saludo, que distribuyó de inmediato la agencia de prensa saudí SPA, dio la vuelta al mundo. Un mes antes, en octubre de 2018, el periodista y disidente saudí Jamal Khashoggi había sido descuartizado en el consulado de Arabia Saudí en Estambul. La oposición saudí en el exilio e incluso la CIA estadounidense consideraban a Mohamed bin Salman como el autor intelectual de ese asesinato.

El rey emérito se convirtió así en la primera personalidad occidental que, al estrechar la mano del príncipe heredero, ayudaba a blanquearle. De ahí el interés saudí por esa instantánea. De ahí también que algunos miembros del recién estrenado Gobierno de Pedro Sánchez tachasen en privado de "desacertada" aquella visita a Abu Dhabi.

Jordania y Marruecos

Más allá del Golfo, don Juan Carlos ha tenido relaciones muy estrechas con la Casa Hachemita de Jordania y, algo menos intensas, con la Casa Real alauí. Con el rey Hussein de Jordania (1935-1999) se fue de fin de semana a algún lugar recóndito de Sierra Nevada pilotando él mismo un helicóptero. El monarca hachemita también le hizo un regalo en 1989: el palacete de La Mareta que se había construido en Costa Teguise (Lanzarote), con unas impresionantes vistas al mar, y del que apenas disfrutó. Don Juan Carlos no se lo quedó; lo entregó a Patrimonio Nacional.

Otras dádivas que recibió acabaron subastadas como los dos coches Ferrari que el jeque de Dubai, Mohamed bin Rashid, regaló al rey de España en 2011 al final del Gran Premio de Fórmula 1 al que asistió en su emirato. La Hacienda española se embolsó 443.842 euros en 2017 por los dos vehículos de lujo al volante de los cuales don Juan Carlos hizo muy pocos kilómetros.

Con la más cercana de las monarquías árabes, la alauí, la relación fue más compleja. El rey Hassan II (1929-1999) manifestó en privado en los 70 un cierto desdén hacia el príncipe y luego monarca español al que llamaba Juanito, según recuerda un veterano cortesano marroquí. “Quizás le miraba por encima del hombro”, añade, “porque le arrebató con cierta facilidad el Sáhara” que hasta 1975 fue una colonia española. “Su percepción cambió en 1981”, asegura, porque ese año don Juan Carlos logró parar un golpe de Estado como el propio Hassan II abortó dos intentonas militares diez años antes.

El monarca hachemita también le hizo un regalo en 1989: el palacete de La Mareta que se había construido en Costa Teguise (Lanzarote)

Ambos reyes fueron alguna vez de caza juntos, por ejemplo en enero de 1978, pero fue sobre todo con Moulay Abdalá (1935-1983), el hermano pequeño de Hassan II, con quién don Juan Carlos estableció ciertas complicidades. El soberano alauí y su hermano iniciaron, el 28 de enero de 1978, una visita privada a Gran Canaria y el monarca español, siempre solícito con sus huéspedes árabes, viajó hasta allí para esperarles al pie de la escalerilla del avión.

Nada más bajar, don Juan Carlos agarró del brazo a Moulay Abdalá y le comentó en voz baja: "Parece ser que los franceses van a detener a Madame Claude". "¿Qué va a ser de nosotros?", añadió. Fernande Grudet (1923-2015), más conocida con el apodo de Madame Claude, era una proxeneta francesa que puso en pie una vasta red de prostitución de lujo en cinco países europeos, España incluida. Sus clientes eran empresarios, políticos y aristócratas entre los que figuraban jefes de Estado como John Kennedy y el rey Hussein. Esta jugosa anécdota de Gran Canaria fue relatada por el hijo de Moulay Abdalá, el príncipe Moulay Hicham, en sus memorias 'Diario de un príncipe de desterrado' (Editorial Península, 2014). El juez instructor francés Jean-Louis Bruguière dedicó años de su vida a perseguirla hasta que, por fin, logró que fuese condenada y brevemente encarcelada en los años ochenta no por proxenetismo sino por evasión fiscal.

"Era mi hermano mayor"

A don Juan Carlos se le saltaron también las lágrimas cuando, en julio de 1999, asistió en Rabat al entierro de Hassan II. "Le he dicho a Mohamed VI", declaró el rey de España al salir del palacio real, "que lo mismo que el rey Hassan II era mi hermano mayor, ahora soy yo su hermano mayor". Pese a esas buenas palabras no logró establecer con él una relación tan fluida como la que tuvo en su día con el padre y menos aún el hermano del rey.

En la segunda legislatura del presidente José María Aznar la tensión se disparó entre España y Marruecos. Ambos países estuvieron incluso al borde de la guerra, en julio de 2002, tras la toma del islote de Perejil por un puñado de uniformados marroquíes. Mohamed VI, de 56 años, se mostraba huidizo por aquellas fechas y no descolgaba el teléfono cuando le llamaba su nuevo "hermano mayor". Para persuadirle de que lo hiciera, don Juan Carlos le regaló un móvil de última generación acompañado de una nota en la que le recordaba su número de teléfono.

Al rey de España le hubiese gustado, en esos años crispados, desarrollar una labor de buenos oficios entre Madrid y Rabat, pero Aznar no se lo permitió. No le dejó ni siquiera asistir, a él ni a nadie de la familia real, a la boda de Mohamed VI en 2002 y el regalo que se le iba a enviar con tal motivo, un cuadro del pintor valenciano Manolo Valdés, no salió del aeropuerto de Barajas.

“En una monarquía constitucional y en una democracia consolidada las relaciones no las mantienen individualmente los jefes de Estado, las mantienen los gobiernos de las naciones”, explicó Aznar en el libro 'Vecinos alejados' (Editorial Galaxia Gutenberg, 2006). Justificaba así que hubiese tenido maniatado a don Juan Carlos durante con toda la crisis con Marruecos.

Felipe está en las antípodas de su padre. "Tiene una mentalidad algo germánica", reconocía Josep Piqué

No solo la generosidad de los monarcas y de los magnates árabes explica la relación íntima que el rey de España trabó con ellos a lo largo de su vida. Don Juan Carlos tiene un carácter jovial y campechano que congenia con los dignatarios musulmanes de su generación como también sintoniza su sentido del humor. “¡Cuantas risas, cuantos chistes verdes o machistas se han contado los unos a los otros!”, recuerda un embajador de España ya jubilado.

Estos mandatarios árabes se han sentido halagados de que, además de la Casa de Windsor, una segunda casa real europea les preste gran atención. Para ellos, sobre todo para los reyes del Golfo, España no es un país cualquiera sino la tierra de Al Ándalus donde, en tiempos del emirato y del califato de Córdoba, la civilización musulmana alcanzó su cénit.

El rey Felipe VI está en las antípodas de su padre. "El heredero de la corona tiene una mentalidad algo germánica y le cuesta mucho entenderse con mentalidades orientales", reconocía Josep Piqué en 2004, al poco de dejar el cargo de ministro de Asuntos Exteriores.

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