DE LA CAÍDA DE JAQUETE A LA DE DULCINEA

Precariedad en la cafetería de Moncloa: "Proveedores se iban si no pagabas en mano"

El TSJM ha declarado nulo el despido de los 38 camareros en 2019 y condena a Presidencia a abonar sus salarios, reconociéndoles además el derecho a ser readmitidos en La Moncloa

Foto: De izquierda a derecha, el secretario general de CCOO de Madrid, Jaime Cedrún, el camarero Ángel Palacino y el fallecido sindicalista Miguel Periáñez en una de las manifestaciones contra los impagos en Moncloa. (EFE)
De izquierda a derecha, el secretario general de CCOO de Madrid, Jaime Cedrún, el camarero Ángel Palacino y el fallecido sindicalista Miguel Periáñez en una de las manifestaciones contra los impagos en Moncloa. (EFE)

Ningún presidente ha pasado tanto tiempo en La Moncloa como Ángel Palacino. Con 25 años, entró a trabajar de camarero durante la última legislatura de González y, bandeja en mano, cumplió los 30 con Aznar, los 40 con Zapatero y los 50 con Rajoy. Toda una vida sirviendo a presidentes que acabó con un despido en diciembre de 2019 y que, tras tener una sentencia a su favor, se atreve a contar con nombre y apellido: "Durante mucho tiempo, no hemos dicho nada porque sabemos dónde trabajamos, pero llega un punto en el que tienes que luchar por tu puesto", se justifica.

Términos jurídicos aparte, la postura de los camareros es sencilla: "El presidente trabaja allí y tiene a 38 empleados sin cobrar. Coño, no sé... ¿Estabilidad de trabajo? ¿Qué me estás diciendo? Si tienes a personal sin cobrar un duro". Los camareros han ganado ahora el pulso a Presidencia y deben ser readmitidos.

La historia de la cafetería de Moncloa es una historia de vaivenes empresariales. "Durante los 27 años que llevo, he trabajado para entre ocho y 12 empresas". En la mayoría de los casos, los cambios de una a otra fueron tranquilos, pero desde 2017, Palacino y el resto de camareros se han visto inmersos en una espiral de quiebras e impagos. Primero con Ramiro Jaquete, el rey del rancho, que hace tres años se declaró en quiebra. "Tuvimos líos, tuvimos movida, y pasamos como tres meses pillados... La administración se lavaba las manos y ahí comienza nuestra historia". Concretamente, en julio de 2017, cuando Presidencia adjudicó el contrato de la cafetería a Dulcinea Nutrición por 1,9 millones de euros. "Nos fiamos del ministerio porque pensamos que después del incidente con Jaquete mirarían un poco más quien entraba en el complejo de Moncloa". Nada más lejos de la realidad.

A comienzos de 2019, llegaron las primeras señales. "En vez del día 5, nos pagaban el 10. En vez del 10, el 15. En vez del 15, el 20...". Así hasta agosto, cuando los retrasos dieron paso a los impagos y los problemas superaron las nóminas de los camareros. "Te vienen proveedores diciendo que 'si no me pagas en dinero fijo, yo no te dejo el género'. Ha habido veces que llegaba el repartidor y no dejaba cena porque se lo llevaba". En la casa del presidente, muchos no querían dejar a fiar. Mari Carmen Pérez, auxiliar de servicios desde hace 13 años en Moncloa, también describe escenas similares: "En la cafetería llegamos a quitar la posibilidad de pagar con tarjeta para poder así cobrar con anticipos". "Los trabajadores de Moncloa nos hicieron bote dos veces. Son muchos años allí y nos conocemos todos, entonces pusieron un bote en solidaridad con nosotros".

Manifestación de los camareros de Moncloa en septiembre de 2019 para protestar contra los impagos. (EFE)
Manifestación de los camareros de Moncloa en septiembre de 2019 para protestar contra los impagos. (EFE)

Los camareros pidieron una solución al oficial mayor de Moncloa y a su adjunto, pero no sirvió de nada. Cuando les explicaban que llevaban meses sin cobrar, la respuesta era siempre la misma: "Decían que en el pliego de condiciones no venía que tuviésemos que cobrar, solo que teníamos que servir". Parte de la plantilla se cogió entonces la baja y, en diciembre de 2019, se confirmaron sus temores: se anuló el contrato con Dulcinera, cerraron la cafetería y 38 camareros acabaron en la calle, entre ellos Palacino y Pérez. En principio pareció que saltarían a otra empresa y Presidencia adjudicó un contrato para servicio de cátering a Nazábal Restauración, pero la supuesta solución que llevaban meses esperando también saltó por los aires. "La empresa se echó para atrás. Al parecer por la deuda de Dulcinea, de la que tenían que hacerse cargo, así que nos quedamos en el limbo total".

La entrada de Nazábal Restauración no solo supuso su salida, sino que además complicó los meses que se quedaron sin trabajo. "Nos dieron una documentación como que íbamos a ser subrogados por esta empresa. Imagínate ir al paro con esa documentación: nada, no te dan nada", asegura Palacino. Tras mantener una reunión con representantes del Empleo, él empezó a cobrar el paro hace tres meses, pero para entonces la precariedad se había convertido en su día a día: "Pedir ayuda a la familia, pedir un préstamo hipotecario para pagar el préstamo hipotecario que tienes...", se lamenta. "Terminamos en la calle como si fuéramos perritos", sentencia Pérez. Lejos de darse por vencidos y buscar un nuevo empleo, los camareros unieron fuerzas en diciembre y, a través de Comisiones Obreras, llevaron su situación a los juzgados. "Nuestra solución fue esa: denunciar a todo bicho viviente".

Decían que en el pliego no venía que tuviésemos que cobrar, solo que servir (...) He dado mi vida a Presidencia y ni las gracias

La respuesta del Tribunal Superior de Justicia de Madrid llegó el pasado 23 de junio: declaró nulo el despido de los 38 camareros y condenó a Presidencia a abonar los salarios de los afectados, reconociéndoles además el derecho a ser readmitidos. Frente al argumento del ministerio, que se puso de perfil y alegó que el problema era de los camareros con Dulcinera, la sección número uno de lo Social se muestra tajante: por mucho que adjudicara un nuevo contrato a Nazábal Restauración, esta maniobra "no excluye el deber del ministerio de la Presidencia de subrogarse en las relaciones laborales de los trabajadores que realizaban dicha actividad". El TSJM absuelve además a Dulcinea por encontrarse en situación concursal y a Nazábal, pues entiende que su contrato no es "en absoluto equiparable" al anterior y, por tanto, no tenía por qué subrogarse los contratos de trabajo.

La condena cae así sobre el ministerio. "He dado mi vida a Presidencia, ¿no me pagan ni con un gracias?", critica Palacino. La sentencia es ahora recurrible ante el Supremo y El Confidencial se ha puesto en contacto con el ministerio para preguntarles por esta posibilidad, pero no ha obtenido respuesta. Más allá de cobrar los meses que les deben, tanto Palacino como Pérez volverán a Moncloa y apuntan a que, con el coronavirus de por medio, no saben cuándo será posible. "Mi puesto de trabajo fijo no lo quiero perder. Nos lo han robado, es que es así", denuncia ella. "Yo solo quiero trabajar, servir y cobrar", resume él. 13 y 27 años trabajando en la casa del presidente es demasiado tiempo como para darlo por perdido.

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