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Reyes Maroto: cartera con peso, ministra sin colmillo

Quizá ese perfil bajo por el que ha optado, a base de pocos exabruptos y polémicas, típico de la escuela Ángel Gabilondo en la que se inició en política, explique que se la conozca poco

Foto: La ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto. (El Herrero)
La ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto. (El Herrero)

Tiene pinta de que a Reyes Maroto le gusta la fontanería. No como 'hobby', sino como forma de hacer política. Lo suyo parece ser investigar, desatascar, documentarse, empollarlo todo como alumna aplicada que fue, cuestionarlo y, a poder ser, que en la primera línea esté otro. Pero en un país cimentado a base de turistas y tiendas, este parece ser su verano. Y no precisamente para bien.

Quizá ese perfil bajo por el que ha optado, a base de pocos exabruptos y polémicas, típico de la escuela Ángel Gabilondo en la que se inició en política, explique que se la conozca poco y también que se la escuche algo incómoda en las entrevistas. Momentos en los que aprovecha para demostrar, con esa voz algo aniñada, que se sabe el examen de memoria. Que ha repasado todo el temario de lo suyo a la perfección.

Pero de las noticias del día que no le pregunten, que no tiene opinión. De turismo, comercio e industria lo que quieras. Del pacto con Bildu para la reforma laboral, por ejemplo, pasa palabra. Bueno para su currículo, malo para el periodismo.

Sus intervenciones eran brillantes, siempre muy documentadas. No me sorprendió su nombramiento como ministra

Dicen desde el entorno del ministerio que ocupa que para entender a "una chica de Valladolid que ha estudiado en Salamanca" hay que remontarse a unos cuantos años atrás. "Es una hija de agricultor que, al vivir en un entorno rural, sabe lo que es buscarse la vida y lo que cuesta. Por eso fue tan aplicada en los estudios y explica en buena parte lo que es y cómo es", dicen.

Una mujer, coinciden los consultados para este artículo, poco dada a las estridencias y a la mala educación, que hace relativo caso a las críticas. "En ocasiones le decimos que habría que responder a ciertas cosas y su respuesta siempre suele ser evasiva: 'Bueno, vamos a ver…'", añaden.

Licenciada en Ciencias Económicas, postgrado en Economía y Finanzas y Máster en Evaluación Sanitaria y Acceso al Mercado, pasó por el sector privado hasta que el Partido Socialista de Madrid se fijó en ella y Ángel Gabilondo la incluyó en las listas de las elecciones de 2015 como independiente.

Elegida diputada en la Asamblea madrileña cayó en ella la responsabilidad de los Presupuestos y de intentar poner contra las cuerdas a base de números al Gobierno de la entonces todopoderosa Cristina Cifuentes. "Se empapó de datos en cuestión de semanas", recuerda un diputado regional que trabajó con ella.

Una época en Vallecas en la que dejó buen recuerdo. "No traté mucho con ella directamente, pero siempre ha sido una mujer muy dialogante, rigurosa en su trabajo, amable y sensata", resume Mónica García, diputada regional por Más Madrid. Otras personas, como su amiga Carla Antonelli, se explayan sin medida. "Para hablar bien de ella lo que quieras, lo de hablar mal se lo dejo a las comadrejas", bromea en conversación telefónica con este periódico.

"La tuve sentada al lado, se puede decir que la he vivido, y es inagotable, una trabajadora incombustible. Era la ayudadora oficial de todos, traía propuestas para las intervenciones de otros. A veces hasta la tuve que parar, porque me venía con papeles cinco minutos antes, y tenía que pararla: ¡Reyes, ya está bien!", cuenta Antonelli de Maroto. Es la antítesis de la soberbia, añade.

"Sus intervenciones eran brillantes, siempre muy documentadas. No me sorprendió su nombramiento como ministra, creo que la asamblea se le quedaba pequeña. Me dio mucha alegría", afirma José Manuel Franco, delegado del Gobierno en Madrid y en cuya ejecutiva sigue formando parte la ministra. Dice de ella que es más tenaz que tozuda y coincide con Antonelli en su generosidad para las intervenciones ajenas. Habló con ella hace cosa de un mes para organizar un encuentro con empresarios del sector del lujo y la hostelería.

La ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto. (EFE)
La ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto. (EFE)

Hablando de empresarios, para Gabriel Escarrer, consejero delegado de Meliá, Maroto es una persona cercana y accesible, "con cualidades no muy habituales entre figuras de su nivel, como saber escuchar". Añade que al sector turístico se lo "metió en el bolsillo" cuando, al comienzo de la legislatura, cogió un avión y se fue a Cuba a apoyar a los empresarios españoles con intereses en aquel país, tras la reactivación del Título III de la Ley Helms Burton.

No muestra tanto entusiasmo otro portavoz del sector turístico que prefiere no decir su nombre. "Es algo distante al principio, sobre todo en las formas, y aparentemente escucha. Eso sí, en cuanto coge la palabra no la suelta, y sus discursos acaban pareciendo reiterativos. De turismo tenía un conocimiento escaso", explica.

Pasados dos años desde su nombramiento como ministra, también la define como trabajadora —"la localizas a cualquier hora"— y muy estudiosa con los temas. "Produce mala impresión que con el volumen del PIB que tiene su ministerio, no le den peso en la mesa para la reconstrucción. El presidente del Gobierno no le ha dado protagonismo. Veremos la influencia que tiene a la hora de preparar los Presupuestos y cuando lleguen los 140.000 millones de euros europeos", explica lleno de escepticismo.

Un protagonismo que quizá nunca ha deseado. "Sus intervenciones no tienen el fuste político que otros compañeros del gobierno, pero está en ello", apuntan algunos. "Tiene muy claro su papel en el Consejo de Ministros", apuntan otros. Quizá sea la hora de abandonar las formas de Ángel Gabilondo para iniciarse en las de Carmen Calvo, su mayor aliada en el gobierno de Sánchez.

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