El control de medidas, en manos de las CCAA

La vendimia tiembla ante el covid-19: la próxima parada de miles de temporeros

Las primeras bodegas comienzan con la vendimia la semana del 10 de agosto y la temporada se alargará hasta finales de octubre, tiempo en el que los desplazamientos serán constantes

Foto: Juan Diez revisa una vid a poco más de 10 días para que su bodega empiece a vendimiar. (Foto: Carmen Castellón)
Juan Diez revisa una vid a poco más de 10 días para que su bodega empiece a vendimiar. (Foto: Carmen Castellón)

Mientras recorre sus viñas, Juan Diez se va parando para observar a los pájaros. "Cuando empiezan a picotear, es señal de que ya casi está listo". En su bodega Bernabeleva, en Madrid, confían en empezar a vendimiar a partir del 10 de agosto, por lo que estos días se centran en controlar los niveles de azúcar y acidez. Junto a los cazadores furtivos, esa es su principal preocupación ahora. "Perdonadme, no os voy a dar la brasa con esto", se disculpa al agacharse para retirar los cartuchos del suelo. La rutina es similar a la de otros años, pero al tratarse de un negocio en el que cualquier retraso equivale a fracaso, el covid-19 se erige como una amenaza, y más cuando dependen de la llegada de temporeros. Sin ellos, la vendimia está perdida.

Para producir unas 90.000 botellas este año, la bodega Bernabeleva contratará entre 10 y 15 temporeros. "La mayoría son marroquís que se dedican a la construcción y viven aquí al lado, en San Martín de Valdeiglesias". Empezarán con la albillo, después la moscatel y finalmente la garnacha, alargándose así unas cuatro semanas. Por el momento, Diez prepara las instalaciones y cierra compras de mascarillas, hidrogel y guantes. "Lejía no podemos usar porque te juegas que aparezca la llamada enfermedad del corcho". Aunque su bodega es pequeña, las de mayor tamaño también tendrán que duplicar sus equipos durante la vendimia, así que el resultado es inevitable: miles de temporeros desplazándose por España desde principios de agosto hasta finales de octubre.

Las viñas que rodean la bodega de Diez, en Madrid. (Foto: Carmen Castellón)
Las viñas que rodean la bodega de Diez, en Madrid. (Foto: Carmen Castellón)

El riesgo de los trabajos que exigen movilidad se ha visto reflejado desde que terminó el estado de alarma. Los temporeros se enfrentan además a condiciones precarias en algunas explotaciones agrícolas, problemática que va desde los alojamientos hasta contrataciones fraudulentas, que en ocasiones hace imposible seguir sus pasos. La situación tiende a ser peor para los extranjeros y las idas y venidas de cuadrillas ya han provocado brotes en Aragón y Lleida, por lo que las autoridades se preparan para evitar que la historia se repita. "Pedimos mano de obra y vienen personas", resumió este jueves el ministro de Sanidad, Salvador Illa, ante la Comisión de Sanidad del Congreso. En el sector vinícola, con las comunidades aplicando cada vez más restricciones, la palabra "preocupación" se repite una y otra vez al hablar de la vendimia:

- José Luis Benítez, director de la Federación Española del Vino: "El tema de temporeros es una cuestión que ya llevamos meses pensando porque muchas bodegas nos trasladan su preocupación. El problema, de alguna manera, es que poco se puede prever más allá de extremar las medidas de seguridad y cumplir todas las recomendaciones de distancia de seguridad con las cuadrillas, haciéndolas estancas. Hace dos semanas mandamos una guía general y además nos consta que regionalmente se está tratando esta cuestión. Seguimos muy encima de ello y la preocupación es tanto para la empresa como para los temporeros. Las últimas semanas nos decían muchas bodegas: 'Menos mal que esto empezó en marzo y no en plena vendimia'. Claro, la uva no espera".

- Pepe Fuentes, adjunto al área de acción sindical y sector del campo de Comisiones Obreras: "Nosotros hemos planteado al Gobierno y a las comunidades que en el sector agrario se saque adelante un acuerdo sobre cómo establecer unos parámetros para evitar que se repitan brotes como los de Aragón o Cataluña. Hay una gran movimiento de trabajadores, yo diría que entre 50.000 y 60.000 durante la vendimia, y es fundamental que los protocolos se cumplan: ya no solo en las bodegas, también en los desplazamientos y alojamientos. Nosotros entendemos que, para aquellos que se contrata y no viven cerca, porque muchos son extranjeros, se deben garantizar alojamientos dignos que cumplan las medidas. En algunos convenios colectivos es responsabilidad de los empresarios, pero en otros no".

- Juan Fuente, portavoz de la sectorial de vino de Cooperativas Agro-alimentarias de Castilla-La Mancha: "Algunas variedades más tempranas se empiezan a vendimiar en la semana del 10 de agosto. El tema de movimientos de temporeros lo vemos con mucha preocupación... Hemos tenido las bodegas abiertas durante la pandemia, pero son centros cerrados y no dependíamos de terceros. Ahora hace falta que vengan muchos de fuera y ahí es donde tememos que lleguen los grandes problemas. Mientras se está trabajando, se pueden mantener medidas, pero cuando se van de la bodega, se pierde el control. Eso preocupa mucho. Durante la campaña de Castilla-La Mancha vienen miles de temporeros y duplicamos la plantilla: muchos andaluces, pero también hay una parte importantísima de extranjeros".

- Iker Ugarte, presidente de la Asociación de Bodegas Empresariales de Ribera del Duero: "La vendimia como tal la empezamos a finales de septiembre o principios de octubre. Con el tema de temporeros, creo que es diferente a lo que se ha visto en otras campañas agrícolas: en Ribera del Duero hay trabajo durante casi todo el año y la mayor parte de temporeros vive aquí. Sí es verdad que hay un incremento de gente que va y viene y hace falta mano de obra durante la vendimia, pero no se suelen dar situaciones problemáticas. En nuestro caso, lo normal es que las líneas del viñedo estén separadas unos dos metros y medio y aun así me consta que algunos piensan separar más a los trabajadores. Estamos más bien a la espera de ver qué sucede en otras zonas para cuando llegue a la nuestra".

- José Luis Lapuente, director general de la Denominación de Origen Calificada Rioja: "Aunque este año hemos visto un pequeño adelanto, la vendimia se concentrará sobre todo en septiembre. En cuanto a los temporeros, hay que tener en cuenta que dentro del campo hay labores que pueden esperar, pero la vendimia no: tenemos que recoger fruto en el momento justo y necesitamos unas 6.000 personas. En ese sentido, hay que apostar por la responsabilidad y se están desarrollando protocolos: el productor es al que más le preocupa verse con un problema en la explotación. Hay preocupación por todo: por que vengan y por la situación sanitaria y la salud de cada uno de los trabajadores. En esa disyuntiva... cruzar los dedos para que no haya ningún problema".

Juan Diez en su bodega Bernabeleva. (Foto: Carmen Castellón)
Juan Diez en su bodega Bernabeleva. (Foto: Carmen Castellón)

Con el pistoletazo de salida a la vuelta de la esquina, las autoridades han empezado a tomar medidas. Desde el ministerio de Trabajo apuntan que la intensificación de las inspecciones se alargará hasta finales de octubre, visitas con las que buscan detectar economía irregular y malas condiciones laborales, pero también vigilar si se cumplen las precauciones suficientes para evitar contagios. Los ministerios de Sanidad y Agricultura explican a su vez que "han realizado sendas reuniones con 11 comunidades autónomas para analizar el movimiento de los trabajadores temporeros y compartir medidas con el fin de prevenir posibles brotes en este sector". A falta de decidir si se desarrolla un protocolo concreto, apuntan por ahora al de 'Directrices de buenas prácticas en el sector agrícola y ganadero'.

Las comunidades autónomas jugarán por tanto el papel central en el control de la vendimia. "Sabemos que la administración regional está elaborando una especie de protocolo para poder garantizar la seguridad en esta campaña, pero todavía no lo tenemos", explica Fuente, que también ejerce como patrono de la Fundación Castilla-La Mancha Tierra De Viñedos y de la Organización Interprofesional del Vino de España. Lapuente apunta a su vez a que ya ha podido leer los de La Rioja y País Vasco: "Son protocolos calientes, recién salidos, porque las discusiones se están produciendo ahora en todas las comunidades". Entre los aspectos que abordan los mismos, se encuentran los dos retos anteriormente comentados: el alojamiento y la importancia de garantizar el rastreo de los trabajadores si resulta necesario.

Juan Diez revisa una vid a poco más de 10 días para que su bodega empiece a vendimiar. (Foto: Carmen Castellón)
Juan Diez revisa una vid a poco más de 10 días para que su bodega empiece a vendimiar. (Foto: Carmen Castellón)

"Si el sector agrario no asume que esas infraestructuras de alojamiento son necesarias, siempre tendremos problemas como el de la campaña de Lleida: hay una avalancha de trabajadores que desborda la demanda de empleo y se genera una movilidad incontrolada de gente que no tiene donde alojarse", advierte el adjunto de Comisiones Obreras. Puente y Ugarte apuntan por su parte a que no es habitual alojar a temporeros en Castilla-La Mancha o la ribera del Duero, mientras que Lapuente explica que en La Rioja cambia la situación de unas a otras. "Depende un poco de las zonas y también del origen de las cuadrillas de trabajadores. Está legislado desde hace años y lo que decimos ahora es que hay que formar previamente a los temporeros para asimilar las medidas", explica el director de la Federación Española del Vino.

Otro de los retos se centra en seguir los pasos de temporeros que se van moviendo de unas explotaciones a otras. "Sería conveniente y con carácter excepcional que se establecieran permisos para trabajadores indocumentados... Esta gente lleva tiempo en nuestro país y son vulnerables tanto desde el punto de vista laboral como del covid-19", argumenta Fuentes. "En Sevilla ya hemos visto un caso de trabajadores indocumentados que dieron positivo y se les confinó. Tenían que dar un número de teléfono a las autoridades y, ante el temor a ser repatriados, acabaron dando números que no eran los suyos, perdiéndose así su rastro". Para contrarrestar estos problemas, la clave pasa por las inspecciones de trabajo, pero comunidades como País Vasco también recomiendan "implantar herramientas tecnológicas" que faciliten el rastreo.

Empresarios y temporeros afrontan así una vendimia sin precedentes. Acostumbrados a imprevistos meteorológicos y agrícolas, esta vez el enemigo es distinto. Previsible, pero distinto: las bodegas tienen que blindarse para evitar cualquier contagio en una época en la que su plantilla se multiplicará por dos. "Lo único que sabemos es que el riojano sabe sufrir, desde el viticultor hasta la bodega. Tenemos la espalda suficientemente ancha para lidiar con ello. Lo recomendable es que la situación sea lo más normal posible, pero ninguno tenemos una bola de cristal", resume Lapuente. "Sangre fría, mucha responsabilidad y pocos atajos". Con miles de temporeros a punto de poner rumbo a la vendimia, solo queda ver si basta con que todos cumplan ese compromiso.

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