MUCHOS EXPATRIADOS VIVEN DEL TURISMO

Los 100.000 británicos que claman contra el veto a las islas: "Es superestúpido"

La decisión tomada el pasado sábado y refrendada este lunes tampoco se entiende entre los ingleses que viven en las islas, muchos de los cuales también viven del turismo

Foto: La playa de Maspalomas, en Canarias, este lunes. (EFE)
La playa de Maspalomas, en Canarias, este lunes. (EFE)

“Confusión, tristeza, optimismo, y ahora, a esperar otra vez”. Estas son las fases que los vecinos de Gran Canarias han vivido desde marzo, cuando la pandemia lo cambió todo, en palabras de Alex Bramwell, fotógrafo, escritor y ‘community manager’ de origen británico que se dedica a gestionar Gran Canaria Info, uno de los portales más importantes de la isla para residentes y visitantes desde el que toma el pulso al sentir internacional.

La decisión del Reino Unido de restringir los vuelos a España imponiendo, en primer lugar, una cuarentena de quince días a los viajeros que vuelvan a las islas británicas y, más tarde, recomendando no realizar ningún desplazamiento no necesario, ha caído como un jarro de agua fría también entre los ingleses residentes en España. “Me parece que es una decisión tomada por el Reino Unido sin tener en cuenta las diferencias geográficas en España”, lamenta desde la isla, en cuya región sur, donde se encuentra Maspalomas, la mayor parte de los británicos trabajan en el sector turístico. En toda Canarias hay 200 casos activos y una única persona en la UCI. “Aquí hay mucha gente frustrada de que después de todo lo que hemos pasado no se tenga en cuenta”.

"No tiene sentido. Baleares solo tiene 8 casos por 100.000 habitantes comparado con el Reino Unido con 14,1 casos"

El talón de Aquiles del veto inglés a España son las Canarias y Baleares, que desde el primer momento de la pandemia, por su gran dependencia del turismo (y en concreto, del británico) fueron las grandes perjudicadas por el cierre. Tras la reapertura de junio, parecía posible salvar el verano. Ahora parece difícil. No hay optimismo entre los alrededor de 30.000 británicos que viven en Canarias ni los 40.000 que lo hacen solo en Mallorca, que se alinean con ese mensaje local que recuerda que sin turismo la economía local se vendrá abajo y que, por ello, ha hecho presión para que Canarias y Baleares sean excepciones. “La gente lo ve claramente como un error de Reino Unido, no de España”, añade el británico.

En La Palma, la isla más occidental de Las Canarias, Sheila Crosby, autora de ‘Una espectacular ventana al universo’ que lleva 22 años afincada en España, piensa que es una decisión “estúpida”. “Puedo entender que se desaconseje viajar a y desde Cataluña, pero Canarias tiene menos casos que el Reino Unido”, valora. “Claro, decidir región por región significaría más trabajo y el gobierno británico tiene fama de ser vago”. En La Palma, recuerda, no hay ni un solo caso activo.

Crosby lleva 22 años en La Palma, donde no hay ningún caso activo, y lleva sin poder trabajar como guía desde marzo

Además, añade, lo “superestúpido” es que el turismo es La Palma es distinto al del resto de islas por sus condiciones particulares: menos playa y bares nocturnos y más naturaleza y observación astronómica, lo que le hizo llegar a la isla en primer lugar. Ella misma ha sufrido el impacto del cierre en sus carnes, ya que lleva sin poder trabajar de guía desde marzo y se ha dado de baja como autónoma. “Ahora volvemos a tener unos pocos turistas, pero no hay excursiones ni tours de día del observatorio, que eran mis principales fuentes de ingresos”.

Sin vacaciones en el sol

En el otro gran archipiélago español, la inquietud también va en aumento. Anna Nicholas, escritora y periodista que trabaja como corresponsal en Mallorca de ‘Telegraph Travel’ se lleva las manos a la cabeza nada más ver en las noticias la recomendación de no viajar a España. “Una decisión de verdad lamentable con importantes repercusiones”, responde. “Una decisión vergonzosa”. Sobre todo, porque muestra que no hay marcha atrás en las intenciones inglesas.

“Estoy de verdad decepcionada por la decisión de establecer una cuarentena de 14 días que incluya a Baleares y Canarias”, responde la autora de libros como ‘The Devil’s Horn’, un policíaco ambientado en Mallorca, donde vive desde hace unos 20 años. “Tenemos una de las tasas más bajas de coronavirus en España así que no tiene sentido en absoluto. Los datos más recientes mostraban que Baleares solo tiene ocho casos por 100.000 habitantes comparado con el Reino Unido con 14,1 casos”.

Ese es uno de los puntos más sensibles del desencuentro inglés, al que irónicamente Fernando Simón hizo referencia en su rueda de prensa del pasado lunes: que en realidad, el veto, más allá de las repercusiones económicas, puede venir bien epidemiológicamente a España. “Es un riesgo que nos quitan”, afirmó. Como recuerda Bramwell, en el momento de apertura del turismo había cierto nerviosismo local ante la posibilidad de que los turistas ingleses disparasen los casos en regiones que se habían mantenido en calma, y el propio inglés tuvo que expulsar a un puñado de usuarios que acusaban los ingleses de venir a expandir del coronavirus, pero la reapertura del turismo no ha causado un repunte claro y la situación se había tranquilizado durante las últimas semanas.

"Me iba a sentir más segura en Gran Canaria que en Reino Unido"

Ahora, por lo tanto, la preocupación vuelve a ser económica, al menos en las islas, mientras otras regiones como Cataluña, Aragón o Navarra vuelven a hacer cuentas epidemiológicas. “Esta decisión apresurada afectará potencialmente a miles de veraneantes británicos, privándoles no solo de un descanso muy necesitado sino también de dinero”, prosigue la periodista. “La economía local de las islas ya ha sido dañada y será afectada seriamente si la decisión no es revierte urgentemente”.

Basta con pasearse por los foros como el que gestiona Bramwell para darse cuenta de que prácticamente nadie se muestra conforme con la decisión. Por un lado, porque es una invitación (sin reembolso) para que muchos británicos renuncien a la fuerza a sus vacaciones ya contratadas. “Espero que nuestro gobierno diga que sí a viajar a las islas ya que son perfectamente seguras y a un nivel más personas, quiero mis vacaciones en Gran Canaria y es una vergüenza para una isla que se apoya en el turismo ya que la mayor parte de sus ingresos vienen de ahí, así que crucemos los dedos”, pide una usuaria.

Varias personas pasean en Palma de Mallorca la pasada semana. (EFE)
Varias personas pasean en Palma de Mallorca la pasada semana. (EFE)

Desde el lado inglés, el tema reembolsos es clave. “Eso también significa que muchos no podrán irse de vacaciones y perderán su dinero duramente ganado ya que aún se puede volar, lo que quiere decir que las compañías no tienen por qué ofrecer reembolsos”, lamenta otro. “Eso está bien para las aerolíneas y a los hoteles, pero no para los bares, restaurantes, tiendas, etc., que se apoyan en los turistas. Muy injusto para todos”. O como concluye otra usuaria en la mañana del martes: “Qué pena, me iba a sentir más segura en Gran Canaria que en Reino Unido”.

El turismo no da de comer solo a españoles

Un factor que se ha pasado por alto es que el turismo no da de comer únicamente a la población local, sino que en las islas, gran parte de los empresarios y trabajadores del sector son de origen británico. Es una evolución lógica: más allá del estereotipo del jubilado, muchos de los descendientes de estos terminaron abriendo negocios para sus turistas compatriotas. Según un informe publicado en 2017 por la Oficina de Estadísticas Inglesa, el hotelero y el de la restauración es el sector donde más británicos trabajan en España (alrededor de 12.000, un 17%), tan solo superado por la educación. Un porcentaje que aumenta sensiblemente en las islas, destinadas al turismo.

"Una se pregunta si no es un ardid cínico para empujar a los británicos a que tomen vacaciones locales y así contribuyan a la economía local"

De ahí que muchos de los afectados por el cierre británico sean, de hecho, británicos. Nicholas cita el caso de dos operadores de yates británicos en Soller (Mallorca). Uno de ellos, Bonnie Lass Charters, ya había sufrido cancelaciones este mismo lunes, cuando la situación aún no estaba clara. Otros, Catamaran Mallorca, gestionado por los Adamson, una pareja de ingleses, ni siquiera habían tenido que esperar al lunes para que comenzasen a sufrir cancelaciones. Durante el fin de semana, ya habían recibido varias peticiones.

De ahí que hayan sido precisamente los ingleses algunos de los que se han quejado de manera más furibunda contra el veto. Un veto que también entorpece la capacidad de movimiento de las familias. Por ejemplo, los suegros de Bramwell ya han cancelado su visita a las Canarias. “La gran preocupación no son los que no van a venir ahora sino los que no van a venir en el futuro”. Aunque el verano es la temporada alta en las islas, gran parte del turismo residencial puede ver sus planes afectados de cara al otoño y el invierno.

Una somera encuesta realizada por ‘The Local’, uno de los grandes medios para expatriados en España, mostraba una casi entera unanimidad a la hora de rechazar la propuesta. Entre las quejas más frecuentes se encontraba haber avisado con muy poco tiempo, con muchos turistas ya en España o con las vacaciones planeadas; que la recomendación no hace distinciones por regiones; o que se trata de “una decisión arbitraria para dar la impresión de estar siendo proactivos (un poco tarde a estas alturas”).

Es uno de los ‘leit movit’ que se repiten una y otra vez entre los británicos, junto a la palabra ‘knee-jerk’ (cuya traducción aproximada sería algo así como “reacción apresurada”): la sensación de que se trata de una cortina de humo para sortear el juicio a una gestión discutible. Aunque Bramwell rechaza la teoría con cierto humor (inglés, claro): “No creo que estén tan organizados, simplemente van tomando decisiones sobre la marcha, como todos”.

Una vez más, la clave se encuentra en que decisiones apresuradas pueden tener graves consecuencias a muy distintos niveles difíciles de prever. “Una no puede evitar preguntarse cómo y por qué esta aparente reacción apresurada fue llevada a cabo por el gobierno británico”, concluye Nicholas. “Una se pregunta si era tanto trabajo diferenciar en los aeropuertos entre los veraneantes que vienen de la península o de las islas, o si es simplemente una treta cínica para animar a los británicos a coger ‘vacaciones locales’ para empujar la economía británica”.

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