10 años sin actividad pastoral

Primera condena por abusos en el Opus: "Sentí culpa por que un santo me hiciera eso"

Miguel cuenta cómo sufrió tocamientos cuando tenía 18 años de parte de uno de los cargos más importantes de la Obra. Roma le ha dado la razón con una condena pionera en la órden

Foto: Miguel sufrió abusos entre 2002 y 2004 en Granada. (Cedida)
Miguel sufrió abusos entre 2002 y 2004 en Granada. (Cedida)

Miguel decidió denunciar los abusos que sufrió con 18 años el día que su acosador le mandó una invitación de amistad por LinkedIn. “Fue hace dos años y lo que más me molestó es que ponía que estaba en Granada y era ‘profesor’, y no en Galicia, donde me habían asegurado que le apartarían de otros alumnos”.

La impunidad que se reflejaba en el perfil le animó, 20 años después, a hacer públicos los tocamientos que sufrió. Hace unos días, la Iglesia le ha dado la razón. Manuel Cociña Abella, cura numerario del Opus Dei y figura relevante en la Obra -cercano al propio Escrivá de Balaguer- se ha convertido en el primer miembro de esta orden declarado culpable de abusos sexuales por la Doctrina de la Fe del Vaticano.

Por lo que le hizo a él y a otras víctimas durante tres décadas, Roma le ha condenado a cinco años sin poder ejercer, seguidos de otros cinco en los que sólo podrá ofrecer actividad pastoral a otros religiosos del centro de Granada en el que vive. Además, no podrá volver a prestar atención religiosa a ningún menor de 30 años.

La sentencia, que no ha sido facilitada a la víctima, considera como probado el acoso no solo contra Miguel, también contra al menos cuatro personas personas de las que se desconoce su identidad, según ha podido saber el denunciante. Concretamente le consideran culpable de ‘solicitación’, es decir, utilizar la confesión para poder aprovecharse de la víctima.

Nos decía que sabía dar masajes y que fuésemos si estábamos estresados

Miguel conoció a Cociña cuando tenía 18 años y era estudiante en el Colegio Mayor de Almonte, en Sevilla, donde habían trasladado al religioso como capellán. “Llegó diciendo que era el ‘tío Manolo’, iba de amigo de los alumnos. Nos decía que sabía dar masajes y que fuésemos si estábamos estresados. En esos masajes acababa metiendo la mano en mis calzoncillos con la excusa de que había unos músculos que había que destensar. Cuando le decía que no quería, alegaba que yo tenía obsesiones sexuales por cosas que le contaba durante la confesión. Usaba como un castigo lo que le pasaba a mi cuerpo con 18 años”.

Manuel Cociña Abella, de 72 años, es, o era, toda una institución dentro de la Obra, especialmente por su cercanía al fundador, Josémaría Escrivá de Balaguer, con el que convivió. Fue secretario general de la Academia de Historia Eclesiástica. Estuvo de hecho en las ternas para convertirse en primer prelado numerario de la Prelatura hasta que se destapó el caso de Miguel.

Manuel Cociña Abella.
Manuel Cociña Abella.

En total, Miguel calcula que abusó de él en siete ocasiones, pero la sentencia, según ha podido saber por personas que sí han accedido a ella, habla de 30 años de trayectoria por toda España buscando víctimas como él. “Le han ido cambiando por todo el país. Primero, estuvo en Pedralbes, en Barcelona, de donde le mandaron a Sevilla por otro caso de abuso. De ahí, a Madrid, donde fue rector de la basílica de San Miguel entre 2007 y 2008, la más importante de España. Al parecer, volvió a abusar de otra persona y le mandaron a Galicia, donde hubo otro caso, y ya lo mandaron a Granada hace unos tres o cuatro años”.

El relato coincide además con lo que le dijeron en 2010, cuando puso en conocimiento de la Obra los abusos que había vivido al decidir marcharse de la órden. “Me reconocieron que no era el primero testimonio que les llegaba, pero que no me preocupase, que lo habían ya apartado en Galicia y que rezase por él. Cuando vi que no era así me decidí a denunciar”.

Para la investigación, el Vaticano encomendó el proceso al propio Opus Dei. “El prelado nombró a un instructor, que se puso en contacto conmigo y mandaron a dos curas de Chile, donde vivo ahora, a tomarme declaración. Luego la mandaron a Roma, donde vieron indicios de delito, y lo volvieron a remitir al Opus Dei, que tuvo a otro cura unos seis meses investigando. Con eso, el Vaticano ha emitido la sentencia”, relata Miguel, que aunque sabe que su nombre es de sobra conocido en la Obra, prefiere no dar su imagen ni apellidos; ahora, ha rehecho su vida en Chile, donde vive con su mujer y trabaja como abogado.

Por la vía civil Miguel sabía que no tenía nada que hacer: al ocurrir cuando tenía 18 años no se trata de un caso de pederastia y el delito habría prescrito por cometerse entre 2002 y 2004. Sin embargo, todavía le quedaba el derecho canónico. “A la vez que lo de Linkedin, vino el Papa Francisco a Santiago de Chile y dio un discurso sobre los casos de pederastia en la Iglesia de aquí. Dijo que había que sacar la porquería de las alfombras y que las víctimas no eran culpables. Eso me cambió el chip”.

Cociña en una foto más reciente.
Cociña en una foto más reciente.

Hasta ese momento, y a pesar del paso de los años, Miguel todavía arrastraba la culpa impuesta de haber provocado él los abusos. “Estás en un ambiente en el que para ti esas personas son la voluntad de Dios personificada. Y más él, que había vivido con Josémaría. Creía que era el más santo y que yo era el culpable por hacer que un santo me hiciera eso. He estado 20 años sintiendo culpa y vergüenza”.

A menudo las víctimas de abusos sexuales se dan cuenta con los años de la gravedad de las acciones que cometían contra ellos, sobre todo en entornos donde el abusador es también su referente. “Otra persona que vivía conmigo Almonte, cuando le fueron a coger declaración, le preguntaron si había abusado de él. Dijo que no, pero que sí le había visto desnudo porque a veces le ponía supositorios. Claro, cuando le preguntaron por qué un cura ponía supositorios ya entendió…”.

No tenía madre y mi padre había rehecho su vida. Estaba un poco solo y era muy inocente

Tras mucha terapia psicológica, Miguel ha conseguido empezar a sentirse víctima y a entender por qué le ‘eligió’ a él: “Yo era de los más vulnerables ahí. No tenía madre y mi padre había rehecho su vida. Estaba un poco solo y era muy inocente”.

Por el momento, el Opus Dei no quiere hacer ninguna declaración, a la espera de que la sentencia se haga firme en unos días si no es recurrida por parte de Cociña. Tampoco han facilitado la resolución a petición de este periódico por ser, explican, de la Iglesia y no de su órden.

Sin embargo, reiteran su “acompañamiento en el dolor” y la “voluntad desde el minuto uno para atender a la víctima investigando el caso”. También remiten al comunicado que hicieron en 2019, cuando se dio a conocer la investigación, en el que reconocían el procedimiento y daban, por primera vez en España, su apoyo a una víctima de abusos sexuales en el seno de la institución.

Ni siquiera en el caso del alumno del colegio Gaztelueta, cuyos abusos también quedaron probados por la Justicia con una sentencia en primera instancia, la Obra se pronunció. Sin embargo, como descubrió Religión Digital, que también avanzó la condena, no fue apartado de sus funciones sacerdotales cuando se supo que estaba siendo investigado, ya que siguió ejerciendo como prior de la Delegación en Granada.

A Miguel, la condena de Roma le parece más simbólica que proporcional: “Estoy contento de que por primera vez el Vaticano lo haya reconocido, pero me habría gustado dar mi versión en un juicio y tener derecho a un abogado o a recurrir, como tiene él, pero el derecho canónico no lo permite”.

Aunque su caso está prescrito, sí podría sumarse a una nueva causa si otras víctimas cuyos abusos sean todavía denunciables se animan a hacerlo. Así, cuenta, podría decirle a Cociña lo que por ahora le han negado: “Le quiero preguntar por qué: ¿Por qué una persona tan cercana a Dios hace esas cosas? ¿Cómo podía dar misa o dormir tranquilo después de hacerlo?”.

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