LA REVISIÓN DE LA HISTORIA DEMOCRÁTICA

España derriba sus estatuas políticas pero Aznar avisa: "Un expresidente no debe callar"

En plena pandemia, se ha activado el revisionismo del periodo democrático, con los cuatro expresidente del Gobierno como protagonistas de polémicas parlamentarias

Foto: Ilustración: El Herrero.
Ilustración: El Herrero.
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Cuando sobre España ha caído la mayor crisis en muchas décadas, la política ajusta cuentas con el pasado y el pasado no termina de pasar. Se discute en el Congreso sobre el FRAP y se piden comisiones de investigación sobre el rey Juan Carlos y sobre los GAL.

Y los cuatro presidentes del Gobierno que han ejercido desde 1982 tienen presencia destacada en la política de 2020, aunque de forma diferente y con distinta capacidad de influencia, y sin que esté clara su función en tiempos de catástrofe.

José María Aznar, presidente del Gobierno entre 1996 y 2004, asegura a El Confidencial que existe ese "revisionismo aquí por todos aquellos que cuestionan la Transición política y todos aquellos que cuestionan la legitimidad de la Transición política y que consideran que era indispensable acabar con la legitimidad de la Transición. Para cuestionar el sistema que nace con la Transición y el sistema constitucional reescriben el pasado y la historia. No se puede cuestionar la Transición sin reescribir la historia y cuestionarla y, por eso, ese revisionismo existe".

Aznar, en una imagen de archivo. (EFE)
Aznar, en una imagen de archivo. (EFE)

Añade que "algunos pensaban que ese revisionismo era unidireccional y ahora se dan cuenta otros de que todos los agentes que participaron en el proceso histórico pueden estar sujetos a la misma deslegitimación. Y cuando uno les otorga a los parlamentos el derecho a establecer la verdad reescribiendo la historia pues también las minorías se arrogan la facultad de reescribir la historia sin tener en cuenta lo que significan las instituciones y los parlamentos liberales".

Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy han vuelto a la escena política, alguno a su pesar, justo cuando España busca cómo llegar a la orilla, dando manotazos de ahogado. Los cuatro cargan con el peso de haber salido de manera traumática de la Moncloa: con derrotas electorales, con fracaso en su sucesión planificada o con una moción de censura humillante.

"No sé si se puede hablar de un papel colectivo, cada uno tiene el papel que quiera tener", asegura Aznar.

No hay una responsabilidad colectiva de los expresidentes, yo ejerzo la mía y el revisionismo histórico me parece un error

"El mío siempre ha sido el de considerar una parte de la Transición española, una parte del sistema constitucional de 1978, de preservarlo, mejorarlo y, por supuesto, cumplir las dos funciones que debe cumplir un gobernante: mejorar la situación de sus ciudadanos y aumentar la influencia de su país. No creo que haya una responsabilidad colectiva de los expresidentes, yo ejerzo la mía y el revisionismo histórico me parece un gravísimo error".

De hecho, Aznar critica la Ley de Memoria Histórica que hizo Zapatero y la enmarca dentro de ese revisionismo.

González está en los debates parlamentarios porque él mismo ha criticado abiertamente al Ejecutivo con la metáfora del "camarote de los hermanos Marx" y porque socios de Gobierno y parlamentarios del PSOE quieren investigarlo.

El expresidente socialista del Gobierno, Felipe González. (EFE)
El expresidente socialista del Gobierno, Felipe González. (EFE)

Forma parte del bloque de oposición al Gobierno de coalición y como tal es utilizado por los partidos del centroderecha como ariete contra el Ejecutivo de Sánchez.

Al tiempo, los teóricamente suyos se ven obligados a defenderle en público, aunque sea con el entusiasmo descriptible que mostró Pedro Sánchez en el pleno del Congreso del miércoles. "Ya no sé ni quiénes son los nuestros", según la frase que se atribuye a Pío Cabanillas, ministro durante la Transición. Vivir es asumir contradicciones y, en política, asumirlas es casi una obligación.

En 1993 pudo elegir entre pactar con la izquierda (Izquierda Unida) o hacerlo con PNV y CiU y tuvo claro que esta última opción era la buena.

Una nota de la CIA, recuperada años después de hacerse pública, que se remitía a informaciones de prensa de la época, ha servido de excusa para pedir una investigación parlamentaria sobre lo que ya indagó la Justicia en varios procedimientos que tuvieron sentencias y condenas.

Zapatero está presente porque no para de pedir —con más voluntad que acierto— grandes acuerdos transversales y hasta mantiene reuniones con altos dirigentes del PP, en su papel de mediador en el que se encasilló en Venezuela y por el que es criticado en España.

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. (EFE)
El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. (EFE)

Mantiene contactos con Sánchez y con Pablo Iglesias, con quien habla frecuentemente. Y se recuerda su mensaje al líder de Unidas Podemos durante la investidura fallida de 2019 recomendándole que pidiera en el último momento la competencia de las políticas activas de empleo para cerrar el Gobierno de coalición.

Es el inventor de la "geometría variable", aunque con un número de escaños que para sí los querría ahora Sánchez.

Aznar está más presente que los demás porque es referencia de una forma de oposición del centroderecha y, sobre todo, porque no es un secreto su influencia decisiva en Pablo Casado, en ideas, en tomas de posición y en cesión de sus equipos.

Desde FAES marca las líneas que debe seguir el PP y en el entorno de Casado trabajan una decena de dirigentes que en algún momento fueron "fontaneros" de Aznar en la Moncloa. La propia Cayetana Álvarez de Toledo llegó a la política de la mano de la potente FAES.

"No estoy en la primera batalla política cotidiana. Entre otras cosas porque no es mi papel ni mi función y tampoco me interesa", asegura Aznar.

Cuando se le pregunta si marca líneas políticas, explica que "esa es otra cuestión, porque eso tiene que ver con la función académica intelectual o con cierta situación histórica. Procuro que mi voz se oiga, a veces directamente o a veces indirectamente, pero para eso está la fundación, para defender criterios, ideas, valores y principios. Otra cosa es confundir los hechos que no deben ser maleables con la ideología. Sobreponer las ideologías a los hechos me parece un error. Una cosa son los hechos y otra su interpretación y una cosa es la verdad y otra la ideología".

Y Rajoy, porque siendo el más discreto de los cuatro, ha abierto este sábado la campaña electoral gallega donde, de alguna manera, concurre por persona interpuesta, Alberto Núñez Feijóo.

El expresidente del Gobierno Mariano Rajoy. (EFE)
El expresidente del Gobierno Mariano Rajoy. (EFE)

En 2018 no quiso señalar a Feijóo como su sucesor, como sí hizo Aznar con él en 2003, y en algún momento se habrá arrepentido de haberse esfumado sin haber encauzado su relevo tras la moción de censura que le sacó de la Moncloa.

Durante la pandemia, protagonizó la anecdótica aparición estelar y desafortunada de su paseo vulnerando claramente las normas de confinamiento.

Los cuatro tienen en común haber sido presidentes bajo el reinado de Juan Carlos I, es decir, mientras el ahora Rey emérito realizaba los actos por los que le investiga la Fiscalía del Tribunal Supremo y por los que más de un 20% del Congreso exige una comisión de investigación. La corriente de "derribo de estatuas" les afecta a todos.

Aznar, Rajoy, don Juan Carlos, Felipe González y Zapatero. (EFE)
Aznar, Rajoy, don Juan Carlos, Felipe González y Zapatero. (EFE)

Los cuatro son los guardianes de las esencias —y los secretos— de lo que el Podemos de la primera época llamaba "el régimen del 78". Y los cuatro defienden el legado del Rey emérito —Rajoy lo hizo expresamente en un artículo en 'El Mundo'—. Y Pedro Sánchez, el primer presidente que no lo es con Juan Carlos, se limita al tópico del respeto a las decisiones judiciales y el "nadie debería estar al margen de las acciones de los jueces", que usó el miércoles en el Congreso, y un empeño por diferenciar el periodo de Felipe VI al de su padre, a modo de cortafuegos

Los expresidentes del Gobierno, Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, en el acto por el 40 aniversario de la Constitución. (EFE)
Los expresidentes del Gobierno, Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, en el acto por el 40 aniversario de la Constitución. (EFE)

"No se puede escribir la historia de la Transición de España, la historia de la democracia y la libertad de España, del sistema constitucional español ni la historia del progreso en algunos de los últimos decenios sin el papel del Rey, lo cual no quiere decir que todas las acciones del Rey hayan sido correctas o justificables", asegura Aznar a El Confidencial.

Unidas Podemos sostiene que defendiendo al anterior jefe de Estado se defienden a sí mismos, porque todo ocurrió cuando ellos gobernaban.

El bipartidismo —PSOE y PP—, que precipitadamente se dio por muerto, ha vuelto a salir estos días en defensa de ese recuerdo político bloqueando comisiones de investigación sobre Juan Carlos de Borbón y sobre los GAL. Los dos partidos han sido siempre los pilares del sistema constitucional, con todo incluido, especialmente la monarquía, y ahora siguen cumpliendo ese papel.

El revisionismo histórico —de la Constitución— es la necesidad indispensable de deslegitimar aquello con lo que se quiere acabar

En la Mesa del Congreso, junto al representante de Vox, han frenado de raíz las citadas peticiones de comisiones de investigación. Los representantes del PSOE comunicaron previamente a sus socios de Unidas Podemos su intención de frenar las peticiones y evitar que llegara a la Junta de Portavoces y al Pleno, aunque fuera forzando el criterio de los letrados de la Cámara.

Y también esta semana, el PNV ha intentado por enésima vez cambiar la ley de secretos oficiales para levantar el velo de acontecimientos de la historia democrática como el 23-F o los GAL. PSOE y PP siempre han frenado todos los intentos de transparencia histórica.

Aznar asegura que "obviamente" los dos partidos deben defender esa historia democrática. "Los que defendemos el sistema constitucional, la armonía dentro del sistema constitucional, tenemos esa obligación y la cumplimos".

"Veo con preocupación a los que actúan en sentido contrario. Justamente el revisionismo histórico consiste en la necesidad indispensable de deslegitimar aquello con lo que se quiere acabar y se quiere acabar en gran medida con el sistema constitucional y eso es un error grave. Para el que lo haga desde el punto de vista de su posición y objetivo político y quien lo haga desde el punto de vista de su consentimiento. Ahí es donde un expresidente no debe callarse", explica.

José Enrique Serrano, exjefe de gabinete de González y de Zapatero, explica que los expresidentes "son figuras raras y todos en política tienen siempre la impresión de que el mundo empieza con ellos". Argumenta que por un lado hay un revisionismo que busca "poner en cuestión el proceso democrático" y por otro una dificultad evidente de darles "encaje institucional y político".

Ese revisionismo, explica, procede de "la izquierda de la izquierda, un nacionalismo e independentismo y también de una derecha de la derecha" y afecta especialmente a los expresidentes. Recuerda que Zapatero quiso darles un encaje, nombrándolos miembros permanentes del Consejo de Estado, pero la idea no funcionó y ni él mismo forma parte de la institución.

Antes, en el inicio del proceso democrático, se estudiaron otras fórmulas como las de senadores vitalicios que tampoco pudieron concretarse, y solo se aceptó una asignación y un estatus permanente. Serrano explica que en lo político siempre incomodan sus opiniones: "Lo que más desestabilizaba a Rajoy eran las declaraciones de Aznar, como a Zapatero le desestabilizaban las de González y a Sánchez las de González".

Recuerda cómo las palabras de Obama sobre la pandemia, han incomodado a Turmp, pero en España aún más en una "sociedad cainita".

Los expresidentes empiezan a serlo muy jóvenes. Si se dedican a la actividad privada son "puertas giratorias" y, en la actividad pública, molestan

En su opinión, influye el hecho de que, con la excepción de Rajoy, los expresidentes empiezan a serlo muy jóvenes, González a los 54 y Zapatero a los 51. Y por un lado si se dedican a la actividad privada son "puertas giratorias" y si se dedican a la actividad pública molestan, especialmente, a los de sus partidos. "¿Qué hacen estos señores?", asegura Serrano.

Podemos abrió en 2012 la puerta de la revisión de la Transición que hasta entonces solo habían empujado partidos minoritarios, con lo de "hacer saltar el candado de la Constitución". Y el propio Pablo Iglesias abrió la puerta de la recuperación de la memoria de los GAL cuando en 2015 sacó a relucir la cal viva, en referencia de los cadáveres de Lasa y Zabala, hallados en Alicante 24 años después de desaparecer, asesinados tras ser salvajemente torturados.

Ahora el partido de Pablo Iglesias se ha sumado a las comisiones de investigación sobre el Rey emérito y los GAL, pero casi obligado por su breve historia y arrastrando los pies. Ahora está en el Gobierno y sus prioridades y estrategias han cambiado.

La cuestión es que yo estoy convencido de que muchos de ustedes se enorgullecen de Zapatero, y se avergüenzan de Felipe

Para Aznar "este es un Gobierno consentidor. Algunos de los que están en el Gobierno no ocultan que lo quieren es la liquidación del sistema".

La intervención de Gabriel Rufián, portavoz de un partido como ERC que respaldó la investidura del presidente del Gobierno es un ejemplo de ese proceso: "Un Rey, un señor, que como todo el mundo sabe, vive en un palacio pagado por todos y al que no ha votado nadie, cuyo cuñado está en la cárcel por corruptelas, cuyo padre está perseguido por la justicia internacional y por la prensa internacional, por sus 'business' con sátrapas saudíes y, sobre todo, un señor cuya luna de miel por medio mundo fue pagada a pachas por su padre y por empresarios afines".

Para concluir diciendo: "La cuestión es que yo estoy convencido de que muchos de ustedes se enorgullecen de Zapatero, y se avergüenzan de Felipe".

Sánchez hace tiempo que retiró —políticamente— la estatua de González. Como Zapatero retiró en su momento la de González. Y Rajoy la de Aznar. Y Casado la de Rajoy. Está en la naturaleza de las personas. Lo nuevo es que los cuatro protagonicen, cada uno a su manera, la vida política. Los cuatro, con sus duras salidas de la Moncloa, componen nuestro valle de Rushmore, desde el que están sometidos a revisión.

Y como escribió Carlos Fuentes en 'La voluntad y la fortuna': "Solo será visto como un buen presidente si sabe ser un expresidente".

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