POR EL CIRRE DE LA FRONTERA

Cientos de marroquíes, varados en la calle en Algeciras: "Nos tratan peor que a perros"

Marroquíes que han perdido su trabajo y no pueden volver a casa sobreviven, esperando una solución, en los alrededores de su consulado en Algeciras

Foto: Inmigrantes durmiendo en los soportales de la Oficina de Turismo de Algeciras. (José Ángel Cadelo)
Inmigrantes durmiendo en los soportales de la Oficina de Turismo de Algeciras. (José Ángel Cadelo)

Han llegado desde diferentes puntos de Europa creyendo que podrían cruzar la frontera hacia Marruecos y reunirse, por fin, con sus familias. Perdieron su trabajo en Barcelona, Milán o Ámsterdam a causa de la crisis laboral del covid-19. Se pasan días y noches alrededor de la sede del consulado de Marruecos en Algeciras, pidiendo ayuda material para sobrevivir y rogando al cónsul que interceda ante Rabat para que les permita cruzar el paso fronterizo de Ceuta o Tánger. Solo quieren volver a casa. Son camareros, operarios o albañiles, y reconocen que decidieron emprender el viaje hasta la frontera cuando conocieron que Marruecos abrió el pasado 10 de junio un efímero corredor humanitario para permitir el ingreso al país, bajo estrictos controles de seguridad, a un pequeño grupo de súbditos de Mohamed VI a los que el cierre les sorprendió haciendo turismo por Europa.

Hamid es uno de los cuatro jóvenes que han dormido junto a la oficina de turismo de Algeciras, frente al consulado. Trabajaba en un puesto de frutas en el Mercado de la Ribera de Bilbao y nunca antes había dormido en la calle. Cuenta que carece de ahorros y recoge diariamente una ración de comida en el albergue de Nuevo Hogar Betania, junto a la estación de ferrocarril. De noche hace cola, junto a otros compatriotas en sus mismas circunstancias y españoles sin hogar, para acceder a una de las cenas frías que reparten las furgonetas de Cruz Roja o Cáritas en determinadas calles de la ciudad. Se asea en una fuente pública próxima al puerto y se pone la ropa limpia que le han bajado algunos vecinos solidarios. "Mira lo que hacen con nosotros; peor que a perros nos tratan", se queja señalando el consulado de su país. "Ahora ya sabemos que no van a dejarnos entrar porque nos han dicho que, si lo hicieran, se presentarían en Algeciras de golpe los tres millones de marroquíes que viven esparcidos por toda Europa y también quieren pasar sus vacaciones y la Fiesta del Cordero en sus casas. Pero yo no estoy aquí por gusto, ni por vacaciones, sino porque no tengo ningún sitio al que dirigirme", explica en buen español el frutero nacido en Asilah.

Ibrahim trabajaba en el campo de Málaga, "en la aceituna y la almendra, pero ya se terminó todo y estoy en la calle, como si fuera un yonqui". Dice que ya contaba con no poder pasar a su país a la primera, "pero pensé que iba a recibir alguna ayuda del consulado, que me alojarían en un hostal o me darían comida, como han hecho hasta ahora con todos esos paisanos míos a los que ya se les abrió la puerta para que pudieran volver a sus casas en Marruecos". El jornalero dice que algunos compañeros suyos han conseguido cruzar a Tánger en el ferri, escondidos en los bajos de camiones, y que otros, los que tenían dinero, han pagado hasta 3.000 euros por viajar junto al chófer del camión como conductores auxiliares o mecánicos, con documentación falsa fabricada por la empresa de transporte.

Aquellos que no pueden cruzar el Estrecho para llegar a sus casas pasan la noche al raso en las inmediaciones del consulado de Marruecos de Algeciras. (José Ángel Cadelo)
Aquellos que no pueden cruzar el Estrecho para llegar a sus casas pasan la noche al raso en las inmediaciones del consulado de Marruecos de Algeciras. (José Ángel Cadelo)

Entre los que se concentran en torno al consulado, también hay familias con niños. Pero no todos se quejan tan abiertamente del trato que están recibiendo, ni se atreven a señalar a los responsables, aunque son conscientes de que solo Marruecos y Burundi han actuado en la pandemia cerrando las fronteras incluso a sus propios nacionales. Algunos han llegado hasta aquí en sus vehículos, que ahora han convertido en improvisados hogares. Las declaraciones, hace dos días, del ministro marroquí de Exteriores, Nasser Bourita, anunciando que este verano no habrá operación Marhaba (que es como llaman en Marruecos a la operación Paso del Estrecho) les ha caído como una bomba: "Allí es donde tenemos nuestra casa, no nos dejan llegar a ella y el consulado ni siquiera nos abre la puerta: nos dicen que pidamos cita por internet".

El barrio donde se encuentra el consulado general de Marruecos en Algeciras es el mismo en el que hace apenas una semana fue detectado un pequeño brote de coronavirus entre los huéspedes del Hostal Zagora, inmigrantes subsaharianos en su mayoría alojados por una ONG. Desde este martes, sanitarios del Hospital Punta Europa realizan en el patio de la Mezquita Huda, frente al propio hostal en cuarentena, test PCR y serológicos a comerciantes y familias de la zona. Aunque esa mezquita fue abierta tras el desconfinamiento con severas medidas de higiene y distancia entre fieles, sus responsables reconocen que los migrantes que dieron positivo en los test y que ahora están confinados y custodiados en su hostal frecuentaron la sala de oración.

El consulado ha decidido atender solo a quienes tienen cita previa. (José Ángel Cadelo)
El consulado ha decidido atender solo a quienes tienen cita previa. (José Ángel Cadelo)

El cónsul marroquí en Algeciras, Mohamed Rafaoui, se encargó personalmente de hacer que regresaran a sus países europeos de residencia los primeros marroquíes que llegaron a Algeciras en autobús para cruzar el Estrecho justo cuando Marruecos cerró sus fronteras. Después, abonó regularmente el alojamiento en el Hotel Mercure de Algeciras a aquellos turistas marroquíes a los que el cierre sorprendió viajando hasta que les fue abierto un corredor humanitario hacia Marruecos. El propio consulado se encargó de hacerles llegar diariamente la comida desde un restaurante 'halal' de la localidad.

La crisis de los marroquíes varados no tiene fácil solución. Un agente local del consulado declara abiertamente a quienes protestan en la puerta que Marruecos no puede permitir que tres millones de personas entren ahora en el país y se pasen el mes de vacaciones recorriendo Marruecos de primo en primo y de amigo en amigo, dando abrazos y besos a todos.

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