"Nos contaron que había tomado cocaína"

Internos del centro donde murió Ilias: "Nos decían que seríamos los siguientes"

Varios chicos que han pasado por el centro de menores de Oria relatan cómo vivieron el día que murió Ilias y cómo era el trato que recibían mientras cumplían su condena

Foto: Centro de Tierras de Oria. (Google Maps)
Centro de Tierras de Oria. (Google Maps)

Tarek recuerda perfectamente el día que murió su compañero Ilias en el centro para menores infractores Tierras de Oria, de Almería. “Era un día normal, hasta que empecé a oír helicópteros y entraron 20 policías. Nadie sabía qué pasaba, estaban todos muy nerviosos. Al día siguiente vinieron los psicólogos y nos dijeron que había sido por un incendio, aunque no me lo creí”.

A los pocos días, Manuel Madrid, director del centro hasta este lunes —cuando presentó su dimisión para “salvaguardar el trabajo y buena imagen” del centro—, reunió por grupos a los internos. “Nos dijeron que Ilias había sufrido un paro cardiaco por tomar cocaína. ¡Pero ese niño ni fumaba! ¡No tomaba ninguna droga! Era un chico tranquilo, ni hablaba en clase”, cuenta este interno hasta el pasado mes de octubre. La autopsia del menor dio negativo en los análisis toxicológicos y reflejó "congestión y hemorragias agudas" en todos los órganos, aunque determinó que la causa de la muerte había sido accidental a raiz de un paro cardiaco en el momento de la contención.

Nos dijeron que Ilias había sufrido un paro por tomar cocaína. ¡Pero ese niño ni fumaba!

Miguel*, que también ha salido ya de Tierras de Oria pero oculta su nombre porque todavía tiene miedo a represalias, compartió módulo con Ilias, cuyos últimos segundos de vida fueron publicados esta semana en 'El País'. En las imágenes, se ve cómo varios hombres lo reducen y lo atan a una cama —práctica que usa este centro para reducir a los menores— durante 13 minutos que acaban con su vida, sin que el menor muestre resistencia. “Sé lo que sintió porque a mí también me lo han hecho. Te cogían con maldad, como si fueras un perro. Una vez, en la misma sala donde murió Ilias, me ataron durante un minuto, contra la almohada. No respiraba y cuando me soltaron no podía ni hablar”.

Miguel, además, sufre una enfermedad crónica por la que necesita un tratamiento y controles diarios que, según afirma, no le suministraban. Y aunque, por su condición, las contenciones mecánicas están contraindicadas, asegura que nunca fue un problema para que le sometiesen a los amarres. “Otra vez me dejaron una noche entera atado. Y les da igual si te meas o te cagas. Te ven como un delincuente y se encargan de repetírtelo todo el tiempo”.

El juzgado de Purchena decidió archivar el caso el pasado mes de diciembre al considerar que se trató de una muerte accidental, aunque la familia lo ha recurrido. La misma Junta de Andalucía ha afirmado esta semana que en la publicación “no hay nada adicional” sobre la muerte de Ilias que les lleve a tomar otras medidas al margen de las judiciales y no entran ni hacen declaraciones sobre la gestión de la empresa que lo dirige, Ginso.

“Yo solía jugar con él al fútbol. Era un chico que nunca se metía en jaleos, no estaba ni en el módulo conflictivo. Además, esos días estaba empastillado vivo, no tenía ni fuerzas”, cuenta otro interno de 18 años que sigue actualmente en Tierras de Oria.

Ilias y Anass, cuando llegaron a España, en 2017. (Cedida)
Ilias y Anass, cuando llegaron a España, en 2017. (Cedida)

Anass Tahiri, hermano mayor de Ilias, repasa lo último que supieron de su hermano. “Estuvo en el centro dos meses y pocos días. Y en todo ese tiempo no pudimos verle. Cuando llamábamos nos decían siempre que estaba bien, pero un día le dijo a mi madre que fuese. No quería hablar por teléfono porque tenía miedo. Cuando fue le contó la verdad: que le estaban tratando mal, que había un educador que estaba todo el día amenazándole. También le dijo que ya el primer día, nada más llegar, le habían atado. Le pidió por favor que buscase a su abogado y le sacase de allí”. No hubo tiempo. Al día siguiente recibieron la llamada que les informaba de la muerte de su hijo. “Le volvieron a atar por hablar con mi madre, no tengo ninguna duda”.

Ni siquiera a ellos, afirman, le dieron una explicación convincente sobre los últimos momentos de Ilias: “Primero nos dijeron que se había peleado con otro, luego que se había puesto a golpear cosas, luego que fue porque se estaba tatuando…”, se indigna Anass. Esta versión difiere de la declaración del psicólogo del centro, que afirmó que el encuentro del día anterior se realizó con normalidad, que el chico era problemático y que la madre, al irse se mostró incluso "agradecida".

Ginso, la empresa que gestiona el centro, no quiere entrar a valorar el contenido del vídeo por tratarse de una causa judicializada, pero consideran que tras el archivo "quedó patente la necesidad y correcta aplicación de las medidas de contención por parte de los empleados, quienes cumplieron de manera escrupulosa con el protocolo y procedimientos vigentes en su momento", así como que la aplicación de este medida es "excepcional" y se aplica "tras haber agotado todos los recursos educativos y terapéuticos, realizando la mínima fuerza imprescindible". "El protocolo indica que, en la medida de lo posible, cada miembro del equipo que realiza la contención se ocupará de una extremidad y otro se dirigirá a la cabeza para que no se autolesione", explican a este periódico.

Contenciones contrarias a su propio protocolo

Aunque polémicas, las medidas de contención (atar a los chicos a una cama para reducirles) son habituales en la historia de este centro. Los relatos de los menores que salieron recientemente, son calcados a los que ya contaba este diario en 2018 con otros testimonios. Incluso extrabajadores del centro reconocían haber presenciado contenciones muy por encima de lo que consideraban imprescindibles. Sin embargo, la dirección siempre se ha defendido alegando que las inmovilizaciones son legales y que se hacen ajustadas a derecho, es decir, que se procede a ella solo si el menor sigue mostrándose violento después de haberle reducido físicamente. Del relato de los internos y extrabajadores, se deduce que no siempre es así, aunque lo reflejen sus propios informes.

Vídeo de la contención de Ilias. ('El País')
Vídeo de la contención de Ilias. ('El País')

“Si se les inmovilizaba a las 11 de la mañana y se les soltaba a las tres de la tarde, a mí me dicen que en mi informe tengo que poner lo que dice el coordinador: que se les ha inmovilizado a las 11 y se les ha soltado a las 12:30”, contaba a este periódico hace dos años Miguel Marín, exjefe de seguridad en Tierras de Oria. “Casi que se pone que al chico se le trata con guantes de seda para no hacerle daño y que el educador se pasa cada hora y media hora para supervisar la contención, pero se pasa cuando le da la gana”. Además, tal y como relataban, los trabajadores debían firmar informes médicos donde se recogían lesiones por parte del menor para justificar la contención.

De hecho, estas contenciones van en contra de lo que recomienda el propio protocolo de Ginso, la empresa que gestiona el centro: “Con carácter general, la posición del menor en la cama será de decúbito supino (boca arriba), salvo que por prescripción médica u otras circunstancias justifiquen o aconsejen la posición de decúbito prono (boca abajo)”.

“A mí me ataron una vez durante tres horas y media”, relata Tarek. “Había pedido salir al patio porque se habían llevado a aislamiento a mi compañero y nos habían quitado la tele y me aburría. Me dijeron que sí, me vinieron a buscar dos coordinadores y cuando vamos hacia el patio empezaron a llegar guardias y más guardias. Ahí ya me dicen que voy a dormir en un cuarto de aislamiento y yo me negué porque no había hecho nada. Del tirón, me tiraron al suelo, me pusieron una rodilla en la cabeza y me ataron a la cama”, explica al teléfono. “Recuerdo que les decía que no sentía ni las muñecas, tenía la mano lila, hinchadísima. Estaba llorando y hasta me meé encima, pidiéndole por favor que me soltase la mano. Pues vino el de seguridad, me pegó un tirón, y me apretó más todavía la correa”.

Estaba llorando y hasta me meé encima, pidiéndole por favor que me soltase la mano

Una vez le soltaron, cuenta que le llevaron directamente a aislamiento, donde estuvo tres o cuatro días “para que no pudiese llamar a mi madre”. Sin embargo, cuando su madre fue a verle, todavía tenía los ojos rojos y las manos y pies ensangrentados y llenos de heridas. “Me dijeron que mi hijo se había intentado suicidar, que le habían hecho un protocolo antisuicidio y le habían dado medicación. Yo sabía que eso no podía ser verdad, porque mi hijo no haría eso. Fui a verle, pero no me dejaban estar con él a solas, las psicólogas le decían todo el rato lo que tenía que decir. Le hicieron creer que había sido culpa suya, hasta que conseguí meterme con él en un baño y ya me contó todo”, cuenta Carina a su lado.

“Cuando salió de aislamiento le pusieron como compañero a un chico que había matado a tres personas”, añade. Al verle con los ojos rojos aún días después de haber sido atado, Carina pidió los educadores que le llevasen a un ocultista para que le revisasen la vista. Le llamaron hace una semana, meses después de dejar el centro.

Hace unos días, el famoso rapero Ayax también compartió un testimonio similar sobre su paso por Tierras de Oria como reacción al vídeo de la muerte de Ilias. "Me dio un escalofrío porque yo he sido ese chaval. A mí se me echaron todos encima para atarme y por gracia de Dios a mí no me ahogaron", contó a La Sexta. También relató haber pasado por la práctica de "la silla": estar sentados durante horas frente a un espejo con la postura erguida. "Si te entra sueño, te recuestas o te duermes te dan un guantazo".

Pastillas sin permiso paternal

Siempre que han intentado denunciar la situación, ambas madres afirman haberse encontrado con puertas cerradas, por lo que desistieron de seguir la vía judicial, sobre todo una vez salieron sus hijos. “No quería seguir poniéndole en peligro porque cada paso que daba le traía represalias. He estado un año paseando la documentación e intentando defenderle, y luego caí en una depresión por todo esto”, cuenta la madre de Miguel, que también prefiere no ser identificada. “Una vez me dijo el juez que si mi hijo tenía que morir, que muriese. Y al poco tiempo murió Ilias”, cuenta la madre de Miguel.

Además, afirma, le negaron en varias ocasiones la comunicación con su hijo durante meses, así como información sobre la medicación que estaban suministrando. “Se la daban machacada para no saber qué era. Desde entonces y también por la falta de tratamiento no es el mismo, aunque vamos poco a poco”.

Si le dan una paliza, ¿qué clase de informe de lesiones vas a tener si al médico le paga esa misma empresa?

Anass afirma que su hermano no tenía ningún problema mental ni de salud que justificase las “tres o cuatro pastillas distintas que le daban al día”, aunque la declaración del psicólogo hable de intentos de suicidio. “Mi hermano era un chico normal, empezó a cambiar cuando entró ahí. Además, nunca llegó la autorización que tenía que firmar mi madre para darle esas pastillas. Eso sí, para negarle ir a la piscina o al gimnasio por no tener autorización no había problema”.

La atención sanitaria, según internos y familias, no siempre es la adecuada ni está garantizada todo el tiempo. “En una de las salidas fuimos al dentista porque le dolía una muela y nos mandaron antibióticos. Se lo di en mano al médico para que se lo suministrasen, pero no lo hicieron. Estuvo días sin medicación”, cuenta Carina. “Solo les veía el médico del centro, aunque yo pidiese ir a otro pagándolo de mi bolsillo. Porque claro, si le dan una paliza, ¿qué clase de informe de lesiones vas a tener si al médico le paga esa misma empresa?”.

“Vienen dos enfermeras por las mañanas y un médico por la tarde. Pero si pides ir al médico porque te encuentras mal, igual te llaman a los tres días. Mucha gente se ha hecho un esguince en fin de semana, y hasta el lunes no les han atendido, porque los findes no hay nadie”, cuenta el menor que sigue dentro. “Y ahora mismo, por ejemplo, yo no tengo claro si es muy legal, pero nos están poniendo en aislamiento durante 8 días cuando volvemos de permiso por la excusa del coronavirus. Y antes eran 15”, añade.

Además, las contenciones no son las únicas acciones violentas que narran los internos y exinternos. “Allí la violencia es el pan de cada día. Me afectaba, pero lo veía como algo normal, te acostumbras. Hubo una vez que me dejó especialmente tocado: estaba pasando por la zona donde vas si te peleas con otro interno, y uno de los guardias, que sale en el vídeo de Ilias, estaba chinchando y riéndose de un chaval, dándole codazos…”, explica Miguel. “Lo único que te imparten ahí es miedo. Te inculcan que eres un delincuente y que todo te va a costar mucho más”.

Lo único que te imparten ahí es miedo. Te inculcan que eres un delincuente y que todo te va a costar mucho más

“A mí no me han amarrado estando allí, pero sí he visto a muchos guardias pisar la cabeza, con la rodilla mismo, contra el suelo”, explica el chico que sigue interno. Ni siquiera tras salir en las noticias, afirman los exinternos, la situación mejoró. “Después de lo de Ilias fue incluso peor, estaban crecidos. Se creen impunes, ven que muere un chaval y nadie hace nada”, cuenta Tarek. “Es más, después de aquello lo que te decían los guardias es que ibas a ser el próximo”.

A pesar de que son centros orientados a la reinserción y reeducación, el relato de los testimonios tampoco coincide con este objetivo formativo. “Las clases se imparten a través de una plataforma, pero hay un solo ordenador para todos, y lo cogen los ‘privilegiados’, los que les caen bien. Ni llevándole yo misma una 'tablet' le dejaron seguir el curso”, cuenta la madre de Miguel. “Una vez le di al centro 100 euros para clases particulares, pero no se las daban. Cuando reclamé el dinero, me dijeron que solo tenían 40 euros...”, cuenta Carina. “Me he tirado tres días sin tener clase porque no había suficientes profesores para todos. Pero es que además había maestros que no tenían ni la ESO, te querían explicar cosas sin saber ellos nada”, explica Tarek. En 2018, dos extrabajadores reconocieron a El Confidencial haber impartido clase sin tener formación: “Empecé sin titulación ninguna, en 2002. A los dos años me ascendieron a tutor. Tenía que dar formación a los niños, si yo no la tengo, ¡cómo les voy a dar a ellos! Estuve dos o tres años porque no me parecía bien y lo dejé, se me quedaba grande”, contaba entonces. "Un alto porcentaje de educadores no solo no posee titulación como graduado en Educación Social, sino que no poseen ni el título de ESO, y sí algún tipo de vinculación amistosa y política en alguno de los municipios de la zona".

Ginso, décadas al frente del centro

A pesar de protagonizar ya varios escándalos, la empresa que la gestiona, Ginso, sigue al frente del centro. De hecho, el pasado mes de diciembre, cinco después de la muerte de Ilias, la Junta de Andalucía le prorrogó por dos años la licitación que lleva ganando desde 2009, esta vez por un total de 20.300.000 euros.

Desde el año 2000, la Ley del Menor permite que entidades privadas gestionen centros de menores siempre y cuando no tengan ánimo de lucro. Ginso, fue una de las primeras en aprovechar esta ley y empezar a construir centros como el de Oria, Brea de Tajo, en Madrid, o La Marchenilla, en Cádiz. Sin embargo, el presidente de la fundación, Alfredo Santos, arquitecto y con experiencia en prisiones, sí se ha beneficiado de las adjudicaciones de la Junta. Su empresa de construcción, Icono Consultores, fue la encargada de llevar a cabo el proyecto de construcción del centro Tierras de Oria, tal y como reconoció al diario 'El País' en 2006. “Sería absurdo que no me contratase a mí mismo”, dijo entonces.

El presidente de la fundación, Alfredo Santos, arquitecto y con experiencia en prisiones, sí se ha beneficiado de las adjudicaciones de la Junta

Personas cercanas al funcionamiento del centro aseguran que el subdirector ya ha sido presentado a la plantilla como el nuevo director. Además, es el marido de la directora del centro de Purchena, también gestionado por Ginso y que dimitió junto a Manuel Madrid el lunes 15.

Las relaciones familiares son habituales en este reformatorio. También, las vinculaciones e intereses políticos en Tierras de Oria, tal y como reconocían varios extrabajadores en el artículo de 2018. Al menos seis de ellos aseguraron haber sido coaccionados por personas cercanas al PSOE para afiliarse al partido y favorecerle localmente. “Cuando llevaba tres años trabajando, Manuel Madrid [el director] me dijo que o me empadronaba en Oria o si no me echaba. A los días, el subdirector vino con nosotros a votar —todo el equipo de seguridad, como 60 o 70 personas— y nos dio la papeleta del PSOE. Votaron ellos prácticamente”, contaba un antiguo vigilante. Madrid negó entonces las acusaciones afirmando que "las coacciones para votar unas u otras opciones en unas elecciones locales desacreditan a quien incluso lo dice, porque el voto en España por suerte es secreto". En esta ocasión, no ha contestado a este periódico al cierre de este artículo.

En 2011, el defensor del pueblo andaluz ya denunció la aplicación de castigos en este centro, como inmovilizaciones o privación del sueño

Ni siquiera la del menor de origen marroquí es la primera muerte que salpica a este reformatorio. En 2011, Ramón Barrios, de 18 años, murió supuestamente de un infarto al corazón durante su estancia en el centro Teresa de Calcuta, pero la familia siempre puso en duda esta versión tras observar arañazos y moratones en el cuerpo del joven durante el funeral.

En 2011, el defensor del pueblo andaluz ya denunció la aplicación de castigos en este centro, como inmovilizaciones indefinidas o privación del sueño, y en 2012 Tierras de Oria tuvo un expediente por las quejas de familiares de un interno que aseguraban que sufría “continuas y cotidianas represiones físicas, verbales y psicológicas”.

Tampoco el vídeo de esta semana ha sido el primero en salir a la luz sobre sus polémicas contenciones. En 2015, eldiario.es publicó otro similar que también puso el foco en el centro, pero que no le trajo ninguna consecuencia. Desde Ginso, se defienden de todas las acusaciones asegurando que su empresa, hasta este momento "jamás ha sido investigada en ningún procedimiento penal".

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