El fenómeno de la madrileñofobia

Hartos de Madrid: cuando España se revuelve contra su capital

El coronavirus genera un 'revival' del antimadrileñismo en todo el país. ¿Por qué la periferia recela de Madrid? Del 'dumping' fiscal a los 'cayetanos'. Un fenómeno que viene de lejos

Foto: Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso. (EFE)
Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

A los 'colonos' madrileños que viajaron a la costa mediterránea antes del estado de alarma coronavírico, les recibieron (en Twitter) con alquitrán y plumas. 'Madrileño' se convirtió en sinónimo de 'apestado'. Los madrileños eran los nuevos zombis. O el madrileño/Madrid como criatura devoradora de hombres/recursos ajenos. La metáfora zombi se fue llenando de contenido político las siguientes semanas: de las clásicas puyas del presidente valenciano, Ximo Puig, al 'dumping' fiscal madrileño, a la lenguaraz contabilidad creativa de Pablo Echenique en el Congreso: "Si quitamos la Comunidad de Madrid (CAM), los datos epidemiológicos de España mejoran bastante... Sin Madrid, España pasaría de ser el séptimo país con más contagios por coronavirus a duodécimo".

El 25 de mayo, 'La Voz de Galicia' tituló: "Los viajes de Madrid explican el 76% de las muertes en el pico de la epidemia". "Científicos del CSIC y la empresa Kido Dynamics han demostrado que la expansión del coronavirus por España guarda una correlación directa con los viajes desde y hacia Madrid. De hecho, llegan a concluir que el 65 % de los casos en el momento pico de la epidemia de cada región responden a los intercambios poblacionales con Madrid", según el artículo.

¿Hay motivos para cabrearse con Madrid? ¿El coronavirus ha generado un brote de madrileñofobia o solo ha acelerado una tendencia anterior? ¿Cuál es la relación entre la fobia a Madrid y la batalla política CAM/Moncloa? ¿Madrid nos roba o nos gusta convertirlo todo en drama autonómico victimista?

"El principal factor del revival antimadrileño durante el coronavirus ha sido, sin duda, que la pandemia incidió en las zonas más densamente pobladas y con mayor movilidad, esto es: Madrid, Barcelona y sus áreas metropolitanas. La transmisión comunitaria en Madrid fue el principal factor de que llegásemos al estado de alarma. Esto, obviamente, no es responsabilidad de Madrid ni de los madrileños, y además pasó en otros países. A partir de ahí, varios factores confluyen, pero fundamentalmente que Madrid marcó totalmente la pauta del confinamiento, pues se confinó todo el país (incluyendo zonas rurales en las que nunca hubo casos, o no los hubo durante semanas) como si fuera el paseo de la Castellana. No hubo cierre de Madrid (como sí lo hubo de Lombardía), sino de España. Más factores que influyeron en esta madrileñofobia de nuevo cuño: el tratamiento mediático, muy volcado en Madrid, y la sospecha de que mucha gente, sobre todo de Madrid, se confinó en sus segundas residencias, lo que constituyó un claro ejemplo de insolidaridad, porque podría haber contribuido a difundir el contagio. Otros factores, como el 'dumping' fiscal, eran preexistentes y ahora afloran en este contexto", según Guillermo López, profesor de Periodismo de la Universidad de Valencia y editor de 'La Página Definitiva'.

"La pandemia ha amplificado el debate, pero en realidad venía de lejos, como las quejas por el trato fiscal a Madrid y las ventajas de la capitalidad. Ya había tensiones latentes, relacionadas con que Madrid crecía mucho más deprisa que otras comunidades autónomas, pero el virus, al exacerbar la competición por los recursos, ha brotado el malestar con más intensidad", cuenta Ignacio Sánchez Cuenca, sociólogo y autor de 'La desfachatez intelectual'.

Atacada por el coronavirus, Madrid no rehuyó el choque, al contrario, lo alimentó: de los mandobles de Isabel Díaz Ayuso a Sánchez (como culpable único de la pandemia), al psicodrama de la desescalada: lo previsible era que Cataluña pataleara por quedarse en fase cero, pero fue Madrid la que agitó la bandera del victimismo: ¡El Gobierno central nos discrimina! La guinda la puso la rebelión de los 'cayetanos' del barrio de Salamanca. Madrid y cierra España. ¿Estamos ante un 'procés' castizo? "Absolutamente. Una polarización social que, al mismo tiempo, viene acompañada de una tensión institucional —CAM/Gobierno central— y que alimenta las posiciones extremas, dificultando más y más el acuerdo. Y el 'procés', por cierto, no mola", afirma Jordi Amat, autor de 'La conjura de los irresponsables', crónica del descalabro procesista en Cataluña.

"No es nuevo. Ya sucedió durante el Gobierno de Zapatero: el PP hace oposición al Gobierno desde las administraciones que controla (también lo hacía el PSOE con Andalucía siempre que en la Moncloa estaba el PP). La novedad ahora es que el PP de Madrid es el PP más beligerante y radicalizado en muchos postulados, que también manda en Génova, y que la incidencia de la pandemia en Madrid ha puesto si cabe más de relieve la importancia de la CAM y su visibilidad mediática y política. Así que el PP le hace oposición al Gobierno español desde su feudo madrileño, como siempre, pero ahora lo vemos aún más por la naturaleza del foco informativo, totalmente volcado en el coronavirus. Esto provoca, por último, que la inacabable riada informativa que emana desde los medios nacionales sobre Cataluña ahora haya virado hacia un pulso netamente madrileño por el poder: a un lado, el Gobierno español; al otro, la derecha española radicada en Madrid, con apoyo de ciertos poderes del Estado que estos meses han tenido protagonismo", resume Guillermo López.

Aguirre y Aznar. (EFE)
Aguirre y Aznar. (EFE)

El cogollo del poder castizo

La larga hegemonía del PP madrileño hace correr ríos de tinta sociológica cada vez que el PP gana unas elecciones en Madrid. Habla Ignacio Sánchez Cuenca: "El PP puso en marcha un modelo de crecimiento que genera adhesiones importantes en sectores que no votaban tradicionalmente a la derecha. Tiene que ver con el boom inmobiliario, que hizo que muchas familias modestas tuvieran un activo que no dejaba de revalorizarse. También con la exitosa política electoral de construir estaciones de metro por todas partes, con su consiguiente revalorización de las viviendas. Tiene que ver, en definitiva, con la creación de una masa de propietarios con aspiraciones de saltar a la clase media o media alta, propietarios que, a su vez, recurren más a los servicios privados de educación y sanidad porque los públicos están cada vez más precarizados". Un proceso hegemónico cuya principal dinamizadora fue Esperanza Aguirre.

Madrid es una metrópoli económicamente imparable, contra la que ni siquiera puede competir Cataluña

No obstante, más allá del hilo que une al aguirrismo con el ayusismo, Sánchez Cuenca ve contextos diferentes: "Entiendo las analogías con la primera legislatura de Zapatero, pero creo que hay diferencias importantes. Cuando Casado apuesta por Madrid como ejemplo regional a seguir, genera tensiones en el PP periférico, como en Galicia. Esos recelos tienen que ver con cuestiones estructurales de fondo: el miedo del resto de comunidades a que Madrid chupe demasiados recursos por su pujanza económica. Ese resquemor no era tan evidente en tiempos de Esperanza Aguirre. Entonces no se asociaba tan claramente a Madrid con un sumidero por el que se cuela el capital humano de la España mesetaria, secando a las regiones del alrededor, hasta formar una metrópoli económicamente imparable, contra la que ni siquiera puede competir Cataluña, cuya renta per cápita ya está detrás de la de Madrid, aspiración histórica de las élites madrileñas".

En efecto, desde hace unos años, Madrid ha empezado a ser vista como el "gran agujero negro de España que todo lo engulle", no ya a las provincias pobres, como era tradicional, sino también a las ricas, a las que se les escapan los trabajadores cualificados. Madrid no solo vacía ya a la España vacía, sino también a la llena. Durante este siglo, se ha triplicado el éxodo a Madrid de sevillanos y valencianos. 160.000 personas trabajan en Madrid y viven en otras provincias. Es cierto que el proceso de burbuja 'metropolizadora' se ha dado en otras grandes capitales europeas (Londres o París), con la concentración de multinacionales y servicios financieros, pero Madrid tiene sus anomalías, como un bloque conservador hegemónico, cuando (a grandes rasgos) la tendencia internacional es la contraria: grandes metrópolis progresistas rodeadas de populismo derechista emergente. Recuerden: Londres votó contra el Brexit. Recuerden: el voto a Vox en Madrid es más alto que en el resto del país, al contrario de lo que le ocurre al Frente Nacional en París/Francia.

Solo hay una manera de ser español, la de Madrid, los demás son medio españoles

Madrid, en definitiva, está que arde. "El conflicto catalán, en 2017, supuso un salto cultural cualitativo. Lo que antes era una derecha más liberal (y más cosmopolita en cierto sentido) se ha vuelto más castiza, localista y españolista. Eso hace que, en perspectiva comparada, el derechismo de Madrid sea más extraño o más chocante. Madrid es ahora mismo el centro del nuevo nacionalismo español, el de la exhibición de banderas, que tiene un lado positivo, al quitar complejos el uso de símbolos nacionales, y otro preocupante: una dimensión excluyente muy clara. Solo hay una manera de ser español, que es la de Madrid, y los demás son medio españoles como mucho. Ese salto cualitativo es polémico, mucha gente cree que no se ha dado, pero yo creo que sí, la afirmación primaria del nacionalismo español como respuesta a la crisis catalana ha hecho que Madrid se haya desligado aún más de las tendencias de las ciudades globalizadas de nuestra época", opina Sánchez Cuenca.

Sorpaso a Barcelona

Dentro de la agresiva competencia entre metrópolis globales, Madrid ha ganado la liga sectorial española, al dar el sospasso a Barcelona tras muchos intentos. El adelanto generó un terremoto territorial subterráneo. En efecto, tiende a olvidarse que el 'procés' fue también un choque entre élites madrileñas y élites catalanas en contexto económico de escasez.

Habla Ignacio Sánchez Cuenca: "Jacint Jordana, catedrático de la Pompeu Fabra, ha publicado un libro —'Madrid, Barcelona y el Estado'— sobre la crisis catalana como ruptura del equilibro tradicional entre Madrid y Barcelona. Hay países que tienen dos grandes ciudades, una más política y otra más económica, como Italia (Milán y Roma). Y otros con un modelo de ciudad dominante (Londres y París). La tesis de Jordana es que España había apostado por un modelo de doble ciudad global... hasta que dejó de hacerlo entrado el siglo XXI. El paso del sistema bipolar al sistema unipolar generó parte del desequilibrio político posterior. Mientras Madrid y Barcelona compitieron en pie de igualdad, hubo beneficios para ambas regiones y para España, pero en cuanto dejaron de hacerlo, al apostar el poder central por Madrid, y empezar Barcelona a declinar, se radicalizó el discurso independentista".

Otro libro que ha tratado el asunto recientemente es 'Barcelona y Madrid: decadencia y auge', de J.M. Martí Font, que cuenta cosas como: "Madrid, sobre el papel, es más rica que Barcelona; tiene el PIB per cápita más alto de España. Sin embargo, presenta un índice de desigualdad mucho mayor, lo que explica que sea la segunda gran ciudad más segregada de Europa, donde los espacios de éxito están radicalmente separados de los espacios de vulnerabilidad, a menudo a través de las llamadas 'gated cities', barrios para ricos, fenómenos de privatización y fortificación espacial donde se crean espacios supuestamente a salvo de incidencias del exterior".

La fiscalidad de Madrid es un mecanismo de 'descohesión' territorial, que no está al servicio de la mejora de los servicios públicos de Madrid

El sorpaso madrileño comenzó a perfilarse hace un cuarto de siglo, con las privatizaciones aznaristas de los gigantes del sector público español, dejados en manos de afines a la causa, que generó una "descompensada concentración del poder en un determinado Madrid", según Jordi Amat. "Este es el sector que constituye el meollo del aznarato y que ahora cuenta con la CAM como primera referencia institucional. No es la primera vez que ocurre. Durante el reinado del aguirrismo quedó claro que aquel determinado Madrid ­había monopolizado el poder efectivo del Estado. Es la roca de un poder que, ni siquiera el ejecutivo, parece tener la capacidad de poder perforar para intentar reformar el Estado", escribió Amat en 'La Vanguardia' como trasfondo de la guerra Sánchez/Ayuso con pandemia de fondo, una de cuyas batallas decisivas será la fiscal.

Al Pascual lo que es del Pascual. Maragall fue uno de los primeros que vio venir el sorpaso del Madrid globalizado... a España. En 2001, en pleno aznarato, en una tribuna en "El País': 'Madrid se va'. Extractos: "Se tiene desde la periferia la sensación de que Madrid se va de España. Que juega otra liga, la liga mundial de ciudades. Una especie de síndrome Figo, muy acusado, cómo no, en Barcelona...Tenemos la impresión de que a Madrid... ya no le interesamos. Que España, para Madrid, es ahora tan solo el lugar donde ir a buscar pequeñas y medianas empresas en venta para mejorar posiciones, sector por sector, antes de dar el salto al otro lado del charco... Eso en el terreno económico, que ha pasado a ser no ya el decisivo, sino el único que cuenta... La definición, no sé si decir madrileña o popular de España, es la siguiente: España está formada por un conjunto de puntos a distancias diversas de Madrid. Y la definición del objetivo de la política territorial es, como sabemos, acortar esas distancias. Todas las capitales de provincia a menos de X horas de Madrid en un plazo máximo de Y años... Si Madrid se va solo por ahí, puede ser que un día se encuentre que los demás vamos todos juntos por otro lado. El Madrid del Gobierno, claro. Porque el Madrid de Tierno no creo que esté metido en ese viaje".

Por el 'dumping' de Alcalá

Hay noticias que no ayudan a mitigar la manía fiscal a Madrid. "El fisco 'caza' a 22 grandes fortunas que evaden impuestos en la Comunitat Valenciana gracias al 'dumping' fiscal de Madrid", informó 'eldiario.es' hace unos días: "La Agencia Tributaria Valenciana y la estatal han firmado 17 actas de conformidad por trasladar el domicilio fiscal a la CAM para ahorrarse los impuestos de sucesiones y patrimonio: recuperan 14,4 millones solo de 2017".

"Después de 16 años haciéndolo, vamos a promover la mayor rebaja de la historia de Madrid. Otra vez. Madrid es la comunidad autónoma con los impuestos más bajos de toda España. Esta política económica ha sido el signo de identidad de los gobiernos del Partido Popular de Madrid, y lo seguirá siendo... Bajando impuestos –incluso en los momentos de crisis–, se ha conseguido que Madrid esté a la cabeza de todos los índices macroeconómicos, y que se convierta en la locomotora de España”, dijo Isabel Díaz Ayuso en su toma de posesión como presidenta de la CAM. En datos previos a la llegada de Ayuso: la CAM tiene el IRPF más bajo del país, el impuesto de sucesiones y donaciones se bonifica a un 99% y el de patrimonio ha sido eliminado.

Madrid no es un paraíso fiscal, pero es lo más alejado a un infierno fiscal que hay en España

Dos semanas antes del estado de alarma, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, acusó a la CAM de 'dumping' fiscal. Según la ministra, Madrid baja sus impuestos para atraer recursos de otras comunidades, que arrastradas a hacer lo propio, pierden recaudación... y acaban "pidiendo ayuda al Gobierno". El consejero de Hacienda de la CAM, Javier Fernández-Lasquetty, contraatacó defendiendo su política de impuestos bajos y cargando contra la armonía autonómica fiscal que plantea Sánchez. "Madrid no es un paraíso fiscal, pero es lo más alejado a un infierno fiscal que hay en España", dijo Lasquetty a Intereconomía.

Una lucha política con interrogantes: ¿acaso la CAM no tiene las competencias sobre esos impuestos? ¿Logrará el Gobierno volver a controlarlos? ¿Por qué cuando Madrid baja impuestos miramos siempre hacia afuera —Valencia protesta— en lugar de hacia dentro? ¿Por qué Madrid está a la cola en gasto por alumno siendo una región rica?

"La fiscalidad de la Comunidad de Madrid es una herramienta de captación de empresas y fortunas de todo el país. Es un mecanismo de 'descohesión' territorial y captación del poder que, paradójicamente, no está al servicio de la mejora de los servicios públicos de la comunidad en sanidad y educación, como Comisiones Obreras —por ejemplo— ha venido sistemáticamente denunciando. Esa deslealtad es un problema de Estado de primera magnitud", cuenta Jordi Amat. La CAM es un "paraíso fiscal legal para aspirar a tanto poder económico como sea posible", y genera una "fiscalidad discriminatoria" hacia el resto del Estado, añadió Amat en un artículo de 2019 que concluía así: "La ironía esperpéntica es que esta anomalía sistémica, que perjudica la calidad de los servicios públicos en Madrid y el desarrollo económico del resto de España, se tapa con una retórica, al mismo tiempo patriótica y liberal, que afirma tener como objetivo principal la defensa de los 'libres e iguales' y el combate contra la perfidia del nacionalismo periférico".

Gallardón, Ayuso y Aguirre. (EFE)
Gallardón, Ayuso y Aguirre. (EFE)

Tópicos sesgados

Algunas de las visiones críticas hacia Madrid son sesgadas, al centrarse en aspectos concretos: el Madrid del gran poder, el Madrid de Ayuso, el Madrid de los que pasan el fin de semana en Murcia. Visiones parciales retroalimentadas muchas veces por sus opuestos. Ejemplo canónico: las protestas de los 'cayetanos' contra Sánchez durante el confinamiento. Las periferias criticaron a los medios por amplificar las protestas: había días que había más periodistas que manifestantes, pero se trató a una calle de Madrid (Núñez de Balboa) como si fuera representativa de toda España. O el síndrome Madrid espejo de España típico de unos medios ensimismados con el cocidito madrileño.

Pero el tópico y la reducción al absurdo funciona también en la otra dirección. Las periferias tienden a confundir al pijo Cayetano con el madrileño medio. Reducen Madrid a Núñez de Balboa. O Madrid como ciudad pija que solo mira para lo suyo. Como cuando los nacionalistas hablan de "Madrid" en tono lúgubre, cual mezcla de Mordor y Fachalandia. Estereotipos que alimentan el victimismo de algunas reivindicaciones nacionalistas. Huelga decir que hay muchos mundos dentro de Madrid, de lo macro —los desequilibrios económicos entre el norte y el sur— a lo micro —los (muy) diferentes acentos entre un pijo de la Moraleja y un macarra de Carabanchel: parecen los idiomas de dos ciudades separadas por 300 kilómetros—.

Isabel Díaz Ayuso también juega al tópico. Durante la campaña electoral dijo que "los atascos" en las madrugadas de los sábados eran una "seña de identidad de los madrileños". Sus palabras generaron estupor, pues está por nacer el sapiens al que le gusten los atascos, pero Ayuso ha seguido teorizando sobre un "estilo de vida madrileño". Tras conocerse que Sánchez mantenía a Madrid en la fase cero, Ayuso dijo a Ana Rosa Quintana: "Los madrileños vamos en una dirección ideológica contraria a la de la Moncloa". Podemos pasar a la fase uno con "políticas creativas" para vivir con "libertad". El gobierno tiene a Madrid "en el punto de mira" por "el estilo de vida diferente" de los madrileños. Sánchez "me está haciendo oposición a mí" porque los madrileños "nos hemos dado un modo de vida donde nadie nos regala nada, se trabaja y se sufre mucho, la vida es carísima, pero nos hemos dado un modo de vida diferente y divertido en el que no estamos de acuerdo con el impuesto de sucesiones y donaciones".

Es difícil hacerse oír desde la periferia, es normal que esta disonancia genere frustración y encono

Resumiendo: libertad, diversión, atascos, modo de vida diferente, fobia a los impuestos de sucesiones y donaciones... Madrid, según Isabel Díaz Ayuso. O el 'dumping' fiscal como una canción divertida de la Movida. Como si Almodóvar y McNamara cambiaran ligeramente la letra de 'Gran ganga' para convertirla en el gran himno del ayusismo: "Vivo en continua temporada de rebajas. Atascos, lujo y paranoia. Gran ganga, gran ganga, 'dumping' fiscal, Gran ganga, gran ganga, soy de Madrid, calamares por aquí, boquerones por allá".

"Siempre hay tendencia a caricaturizarlo todo, sobre todo desde la distancia; pero la caricatura tiene base real. Es un país donde la CAM se ha enriquecido a ojos vistas en poco más de 20 años, adelantando a las que tradicionalmente eran las comunidades más ricas. Y es un país donde la concepción relativamente descentralizada del Estado autonómico choca con la noción centralista del propio Estado, que concentra todas sus instituciones y poderes en Madrid, los medios de comunicación 'nacionales' están todos en Madrid y hablan claramente desde Madrid (y algunos, solo para Madrid), y el sistema de comunicaciones orbita por completo en torno a Madrid. Es difícil hacerse oír desde la periferia, y como se da la circunstancia de que, a pesar de todo, la mayoría de los españoles vive en la periferia, es normal que esta disonancia genere frustración y encono", según Guillermo López.

Reducir la política a una competencia entre regiones es un clásico español. Cada vez que arde Bruselas, a España le pilla ensimismada/en modo política interna. Dado que viene una fase de escasez de recursos, ¿primarán los choques autonómicos en lugar de las soluciones solidarias? "Me parece difícil, en ese contexto, en el que además los partidos regionalistas y nacionalistas utilizan sus votos y su fuerza electoral para mirar por sus intereses, articular un discurso común basado en la lealtad mutua, sobre todo dada la carestía en la que vamos a vivir al menos el próximo año", zanja López.

El ciclo largo

Si hay algo parecido a un historiador del antimadrileñismo, ese es Fernando Castillo, cuyos libros —'Capital aborrecida' y 'Los años de Madrigrado'— son imprescindibles para comprender la evolución del rechazo a la capital del siglo XIX al franquismo. Hablamos con él para analizar el ciclo largo del rechazo a Madrid.

PREGUNTA. El discurso ‘Madrid chupa los recursos de alrededor' surgió en el siglo XIX. ¿Por qué?

RESPUESTA. Brotó tras la creación del Estado liberal, centralizado, con la división provincial de Javier de Burgos (1833), afianzada con la Restauración borbónica (1874), y el fortalecimiento de la capital, criticada ya entonces por chupar recursos de las provincias. La animadversión hacia Madrid era también animadversión al liberalismo y al capitalismo, que iba concentrando recursos en Madrid.

P. ¿Qué fuerzas había detrás del antimadrileñismo?

R. Los nacionalismos periféricos y el campo. La ola nacionalista tenía algo de ensoñación nostálgica y romántica, pero no surgió por casualidad, sino al calor de la imagen de Madrid como succionadora de recursos, con nuevos impuestos que no revertían en las provincias.

La animadversión a Madrid siempre ha estado ahí, a izquierda y a derecha. Madrid liberal, Madrid rojo, Madrid fascista... Ataques sin parar desde 1874

Por su parte, el rechazo del campo a Madrid tenía que ver al principio con la incomprensión hacia la nueva realidad urbana. ¿Qué campo era el más español y el más antiurbano? El castellano. Es el castellanismo al que cantó la Generación del 98. Un campo opuesto a la metrópoli contemporánea e industrial. No obstante, entrado el siglo XX, el campo empezó a enfrentarse a Madrid porque las masas obreras habían cobrado demasiado protagonismo político en la ciudad.

Hablamos, por tanto, de diferentes rechazos: nacionalismo periférico, campo en declive y temor a la politización de las masas urbanas. Y una dinámica de fondo: Madrid como capital que acaparaba recursos del estado liberal centralizado, como el trazado radial de las comunicaciones. Pero no solo eso: Madrid también era una ciudad asociada a un régimen político desprestigiado, el caciquil, tan desvirtuado que permitía a Madrid poner a dedo a los representantes políticos de… Murcia.

P. El repelús conservador al Madrid proletario se exacerbó en los años treinta. ¿Qué pasó?

R. El momento político clave fue la llegada de II República. Madrid había triplicado su población desde principios de siglo, era una ciudad más o menos moderna, con un protagonismo desconocido de urbanitas y obreros. Todo ello en un contexto de crisis del sistema Restauración. Madrid empezó a generar una animadversión más intensa, concentrada en Castilla, en el Valladolid del cereal y los intereses agrarios. Ya no era que Madrid chupara recursos, sino que atentaba directamente contra ciertos intereses económicos y contra ciertos principios políticos muy conservadores. Madrid y la II República iban de la mano. Contra Madrid se produjo una extraña fusión/alianza política: entre la modernidad autoritaria del fascismo y la tradición más reaccionaria del agrarismo, cuyo ejemplo más acabado fue Onésimo Redondo, en cuya órbita se empezó a ver Madrid como una sucursal proletaria de África. Literalmente.

El rechazo al Madrid proletario tocó techo durante la Guerra Civil, tras la primera y fallida toma de la ciudad, con el bando nacional planteándose cambiar la capital, porque la Madrid roja no tenía solución posible. Se manejaron opciones como Valladolid, Burgos y Sevilla, que es la que estuvo más cerca, pero se abandonó la idea: la ejecución era demasiado compleja.

P. Durante la posguerra, se dio la vuelta política a la tortilla: Madrid se empezó a asociar a la represión del régimen franquista. El antimadrileñismo volvió a ser bandera de los nacionalismos periféricos, pero también de la izquierda. ¿Seguimos en esa tendencia?

R. En efecto, es una línea ondulante. Primero, un antimadrileñismo más reaccionario, por el rechazo a la gran urbe. Luego, un antimadrileñismo de los nacionalismos periféricos, contrarios al centralismo y a las ventajas fiscales de la capital. Más tarde, el rechazo del fascismo (a la española) a Madrid como ciudad roja: Madridgrado. Por último, la sociedad progresista contra Madrid como capital franquista que ahogaba a los nacionalismos periféricos; antimadrileñismo, por cierto, que continúa vigente en muchos sentidos.

La realidad del siglo XIX ya no existe, lo sigue vivo es un sentimiento de agravio, de dolor, de rechazo a Madrid, que brota a la menor oportunidad, ya sea (hoy) por una pandemia, o (mañana) por el reparto de recursos en un país en crisis. La animadversión hacia Madrid ha sufrido diversas mutaciones, pero siempre ha estado ahí, mires a dónde mires, a izquierda o a derecha. El Madrid liberal, el Madrid rojo, el Madrid fascista, el caso es que la ciudad lleva siendo atacada ininterrumpidamente desde, al menos, 1874, con planes carlistas divertidísimos para neutralizar Madrid que consistían en... agrarizar la ciudad. El caso era repudiar Madrid. ¿Por qué? Porque era y es la capital. Esa es la cuestión.

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