EL MINISTRO SIGUE CONFORMANDO SU EQUIPO

Marlaska nombra 'supergeneral' contra la inmigración irregular a un mando afín

Entrega todas las competencias que tenía Félix Blázquez antes de ser nombrado número dos del cuerpo al jefe de Fiscal y Fronteras, que también se hace con la coordinación de Canarias

Foto: Juan Luis Pérez, 'mando único' de inmigración de la Guardia Civil. (EFE)
Juan Luis Pérez, 'mando único' de inmigración de la Guardia Civil. (EFE)
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El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, dio este lunes un paso más en la reforma de la cúpula de la Guardia Civil que emprendió la semana pasada tras la crisis que estalló por la destitución del coronel jefe de la Comandancia de Madrid, Diego Pérez de los Cobos, y la posterior dimisión que en protesta por el cese presentó el director adjunto operativo del cuerpo, Laurentino Ceña. El titular de Interior nombró entonces a los generales de división Pablo Salas y Félix Blázquez en sustitución del mencionado Ceña y del entonces mando de operaciones, Fernando Santafé, que abandonó su plaza tras acordar con la directora del instituto armado, María Gámez, una salida digna, la de responsable del Centro Universitario de la Guardia Civil.

Ahora, Marlaska ha cerrado la terna de confianza con la que gobernará la corporación hasta el final de su mandato. A los nombres de Salas y Blázquez como principales mandos, ha añadido el del general de división Juan Luis Pérez, jefe de Fronteras y Fiscal de la benemérita. Según publicó el Boletín Oficial del Estado (BOE), Pérez añadirá todas las competencias que el general Blázquez tenía en materia de inmigración como responsable de la lucha contra este fenómeno irregular en el estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán a sus labores como responsable de Fronteras y Fiscal.

Además, como también reflejó el BOE, Pérez asumirá las atribuciones que tenía el jefe de la Guardia Civil de Canarias, el general de brigada José Miguel Arribas, en asuntos de inmigración. Arribas se queda únicamente con la jurisdicción de la comandancia de las islas. El movimiento convierte al jefe de Fronteras y Fiscal en un auténtico mando único del ramo que aglutina más competencias que ningún otro predecesor. Los dos centros regionales de coordinación de la inmigración, por lo tanto, pasan a depender de Pérez, que previsiblemente será ascendido también a la máxima categoría profesional del cuerpo, la de teniente general.

Fuentes del Ministerio del Interior explican que Pérez ya estaba en las reuniones de coordinación de inmigración que habitualmente tenían lugar en el departamento dirigido por Marlaska debido a su cargo como responsable de fronteras. Explican también que es un conocido del propio ministro, que tiene mucha confianza en él y que le considera una persona muy válida para sacar adelante al plan que el titular de Interior tiene intención de poner en marcha en una de las materias más sensibles para la seguridad del país en un momento muy delicado.

Desde el ministerio, argumentan asimismo que Pérez ha influido mucho en la reducción en un 50% de las llegadas de inmigrantes irregulares que ha experimentado España en el último año, y el objetivo es que lo siga haciendo con más competencias, que aplique los mismos protocolos tanto al Estrecho como a Canarias, con el fin de mejorar en la eficacia y en ese camino de disminución de las entradas ilegales. Marlaska considera que ambas zonas están interconectadas y que un mando único para ambas permitiría actuar de forma más coherente y ordenada.

Fuentes de la Guardia Civil explicaban hace días a El Confidencial que era extraño que Marlaska no hubiera dado más poder a Pérez, ya que es un hombre con enorme ascendencia en el Ministerio del Interior que se había quedado fuera de los dos puestos de mando principales, los de director adjunto operativo y mando de operaciones, que habían recaído en los citados Salas y Blázquez. Pérez, el número ocho en el escalafón, estaba por detrás de Salas, que era el siete, y por delante de Blázquez, que era el nueve. Llamaba la atención, por lo tanto, que no se hubiera llevado ningún 'caramelo' entre tanto río revuelto. Más aún teniendo en cuenta que los números seis y cinco, los también generales de división Ramón Rueda y Antonio Tocón, estaban fuera de juego dado que uno está a escasos meses de la jubilación y otro fue jefe de gabinete de la dirección con el PP.

Los números tres y cuatro —Francisco Díaz Alcantud y Rafael Galán—, por su parte, son tenientes generales y su papeleta ya fue resuelta la semana pasada, cuando Gámez llamó a ambos a su despacho para poner todas las cartas sobre la mesa tras la salida de Ceña y de Santafé. Les advirtió de que si abandonaban el cargo, se irían a su casa, sin destino, puesto que todas las plazas de teniente general ya estaban dadas, un aviso que evitó que ambos se decidieran a presentar la dimisión, como había hecho días antes Ceña.

Esta situación del escalafón dejaba a Pérez como el siguiente en la lista de mandos de confianza. Marlaska ya había elegido a Salas por la relación que tenía con él de la época en la que el hoy ministro ejercía como magistrado de la Audiencia Nacional, ya que el general de división era hasta ahora jefe de los Servicios de Información y responsable por lo tanto de la lucha antiterrorista del cuerpo que coordina el alto tribunal en el terreno judicial. Gámez, por su parte, es la que había designado a Blázquez, al que conocía de la época en que la ahora directora del instituto armado había sido subdelegada del Gobierno en Málaga. Pérez, que fue número uno de su promoción, ejerció como jefe de la Comandancia de la Guardia Civil en Navarra. También ha estado destinado en la Secretaría de Estado de Seguridad, por lo que conoce perfectamente cómo funciona el Ministerio del Interior por dentro, y en la Casa Real, donde tuvo responsabilidades en el departamento de seguridad de la Guardia Civil.

La decisión de Marlaska de intervenir en el nombramiento de los altos mandos de la Guardia Civil ha provocado un terremoto entre los generales, que hasta ahora no habían sufrido injerencia política alguna. La tradición había establecido que los criterios de escalafón y antigüedad eran los que debían primar a la hora de decidir quién ocupaba los altos cargos del cuerpo y los de los máximos responsables de las comandancias, por lo que tenían claro a quién le tocaba ser el máximo responsable de la institución en cada momento.

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