EL ESTADO DE ALARMA

Casado tiene en su mano el primer gran castigo a Sánchez en la prórroga de la alarma

El líder del PP, que hoy recibirá la llamada de Pedro Sánchez, mantiene la incógnita sobre el sentido de su voto a la prórroga del estado de alarma el miércoles

Foto: Pablo Casado, en el Congreso. (EFE)
Pablo Casado, en el Congreso. (EFE)
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Las encuestas a veces deslumbran y ciegan. En ocasiones, son para los líderes como las luces de un coche de frente que deslumbran y les pueden hacen perder el rumbo correcto, sacarles de la carretera y enviarles directos a la cuneta. Ahora, todos los sondeos, como el de Metroscopia, muestran que el PP se acerca al PSOE, que la política de dureza de Pablo Casado tiene aparente premio en las encuestas y que el Gobierno de Pedro Sánchez sufre ese desgaste por la terrible catástrofe de la pandemia.

Muestran también que Isabel Díaz Ayuso sube gracias, entre otras cosas, a la política de confrontación con el Gobierno y a una estrategia aparentemente eficaz basada en adjudicar a otros la responsabilidad de lo que ocurre. La presidenta madrileña parece ver la ocasión para aprovechar y consolidar una posición de la que no partía cuando fue designada candidata. No hay que olvidar que tiene detrás al autor del “¡váyase, señor González!” de principios de los noventa.

Les está funcionando, al menos, respecto a los datos de esos sondeos, porque asumen el riesgo de estar actuando con el fogonazo de las encuestas en la retina. Es decir, pensando más en esos futuros resultados o en su consolidación como dirigentes en sus organizaciones que en la existencia de una catástrofe que puede llevarse por delante a toda la clase política. Incluidos los que piensan ahora en esa renta electoral.

Casado tiene en su mano el primer gran castigo a Sánchez en la prórroga de la alarma

El PP tiene casi en sus manos al Gobierno, porque tiene la posibilidad de rechazar el mismo miércoles en el pleno del Congreso el decreto de prórroga del estado de alarma. Pedro Sánchez podría perder esa votación y quedar en una situación muy complicada, de debilidad extrema. Casado tiene la opción de sucumbir a la tentación de darle el enorme bofetón político a Sánchez que tanto ansía desde hace tiempo.

El problema es que esa circunstancia conduciría, a su vez, a una crisis institucional en plena lucha contra la pandemia y en el inicio de una tragedia económica y social. No sería bueno ni para Casado.

Por eso, el PP no puede pasar de la abstención, para dejar de esa forma en evidencia su rechazo a la gestión de Sánchez, sin dejar al Estado inerme ante la crisis sanitaria y la crisis económica. Y, sobre todo, sin que le puedan culpar de esas consecuencias.

Hay que tener en cuenta que Casado no dispone de ningún mecanismo para hacer caer al Gobierno: no tiene números para una moción de censura

Para Sánchez sería un revés político, que le obligaría a reconsiderar muchas cosas, sacar la prórroga solo con los votos de PSOE y Unidas Podemos y más abstenciones y votos en contra que síes, pero no sería un desastre político e institucional.

Le queda aún el comodín del PNV, con el que la Moncloa y el PSOE han empezado a hablar desde el jueves. La vicepresidenta primera, Carmen Calvo, y la portavoz, Adriana Lastra, intentan convencer a sus respectivos interlocutores, Andoni Ortuzar y Aitor Esteban. Los nacionalistas vascos, como explica el lendakari, Iñigo Urkullu, están en contra de la prórroga, aunque hasta ahora siempre han votado con el Gobierno. Y ERC siempre se ha abstenido y ahora podría irse al no.

Hay que tener en cuenta que Casado no dispone de ningún mecanismo para sustituir o hacer caer al Gobierno: no tiene números para una moción de censura que, ademas, sería altamente inoportuna, y por ley no puede haber elecciones hasta enero de 2021. Puede aspirar a desgastarle mirando (de nuevo) a las encuestas y a sus opciones de futuro allá para 2021, cuando sea patente la enorme crisis social y económica.

Pedro Sánchez, en videoconferencia con el líder del PP, Pablo Casado. (EFE)
Pedro Sánchez, en videoconferencia con el líder del PP, Pablo Casado. (EFE)

Del líder del PP tiran fuerzas contrarias que van desde el sector FAES/Aznar, con gran implantación en su equipo y en medios próximos, que le pide aún mayor dureza, hasta presidentes autonómicos que, además, tienen que gestionar aspectos importantes de la pandemia, como la sanidad. También las residencias de ancianos, sobre las que en el futuro se ventilarán investigaciones y posteriores responsabilidades de calado.

Entre los presidentes autonómicos del PP, los hay instalados en la confrontación, como Ayuso, y otros más matizados, pero agrupados en la idea de no mantener el estado de alarma hasta julio, como pretende el Gobierno. En esta posición están el gallego Alberto Núñez Feijóo y el andaluz Juan Manuel Moreno, ambos adscritos a un sector más moderado del PP.

El presidente del Gobierno, además, ha hecho un movimiento táctico este fin de semana que sitúa al PP en una trampa. O en lo que los populares ven como un chantaje, pero que, en todo caso, limita su margen de maniobra.

Sánchez es más dado a la táctica que a la estrategia, busca salidas de corto plazo que le permitan ponerse delante unos días y luego las va abandonando sucesivamente una vez las ha utilizado. Lo hizo con el gran acuerdo de reconstrucción, lo hizo con el lenguaje bélico, lo hace con la nueva normalidad y ahora con la "cogobernanza" y con esa especie de trampa que viene a ser: o me apoyan la prórroga del estado de alarma o serán responsables de que no se pueda combatir la pandemia, de que miles de ciudadanos se queden sin ingresos y de que no haya créditos ICO.

Esas medidas pueden ligarse a plazos concretos y no al estado de alarma, pero Sánchez lo ha lanzado como movimiento táctico cuatro días antes de la votación del Congreso y sirve para atrapar al PP y también a PNV y ERC, con el añadido para estos dos partidos de decirles de forma implícita: elegid, la alternativa es Casado y Abascal.

El famoso “no hay plan B” consiste en eso, en una especie de “asumid las consecuencias si no me apoyáis”. Cada votación para el presidente del Gobierno es vital, casi una cuestión de confianza.

Casado tiene en su mano el primer gran castigo a Sánchez en la prórroga de la alarma

Sánchez vive su peor momento en cuanto al respaldo político e institucional a sus medidas, pero tiene la gran ventaja de que los que se oponen a sus decisiones no tienen una posición común, solo les une que discrepan del Gobierno y están molestos con su unilateralidad. Entre los críticos en las comunidades a sus decisiones, los hay que quieren levantar ya el estado de alarma y los que quieren mantenerlo, y entre los partidos, el espectro va desde la política de cacerolas y querella criminal contra el Gobierno que practica Vox a la denuncia de centralización por la puerta de atrás de los nacionalistas e independentistas.

Y Casado debe transitar por el delicado filo que separa coincidir en la trinchera con Vox o diferenciarse de Abascal y presentar al PP como partido de Estado y responsable que aprieta pero no ahoga. Al menos de momento.

O buscar un movimiento táctico como el de la comisión parlamentaria donde varar el finado acuerdo de reconstrucción, en respuesta, a su vez, de otro movimiento táctico de Sánchez.

Hoy está previsto que el presidente del Gobierno llame a los líderes políticos para comunicarles lo que anunció en rueda de prensa el sábado, por si alguno de ellos no se había enterado.

Entre ellos, estará también Inés Arrimadas (Ciudadanos), a la que Sánchez no le deja ayudarle, por más que ella lo intenta. Y por eso está tan irritada con el presidente, aunque nunca le ha faltado, finalmente, el voto de los 10 diputados de Ciudadanos. Al menos hasta ahora.

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