OBITUARIO

José Mari Calleja y 'Lo bueno de España'

José Mari y yo nos apreciábamos sinceramente. Estuvimos siempre unidos por la solidaridad de aquel tiempo de miedos y angustias. Y todo lo demás no tuvo jamás importancia entre nosotros

Foto: El periodista José María Calleja. (EFE)
El periodista José María Calleja. (EFE)

José Mari Calleja desafiaba desde el Teleberri, el principal informativo de ETB 2 —la televisión pública vasca—, aquella corrección política que en el País Vasco en los años noventa del siglo pasado exigía que los asesinados fuesen 'muertos', el terrorismo 'lucha armada' y los etarras 'activistas'. Él no aceptó jamás ese lenguaje impostado, cobarde, falso.

Le invité a escribir en 'El Correo' y aceptó. Cuando la muerte le ha asaltado sin haber cumplido aún los 65 años, este donostiarra nacido en León y recriado en Valladolid seguía publicando en ese querido periódico ahora dirigido por otro periodista de raza, José Miguel Santamaría.

José Mari Calleja y 'Lo bueno de España'

Desde entonces —aquellos años duros, de plomo—, José Mari y yo nos apreciábamos sinceramente. Estuvimos siempre unidos por la solidaridad de aquel tiempo de miedos y angustias. Y todo lo demás —diferencias de criterios incluidas— no tuvo jamás importancia entre nosotros.

José Mari Calleja mantuvo siempre a flor de piel la sensibilidad hacia las víctimas del terror, que encontraron en su bonhomía un apoyo incansable

Una vez me dijo que los vascos en el exilio interior éramos “hermanos de sangre”. Se preocupó de escribir 'La diáspora vasca' (un libro necesario para conocer mejor nuestra forzada dispersión por el resto de España) y mantuvo siempre a flor de piel la sensibilidad hacia las víctimas del terror, que encontraron en su bonhomía, en su constante disposición personal y moral, un apoyo incansable.

José Mari Calleja fue premio Espasa de ensayo ('Arriba Euskadi. La vida diaria en el País Vasco') y acababa de publicar con Planeta un relato que me envió su editora y común amiga, Ángeles Aguilar: 'Lo bueno de España'. Lo he terminado de leer hace apenas una semana, cuando albergaba la certeza de que superaría la infección y regresaría a sus clases en la universidad, a sus tertulias radiofónicas, a redactar sus artículos. Su último texto en 'El Correo' se tituló 'Diario de la fiebre' y lo redactó cuando el virus ya le había atrapado.

Para muchos vascos, el amigo muerto será siempre aquel buen ciudadano que desafió el miedo desde la televisión pública vasca, en plena galerna terrorista

José Mari era rápido, ocurrente, irónico y, con sus adversarios, podía ser —y lo era— vitriólico. Con la cabeza en la izquierda y los pies asentados en la decencia, fue un periodista directo y vital. Para mí, para muchos vascos, el amigo muerto será siempre aquel buen ciudadano que desafió el miedo desde la televisión pública vasca, en plena galerna terrorista.

Su testamento intelectual ha sido “una crónica histórica ante el ataque nacionalista que reivindica el valor de España”. Así reza el subtítulo de su último libro, que se distribuyó en librerías al tiempo que se expandía la peste. En esas sus últimas 345 páginas, y en otras miles antes escritas, se adherirá su recuerdo mientras, en la distancia que nos impone la pandemia, mi deseo y el de tantos es que la tierra te sea leve, compañero.

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