"nos llega gente pero no saben hacerlo"

Viaje al campo sin temporeros: "España no va a pasar hambre, pero quizá falten productos"

El espárrago está ya listo para la recogida, pero los agricultores no tienen mano de obra para todas las parcelas. La gente que se presenta a suplir a los temporeros no aguanta el trabajo

Foto:  Alberto y Adolfo López, en una de las parcelas. (Á.V.)
Alberto y Adolfo López, en una de las parcelas. (Á.V.)

Alberto y Adolfo López han comprado dos termómetros infrarrojos. “Uno para medir la temperatura de los trabajadores todos los días y otro por si se rompe. Y anotamos todo en un Excel para hacerles seguimiento”, dicen en la puerta de su nave, donde se almacenan cientos de cajas de espárragos etiquetados con la pegatina de ‘Hortisona’, una empresa que factura alrededor de 1,5 millones de euros al año en un pequeño pueblo de Guadalajara, Torre del Burgo. Desinfectan cada mañana con lejía, han separado las mesas de embalaje para que la gente no se apelotone, han repartido mascarillas que fabrica la cuñada de Alberto y han introducido un protocolo que hacen cumplir estrictamente. “Nadie nos ha dicho cómo hacerlo, hemos ido copiando de otras empresas más grandes”.

Cada año por estas fechas despliegan alrededor de 140 temporeros para un trabajo duro que ha de hacerse en pocos días para que no se eche a perder la cosecha con el calor. Este año, sin embargo, solo han conseguido sumar 70. “Hace ya quince años que vienen de Bulgaria y se les suma un grupito pequeño de Marruecos. Pero ahora solo han podido acudir los que ya viven aquí o los que tienen coche propio, el resto no consiguen llegar porque no hay aviones, ni transportes. Me llaman desesperados... Quieren venir, pero no hay manera”, se queja Alberto. Están trabajando a destajo pero si la cosa se alarga, dice, se echarán a perder varias parcelas.

Con el Real Decreto aprobado a principios de abril para aliviar la situación del campo -se calcula que van a faltar 85.000 temporeros-, parados e inmigrantes están autorizados a trabajar el jornal. Sin embargo, los agricultores de la zona dicen que la medida no les soluciona mucho el problema. “Traer a alguien que no ha hecho esto nunca es como si me mandan a mí a operar a un hospital. Con gente que no es profesional no se soluciona nada. Hacer la bisagra, bajar y subir, es duro. Si no estás acostumbrado lo haces un día como mucho y al siguiente no puedes moverte. Para coger fresas o espárragos no te sirve cualquiera y si pagas un jornal para que no te hagan una décima parte del trabajo...”, dice Antonio Torres, secretario general de la Asociación Provincial de Agricultores y Ganaderos (APAG).

Alberto, en una de sus parcelas. (Á.V.)
Alberto, en una de sus parcelas. (Á.V.)

También hay cierta desconfianza ante las medidas anunciadas por el gobierno. “Aquí no nos han notificado nada. Y yo no pongo a nadie a trabajar sin papeles... Además estas parcelas cuestan mucho dinero, cada hectárea son 8.000 euros y tenemos 100 hectáreas. Aquí hay una inversión muy grande, no voy a meter a cualquiera a que me lo destroce”, comenta Adolfo.

En casi todas las recolectas de espárrago de la zona se han presentado voluntarios. Pero nada más verlos bajar del coche, los agricultores ya saben si les van a servir o no. "Algunos se presentan vestidos para ir a pasear por la Calle Mayor. Mi impresión es que se apuntan porque piensan que así salen un poco de casa en el campo, pero cuando pasan un día doblados se les quita la idea. Hemos tenido gente que viene el primer día y no vuelve. Otros aguantan dos o tres”, explican en otra de las explotaciones del pueblo.

Jornaleros en la recogida de espárrago de Torre del Burgo. (Á.V.)
Jornaleros en la recogida de espárrago de Torre del Burgo. (Á.V.)

En la cuadrilla que acude a recolectar espárrago en ‘Hortisona’ hay un grupito de estudiantes que sube el camino riendo y haciendo chistes. Unos aseguran que hubieran venido de todos modos y que no es la primera vez que lo hacen. Otros, sin embargo, reconocen que si no fuese por el coronavirus no se les habría ocurrido. “En vez de estar en casa sin hacer nada, pues tenemos un ingreso, que además hace falta porque la compra la tenemos que seguir pagando”, comenta uno de los chavales, a dos metros de distancia para evitar riesgo de contagio.

Las medidas de seguridad se cumplen y dificultan ligeramente el trabajo. Algunos temporeros alojados en el pueblo tienen que caminar un kilómetro hasta el cultivo porque no pueden circular agrupados den furgones como en años normales. “Aunque sea un pueblo muy pequeño, aquí lo está cumpliendo todo el mundo a rajatabla. Los que trabajan vienen a trabajar y se van a su casa. Los primeros días la Guardia Civil tuvo que llamar la atención a alguno y desde entonces nos encerramos todos excepto los que estamos trabajando”, comenta Adolfo.

Temporeros acudiendo a la recogida. (Á.V.)
Temporeros acudiendo a la recogida. (Á.V.)

A pie de parcela, los temores a que se produzca un desabastecimiento de productos básicos en España suenan a chiste. “Eso aquí no lo vamos a ver nunca”, dicen los hermanos López. Sus espárragos, de hecho, dejaron de venderse de golpe durante la primera semana de confinamiento, cuando la que la gente asaltó los supermercados. “Se compraban como locos cosas de primera necesidad y cítricos. Y los mayoristas nos decían que no querían espárragos. La verdad es que ahí nos preocupamos. No vendimos ni uno solo. Luego se ha ido recobrando la normalidad y volvemos a venderlos, aunque no como antes porque no hay hostelería, cruceros, etcétera. Los precios quizá suben un poco en todos los productos del campo, pero es que venían estando muy bajos”.

Si faltan los temporeros, explican los agricultores, será un revés para las explotaciones agrícolas y puede que llegue a escasear algún producto concreto. “Ajos, habas, melocotones, fresas... Cosas así. La fruta se empieza a recoger ahora hasta el verano y si no hay gente puede que genere un desajuste. Para las empresas sería ruinoso, pero la gente sin comer no se va a quedar”, tranquiliza Torres. Las plantaciones de secano, así como todas las mecanizadas, como la patata o la zanahoria, van a seguir funcionando con total normalidad. “Tendría que venir una sequía bíblica o caer un meteorito, pero por esto del virus no se va a quedar la gente sin comer, que no se preocupen”.

Alberto y Adolfo, en el almacén de 'Hortisona'. (Á.V.)
Alberto y Adolfo, en el almacén de 'Hortisona'. (Á.V.)

Buena parte de lo que produce ‘Hortisona’ va a parar al extranjero. “Ese camión que ves ahí sale para Alemania”, explican los hermanos López. Es en esos países que consumen más que producen, concreta Torres, donde quizá se presenten más problemas. “Primero abasteces tu mercado y luego ya te vas al extranjero que hay un transporte más largo. Inglaterra, Alemania, Bélgica...”, dice. “Si se mantiene la alarma por el virus aquí o en los países de los que viene mano de obra, como Marruecos, puede haber problemas con frutales y alguna cosa más. Si el tema se alarga, quizá haya alguna fruta o algún producto que no llegua al supermercado. Pero se podrá comprar otro distinto y cosas básicas va a haber siempre. El cereal para hacer pan y alimentar a los animales está asegurado. La gente que se preocupa por si no hay comida en España no sabe lo que está diciendo”.

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