POR EL COLAPSO DE LOS REGISTROS CIVILES

El Gobierno y los jueces piden a los registros conocer la cifra real de muertes del Covid

Los datos de fallecidos están infravalorados por falta de test y de autopsias. El TSJ de Castilla-La Mancha detecta 1.921 muertos en marzo cuando según Sanidad solo hay 1.132

Foto: Las fábricas de ataúdes no dan abasto. (EFE)
Las fábricas de ataúdes no dan abasto. (EFE)

La cifra de muertos de Covid que da el Ministerio de Sanidad está infraestimada. Los 13.000 fallecidos que registra el ministerio son casos confirmados, pero hay muchos sospechosos y muertos en residencias o en su casa que no se contabilizan. Además, los registros civiles están colapsados y no dan abasto para gestionar la cantidad de muertes que tienen que registrar. Para conocer la cifra real, el Ministerio de Justicia ha emitido una circular a todos los registros civiles para que informen día a día de los casos, pero es difícil que puedan hacerlo. El Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha ha pedido lo mismo y el resultado es que hay 1.921 muertos por Covid o sospechosos en marzo, cuando según Sanidad solo hay 1.132.

Alcaldes, funerarias y párrocos llevaban tiempo advirtiendo de que la cifra de muertes por coronavirus era mayor de la declarada. Un consejero de una comunidad autónoma admitía que era imposible saber si todos los que mueren en su casa o en una residencia con neumonía lo habían hecho por la infección vírica. La medida más eficaz era usar los datos del Instituto de Salud Carlos III, que compara las defunciones totales con las esperadas según las que hay en ese mes habitualmente (la mortalidad es estacional y varía mucho por meses). Según este, entre el 17 de marzo y el 4 de abril, el exceso de mortalidad ha sido del 47% respecto de lo que cabría esperar.

Sin embargo, hay otro cuello de botella: los registros civiles que certifican las muertes y que las pasan. "En el momento actual, observamos un retraso en la notificación de defunciones en los registros civiles de varias comunidades autónomas, siendo notable en La Rioja. Los resultados de los días más recientes se irán actualizando próximamente", explica el último informe.

El sábado, el Ministerio de Justicia emitió una instrucción a los registros civiles pidiendo datos diarios. "Se hace preciso, para poder ser eficaces en la lucha contra esta pandemia, tener perfectamente definido el número de defunciones y los lugares en que estas se producen, datos que deben conocerse con el mayor grado de exactitud posible y con la inmediatez que exige la realidad". Por eso, y tras reconocer la carga de trabajo que están soportando, pide que informen a diario de los fallecimientos.

Algo parecido hizo el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha tras apreciar "un desproporcionado incremento del número de licencias de enterramiento y defunciones, con las consiguientes dificultades en la gestión de los trámites para la inhumación de los cuerpos". Según informó el TSJ, notaron que había muchos fallecidos por neumonía a los que no se les había sometido a ningún test.

Esos datos revelan que la mortalidad prácticamente se ha duplicado respecto al año anterior. "Las defunciones en Castilla-La Mancha en marzo de 2020 se han incrementado un 96,3% con respecto a las ocurridas en el mismo periodo del año anterior. En concreto, los registros civiles de Castilla-La Mancha han expedido el pasado mes de marzo 3.319 licencias de enterramiento, cuando en marzo de 2019 se registraron 1.691 defunciones".

El TSJ da una idea de la magnitud de la mortalidad de la pandemia en una de las regiones más golpeadas, muy influenciada por su cercanía con Madrid. "En 1.921 licencias de enterramiento, el 57,9%, se recoge como causa del fallecimiento el Covid o sospecha compatible con Covid, referenciando como sospecha aquellos supuestos en los que se recoge dicha probabilidad o sospecha en la certificación médica o existen motivos para ello por concurrir procesos patológicos de tipo pulmonar compatibles con dicha causa".

En condiciones normales, la cifra total de muertes no se conoce hasta un año después, cuando la da el Instituto Nacional de Estadística. El Instituto de Salud Carlos III creó su modelo para reducir ese plazo en casos de olas de calor, por ejemplo, y ahora lo aplica a la pandemia.

Las primeras estadísticas que se están dando a conocer procedentes de registros administrativos y judiciales ya muestran que el impacto del coronavirus en la mortalidad, ya sea de forma directa o indirecta, es más elevado que las cifras oficiales que cada día da el Ministerio de Sanidad, que solo recogen los fallecimientos de aquellos positivos confirmados mediante un test. Estos registros comparan la mortalidad media de los últimos años con la de este año. En todas ellas, tanto en España como en otros países como Italia o Estados Unidos, se observa un repunte fuera de lo normal durante las últimas semanas mayor al que dan las cifras oficiales sanitarias.

Castilla y León ha sido la primera comunidad en proporcionar el número de todas las muertes registradas el pasado mes de marzo, comparándolo con las de los tres años anteriores. En cinco provincias (Valladolid, Salamanca, Ávila, Segovia y Soria) se observa que el exceso de mortalidad de este año es mayor que la cifra oficial de fallecidos por Covid-19. En Soria, por ejemplo, se han registrado 90 muertes más que la media de los últimos tres años, pero oficialmente solo hay 44 fallecimientos por coronavirus.

El uso de los registros administrativos para estimar el impacto real de una pandemia o un accidente natural sobre la población no es algo nuevo. Tras el paso del huracán María por Puerto Rico en septiembre de 2017, las autoridades cifraron oficialmente el número de muertos en 64. Pero una investigación de la Universidad de Harvard comparando las defunciones de los meses posteriores al huracán con la mortalidad registrada un año antes elevó la cifra a más de 4.600.

Estas estadísticas a partir de registros permiten cuantificar no solo las muertes provocadas directamente por el Covid-19 sino también las defunciones indirectas, por ejemplo pacientes a los que no se les pudo realizar una cirugía programada por una hipotética saturación hospitalaria. O también otros fallecimientos cuyo origen pudiera encontrarse en el confinamiento, como un aumento de los suicidios por la soledad o víctimas de violencia de género que conviven de manera forzosa con sus agresores.

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