¿Y esta calle llena de gente en Madrid? "En este barrio se trampea bastante"
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EL ENCIERRO VA POR BARRIOS

¿Y esta calle llena de gente en Madrid? "En este barrio se trampea bastante"

Puente de Vallecas, Ciudad Lineal o el distrito Centro son algunos de los lugares con más sanciones por saltarse el confinamiento. Así vive la capital tras 20 días de cuarentena

Foto: ¿Y esta calle llena de gente en Madrid? "En este barrio se trampea bastante"
¿Y esta calle llena de gente en Madrid? "En este barrio se trampea bastante"

"A ver... ¿cuándo en tu puñetera vida has escuchado los pájaros en Fuencarral?", pregunta la fotógrafa que firma las imágenes que ilustran este texto. Esa céntrica calle, una arteria comercial habitualmente concurrida y que en épocas como la campaña navideña o las rebajas infarta con tanta circulación, está prácticamente desierta por culpa del Covid-19. Ese escenario deseado tantas veces por madrileños y foráneos, el del centro de Madrid vacío para disfrutar de un cómodo paseo, se ha convertido en realidad por decreto y todo está invadido por un chocante silencio que incluso invita a marcharse a casa.

Foto: Mano dura de la Ertzaintza: mira la compra, inicia el cobro de multas, exige pase laboral...

Uno puede caer en la tentación de creer que si el corazón de la capital ha bajado al mínimo sus constantes vitales por las medidas para frenar el coronavirus toda la ciudad se mantendrá así. Ese espejismo se diluye en cuanto uno empieza a adentrarse en Puente de Vallecas, el lugar donde, según fuentes municipales, menos se respeta el confinamiento. "Solo hace falta echar un vistazo a la calle", dice un policía municipal desde el interior del coche patrulla en la Avenida de la Albufera. "Ves a gente con toda la familia a la compra. Se les avisa pero algunos reinciden pensando que nos les vas a ver. Van muchas veces sin respetar la distancia, sin mascarillas o guantes", explica.

Ves familias que bajan a la compra. Muchas veces sin mascarilla ni guantes y sin respetar la distancia

"Otros te cuentan que van al trabajo y algunos no tienen el documento". Se adivina un suspiro detrás de la mascarilla. "Obviamente ha bajado el movimiento. Pero no tanto como en otros lados. Aquí hay muchísima gente que cumple pero también algunos que no y se les ve", remata. Un paseo breve certifica esto. En dos o tres minutos andando se ve más gente que la que puede haber en ese momento en el intercambiador de Plaza Castilla, donde el poco movimiento que hay, es en su mayoría, a las puertas de un hotel medicalizado cerca de allí. Es cierto que hay cúmulos que corresponden a colas de supermercado, donde algunos respetan lo marcado, pero otros hacen cola en pareja.

La zona de Puente de Vallecas, donde más multas se ponen. (Carmen Castellón)
La zona de Puente de Vallecas, donde más multas se ponen. (Carmen Castellón)

Tabaco por la mañana y por la tarde

El dueño de un estanco de Vallecas corrobora lo visto en estas imágenes. "Ya no solo es que bajen de dos en dos, sino que la gente abusa", cuenta Jaime, detrás de la mampara que ha colocado como protección. "Hay clientes que me vienen a comprar dos cajetillas, una por la mañana y otra por la tarde; te piden el papel de fumar a las 11 y el tabaco de liar a las cinco; o ves al mismo pasar cuatro veces con el perro por aquí delante".

Piedad, una vecina de 40 años que vive cerca del estadio del Rayo, reconoce también que el encierro no se está cumpliendo hasta la última letra. "En general sí pero cuando vas al mercado, te fijas que hay gente que aprovecha las plazoletas en el interior para quedarse hablando o jugando con los niños", remata. "Las casas son chicas, sí. Que muchas veces están hasta arriba, pues también", comenta. "Aquí hay costumbre de pasar mucho en la calle. Pero no nos queda otra que aguantar".

Los municipales, multando en Entrevías. (Foto: Carmen Castellón)
Los municipales, multando en Entrevías. (Foto: Carmen Castellón)

No muy lejos de esa larga calle, conocida por ser el último gran repecho de la San Silvestre vallecana, la situación no cambia. Si uno se acerca a la estación de Cercanías de Entrevías verá un constante goteo de gente. Uno puede pensar que es cosa del tren pero en una panadería cercana nos lo matizan. "Hay gente que va a trabajar, sí. Pero aquí nos conocemos todos. Estos días ves la misma cara tres veces porque bajan a por el desayuno, pan para la comida y luego a por la merienda", responde Lucía detrás del mostrador. "Creo que se cumple bastante menos. Aquí son muy indisciplinados. En este barrio se trampea bastante".

Una vuelta por la zona sirve para darse cuenta de que la gente allí está más relajada. Nada más entrar a la calle Miguel de la Roca, un coche de municipales tapona el paso. Están multado a una pareja de amigos. "Yo iba a comprar carne con él. Ni que fuéramos abrazados", se defiende uno de ellos antes de seguir caminando por la acera. En la de enfrente, su amigo farfulla algo entre dientes mientras lee la 'receta' que sujeta con las manos.

Plaza de Castilla, a las 14.00 de la tarde, de un día laborable, completamente desierta. (C. Castellón)
Plaza de Castilla, a las 14.00 de la tarde, de un día laborable, completamente desierta. (C. Castellón)

"La verdad que no me extraña nada", responde Margarita, de 72 años, desde la terraza de su casa, un tercer piso, cuando se le comenta que en ese barrio es donde más multas han caído durante el confinamiento. "Yo llevo ya tres semanas encerrada. Mi hijo me trae la comida y la deja en la puerta. Lo más que salgo es aquí, a tomar el aire, explica. "Desde aquí arriba pues se ve alguno que parece que no va a la compra ni nada. Gente que queda en el súper. Se pensarán que no les va a pasar nada", opina. Cuando nos alejamos pregunta: "¿Qué nos queda? ¿Veinte o treinta días?". Al ver la respuesta afirmativa dice: "Nada, otro mes en bata". Se despide con las manos y sigue escrutando el resto de la calle.

El centro, en punto muerto

El distrito Centro, junto a Carabanchel o Tetuán, también ha aparecido algunos días en lo alto del 'ranking'. El Ayuntamiento no ofrece datos segregados por zonas. Da el número total, el balance de la jornada y simplemente ofrece un 'pseudopodio'. Todo apunta a que las amonestaciones —que ya superan las 10.000— son bastante menores que en Puente de Vallecas, que es con diferencia el nombre que más se repite en la información que suele dar el Ayuntamiento.

Y es que las escenas en Sol, Gran Vía o Callao nada tienen que ver. "Aquí ya no es significativo. Al principio tuvimos que llamar mucho más la atención. Desde el fin de semana pasado, cuando se endureció el estado de alarma, la gente se ha puesto las pilas", comenta un policía cerca de la Plaza de la Luna, que acaba de identificar a dos personas que se acercaban a recoger comida a una asociación cercana justo antes de requerirnos el carnet de prensa.

El silencio en Fuencarral invita a marcharse a casa. (C. Castellón)
El silencio en Fuencarral invita a marcharse a casa. (C. Castellón)

"Vienen así juntos, no respetan el distanciamiento...", explica con cierto tono de comprensión dada la situación. La quietud se extiende por las manzanas aledañas. Chueca está desierta. Malasaña también. La atmósfera solo la rompen algunas canciones que brotan desde 'minibalcones' de apenas dos metros cuadrados que son sinónimo de esparcimiento estos días. Supermercados o tiendas de alimentación son las que mantienen, al mínimo, la poca actividad que se ve. Los únicos gritos que se oyen en la calle Espíritu Santo son los de Lola, una joven argentina que asoma la cabeza a través de una plancha metálica abatible para entregar una ración de lentejas.

El silencio en zonas como Malasaña o Chueca invita incluso a marcharse a casa

"Ya nos tomaremos un trago cuando esto acabe, compañero. Vamos", anima desde el interior de una 'salchichería-vermutería' reconvertida en una especie de trinchera que sirve de centro de "ayuda para los vecinos". Cocinan y reparten gratis el plato del día pero también ceden el wifi para enviar un email a los que no tienen internet en casa. "Pero de uno en uno", recuerda la joven. "Nunca te imaginas que este barrio, esta calle, podría estar así. Pero, en fin, o te quedas en casa o tratas de ayudar a los que están jodidos".

Lola reparte comida en su 'trinchera' de Espíritu Santo. (C. Castellón)
Lola reparte comida en su 'trinchera' de Espíritu Santo. (C. Castellón)

Los españoles que se ven transitar estos días en las calles se podrán dividir en cuatro grandes grupos. Policías y otros empleados públicos. Sanitarios, personal de limpieza o cajeras que se dirigen a sus puestos de trabajos. Particulares que bajan con el perro o la bolsa para el súper. Y repartidores. Muchos repartidores. Las mochilas de 'glovers', 'riders' y otros colectivos que componen el gremio del 'delivery' llaman más que nunca la atención. "En general todo está muy quieto. Ves a alguien que baja a la compra y se marcha a casa, alguna patrulla y a ciertas horas paseando con los perros que no dejan ni que se huelan", comenta Angelo, un 'rider' que espera sentado en un portal refrescando su aplicación a la espera de algún pedido. "Yo casi siempre ando por aquí cargando y por otros barrios de alrededor y todo lo que veo es así".

Respiro en callejuelas

Hay otro nombre que se suele repetir en estos listados municipales: Ciudad Lineal. Un buen termómetro de la actividad es la zona conocida como la 'Cruz', donde termina Arturo Soria y desemboca en la calle Alcalá. De ahí salen varias líneas de autobuses hacia diversas zonas de Madrid. La estampa nada tiene que ver con la de un día normal. "Esto no es así ni un fin de semana de la primera quincena de agosto", comenta Cayetano, que regenta un quiosco en ese lugar. "Aquí ya vienen pocos. Los primeros días venían más. Ya no me queda tabaco y vendo algo, poco, de prensa y revistas porque los demás de la zona han cerrado".

Ciudad Lineal es el tercer distrito donde más multas se han impuesto. (C. Castellón)
Ciudad Lineal es el tercer distrito donde más multas se han impuesto. (C. Castellón)

Son las dos y media de la tarde de una jornada laborable y la plaza está vacía. Un par de conductores charlan respetando la distancia con un chaval que trabaja en la gasolinera antes de marcharse con sus autobuses sin un solo pasajero. Se ve alguna pareja camino a la compra y un par de amigas que mantienen el metro de separación hasta que se despiden con una palmada en el hombro. "Son pocos los que pasan por aquí y no van al metro o al súper. Otra cosa son las calles pequeñitas. Ahí si ves que salen a tomar el aire".

"Eso es verdad. En la calle de aquí atrás, por donde apenas pasan coches y es muy cortita, hay alguna señora que aprovecha y se pasa un rato cien metros arriba, cien metros abajo", afirma David, un vecino de Quintana, desde su ventana. El parque del Calero es uno de los pulmones de la zona. Supuestamente precintado, también parece una pequeña vía de escape. "Cuando bajo al supermercado, ahí en la zona de Ventas, me fijo y te das cuenta de que el que está paseando al perro a la ida, sigue con él a la vuelta. Aprovechan el privilegio de poder sacarlo a pasar".

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