El presidente, menos quemado que el Ejecutivo

A Sánchez le va peor que a Boris: la excepción española en la crisis del Covid-19

Las encuestas castigan al Gobierno, en medio de fuertes subidas de valoración de otros líderes internacionales. ¿Lo está haciendo peor que nadie España o la oposición no cierra filas?

Foto: Imagen: Enrique Villarino.
Imagen: Enrique Villarino.

Cualquiera diría que Trump y Boris están gestionando el coronavirus de manera errática; pero su valoración sube en las encuestas. ¿Y el Gobierno español? Su valoración cae a plomo, según los últimos barómetros, aunque la de Sánchez aguanta el tirón. ¿Qué está pasando? He aquí los dilemas que van a marcar (¿decisivamente?) la política española las próximas semanas. ¿Está el Gobierno español haciéndolo tan mal con el coronavirus? ¿No lo ha hecho más o menos igual que otros gobiernos internacionales? ¿Debería la oposición apoyar al Estado en tiempos difíciles? ¿Gobierno desastroso? ¿Oposición irresponsable? ¿Ambos?

Dos encuestas sombrías recientes. Barómetro de 'ABC'/GAD3: dos de cada tres españoles creen que el Gobierno oculta información sobre el virus. El 60% habla de falta de previsión. El 47% de los votantes socialistas cree que el Gobierno oculta datos, y el 43% de los electores de Podemos. El 31% califica la gestión del Gobierno de buena, tres puntos menos que la semana anterior. Encuesta de Gesop/'El Periódico': la valoración gubernamental se desploma. Un 44% creía hace unos días que el Gobierno gestionaba bien la crisis y un 31,6% que lo hacía mal; la tendencia se ha invertido: ahora un 38,4% lo ve mal y un 32,5% bien. Conclusión del consultor César Calderón en Twitter sobre este dato: "Algo muy gordo se mueve en la opinión pública. Yo me tomaría muy en serio ese dato". Hablamos con él.

No habíamos visto bajar siete puntos en cinco días a un Gobierno desde el 11-M

“Hay dos datos aparentemente contradictorios. Por un lado, la valoración del Gobierno cae a plomo: no habíamos visto a un Gobierno bajar siete puntos en cinco días desde el 11-M. Por otro lado, la valoración de Sánchez crece ligeramente; no al nivel de Trump, que desde el comienzo de la crisis ha mejorado cinco puntos (pese a su gestión), ni al de Conte o Trudeau, pero crece. Aparentemente, la gente ha disgregado a Sánchez de su equipo: si a uno lo hace crecer ligeramente, al otro lo hunde”, cuenta César Calderón.

¿Cómo se explica esa paradoja? “Es pronto para apuntar razones de fondo, pero podemos extraer al menos una conclusión: si la valoración de Sánchez no crece al nivel de sus homólogos europeos, y la valoración de su Gobierno ha entrado en barrena, el Gobierno debería plantearse muchas cosas, entre otras, girar 180 grados una estrategia de comunicación que hace aguas por todos lados y amenaza con arrastrar a Sánchez al abismo”, añade Calderón.

Con todo y con eso: prudencia. “Estamos en un momento político y social tremendamente complicado de analizar. No existe un patrón previo para comparar los datos. Debemos ser extraordinariamente prudentes”, zanja Calderón.

¿Qué pasa en el mundo?

Prácticamente, todos los líderes políticos europeos han visto cómo su popularidad se ha disparado por el coronavirus. El motivo en muchos casos no tiene que ver con la rapidez en la aplicación de medidas drásticas o con la sinceridad de los presidentes, sino con un fenómeno que la ciencia política llama ‘rally around the flag’ (unirse en torno a la bandera).

La expresión, inventada por el politólogo John Mueller en 1970, hace referencia a cuando un presidente consigue el apoyo mayoritario de la ciudadanía ante una amenaza que pone en jaque el país. La gente, atemorizada por la incertidumbre, se echa en brazos del líder. Y el coronavirus, claro, es uno de esos momentos.

Empecemos por Italia. La situación excepcional y la templanza del primer ministro, Giussepe Conte, han conseguido que el apoyo al Ejecutivo italiano ronde el 70%. Una cifra insólita para un país tan polarizado como Italia y acostumbrado a celebrar elecciones casi una vez al año. Al contrario que en España, los ataques de la oposición no se han centrado en el Gobierno sino en la Unión Europea.

“Primero derrotemos al virus, ya pensaremos sobre Europa después. Y si es necesario, les diremos adiós… sin ni siquiera darle las gracias”, tuiteó el viernes pasado Matteo Salvini, líder de la Liga, el primer partido en las encuestas. Salvini, que comparó la Unión Europea como un “nido de serpientes”, aprovechó para agradecer el esfuerzo de todos los alcaldes italianos sin hacer referencia a su color político. A diferencia de España, los ataques del partido ultranacionalista italiano —similar a Vox— contra el Gobierno se han limitado a reclamar medidas más estrictas, pero en ningún caso cuestiona su legitimidad.

A diferencia de España, los ataques del partido de Salvini contra el Gobierno se han limitado a reclamar medidas más estrictas, pero en ningún caso cuestiona su legitimidad

Francia es un caso más similar a España, pues la oposición ultraderechista de Marine Le Pen ataca todos los días al Ejecutivo de Macron sin contemplaciones. Sin embargo, la popularidad de Macron ha crecido como la espuma. “Estamos en guerra, en guerra sanitaria: no luchamos ni contra un ejército ni contra otra nación. Pero el enemigo está ahí, invisible, insaciable, progresando. Y va a requerir nuestra movilización general. (...) Os aseguro que la nación cuidará de sus hijos”, dijo en su discurso a la nación el pasado 16 de marzo.

En Alemania, mientras tanto, el apoyo a Angela Merkel está en máximos históricos, con un 79%. No solo eso, sino que el bloque CDU/CSU de centro derecha ha subido entre seis y siete puntos en apenas unas semanas.

Boris Johnson, criticado por muchos de sus rivales políticos por haber retrasado la implementación de medidas contra el virus para no cerrar la economía, ha vivido un repunte de apoyo. Según una encuesta de YouGov, la popularidad del 'premier' ha pegado un subidón: el 55% de los británicos tiene una opinión favorable del primer ministro, comparado con tan solo un 33% cuando ganó las elecciones en diciembre. Estos datos son sorprendentes, por la gestión inicial de la crisis de Downing Street, que rebajó la urgencia sanitaria y apoyó la estrategia de 'inmunidad de rebaño'.

La popularidad de Trump está en máximos históricos: un 53% de la población estadounidense aprueba su gestión ante la pandemia

En Washington, ha ocurrido algo similar. Después de asegurar que era una "simple gripe", Donald Trump ha tenido que retroceder y aplicar las mismas medidas que otros países: cierre de tiendas y restaurantes, prohibición de aglomeraciones o bloqueo de fronteras. Y su popularidad no se ha visto mermada. De hecho, está en máximos históricos: un 53% de la población estadounidense aprueba su gestión ante la pandemia.

Esta situación no es exclusiva de Europa. En Perú, la rápida aplicación de medidas de contención del virus ha provocado un aumento de popularidad del presidente, Martín Vizcarra, hasta el 87%. Incluso en Chile, donde el presidente Piñeira tan solo tenía un 9% de apoyo por las protestas sociales, ha conseguido un pequeño repunte, hasta el 18%, por la pandemia. Tan solo los líderes que han negado por activa y por pasiva la peligrosidad del coronavirus han visto cómo descendían en las encuestas. Es el caso de López Obrador en México y Bolsonaro en Brasil. La aprobación de Bolsonaro, por ejemplo, ha caído en picado. Según la casa de encuestas Datafolha, tan solo un 34% de los brasileños pensaba que su presidente estaba haciendo un “buen trabajo”, su nivel más bajo desde que ganó las elecciones. En México, más de lo mismo. Hasta hace unos días, López Obrador rebajaba el peligro del coronavirus y animaba a la gente a salir de sus casas. Ahora ha visto cómo su popularidad desciende por debajo del 50% por primera vez desde que se puso al mando.

A vueltas con la popularidad

El proceso habitual en los momentos de crisis, de hecho, suele ser el de un aumento repentino de la popularidad del líder, un voto de confianza que debe saber administrar a lo largo del tiempo. Es el anteriormente mencionado síndrome ‘rally round the flag’, cuya mejor muestra es el subidón de aprobación a George W. Bush tras el 11 de septiembre: de un 51% a un 90%. ¿Alguien recuerda qué hacía el partido demócrata mientras se aprobaba el Patriot Act? No, porque estaban siguiendo lo que Luis Arroyo, consultor de comunicación y director de Asesores de Comunicación Política (ACP), denomina “el manual”.

"Es de primero de comunicación política que si estás en la oposición no puedes mostrar ninguna discrepancia política, aunque sea un pequeño gesto o aunque tengas razón, porque es letal a corto plazo", explicaba Arroyo a El Confidencial. Es decir, lo que ocurrió en España durante la primera semana de confinamiento, pero que poco a poco ha comenzado a diluirse ante las críticas de PP, Ciudadanos y Vox o la desconfianza de los partidos nacionalistas. Quizá, paradójicamente, un síntoma positivo de que la situación de crisis empieza a aflojar. “Ya habrá tiempo para cobrarse facturas”.

¿Cuál es el mayor veneno para un político en una situación así? “Si se ve que hay batallas políticas o diferentes criterios entre administraciones, la gente percibe debilidad en el liderazgo”, añade el experto en comunicación política. La guerra soterrada que comenzó con las avanzadillas del 9 de marzo respecto al criterio de cierre de colegios en la Comunidad de Madrid y que poco a poco se ha convertido en una bola cada vez más difícil de sortear por el Gobierno, asediado por oposición, comunidades y sus propios aliados. Alguien podría salir muy achicharrado de esta crisis.

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