LA GESTIÓN POLÍTICA DE LA PANDEMIA

Escrivá, el árbitro del Gobierno: un ortodoxo para evitar que la estructura social se hunda

El ministro de Seguridad Social gana peso en el Ejecutivo y encabeza, junto a Unidas Podemos, el sector que propone medidas más ambiciosas para el escudo social

Foto: El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, durante una rueda de prensa en la Moncloa. (EFE)
El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, durante una rueda de prensa en la Moncloa. (EFE)
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Pocos días después de tomar posesión el Gobierno, José Luis Escrivá envió un mensaje a la vicepresidenta Teresa Ribera para lamentar que en el 'hall' del Ministerio de Seguridad Social, a media tarde de un sábado, el termómetro marcara 26 grados. Se quejaba el entonces flamante ministro del gasto inapropiado que suponía que las sedes de los ministerios estuvieran a tanta temperatura.

Han pasado casi tres meses y es como si hubiera pasado un siglo. Ahora Escrivá (Albacete, 1960) trabaja y debate con otros miembros del Gobierno para conseguir arrancar medidas que suponen cientos de millones de euros y que, necesariamente, envían al olvido lo que era una preocupación por el equilibrio presupuestario y el control del gasto.

No es fácil que en un Gobierno de coalición con dos fuerzas tan potentes como PSOE y Unidas Podemos emerja un independiente hasta convertirse en clave y en árbitro de decisiones del Ejecutivo. Nadia Calviño también es independiente formalmente, pero procede del bloque del PSOE del Gobierno de la legislatura anterior y, además, Sánchez le dio el poder al hacerla vicepresidenta. Escrivá es ministro sin proceder de ningún partido y con competencias que antes no formaban un departamento específico.

El ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá. (EFE)
El ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá. (EFE)

Por ejemplo, el sábado, el ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones tuvo un papel destacado para que el presidente del Gobierno tomara la decisión de paralizar la actividad desde el lunes, rectificando así posiciones anteriores y desoyendo durante días a otros ministros, presidentes autonómicos, alcaldes y partidos políticos.

Y este martes, en el Consejo de Ministros, seguirá peleando por la renta de ingreso mínimo para paliar los efectos de la crisis generada por el coronavirus.

Sánchez se fijó hace meses en Escrivá, entonces presidente de la AIReF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal), a propósito de varias comparecencias en el Congreso. Especialmente, en una en la comisión fallida sobre política territorial.

Llegó a su anterior cargo —propuesto por el Gobierno de Mariano Rajoy— con fama de ortodoxo y hasta de conservador. Pero se ha convertido en contrapeso de la ortodoxia de Nadia Calviño y gana influencia sobre Sánchez. Lo que cambia la política en pocos meses, más con una catástrofe como la del coronavirus.

Cuando Sánchez le contactó antes de navidades, Escrivá planeaba escribir un libro y, desde luego, nadie se imaginaba que podría ser ministro de Seguridad Social. El presidente le encargó lo que hasta que llegó el virus era uno de los retos de la legislatura: la reforma de las pensiones.

Llegó al Gobierno casi sin conocer a nadie. A muchos los trató por primera vez en la Zarzuela en el acto de jura, cuando en la antesala relajó el ambiente con las bromas sobre las costuras de su traje nuevo.

Se mostró como un espíritu libre con propuestas sobre planes de pensiones privados que a primera vista parecían no cuadrar con el signo del Gobierno al que pertenece. Otros miembros del Gobierno alaban de él su pragmatismo, sentido común y capacidad de hacer pedagogía, de explicarse.

Ahora forma equipo con ministros como María Jesús Montero y Alberto Garzón y, sobre todo, Pablo Iglesias y Yolanda Díaz, en favor del llamado escudo social. En este último caso, el mérito es mayor, porque Trabajo y Seguridad Social parten de competencias que siempre han estado juntas y ahora están separadas sin provocar problemas aparentes.

Escrivá tiene la Administración en la cabeza y participa activa y decisivamente con sus conocimientos de econometría —trabajó en el servicio de Estudios del Banco de España— y sus invocaciones al coste de oportunidad, es decir, el valor de la mejor opción no seleccionada. O los recursos que perdemos o dejamos de percibir por no tomar la mejor decisión posible. Esa teoría es fundamental para algunas de las decisiones que han tenido que tomar en las últimas semanas, como al hacer balance entre lo que se pierde y se gana con el aumento de las restricciones del estado de alarma.

Esa tesis le sirve para pasar de controlar la temperatura de su sede a defender medidas que suponen un enorme gasto en unas condiciones totalmente distintas, pero que, a la larga, permiten evitar que la estructura social se desmorone con la pandemia.

En una de las reuniones de la agitada Comisión Delegada para Asuntos Económicos, se suscitó un intenso debate sobre economía. Y salió a relucir una discusión sobre la llamada histéresis, un término que, según la Real Academia, es el “fenómeno por el que el estado de un material depende de su historia previa y que se manifiesta por el retraso del efecto sobre la causa que lo produce”, y que en economía se refiere al mercado laboral y la dificultad para bajar el desempleo cuando se ha disparado.
Utilizaba este término, junto a Alberto Garzón, para defender medidas de gasto inmediato para proteger a los trabajadores y evitar que luego sea mucho más costoso bajar las elevadas cifras de desempleo que se alcanzarían. Está detrás también de la lógica simple de "mejor ERTE que despidos", porque esos puestos de trabajo luego van a ser muy difíciles de recuperar.

Enfrente estaba ese día, como en otras ocasiones, Calviño, con episodios que llamaron la atención de algunos asistentes, como cuando la vicepresidenta cortaba tajante al ministro alegando que algunos de los temas que planteaba no estaban en ese punto del orden del día. Pero reunión a reunión, Escrivá ha ganado peso y se ha convertido en una especie de árbitro de los sectores del Gobierno, con creciente influencia en las decisiones del presidente.

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