SE INCREMENTARÁ LA DESIGUALDAD SOCIAL

Los niños del Covid: el trauma familiar que la economía y los datos no nos dejan ver

La vida familiar cambiará radicalmente tras el confinamiento y los niños serán las principales víctimas. La sola relación con los abuelos puede convertirse en un problema social enorme

Foto: Una pancarta infantil colgada de un balcón en Madrid durante el estado de alarma. (Save the Children)
Una pancarta infantil colgada de un balcón en Madrid durante el estado de alarma. (Save the Children)

"En la sociedad actual, tenemos hijos porque hay abuelos. No hay otra elección que convertir a los abuelos en padres y madres vicarios. Muchos de esos abuelos pasan más de 40 horas semanales con sus nietos, literalmente una semana laboral. Esta crisis es un golpe a la línea de flotación del entramado laboral y familiar que sostiene la economía en este país. Sin la ayuda de los abuelos, la economía española se va al garete. Eso es lo que nos estamos jugando", afirma Iván Rodríguez, doctor en Sociología por la Universidad de Huelva y especialista en infancia.

"Solemos sobreestimar el corto plazo, en este caso el confinamiento, y subestimar el largo plazo. Lo que me pregunto es cómo les va a impactar esto a nuestros menores a nivel generacional. Puede haber una regresión a los tiempos en que nuestra sociedad no conocía un sistema sanitario fuerte, no conocía las vacunas y se temía por la salud. Ese miedo colectivo de que los niños puedan transmitir el virus a la población mayor puede generar un efecto muy raro, ponerle cierto matiz de sospecha al contacto con niños y niñas. Aún es pronto para saberlo", apunta.

Esta crisis es un golpe a la línea de flotación del entramado laboral y familiar que sostiene la economía en este país

Los expertos en salud pública y control de epidemias llevan semanas advirtiéndonos. Una vez se levante al confinamiento, la vida no regresará a la normalidad como si todo hubiera sido una pesadilla. Nuestra forma de socializar cambiará, quizá para siempre, tal vez solo por un periodo de tiempo que se cuenta por años más que por meses. Rutinas tan básicas como pedirle a un abuelo que recoja a los niños del colegio pueden verse alteradas por miedo. Llevar a los niños a un parque infantil, o a ver una película al cine, generará muchas dudas.

"Me preocupa que estamos convirtiendo a los niños en los apestados de esta epidemia", expone Rodríguez. "Ellos son sospechosos y hay que tenerlos apartados de los más mayores. Existe una razón médica tras esto, pero sus implicaciones son terribles a todos los niveles. Hay muchos niños para quienes sus abuelos son un punto de referencia fundamental, por ejemplo niños que viven ambientes tóxicos en sus hogares y dependen fuertemente de vínculo externos. Por no hablar de los dos millones de niños que viven en riesgo de exclusión social, o directamente dentro de ella, en familias para quienes la solidaridad familiar es un amortiguador fundamental. ¿Qué pasará con estos niños?".

En algunos entornos se habla ya de 'generación Covid' para subrayar el impacto sobre los niños de este terremoto social, económico y emocional. La mayoría de profesionales, no obstante, optan por la prudencia al hacer sus predicciones. "¿Los adultos futuros se preguntarán cómo viviste tú el confinamiento? ¿Habrá una imagen colectiva sobre ese periodo tan extraño de guerra contra un enemigo invisible que nos tiene encerrados? Esa imagen colectiva es potente, pero las consecuencia reales en el desarrollo individual de nuestros niños dependerán de cuánto se extiende esto en el tiempo", prosigue el sociólogo.

Un parque infantil desierto durante el estado de alarma. (Save the Children)
Un parque infantil desierto durante el estado de alarma. (Save the Children)


Las secuelas de una catástrofe

Los expertos observan catástrofes recientes para conocer qué traumas provocaron y calibrar los efectos de esta pandemia sobre la infancia. Algunos señalan el desastre del huracán Katrina en Nueva Orleans (Estados Unidos) en 2005, que arrasó la ciudad, desarraigó a sus niños y marcó para siempre el futuro de los sectores más vulnerables, que hoy, quince años más tarde, siguen necesitando terapia. Más cercano y reciente es el batacazo de la crisis económica que estalló en 2008 y se prolongó durante más de un lustro en España. Aquella crisis fue mucho más profunda de la que se espera ahora, pero el coronavirus ha volteado la vida de las familias de una forma mucho más drástica.

"Cuando hay una catástrofe natural grande o alguien sufre un accidente de tráfico grave es habitual que se desarrolle un trastorno de estrés postraumático (TEPT). Ocurre cuando un evento cambia radicalmente la vida de una persona, aunque sea algo transitorio y su impacto emocional sea puntual. El contexto infantil en esta crisis ha cambiado de la noche al día. No acuden a clase, no se relacionan con sus compañeros, con sus profesores, no tienen esas figuras de apego que son tan importantes para su estabilidad. Barajamos que, una vez termine la restricción, posiblemente aparezcan problemas de estrés postraumático o trastornos adaptativos. Síntomas que esperemos no se prolonguen en el tiempo", adelanta la neuropsicóloga Noelia Gilbert.

"Una vez termine la restricción, posiblemente aparezcan problemas de estrés postraumático o trastornos adaptativos"

Como en toda crisis, los sectores más vulnerables serán los que paguen el precio más alto. En realidad, ya lo están haciendo. "Esto va a aumentar las desigualdades sociales. Los niños de familias con mayor estabilidad económica y un ambiente familiar sano, superarán este bache con mayor éxito que los niños que viven en ambientes familiares tóxicos o cuyos ingresos se desplomen de repente y se vean en dificultades en el futuro", resume Gilbert.

Una encuesta reciente de Save the Children concluye que el 60% de las familias vulnerables ya vio alterada su situación laboral en la primera semana de crisis del coronavirus. La encuesta mide, entre otros parámetros, su situación económica y laboral, su estado de ánimo y los recursos de que disponen para permitir la continuidad de las actividades educativas de los niños y niñas, como ordenadores, tablets y conexión a internet. El 41% de los 2.000 encuestados manifiesta que los niveles de estrés y problemas de convivencia han aumentado, en buena medida por las malas condiciones de habitabilidad y tamaño reducido de sus viviendas.

Una encuesta reciente de Save the Children concluye que el 60% de las familias vulnerables ya ha visto alterada su situación laboral y familiar

"El impacto de esta crisis en la infancia y la adolescencia será mayor del que podemos prever. No son un grupo de riesgo sanitario, pero si no se aprueba un paquete de medidas económicas destinada al bienestar de los menores el riesgo es enorme", advierte Catalina Perazzo, directora de Sensibilización y Políticas de Infancia de Save the Children. "Es necesario un enfoque de infancia en las ayudas del Gobierno. Muchas familias han perdido todos sus ingresos de golpe, personas que trabajan en sectores precarios o directamente en economía sumergida. Es irrisorio pensar en que teletrabajen o que puedan acogerse a ayudas económicas contributivas".

O como lo expone el profesor de la Universidad de Huelva: "Quizá es el momento de pensar en políticas familiares que liberen a los abuelos de llevar esa carga. No ocurrirá porque el discurso de urgencia tiende a primar otros ámbitos, pero es un contexto de oportunidad perfecto".

Un lineal de alimentación infantil vacío en un supermercado. (Save the Children)
Un lineal de alimentación infantil vacío en un supermercado. (Save the Children)

Pese a que las familias vulnerables son el foco evidente de preocupación, las secuelas del coronavirus pueden cebarse con las clases medias y medias-bajas. Familias que hasta la fecha cubren todas sus necesidades y brindan herramientas de ocio y desarrollo a sus hijos. "Es parecido a 2008. Miles de familias estaban bien, resistían económicamente, pero de repente dejaron de tener ingresos y tuvieron que enfrentarse a una realidad a la que no estaban acostumbrados", subraya Perazzo. "Muchas familias con las que trabajamos vienen derivadas por Servicios Sociales, ya conocen la red de apoyo para no hundirse, pero una familia que nunca antes se ha visto en una situación de vulnerabilidad puede sentirse muy perdida".

Fobias y cambios inesperados

La buena noticia es que los niños son muy resilientes. Asumen las nuevas realidades familiares con mucha más entereza de la que creen los adultos. A veces, incluso actúan de colchón emocional para unos padres carcomidos por la incertidumbre. Pero no son robots, especialmente los más pequeños. "En el corto plazo lo llevarán bien. Los niños son muy planos, por así decirlo, da igual a qué entorno socioeconómico pertenezcan. Pero ya podemos empezar a prepararnos para sesiones de terapia post cuarentena, trastornos de ansiedad y estrés postraumático. Será el pan nuestro de cada día en los próximos meses. Pesadillas, fobias nuevas, estrés, alteración del sueño… Tras un mes sin pisar la calle porque les hemos dicho que hay un virus circulando por el aire, de repente les diremos que ahora sí pueden salir pero de un modo distinto al que conocían. Algunos van a desarrollar miedos e inseguridades. Su vida, sus relaciones sociales, van a cambiar radicalmente. Habrá que calibrar ese impacto. Asistiremos a cambios de carácter, a niños más irritables, posibles problemas de conducta con los profesores… Lo superarán mejor o peor en función de su estabilidad familiar", adelanta Manuel Fernández, responsable del Centro de Neurología Pediátrica Sevilla.

"Como tal, el confinamiento no altera a los niños. Son los cambios que se pueden producir después en su hogar: mayor conflictividad entre los padres, despidos y caída de ingresos, distanciamiento de figuras de referencia externa, todo eso si se cronifica en el tiempo sí repercutirá en los niños", apunta Fernández. "Veremos el típico niño modelo que de repente después de esto empieza a comportarse de forma diferente porque esto le ha supuesto un trauma, aunque sea en el corto plazo. Los padres deberán estar especialmente atentos".

Un niño mira la pantalla de un teléfono móvil. (Pixabay)
Un niño mira la pantalla de un teléfono móvil. (Pixabay)

Lourdes Gaitán, doctora en Sociología y socia fundadora del Grupo de Trabajo de Sociología de la Infancia y la Adolescencia (GSIA), se estremece al oír habla de 'generación Covid' y del impacto negativo que tendrá esta crisis en los niños. "Pensamos que todo lo que ocurre en la infancia tiene importancia en el futuro. Pero la infancia es el ahora, son niños ahora, y nunca tomamos su punto de vista. ¿Y si este momento sirve para que los niños, a los que tenemos tan sobreprotegidos, ganen en autonomía? ¿Por qué no les dejamos que aprendan a gestionar su propio aburrimiento y su vida en lugar de organizarles el día con deberes y actividades? Es una oportunidad que les estamos quitando. El término resiliencia se acuñó precisamente en un estudio sobre niños muy estresados. Y se descubrió que su capacidad para recuperar la estabilidad tras estar sometidos a una presión muy fuerte es enorme. Los niños saldrán de esta cuando termine el confinamiento porque son capaces de crear sus propios mecanismos de defensa frente a hechos agresivos".

"Quizá esto nos sirve para entender que la infancia no es una carrera para aprobar asignaturas y que tenemos la escala de valores desajustada"

Gaitán va un paso más allá al cambiar el prisma de esta crisis. "Hay que relativizar la pérdida del curso escolar. Quizá esto nos sirve para entender que la infancia no es una carrera para aprobar asignaturas y que tenemos la escala de valores desajustada. ¿Qué pasará si pierden un año escolar? Pues que lo retomarán un año más tarde. ¿Para quién es importante que los niños no pierdan el curso? Para el sistema tal como está montado, que nos dice que la vida es una carrera sin final mientras ahora vemos que no somos invulnerables. Los niños y la sociedad en general tenemos la oportunidad de aprovechar la experiencia de este momento. Se puede hacer aunque vivamos en un piso oscuro y pequeño y la comida no sea tan abundante, exceptuando los extremos".

La socióloga infantil apunta, como hacen desde Save the Children, en que es urgente diseñar un colchón económico para las familias que caerán por el precipicio económico del coronavirus. "La pobreza infantil en este país ha sido muy alta durante muchos años, incluso antes del año 2008 cuando España se consideraba la octava potencia mundial y todos comprábamos pisos y coches y segundas residencias. Con la crisis lo que hizo fue agudizarse. ¿Y por qué esto? Pues porque en este país los niños no se consideran un bien común sino privado, y el apoyo del Estado es mínimo. La dotación de las políticas públicas a familias con niños en este país es una de las más bajas de Europa, incluyendo a los países del Este. En España presumimos de familia, pero no pensamos en ella".

"La escuela es el lugar de detección de ambientes tóxicos y nuevos casos de riesgo", apunta Perazzo. "Si no se ponen medidas para ayudar a las familias corremos un serio peligro de que la 'generación coronavirus' sea una realidad. La trayectoria vital de los niños y niñas se verá marcada por esta crisis según las medidas que adoptemos".

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