tan imprescindibles como invisibles

Las enfermedades previas de las empleadas del hogar que se agravan con el Covid-19

Trabajo anunció que ultima un "subsidio de desempleo extraordinario" para esas trabajadoras integradas en el sistema especial de la Seguridad Social

Foto: Gilma Martínez, en un acto por los derechos de las trabajadoras del hogar.
Gilma Martínez, en un acto por los derechos de las trabajadoras del hogar.

Son tan imprescindibles como invisibles. Pertenecen a un colectivo formado mayoritariamente por mujeres, muchas de ellas migrantes, casi todas precarias. Cada día acuden a su lugar de trabajo a desempeñar un oficio tan antiguo como el hombre y que, sin embargo, sigue siendo hoy el único que cotiza en la Seguridad Social sin derecho a paro. Son las empleadas del hogar, casi 700.000 registradas en España, que arrastran enfermedades crónicas en materia laboral, agravadas en tiempos de pandemia.

El Gobierno de coalición no las tuvo en cuenta en el primer paquete de medidas económicas para paliar las consecuencias del Covid-19. Pero esta semana el Ministerio de Trabajo anunció que ultima un “subsidio de desempleo extraordinario” para esas empleadas del hogar integradas en el sistema especial de la Seguridad Social que hayan perdido su trabajo o parte de él por culpa del virus. Una ayuda extraordinaria que consistirá en el 70% de la base reguladora, vinculada a los diferentes tramos de cotización, de su régimen especial. ¿Duración? Un mes. La medida la han acogido con apenas media sonrisa e insatisfacción.

Foto: cedida.
Foto: cedida.

Leticia Rivera Cuaresma, una filipina de 42 años que lleva 12 en España, siente miedo. Vive con sus tres hijos, su marido y una amiga. El pequeño de los niños, de tres años, no para de hablar durante la conversación. Rivera le pide con voz muy dulce que pinte algo para que se entretenga, sin éxito alguno. “¡Estoy hablando con una señora!”, suplica a la criatura.

Desde que aterrizó en nuestro país, ha trabajado siempre como empleada del hogar y con contrato. Tiene miedo de perder su trabajo, porque entonces sería su marido el que tendría que hacerse cargo del piso y el resto de gastos. “No me voy a morir por el Covid-19, pero me voy a morir de hambre”, lamenta.

Gilma Martínez lleva 17 de sus 40 años en España. Tiene la doble nacionalidad hondureña y española, y tres hijas de 21, 19 y 11 años. La mayor trabaja con personas mayores y se ha contagiado. Y ese virus se lo ha pasado a su madre, que no para de toser durante la entrevista. No disimula su mal humor por lo que está pasando, con la pandemia y con el colectivo al que pertenece. “A mi hija el médico le ha dado la baja, pero por enfermedad común… ¡cobras solo el 60% del sueldo!”, explica.

Sin contrato, sin derechos

Martínez, que también ha tenido que coger la baja y teme el contagio de sus otras dos hijas, trabaja por las noches cuidando a un abuelo de 100 años y por las tardes limpia un colegio. Pertenece a la Red de Hondureñas Migradas y lleva días recogiendo opiniones de compatriotas. A muchas, también empleadas de hogar como ella, las están obligando a ir a trabajar. “Su situación es muy delicada, especialmente las que no tienen contrato. Tienen que elegir entre pagar la habitación en la que viven o comer, y algunas ya vienen a España con deudas contraídas, por lo que cogen el primer trabajo que les ofrecen”, afirma.

La desinformación es una de las lacras que las convierte en vulnerables. Julián Bartolomé es portavoz de Plataforma por un Empleo de Hogar y de Cuidados con Plenos Derechos. Repite sin cesar que las bajas de aquellos trabajadores que se contagien tienen que ser por accidente laboral. “¡Es importantísimo! Porque una baja por enfermedad común implica el 60% del sueldo a partir del tercer día, y las bajas por Covid-19, un 75% desde el primer día”.

Foto: cedida.
Foto: cedida.

El Covid-19, como en otros sectores, ha provocado el aumento de los despidos de empleadas del hogar. “No hay que alegar nada. Basta con el desistimiento. El único formalismo que debe hacerse es comunicarlo con un plazo de tiempo. Y las indemnizaciones son más bajas, un día por mes [12 al año]”, explica Bartolomé.

Los motivos del despido son variados. En algunos casos, los empleadores, al permanecer en casa, se ocupan de esas tareas; en otros casos, tienen miedo del contagio, tanto empleadores como empleadas. Otro caso es el de las que trabajan en negro, obligadas a acudir a trabajar para seguir cobrando.

En el caso de las empleadas del hogar, recuerda la importancia de contextualizar su día a día. Muchas no tienen ordenador en casa y son las encargadas de gestionar su propia burocracia. “Ese papeleo imprescindible para acceder a las prestaciones suelen hacerlo de manera presencial, y ahora las oficinas están cerradas”, aclara Bartolomé.

Internas por 700 euros al mes

Coincide con Gilma Martínez cuando señala que las desigualdades en este sector vienen de lejos. Muchas no saben los derechos laborales que tienen, desconocen los salarios que maneja el mercado. No son pocos, aseguran, los casos de mujeres que trabajan como internas por apenas 700 euros al mes.

“Mantienen una situación precaria porque además de sus salarios, de por sí bajos, las cuotas a la Seguridad Social no se han actualizado, por lo que recibirán menos prestaciones en el futuro”, dice Julián Bartolomé. Hoy, las empleadas del hogar tienen las pensiones más bajas de todo el Régimen de la Seguridad Social, hasta el extremo de que siete de cada 10 subsidios en este ámbito necesitan de complementos para alcanzar la pensión mínima estipulada en España.

No es este el único abuso que sufren. Carolina Elías, abogada salvadoreña, desprende energía y hartazgo por teléfono. Lleva 10 años en España y solo ha encontrado trabajo como empleada del hogar. También preside Sedoac (Servicio Doméstico Activo) y conoce bien la radiografía de sus compañeras de trabajo. “Padecemos una desprotección previa. No tenemos derecho a paro, no se cotiza por salarios reales y el despido es muy barato. El Covid-19 no ha hecho sino agravar la situación. Ahora mismo, hay muchos menores solos en casa porque mamá tiene que ir a trabajar”, declara.

“En algunos casos, las familias les están ofreciendo vacaciones no pagadas lo que dure la pandemia. También me estoy encontrando casos de internas recluidas en la casa el fin de semana, encerradas y sin llave para que no salgan durante su tiempo de descanso. Estoy harta de que siempre nos consideren por debajo del resto. Padecemos menosprecio, racismo y clasismo”, protesta.

Le decepcionan los políticos. “Este Gobierno nos menciona pero no hace… el gobierno progresista”, dice con tono sarcástico.

Alicia Novalvos, coordinadora de la Asociación Española de Servicios Personales y Domésticos (AESPD), se queja, como otros entrevistados, de la invisibilidad crónica que padecen las empleadas del hogar. Un censo difícil de realizar, ya que se calcula que aproximadamente un tercio de ellas trabajan en negro. La asociación a la que pertenece estima que hay 1,5 millones de personas que trabajan en España como empleadas del hogar y trabajadores de ayuda a domicilio, y solicita que puedan seguir trabajando pero con medidas de protección para evitar su contagio y, así, el de las personas y familias a las que prestan sus servicios.

Convenio 189

Es solo una de las muchas reivindicaciones del sector. Entrar en el Régimen General de la Seguridad Social y ratificar el convenio 189 de la OIT para ampliar los derechos de las trabajadoras domésticas. Una promesa electoral incluida en los programas del PSOE y Unidas Podemos y que la ministra de Igualdad, Irene Montero, se comprometió a ejecutar a finales de febrero.

El Real Decreto 1620/2011, que regula la relación laboral de carácter especial del servicio del hogar familiar, hizo aflorar unas 400.000 altas en la Seguridad Social. Pero esta cifra, lejos de seguir en aumento, parece detenida en el tiempo. Y la subida del SMI no ha sido, parece, muy beneficiosa para las empleadas del hogar. “Ha traído consigo el aumento de la precariedad y los empleadores han reducido horas de contratación, porque muchos no tienen recursos”, explica Julián Bartolomé.

Trabajadoras del hogar reclaman sus derechos frente al Congreso. (EFE)
Trabajadoras del hogar reclaman sus derechos frente al Congreso. (EFE)

En el caso de los empleadores, conviene eliminar algunos prejuicios. Como ese tan simplista que dice que aquellos que tienen una empleada del hogar son malvados millonarios y explotadores. En muchos casos, son personas mayores para las que la Ley de Dependencia ni está ni se la espera. Según datos del INE, las personas en edad de trabajar que no trabajan o que tienen empleo a tiempo parcial, en ambos casos por hacerse cargo del cuidado de niños o personas dependientes, están en torno a las 993.100. Por no hablar de familias monoparentales y personas con discapacidad para las que la ayuda de una persona en su domicilio es imprescindible.

De ahí que desde la Asociación Española de Servicios Personales y Domésticos se recuerde la necesidad de poner en marcha de inmediato una deducción del 50% de este gasto en la declaración del IRPF del empleador, ya sea contratado directamente por la familia o a través de una empresa.

España
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
8 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios